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013. Loque Americana de las abejas: Características y diagnóstico de la
enfermedad.
Ing. Sebastián E. Borracci1,
Lic. Pablo A. Chacana1, Ing. Alejandra Palacio2
& Dr. Horacio R. Terzolo1.
Febrero 2004
1 Laboratorio de Bacteriología, INTA EEA Balcarce
2 Unidad Integrada Fac. de Ciencias Agrarias,
UNMdP- INTA EEA Balcarce; PROAPI.
Email:
hterzolo@balcarce.inta.gov.ar;
pachacana@balcarce.inta.gov.ar
La Argentina ocupa el tercer lugar como país productor
de miel con una participación del 6,7% (93.000 toneladas anuales) del
mercado mundial, siendo aproximadamente el 80% de su producción exportado
principalmente a países como Estados Unidos y Alemania, generando un ingreso
de divisas de aproximadamente 100 millones de dólares por año.
La Loque Americana es una de las enfermedades más
serias e infecciosas de las colmenas por su alto grado de patogenicidad y
virulencia. La misma causa severos daños económicos al sector apícola en
muchos países productores de miel.
En el Workshop sobre “Loque Americana” llevado a cabo
durante el año 1994, se concluyó que de no implementarse un programa para su
control, las pérdidas podrían ser superiores a diez millones de dólares.
Etiología de la Loque Americana y su ciclo infectivo
Esta enfermedad es más conocida mundialmente por su
denominación inglesa como “American foulbrood”. Afecta a la abeja domestica
(Apis mellifera L.) durante el estado larval, siendo las abejas
adultas portadoras asintomáticas pasivas o activas.
El agente causal es Paenibacillus larvae (P.larvae
White), una bacteria flagelada de 2,5 a 5 µ de largo y 0,4 a 0,8 µ de
ancho. Su característica principal es la de formar endosporas muy
resistentes. Estas últimas al poseer doble pared se pueden detectar con
coloraciones clásicas para esporas, como la de Shaeffer y Fulton (Baker,
1970). Al observarlas sin coloración con el microscopio de contraste de fase
éstas presentan el clásico movimiento browniano. Estas esporas tienen
tolerancia a muy altas temperaturas, resisten 30 minutos a 100ºC y 15
minutos a 120ºC. Resisten la acción de desinfectantes químicos como el
cloro, productos basados en yodo y radiación ultravioleta durante 20 minutos
de exposición. Además, de acuerdo a las condiciones de conservación, pueden
sobrevivir en el ambiente por un muy largo tiempo, y recién luego de 30 años
comienzan a presentar una disminución de la viabilidad (Bruno, 1999).
Desde el punto de vista taxonómico antiguamente se
distinguieron dos especies bacterianas, una causante de la clásica “escama”
de la Loque Americana, el denominado Bacillus larvae (White, 1906), y
otra poco común causante de la “escama pulverulenta” o Bacillus
pulvifaciens (Katznelson, 1950). Actualmente estas dos especies
bacterianas se encuadran dentro de la misma especie, Paenibacillus larvae,
en la cual se reconocen dos subespecies larvae y pulvifaciens.
Estas dos subespecies bacterianas están estrechamente relacionadas, aunque
según Heyndrickx et al. (1996) pueden diferenciarse por pruebas bioquímicas.
Las esporas son infectivas y responsables del inicio
del ciclo de la enfermedad una vez que las ”larvas“ ingieren o consumen
alimento contaminado con las mismas. Las abejas nodrizas pueden albergar a
las esporas tanto sobre la superficie corporal como dentro de su tracto
digestivo. De este modo, al alimentar a las larvas, las nodrizas portadores
transmiten oralmente la infección o inclusive lo hacen indirectamente
contaminando a la celda. Una vez dentro del intestino de la larva, las
esporas germinan después de un período variable que fluctúa entre las 24 y
48 horas, originándose así las formas vegetativas. Estos bacilos flagelados
se reproducen y desarrollan dentro del tracto digestivo de la larva. Cuando
la larva pasa al siguiente estadío, durante el desarrollo de la “pre-pupa” (Woodrow
& Holst, 1942; Bailey 1984), estos bacilos penetran activamente la membrana
peritrófica y la pared intestinal, produciendo la invasión bacteriana de la
hemolinfa (Bailey & Ball, 1991). A partir de ese momento la bacteria sigue
desarrollándose y reproduciéndose rápidamente, ocasionando la muerte de la
cría por septicemia generalizada (Bambrick, 1964). La muerte puede ocurrir
en el estado de prepupa o pupa y luego de transcurridos varios días la larva
se deseca y adquiere un color negro. En esta etapa se denomina “escama” y
tiene un muy alto poder infectivo (Bailey & Ball, 1991). En resumen, el
ciclo de la enfermedad (ver
Figura 1) puede describirse de la siguiente manera:
-
Ingestión de alimento con esporos de P.
larvae por larvas.
-
Germinación de las esporas dentro del intestino
de la larva y multiplicación restringida al tracto intestinal de la forma
vegetativa o bacilo flagelado.
-
Una vez que la larva pasa a estado de pre-pupa,
ocurre la invasión y multiplicación de la bacteria en la hemolinfa.
-
Frecuentemente cuando la celda se encuentra
operculada, la infección se difunde y la pre-pupa o pupa muere por
septicemia.
-
Formación de la “escama” de alto poder
infectivo.
Figura 1. Momento que afecta la Loque A. en el ciclo de vida de la abeja.
Diseminación y distribución de la enfermedad

Loque Americana de las abejas: Características y diagnóstico de la enfermedad.
Ing. Sebastián E. Borracci, Lic. Pablo A. Chacana, Ing. Alejandra Palacio & Dr.
Horacio R. Terzolo (2004)
La prepupa o pupa muerta va adquiriendo paulatinamente
una coloración cada vez más oscura debido a la pigmentación propia de P.
larvae. Esta “escama “ puede llegar a contener hasta 2,5 billones de
esporas (Bailey & Ball, 1991). A partir de la formación de las “escamas” el
material se torna muy infectivo y las mismas son una importantísima fuente
de diseminación de las esporas. Bambrick y Rothenbuhler, (1961) describen
que con muy pocas esporas es posible infectar una larva de menos de 24 horas
de vida. Además, las mismas abejas por medio del pillaje, deriva y
alimentación difunden la infección en la propia colmena y entre diferentes
apiarios (Hornitzky, 1998). En las condiciones actuales de manejo comercial
de las explotaciones apícolas, en las cuales es común el traslado de
materiales entre diversas regiones y países, el hombre constituye un eslabón
fundamental en la diseminación de la Loque Americana.
La distribución de esta enfermedad es mundial, aunque
pocos países de América del Sur y del continente africano no reportan su
presencia (Nixon, 1982). La primera persona del continente americano en
reconocerla fue Moses Quinby en los Estados Unidos (Root, 1950). En nuestro
país se detectó en el año 1989 (Alippi y Nuñez, 1991; Alippi, 1992 ) y se
sugiere que probablemente el origen de esta enfermedad fue el ingreso de
material vivo, importado proveniente de los EE.UU. Datos posteriores indican
una diseminación de esta enfermedad, en la mayoría de las provincias de
mayor importancia en producción Apícola, con incidencias hasta del 30%
descriptas en el Partido de Tandil (Del Hoyo y col., 1993). Este es uno de
los de los partidos de mayor importancia en la producción apícola y además
la Provincia de Buenos Aires concentra el 60% de la producción nacional de
miel. Esta enfermedad constituye una seria amenaza para la industria apícola
en general y limita la comercialización de sus productos.
Detección de la enfermedad en el campo
La Loque Americana se puede identificar claramente
observando los marcos de cría de los panales afectados. Estos marcos cuando
están afectados por la Loque Americana clásica, presentan una distribución
irregular. Así, se pueden detectar celdas infectadas y sanas en el mismo
panal. De acuerdo con el grado de infección que presenten la visualización
suele presentar un aspecto de mosaico, o sea la presencia de celdas
afectadas intercaladas con otras sanas, lo que a campo se describe como
panales de “aspecto salteado”. De este modo, cuando se observan con mayor
detenimiento, algunas de las celdas se encuentran con crías vivas mezcladas
con otras muertas, algunos opérculos hundidos y otros de aspecto grasiento,
pudiendo también visualizarse perforaciones irregulares debido a la limpieza
sanitaria parcial que efectúan las mismas abejas. Es importante mencionar
que las primeras infecciones son muy difíciles de detectar en el campo. La
muerte principalmente de pre-pupas y en segundo lugar de pupas, se produce
luego de ser operculada la celda. La cría muere una vez finalizada su etapa
larval. Va cambiando de color y consistencia, primero desde el pardo
amarillento, luego un pardo oscuro y por último un negro pardusco; durante
este cambio de coloración la larva se va achicando, deformando y finalmente
se adhiere hacia uno de los lados de la celda, hasta adquirir el aspecto de
una costra o “escama”. La misma es de difícil extracción, tanto para las
abejas como para el apicultor (Bruno, 1999), de modo que al intentar
extraerla generalmente se suele romper. En algunos casos la lengua o glosa
permanece adherida en forma vertical cruzando la celda; esto último sucede
cuando la muerte ocurre pasado el estadio de pre-pupa. Esta escama es en
realidad un cultivo puro de billones de esporas y constituye la principal
fuente de difusión de la infección. En general sólo se afecta la cría de las
abejas obreras y ocasionalmente la de los zánganos y las reinas (Anónimo,
1967).
Esta enfermedad es tan típica que su detección puede
efectuarse directamente en el campo, aunque con la ayuda del laboratorio se
puede obtener una confirmación inequívoca del diagnóstico. Su determinación
en el campo puede realizarse al localizar cuadros de cría con el aspecto y
los síntomas clásicos de la Loque Americana que fueron descriptos
anteriormente. Se extrae una de las larvas afectadas de apariencia viscosa y
se la macera con un palillo. Al estirarla se forma un largo filamento de 2,5
hasta 4 cm que tiene el aspecto y consistencia de un “chicle”. Si se abre la
colmena en los casos avanzados de esta enfermedad, es muy notable percibir
un fuerte olor pútrido y penetrante que es similar al de la cola de
carpintero.
Diagnóstico bacteriológico
Una vez que se detecta la clásica enfermedad en el
campo, lo ideal es que se tomen las correspondientes muestras para su
posterior confirmación en el laboratorio de bacteriología. Generalmente se
pueden remitir al laboratorio directamente los panales afectados tomando la
precaución de envolverlos con papel y bolsas plásticas o envases de cartón,
para evitar así la diseminación de las esporas. El diagnóstico de
laboratorio utiliza técnicas para detección, aislamiento e identificación de Paenibacillus larvae a partir de cultivos realizados con restos
larvales (A. Alippi, & Nuñez, 1990) o esporas contenidas en miel (van der
Horst, 1998). Dado que las esporas de las escamas son altamente resistentes
y se conservan inalteradas por muy largo tiempo, para el estudio de este
agente bacteriano no se necesitan utilizar medios de transporte. Para
conservar el material por largo tiempo directamente se pueden congelar los
panales afectados. Al realizar este procedimiento, luego al descongelar para
su cultivo, la escama se separa más fácilmente de las paredes de la celda.
Dado que el P. larvae es un agente patógeno
altamente especializado de la larva de la abeja, las esporas sólo pueden
germinar y desarrollar formas vegetativas in vitro mediante el empleo de
medios de cultivo muy ricos en elementos nutritivos. De hecho, una
característica diferencial de P. larvae es su incapacidad para
desarrollar en medios de cultivo simples, que usualmente permiten la
germinación de esporas bacterianas de la mayoría de las cepas saprófitas de Bacillus spp. Es por ello adecuado el uso de una base rica como
infusión cerebro-corazón (Goodwin, 1994), Columbia agar con el agregado de
sangre de ovino (Heyndrickx et al., 1996), agar base sangre con sangre
equina (Nordström & Fries, 1995) y agar MYPGP que tiene como base al medio
Müller-Hinton (Dingman & Stahly, 1983). Los componentes indispensables para
el crecimiento de P. larvae son la tiamina o vitamina B1, el extracto
de levadura y varias peptonas. Para lograr la esporulación se describe el
agregado de glucosa y piruvato de sodio (Dingman et al., 1983). También se
han diseñado medios de cultivo específicos y selectivos, especialmente
desarrollados con ácido nalidíxico para la búsqueda de P.larvae en
muestras con bajo número de esporas y que están contaminadas con otras
bacterias (Alippi, 1996). Estos medios selectivos no se requieren para el
aislamiento a partir de escamas, dado que las mismas per se
constituyen un cultivo puro de P. larvae.
Para la identificación de cultivos de P. larvae
(Alippi, 1992) se pueden realizar pruebas bioquímicas específicas con el
agregado a los medios de crecimiento de tiamina a razón de 1 µg/mL,
obteniéndose los siguientes resultados: catalasa negativo, hidrólisis de la
esculina positivo, crecimiento en agar citrato de Simmons negativo,
producción de ácido sulfhídrico negativo, producción de indol negativo,
reacción de Voges-Proskauer negativo, gelatinasa positivo, ß-galactosidasa u
orto.nitro.fenil-ß-D-galactopiranosido (ONPG) negativo, ureasa negativo, no
hidroliza al almidón y fermenta la manosa, glicerol, ribosa y trehalosa,
pero no fermenta a la sacarosa y xilosa. Para la diferenciación de P.
larvae larvae y P. larvae pulvifaciens se utilizan las siguientes
pruebas bioquímicas (Tabla 1): dependencia de la tiamina (1 µg/mL) para
crecimiento, crecimiento a 20°C, fermentación del manitol y salicina e
hidrólisis de la arginina (Heyndrickx et al., 1996; Sneath, 1986).
Tabla 1: Pruebas bioquímicas para la diferenciación
de P. larvae subspp larvae y pulvifaciens. Según
Heyndrickx et al., (1996).
|
Paenibacillus
larvae subspp. |
Dependencia de Tiamina |
Crecimiento a 20°C |
Manitol |
Salicina |
Arginina |
|
larvae
|
+ |
- |
- |
+ |
- |
|
pulvifaciens
|
- |
+ |
+ |
- |
+ |
Referencias
Alippi, A. M. 1992. Detección de Bacillus
larvae en poblaciones mixtas de esporas bacterianas a partir de restos
larvales. Microbiologia SEM 8, 115-118.
Alippi, A. M.; Nuñez, L. 1990. Técnicas de
laboratorio para el aislamiento e identificación de Bacillus larvae White,
agente causal de la Loque americana. Circ. Int. CIC Año 2 - Nº 6.
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americana en Argentina. Vida Apícola 49, 20-24.
Alippi, A. M. 1996. Caracterización de
aislamientos de Paenibacillus larvae mediante tipo bioquímico y resistencia
a oxitetraciclina. Rev. Arg. Microbiol. 28: 197-203.
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editorial Acribia. 139pp.
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Bambrick, J. F.; Rothembuhler, W. C. 1961.
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Dingman, D. W.; Stahly, D. P. 1983. Medium
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Paenibacillus (formerly Bacillus) larvae (White, 1906) Ash et al. 1994, as a
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Woodrow, Aw, Holst, Ec. 1942. The mechanism of
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Fuente: INTA
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