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(27-11-2006) El objetivo de esta nota
es resaltar la necesidad de tomar conciencia de la importancia de la
calidad como herramienta de diferenciación. Impulsar a nivel
empresario este concepto redundará en beneficios económicos para la
cadena, derivados del mejor desempeño mercadológico de los productos
cárnicos.
El concepto moderno de
calidad
Según el Diccionario de la Real Academia Española, la calidad es la
propiedad o conjunto de propiedades inherentes a una cosa, que
permiten apreciarla como igual, mejor o peor que las restantes de su
especie. Es decir que esta definición perfila a la calidad como un
instrumento, medio o técnica que permite valorar.
En nuestros días, es necesario plantear la evolución del significado
de la calidad a los fines de entender porqué se la considera un factor
determinante de la competitividad.
Los primeros enfoques de la calidad hicieron hincapié sobre la calidad
objetiva, con una estrecha relación con el concepto de calidad de
producto, de amplio desarrollo conceptual en los Estados Unidos en la
década del ´50 y con Japón actualmente como uno de los países líderes
en calidad objetiva, medible, gestionable y controlable de productos y
de los procesos de producción.
Entre los años ´60 y ´70 comienza a hablarse cada vez más del enfoque
de “calidad total” y se toma conciencia que la calidad depende de
todos los elementos y operaciones de una empresa u organización. Años
más tarde y sustentándose en esta concepción, los japoneses
propusieron un método de trabajo para identificar los requerimientos
del consumidor y transformarlos en características del producto y
especificaciones para su producción.
Tal como sostienen Maqueda Lafuente y Llaguno Musons en su libro
“Marketing estratégico para empresas de servicios” (1995), la calidad
expresa la aptitud de un producto o servicio para satisfacer las
necesidades de los clientes o usuarios a los que se destina.
En la misma línea, la Sociedad Americana para el control de la calidad
define la calidad como “la totalidad de funciones de un producto o
servicio dirigidas a su capacidad de satisfacer las necesidades de un
cierto usuario”.
La calidad subjetiva es de más reciente desarrollo y se fundamenta en
la percepción de las propiedades y atributos de los bienes por parte
de las personas, considerando en consecuencia aspectos culturales,
psicológicos, sociales y personales, todos ellos siempre específicos y
propios de cada individuo. Esta moderna “concepción subjetiva de la
calidad” es sin duda la que debe considerarse a la hora de planificar
e implementar estrategias de marketing consistentes.
Siguiendo la dinámica de los estudios de mercado, desde los enfoques
esencialmente cuantitativos a los cualitativos, las políticas de
calidad en el sector cárnico deben adaptarse a estos nuevos
escenarios. Así la evolución parece ir orientándose de la calidad del
producto (clasificación de medias reses) al control de calidad del
proceso productivo (Sistemas HACCP, Normas EurepGap, etc.),
continuando con un enfoque centrado en el consumidor (etiquetas de
calidad, denominaciones de origen, productos ecológicos, garantía
nutricional, etc.).(Briz Escribano y De Felipe Boente, “Política de
calidad y actitud del consumidor de carne de la Unión Europea:
referencia especial al caso español. I Congreso Nacional de la carne.
España. Febrero 2001).
La comprensión de estas tendencias es el punto de partida para que el
sector de ganados y carnes logre una mayor eficiencia empresarial, ya
que propiciará una mayor coordinación en sus acciones de investigación
de mercados, en sus procesos de innovación tecnológica y
organizacional y en definitiva en sus esfuerzos por posicionar la
carne argentina en los principales mercados del mundo.
Desarrollo de productos cárnicos
La competitividad empresarial exige en la actualidad una creciente
coordinación entre las estrategias de marketing desplegadas en los
mercados internacionales y los procesos de innovación tecnológica, en
el marco de una demanda que alcanza niveles de fragmentación y
sofisticación nunca antes observados.
La permanente búsqueda de procesos tecnológicos que deriven en nuevos
ejes de diferenciación de productos cárnicos será de aquí en adelante
una obligación para aquellos actores del comercio internacional de
carnes que pretendan un lugar destacado frente a un creciente número
de consumidores, cada vez más informados y exigentes.
La lógica de los negocios agroalimentarios en el contexto
internacional indica que la agroindustria y las cadenas de
distribución pueden tener mayor o menor peso, respecto al rumbo que
marcan para la generación de nuevos desarrollos de productos. Sin
embargo, ninguno de ellos puede mantenerse al margen de lo que
acontece con la dinámica del consumo, dado que las modificaciones en
los hábitos de alimentación y comportamientos de compra acontecen cada
vez con mayor velocidad y obviamente tendrán ventajas competitivas
aquellas empresas y países líderes que sepan anticiparse a estos
cambios o que sean capaces de provocarlos.
Un ejemplo de la creciente preocupación por la calidad se aprecia aún
en aquellos países que no se encuentran entre los líderes del comercio
internacional de carnes rojas. Tal como se visualiza en el siguiente
cuadro, la industria cárnica española ubica la mejora de calidad de
sus productos en el segundo lugar del ranking de metas empresariales.
En este marco donde la competencia se incrementará cada vez más, las
empresas cárnicas de nuestro país que aspiren a ganar competitividad
internacional deberán hacer crecientes esfuerzos para disminuir el
período de tiempo para transformar desarrollos científicos en
verdaderas innovaciones comerciales y trabajar con una filosofía más
enfocada en procesos de innovación sistémica que en procesos
innovativos de carácter coyuntural. En función de este último
concepto, necesitarán imperiosamente incrementar sus capacidades
humanas y organizativas, perfeccionando sus sistemas de gestión y
procesos.
Existen en Argentina innumerables posibilidades de innovar mejorando
la calidad comercial de nuestras carnes rojas. Esta afirmación se
fundamenta en el creciente volumen de conocimiento científico que se
genera a nivel nacional e internacional -que por otra parte está cada
vez más accesible- así como en las posibilidades que se abren a partir
de su utilización con fines comerciales por una mayor diversificación
y segmentación de los mercados.
Tal como sostienen Silva y Cantou en el documento “ Promoción y
desarrollo de agronegocios desde la perspectiva de la innovación
tecnológica”, publicado por el Procisur en el año 2005, es importante
aumentar el grado de acercamiento entre los organismos públicos de
investigación, las universidades, los empresarios y sus organizaciones
y los responsables y gestores de la política tecnológica.
Las encrucijadas a las que debe enfrentarse el marketing
agroalimentario, tienen su correlato en el caso particular de la carne
bovina con una creciente demanda de productos capaces de garantizar
antes que nada inocuidad. La crisis sanitaria derivada de la vaca loca
y la histórica diferenciación del comercio mundial en los circuitos
aftósico y no aftósico sienta las bases para cualquier desarrollo
tecnológico y cualquier innovación que pudiera implementarse tanto a
nivel de procesos productivos como de productos. Así, los sistemas de
gestión y aseguramiento de la calidad funcionan cada vez más como
herramientas indispensables para acceder a las plazas comerciales de
mayor poder adquisitivo, cuando no hace mucho tiempo atrás eran
considerados como distintivos de diferenciación.
Más allá de esta aclaración, que lógicamente implica la necesidad de
un continuo seguimiento de las normativas internacionales en materia
sanitaria, en la complejidad del escenario actual cobran relevancia
los permanentes ajustes de los requerimientos de calidad comercial
impuestos desde la demanda de cada mercado.
Así según las especificidades de cada mercado -y de cada segmento de
mercado-, los productos cárnicos deben poseer valores nutricionales
apropiados, deben ser menos grasos, con menor contenido de sal, con
terneza y otros rasgos de palatabilidad asegurados, con mayor
contenido de CLA (Acido Linoleico Conjugado) y provenir de animales
producidos sin alimentos genéticamente modificados.
Puede demandarse de ellos garantía de origen y trazabilidad “del campo
al plato”, el cumplimiento de normas de bienestar animal, su condición
de orgánicos o el respeto al medio ambiente y uso sustentable de los
recursos durante su proceso de producción.
Si se tiene en cuenta que los super e hipermercados avanzan
inexorablemente como punto de venta minorista en el comercio
internacional de carnes y si se tiene en cuenta que la velodidad de la
vista de un consumidor cuando recorre una góndola es de cien
kilómetros por hora, no cabe duda que el páckaging es crucial para
conquistar a consumidores cada vez más impulsivos. Desde esta
perspectiva, el desarrollo tecnológico profundizará la elaboración de
envases atractivos visualmente y con suficiente capacidad para atraer
simbólicamente la atención de la demanda.
Sin embargo, no debe desestimarse aquellos segmentos cada vez más
informados y que son seducidos por argumentos de ventas netamente
racionales. Tan importante se ha tornado esta cuestión, que una de las
sesiones del 52° Congreso Internacional de Ciencia y Tecnología de la
Carne realizado este año en Irlanda, se concentró específicamente en
estos temas, habiéndose presentado trabajos científicos que sirven de
insumos para el desarrollo tecnológico de empaques y envases
inteligentes, con líneas de investigación que demuestran resultados
con absorbedores de humedad, indicadores colorimétricos para
garantizar el cumplimiento de la cadena de frío, indicadores de
contaminación bacteriana, indicadores de cambios de ph, extractores de
O2 o CO2, indicadores de radiofrecuencia, entre otras cuestiones.
La enumeración de estos ejes para definir posibles estrategias de
diferenciación y de otros que por razones de espacio no se han
mencionado, no significa que deban considerarse todos y de manera
conjunta como posibles ejes de posicionamiento, justificándose encarar
planes de innovación tecnológica en todas estas direcciones.
Así mientras en algunos mercados sofisticados como Japón, encontramos
actualmente lineas de desarrollo tecnológico que apuntan al
mejoramiento de la calidad de la carne empleando péptidos bioactivos,
bacterias probióticas e incorporando otros ingredientes funcionales,
en otros de menor poder adquisitivos hay que buscar las alternativas
para innovar sobre otros intereses de los consumidores. Por ejemplo,
la elaboración de productos cárnicos “de conveniencia” puede ser una
alternativa interesante en aquellas sociedades “escasas de tiempo”
donde la población valora el ahorro del tiempo de cocción o la
prolongación de la vida útil del producto.
Vale la pena aclarar que si bien nos encontramos en un proceso de
multiplicación acelerada del conocimiento científico, acceder al mismo
no es suficiente para generar competitividad. Hace falta tomar
conciencia de que lo que verdaderamente genera ventajas competitivas y
sustentables, es la generación de innovaciones a partir de un proceso
de capacitación y aprendizaje permanente.
Entender qué significa y cómo evoluciona el concepto de calidad es un
paso importante para interpretar cómo se comportan y cómo será el
funcionamiento potencial de mercados cada vez más fragmentados y con
un mayor nivel de sofisticación en sus demandas. Esto simplificará el
camino para buscar la mejor complementación entre las innovaciones
tecnológicas que puedan llevarse al mercado y el nivel de aceptación
de los productos cárnicos por parte del consumidor.
* Jefe Departamento de Promoción Interna
Instituto de Promoción de la Carne Vacuna
Argentina.
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