Que gran responsabilidad tenemos los apicultores cuando adquirimos conciencia de
la verdadera magnitud que tienen las palabras del título.
¿Tiene alguna duda?.
Vuelva a leerlo una y otra vez. Si no está convencido cierre este boletín.
Tómese su tiempo, salga a dar una vuelta y observe el entorno que lo rodea .
Es
el momento de reflexionar sobre qué hacemos aquí, en este mundo.
Siempre me
pregunté ¿es posible que pase por este mundo sin dejar pena ni gloria?.
Algún
aporte debo dejar para las generaciones venideras.
No creo que mi misión en esta
vida sea solamente la de consumir millones de litros de agua y miles de
kilogramos de alimentos, para algo debo estar aquí.
Me alegro de que haya regresado tan pronto, tenía miedo de que se haya olvidado
de mí, ¿y?, ¿Qué tal?, ¿Cómo le fue?. ¿Vio qué increíble
la variedad de especies vegetales que estaban cerca suyo y no se había
percatado?, ¿ y de los animales?, ¿y los insectos?.
Ahora se está acercando a donde lo quería llevar, a la Biodiversidad; en otras
palabras, podríamos decir que cada organismo que nos rodea, desde los microbios
al hombre, de los líquenes a los elefantes, son parte, engranajes, de la máquina
de la vida.
Y como en un mecanismo de relojería la desaparición de uno de ellos, aún el más
insignificante, amenaza la supervivencia del conjunto.
Las abejas y las flores
Todo comenzó en tiempos muy remotos, hace unos 300.000.000 de años, cuando en el
período Carbonífero los helechos tenían el tamaño de gigantescos árboles.
Las
gimnospermas primitivas (parientes de las actuales coníferas) comenzaron a
secretar jugos azucarados que transportaban los granos de polen desde los microesporangios, a los megaesporangios donde se formaban las semillas.
En esos
momentos entran en escena ciertos insectos, probablemente coleópteros
(escarabajos) que se alimentaban de la savia, empezaron a hacerlo de ese líquido
más rico en proteínas.
Estos insectos sin querer transportaban sobre sus
cuerpos el polen. Se cree que con el correr del tiempo, a partir de algunos
helechos con semillas, los conos de las gimnospermas fueron reemplazados por
flores, apareciendo en la escena las angiospermas .
Este grupo de vegetales se
caracteriza por poseer verdaderas flores diseñadas para atraer a los insectos
encargados de transportar el polen.
Podría decirse que hace 100.000.000 de años
surgió un pacto entre la flores y los insectos, donde se intercambió alimento
por el transporte del polen.
Literalmente hablando "firmaron involuntariamente
el primer contrato de polinización".
Tanto insectos como vegetales evolucionaron en forma paralela, coevolucionaron
para tornar cada día más eficiente sus relaciones.
Cuando un ecosistema se
encuentra en equilibrio cada especie y cada flor dispone de un polinizador y
cada insecto de la flor que le provee alimentos para sustentarse.
Lo hasta el momento expresado nos da una visión del sistema donde el insecto y
la flor interactuan en equilibrio, donde ambos aseguran la continuidad y
supervivencia del otro.
Aparición del Hombre primitivo consumidor de miel - Perfeccionamiento del
sistema de la colonia de abejas.
No es muy difícil imaginar el comportamiento del hombre primitivo.
En aquellos
tiempos la humanidad sólo tenía una preocupación: "Sobrevivir". Los testimonios
que han llegado hasta estos días nos indican que nuestros antepasados se
dedicaban a la caza, pesca y recolección de frutos, los cuales eran la base de
su sustento .
La miel no fue la excepción de ello. Nos queda como testimonio de
más de 9.000 años las pinturas rupestres descubiertas en LA CUEVA DE LA ARAÑA
(VALENCIA - ESPAÑA) en el año 1922 por el arqueólogo Hernández Pacheco.
Se trata
de un conjunto de pinturas que muestran escenas diversas de la vida en aquellos
tiempos.
Se destaca, entre todas, una donde se ven representados a un hombre y a
una mujer que escalan con ayuda de cuerdas hasta el sitio donde se encuentra una
colonia de abejas a la cual despojan de su miel.
En aquellos tiempos lejanos el hombre desempeñaba la función de perpetuar su
especie ingresando de esta manera al sistema como un agente perturbador que
alteraba el equilibrio reinante hasta ese momento.
La intervención de los seres
humanos alteró a las abejas de tal manera que produjo una selección inconsciente
de las mismas.
En otras palabras, el hombre en su afán de obtener la miel como
alimento destruía las colonias de abejas.
Sólo sobrevivieron aquellas que
tuvieron la capacidad de evadirse, escapar por medio del enjambre o de una
marcada actitud defensiva.
Transformación del ser humano en criador de abejas - Sistema primitivo de cría
de abejas.
Durante mucho tiempo el hombre se comportó como un agente altamente perturbador
en el sistema comprendido entre las abejas y la flora.
Es importante aclarar que
no sólo el hombre se comportó de esta manera sino también una gran cantidad de
agentes que actuaban sobre las colonias de abejas: el clima, animales y enemigos
naturales.
El aumento de la población humana y la evolución de su conciencia
llevaron al hombre a transformarse en el principal destructor de las colonias de
abejas.
Cabe destacar que esta actitud fue motivada por el interés que tenían en
la miel y cera que de ellas se extraía.
Poco a poco, el hombre se percató de que
podía mantener a las colonias de abejas en lugares cercanos a su vivienda
disminuyendo el efecto perturbador del clima y asegurándose la provisión de
miel.
Esto, junto a los descubrimientos de las abejas acumulaban sus reservas en
la parte superior de las colonias y que el humo facilitaba la operación de
extracción, hizo que el ser humano se convirtiera en "protector de abejas".
Con
el correr del tiempo, por medio del uso de la razón, comenzó lentamente a
transformarse en el "hombre criador de abejas".
Las primeras viviendas que el hombre criador de abejas preparó para que estos
insectos, productores de alimento, vivieran y se resguardaran de las
inclemencias del tiempo, fueron simples y rústicas, tanto como la misma vivienda
del hombre.
A medida que éste avanzaba en sus observaciones y mediciones
seleccionaba a las abejas que se adaptaban más a las condiciones de vida que él
le proporcionaba, prevaleciendo aquellas que pudieron adaptarse más a lo que el
hombre demandaba: mansedumbre, alta producción de miel y cera, etc.
Transformación del ser humano en agricultor - Agente perturbador en la relación
abeja - Flora
Desde los comienzos de la humanidad nuestros antepasados dedicaron gran parte de
su tiempo a la búsqueda de alimentos y a la forma de producirlos con mayor
eficiencia.
Así nació la agricultura, noble actividad, base de la subsistencia
de la especie humana sobre el planeta.
Hasta el momento todo se mantenía en una forma ideal pero a partir del siglo
pasado, cuando las superficies de Cultivos se tecnificaron y aumentaron sus
dimensiones, se produjeron alteraciones y cambios.
Por ejemplo: inmensas
superficies destinadas a monocultivos en los distintos ecosistemas de la tierra
produjeron desequilibrios apareciendo una gran cantidad de flores que no se
encontraban en forma natural y, por consecuencia, tampoco existía una cantidad
suficiente de insectos polinizadores.
Resultando indispensable incluir los insectos polinizadores como parte de la
tecnología de producción agrícola.
Por otra parte, el Hombre "criador de abejas polinizadoras" fue entrando en
escena a mediados del siglo XIX con las primeras experiencias en polinización de
Cultivos con abejas.
En la actualidad los apicultores no adquieren conciencia
real de la importancia de la labor de sus abejas limitándose, muchos, a su
crianza sólo para la obtención de la miel.
A partir de esto nace un juego de relaciones entre humanos (Apicultor -
Agricultor) muy distante a ser perfecto, como la relación entre flores e
insectos.
Estas relaciones se mantienen durante todo el año pero se intensifican
durante la primavera, donde el agricultor recuerda que dentro de sus insumos,
"al final de la lista ", se encuentra el servicio de polinización.
Si, es verdad. El lector se preguntará: ¿Cómo?. ¿ El agricultor no tiene
conciencia de la importancia del servicio de polinización en sus cultivos?.
A
pesar de que en la teoría los agricultores saben de la importancia de los
insectos para el incremento de la producción en sus plantaciones en el momento
de hacer números poca o nada importancia le dan al tema, argumentan que no hay
dinero suficiente para el alquiler de las colmenas o que con los polinizadores
naturales presentes en el campo son suficientes.
Y si esto fuera poco en muchas
oportunidades he podido escuchar a agricultores que culpan a las abejas de la
rotura de la piel de los frutos.
En la provincia de Mendoza es muy común
escuchar a los productores vitícolas reclamar a los apicultores que sus abejas
rompen los granos de uva y roban el jugo predisponiendo al fruto a enfermedades
de origen fúngico.
Lo cierto es que la abeja se encuentra imposibilitada
anatómicamente para poder dañar la superficie de los frutos, sus mandíbulas son
completamente lisas adaptadas para amasar la cera y los propóleos pero de
ninguna manera puede romper la piel de un grano de uva y, mucho menos, de una
manzana.
Lo que no podemos negar los apicultores es que una vez que se rompe la
epidermis de un fruto por acción de la intensa exposición al sol, del exceso de
lluvias o por las picaduras de las aves y de las avispas, "que sí poseen
mandíbulas aserradas" capacitadas para tal fin, la abeja no puede resistir la
tentación de consumir los jugos azucarados que el fruto ofrece.
Durante años se han brindado líneas de crédito para los agricultores que desean
mejorar la tecnología de sus Cultivos o, también, créditos para los que han sido
damnificados por las lluvias, heladas o granizo pero hasta el momento no me he
enterado de que se haya solicitado y otorgado algún crédito para ser invertido
en servicios de polinización, como se hace con los fertilizantes o semilla.
De
nada sirve que los científicos y técnicos de nuestro país se quemen las pestañas
para demostrar la mayor o menor incidencia de las abejas sobre un cultivo u otro
si el problema real está en aceitar las relaciones humanas logrando una adecuada
transferencia de la tecnología a nivel de campo.
En lo personal, más que aceitar
el tema sería concientizar.
En otras palabras, educar a unos y a otros para que
cada día estas relaciones mejoren en beneficio de todos.
Pero no todo termina aquí.
Hasta no hace muchos años los apicultores no eran
conscientes de la real importancia de su actividad siendo muy común escuchar en
conversaciones de los hombres de la miel: ¿Las abejas son para producir miel o
para polinizar?.
En la actualidad se ha logrado que el apicultor tome cada día
más conocimiento de su rol como dirigente del colmenar llegando a tal punto que
encontramos explotaciones apícolas concebidas casi exclusivamente para prestar
servicios de polinización en cultivos.
Fuente:
VET-UY -
Material remitido por
Pablo A. Maessen -
Técnico Agrario
- Perito Apicultor - pablomaessen@infovia.com.ar