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Pruebas |
O. rhinotracheale |
H. paragallinarum |
P. avium |
P. volantium |
Pasteurella species A |
| Catalasa |
-a |
- |
+ |
+ |
+ |
| Pigmento |
- |
- |
+ |
+ |
- |
| Microaerofilia |
+ |
+ |
- |
- |
- |
| b -galactosidasa |
+ |
+b |
- |
+ |
V |
| Arabinosa |
- |
- |
- |
- |
+ |
| Galactosa |
+ |
- |
+ |
+ |
+ |
| Maltosa |
+ |
+b |
- |
+ |
V |
| Manitol |
- |
+ |
- |
+ |
V |
| Sorbitol |
- |
V |
- |
V |
- |
| Sacarosa |
- |
V |
+ |
+ |
+ |
| Trehalosa |
- |
- |
+ |
+ |
+ |
-a: el 90% de las cepas de O. rhinotracheale son catalasa negativas
+b: Los H. paragallinarum NAD independientes son negativos a la prueba de b -galactosidasa y fermentación de la maltosa
Recientemente se han descripto sondas de ADN y pruebas de reacción en cadena por la polimerasa (PCR) específicas para detectar el ADN de H. paragallinarum directamente en hisopados de los senos paranasales. El PCR, aunque todavía no está disponible comercialmente, parece ser una alternativa factible para reemplazar los cultivos bacteriológicos por una técnica rápida. Esta prueba permite obtener resultados en sólo 6 horas, lo cual constituye una ventaja sobre los cultivos, que demoran en crecer entre 2 y 3 días y cuyo diagnóstico identificatorio final demora por lo menos una semana. Además, por esta técnica más de 40 cepas de H. paragallinarum fueron detectadas como positivas, incluyendo las NAD-independientes de Sudáfrica y las variantes de Page serovar A de Brasil y Argentina así como las particulares cepas B de la Argentina15. El PCR, llamado HP-2, es específico puesto que ha dado reacciones negativas con bacterias estrechamente relacionadas a H. paragallinarum como las NAD-dependientes P. volantium, P. avium y Pasteurella spp. así como también con O. rhinotracheale18. El PCR HP-2 ha sido exitosamente evaluado en aves experimentalmente inoculadas en Australia y en material clínico en China. De hecho, en este último país, ha sido demostrado que este PCR tiene mayor sensibilidad que los cultivos bacteriológicos14. Así, el PCR HP-2 detectó como positivas a 15 de las 39 aves estudiadas y a 6 de las 8 granjas investigadas, mientras que, en las mismas muestras, el cultivo sólo detectó 8 aves y 4 granjas14. Todos estos diagnósticos fueron clínicamente confirmados en las granjas, demostrando que esta técnica no sólo es más rápida sino que también es altamente sensible y específica. Adicionalmente, se ha demostrado que cuando las muestras han sido mantenidas hasta 180 días a 4° C ó -20° C la mayoría de las muestras positivas permanecen positivas por el PCR. En contraste, todos los cultivos fallaron en detectar a H. paragallinarum después de 3 días de conservación a 4° C ó -20° C16. Si bien, a primera vista, esta tecnología parece ser muy compleja y costosa, una vez adoptada podrá proporcionar diagnósticos muy rápidos y confiables3. Sin embargo, este método tiene el inconveniente de que no detecta serovariedades de Page, de modo que para efectuar un diagnóstico que incluya serotipificación de la cepa actuante en un brote, es necesario el aislamiento de la bacteria y su posterior cultivo para la producción de los correspondientes antígenos hemoaglutinantes.
Se han desarrollado una variedad de pruebas serológicas para detectar anticuerpos contra H. paragallinarum, tanto en aves vacunadas como en enfermas. Así se han utilizado pruebas de aglutinación en placa, aglutinación con látex, HI y agar gel precipitación1,3,7. Los anticuerpos aglutinantes aparecen a los 10 o 14 días después de la infección o vacunación y pueden persistir hasta un año después del contacto con la bacteria. En cambio, los anticuerpos precipitantes se manifiestan a la 2º semana PI y sólo se mantienen hasta la 11º semana PI1. Las aves se consideran serológicamente positivas cuando sus sueros reaccionan sin diluir en las pruebas de aglutinación o bien con títulos bajos, de 1/5 o mayores, en pruebas de HI. Antes de realizar estas pruebas se deben absorber los sueros con suspensiones de 5 ó 10% de glóbulos rojos de pollo fijados con glutaraldehído para eliminar las reacciones inespecíficas. Como se señaló anteriormente, las cepas de distintas serovariedades de Page comparten antígenos comunes y por ello las pruebas de aglutinación no detectan anticuerpos específicos de serovariedad sino un nivel general de anticuerpos contra coriza infecciosa. La prueba de HI es la más específica de las pruebas pues puede realizarse con cepas de cada una de las serovariedades de Page y es también la más conveniente puesto que, como se reseñó más arriba, los AgHems tienen relación directa con la protección3. Recientemente se desarrolló una prueba de ELISA con AcM30 aunque esta prueba tiene serios inconvenientes que la hacen poco práctica3. Por un lado no está comercialmente disponible y además sólo sirve para la detección de algunas cepas de las serovariedades A y C. Además de existir AcM específicos para detectar a las cepas de la serovariedad B , los AcM A fallan en detectar el 40% de los aislamientos de la Argentina y del Brasil5,8 y los AcM C no reaccionan con las cepas C-4 de Australia3. Todos estos resultados indican que hasta la fecha no existe una prueba serológica de uso masivo que pueda usarse para evaluar en forma sistemática el nivel inmunitario de la población avícola. Indudablemente, este es un tema en el que se requiere más investigación.
En pollos parrilleros es importante diferenciar la coriza infecciosa del síndrome de cabeza hinchada causado por el virus de la rinotraqueítis de pavo (TRT); en esta enfermedad no existe inflamación de los senos paranasales sino que la tumefacción se localiza únicamente alrededor de los ojos. En estos casos la coriza infecciosa se confirma mediante la demostración de ausencia de serología positiva a virus TRT y el aislamiento, PCR o detección por inmunoperoxidasa en senos infraorbitarios de H. paragallinarum.
Cuando las cepas de H. paragallinarum son invasivas y producen aerosaculitis, que puede estar o no asociada a otras bacterias, es importante efectuar un diagnóstico diferencial con la enfermedad crónica respiratoria. Cuando se produce extensión del proceso inflamatorio a barbillones es importante distinguir esta enfermedad del cólera crónico por P. multocida. Si se producen casos de artritis es importante cultivar también con medios que posibiliten el aislamiento de H. paragallinarum además de buscar otros agentes causales como virus, Mycoplasma gallisepticum, M. synoviae, Staphylococcus aureus, P. multocida, P. gallinarum o Salmonella enterica entre otros19,21. También se cita que la hipovitaminosis A y la viruela en ocasiones pueden producir síntomas clínicos similares7.
Como se expuso más arriba, exceptuando los faisanes y gallinas de Guinea, ningún ave ya sea doméstica o silvestre es susceptible a la infección por H. paragallinarum. Tampoco son susceptibles los animales de laboratorio como los conejos, ratones o cobayos4. Por ello, para reproducir experimentalmente esta enfermedad lo mejor es utilizar su huésped natural, el género Gallus gallus. El método de infección más adecuado es la inoculación en el seno infraorbitario de cultivos de H. paragallinarum. Por la vía intranasal también es posible reproducir la enfermedad pero en este caso los resultados suelen ser variables20.
Los pollitos BB son resistentes a la infección por vía respiratoria, por ello se deben emplear pollitos de más de 7 días de edad cuando se utiliza esa vía. Los pollos de 4-8 semanas se infectan en un 90% mientras que pollos de 13 semanas de edad o mayores son 100% susceptibles. En general, el período de incubación se acorta y el curso de la enfermedad tiende a alargarse en aves de mayor edad4.
Es necesario tener modelos de reproducción de la enfermedad para la correcta selección de cepas de campo a emplear en las vacunas. Estos modelos pueden utilizarse para conocer la difusión horizontal, patogenicidad y capacidad septicémica de las cepas en estudio20. Además, como veremos más adelante, los mismo modelos combinados con la aplicación de vacunas experimentales pueden utilizarse para evaluar el grado de protección que ofrecen las vacunas frente al desafío de la cepa vacunal comparada con otras de distinto origen. Estos ensayos se denominan pruebas de protección cruzada2,25.
Para conocer el grado de difusión horizontal de las cepas se utiliza un modelo que consiste e inocular una o dos aves por vía intrasinusal con diez millones de bacterias viables y dejarlas alojadas durante 10 días en estrecho contacto con otros 6-8 animales de igual tipo y edad; las aves se observan diariamente para determinar grado contagio y al cabo de ese tiempo se cultivan ambos senos infraorbitarios20.
En cambio, para conocer la patogenicidad de las cepas, la misma dosis de inóculo se aplica a todos las aves del grupo y éstas se sacrifican entre el 5-6 día PI, realizándose entonces cultivos bacteriológicos de ambos senos infraorbitarios y globos oculares20. Este último modelo se utiliza también para evaluar vacunas en pruebas de protección cruzada. En estos ensayos el porcentaje de protección se define como el porcentaje de aves vacunadas que no presentan signos clínicos, que no tienen mucus en los senos infraorbitarios y en los cuales no es posible aislar la cepa inoculada26.
Con el objetivo de determinar la capacidad septicémica de aislamientos de campo se utiliza un modelo que consiste en inocular pollitos BB de un día de edad, libres de patógenos específicos (SPF) o bien convencionales, por vía intraperitoneal con 106 y 107 bacterias viables de H. paragallinarum. Sólo las cepas invasivas son capaces de producir elevada mortalidad20.
Las aves que se han recobrado de una infección natural adquieren inmunidad contra infecciones subsecuentes, tanto causadas por la misma serovariedad de Page que las infectó originalmente como contra cepas de las otras serovariedades de Page. En otras palabras, la infección natural produce protección cruzada entre las distintas serovariedades de Page. En forma similar, cuando las aves son vacunadas con una cepa viva adquieren inmunidad contra cualquiera de las tres serovariedades de Page. Esta inmunidad se desarrolla a partir de la 2º semana post-vacunación y tiene larga duración. En general, si las pollas se exponen a una cepa viva de H. paragallinarum durante la recría quedan protegidas contra una caída de la postura en el período de producción2,6.
Por el contrario, cuando se inyectan cepas muertas de H. paragallinarum la protección cruzada es muy baja o bien queda limitada a la serovariedad que se utilizó para inmunizar a las aves. Se admitió entonces, durante varios años, que si, por ejemplo, un ave se inmuniza con la serovariedad A este animal queda protegido contra sucesivas infecciones por otras cepas distintas pero pertenecientes a esa misma serovariedad A. Lo mismo se consideraba para el caso la serovariedad C. Sin embargo algunos tipos de vacunas muertas podrían ejercer algún tipo de protección cruzada parcial. De los tres tipos descriptos según el tipo de cultivo empleado para su producción - caldo de cultivo, cultivo de tejidos y embrión de pollo - sólo las dos últimas ofrecen alguna protección cruzada2. Por lo tanto las bacterinas elaboradas en caldo de cultivo, que son las que se utilizan habitualmente, no producen ningún tipo de inmunización cruzada. Estas bacterinas, para ser eficaces, deben contener en su formulación cepas regionales representativas de las serovariedades de Page presentes en el área geográfica a dónde se van a usar.
Existen varias excepciones a lo enunciado arriba sobre la especificidad de protección para cada serovariedad. Esto se debe a la aparición de cepas variantes. Tanto en Argentina como en Brasil, existen alrededor de un 40% de aislamientos de la serovariedad A de Page que hasta la fecha no han sido reconocidos por el AcM específico para este serovar que reconoce todas las cepas del resto del mundo3,5,8,24. Se ha especulado que estas cepas A variantes pueden ser bastante diferentes como para ocasionar fallas vacunales .
También, como se expuso anteriormente, los aislamientos de la serovariedad B de la Argentina son genéticamente muy diferentes a las cepas de todas partes del mundo, independientemente de la serovariedad a la que ellas pertenezcan9. Este hecho, unido a una falta de protección de las vacunas que contienen cepas B aisladas en EEUU o en Europa cuando se desafían con cepas B de la Argentina, señala que las últimas deberían ser incluidas en las vacunas a emplear en esa región25,26. Existe también más evidencia que respalda la posibilidad de una diversidad antigénica dentro de la serovariedad B de Page. Las vacunas bivalentes basadas en las serovariedades A y C proveen protección contra desafíos efectuados con la cepa Spross de la serovariedad B pero no contra dos serovariedades B de Sudáfrica29. Más aún sólo existe protección parcial entre distintas cepas de la serovariedad B29. El hecho de que el esquema de Kume sólo reconozca una sola serovariedad B (B-1) no es evidencia de homogeneidad antigénica, sino más bien señala que se han examinado muy pocas cepas de esta serovariedad y seguramente si estas se hubieran estudiado, las cepas B de la Argentina posiblemente podrían conformar un nuevo grupo dentro del esquema de Kume3.
Por otra parte, los estudios de protección cruzada realizados en Argentina sugieren la necesidad de incluir más de una cepa C en las bacterinas que se usen en ese país25. Estos resultados son comparables con lo descripto en Sudáfrica en donde el aumento de la incidencia del subtipo C-3 de Kume, causó brotes de la enfermedad en aves vacunadas con bacterinas elaboradas exclusivamente con cepas de los subtipos C1 o C23.
Todos estos datos señalan la necesidad de efectuar estudios de protección cruzada con aislamientos actualizados de serovariedades A, B y C presentes en cada región para poder así definir cuantas cepas deberían usarse en las futuras bacterinas. El actual concepto de una vacuna muerta de uso universal deberá ser revisado de ahora en adelante y se evidencia la necesidad de elaborar vacunas con cepas regionales, que posiblemente tengan que contemplar la inclusión de más de una cepa de cada serovariedad. Esto significa que debe revisarse el concepto actual de protección con biológicos y elaborar vacunas inactivadas con mayor cantidad de cepas regionales o bien iniciar nuevas investigaciones con vacunas vivas atenuadas que, en ese caso, sí podrían tener aplicación universal. Es evidente que las investigaciones dirigidas hacia la búsqueda de una cepa atenuada son proritarias.
De acuerdo con lo expresado en el ítem anterior, las vacunas vivas atenuadas deberían ser las de elección ya que las mismas producen inmunidad cruzada entre las tres serovariedades de Page, además de brindar una sólida y duradera inmunidad. Inicialmente estas vacunas habían dado resultados exitosos, puesto que cultivos de una cepa C atenuada por mutaciones químicas, cuando fueron instilados en el ojo protegieron contra el desafío de cepas patógenas de la serovariedad C y A6. Desafortunadamente estas vacunas atenuadas no se utilizan por su falta de seguridad, dado que se ha demostrado que estas cepas revierten in vivo al tipo patógeno cuando se inoculan por vía intrasinusal6. Por otro lado, es posible obtener cepas apatógenas naturales o mutadas in vitro que carecen del AgHem, pero se ha demostrado que estas cepas son incapaces de proteger tanto contra serovariedades homólogas como heterólogas de Page e inclusive fracasan en proteger a las aves vacunadas contra su propia cepa parental patógena.
La falta de disponibilidad de cepas atenuadas ha determinado que en algunas granjas se utilice el método de exposición controlada. Este procedimiento consiste en vacunar las pollas con una bacterina entre las 15 y 18 semanas de edad y luego, a las 20 semanas de edad, exponer a estas aves a una infección con una cepa patógena regional. La exposición controlada tiene varios inconvenientes, puesto que algunas aves pueden enfermar severamente, siendo entonces necesaria la administración de antibióticos y además siempre quedan en la granja aves portadoras de cepas patógenas que en el futuro pueden desencadenar brotes de coriza infecciosa en aves susceptibles4.
Las primeras bacterinas contra coriza infecciosa fueron elaboradas inoculando H. paragallinarum en los sacos vitelinos de huevos embrionados de 5-7 días de edad. En varios ensayos se ha demostrado que estas bacterinas son incapaces de proteger a las aves vacunadas contra los síntomas clínicos de la coriza infecciosa, a pesar de que disminuyen las lesiones secundarias de septicemia y aerosaculitis y reducen la caída en la producción de huevos6. Por este motivo se han dejado de utilizar y tienen, en cambio, amplia difusión las vacunas elaboradas en caldo de cultivo. Los medios más utilizados son la infusión de carne de pollo, el medio Casman y el caldo cerebro-corazón2,6. Existe un único reporte sobre el empleo satisfactorio de cultivos de tejidos, aunque en la práctica éstos no se utilizan para la producción de estas vacunas 2,6. A continuación se describen las características de las bacterinas en caldo de cultivo que son más frecuentemente empleadas.
Para que una bacterina en caldo brinde adecuada protección deben considerarse varios aspectos que hacen a su producción. En primer término deben usarse cepas vacunales representativas de las serovariedades predominantes en la región en donde van a ser aplicadas. Además, estas cepas deben estar mantenidas de modo tal que conserven inalterados sus atributos de virulencia; para ello las cepas deben tener un mínimo de subcultivos desde que se realizó su primo-aislamiento hasta que crecen en el fermentador. Para que ocurra la expresión de antígenos superficiales que pueden estar relacionados con la protección es muy importante que diversas condiciones del cultivo se ajusten. Entre las mismas cabe citar el volumen de inóculo inicial, pH, porcentaje de cloruro de sodio, nivel de hierro libre, atmósfera y tiempo de incubación. Una vez logrado el desarrollado bacteriano el uso de distintos agentes inactivantes tiene también mucha importancia y constituye un aspecto de discusión; mientras que la inactivación rápida con formalina tiene resultados variables de protección, la inactivación más lenta con timerosal es eficaz en todos los estudios que hasta la fecha se han realizado. Con respecto a los agentes adyuvantes tanto el hidróxido de aluminio como los aceites minerales brindan adecuada protección. Sin embargo es necesario aclarar que el aceite mineral de emulsión simple debe estar correctamente formulado pues se han descripto casos de protección ineficaz con desarrollo de severas reacciones colaterales en el punto de inoculación. En cambio, el aceite mineral de emulsión doble ha dado siempre buenos resultados. Con respecto a la duración de la inmunidad se ha descripto que la misma se prolonga hasta por 14 meses, tanto con adyuvantes de hidróxido de aluminio como oleosos2,6.
Actualmente las vacunas comerciales son todas inactivadas y debido a que actualmente se admite que la serovariedad B debe ser incluida, puede asegurarse que todas son trivalentes. Los grandes laboratorios internacionales que elaboran estas vacunas las preparan con cepas estándar internacionalmente reconocidas. Estas vacunas internacionales se fabrican para ser usadas en diferentes países alrededor del mundo, basándose en el concepto de las variaciones locales no justifican la inversión de incluir cepas regionales o variar la composición de estas vacunas para adaptarlas a las necesidades de cada región o país3. Estas grandes compañías aseguran que sus vacunas son siempre efectivas cuando son elaboradas con estas cepas internacionales y por lo tanto no se preocupan en incluir cepas regionales. Sin embargo tanto en Argentina como en Sudáfrica se han registrado y publicado evidencias concretas de fallas de protección3,25,26. Quizás por este motivo en Argentina existen algunos laboratorios locales que comercializan bacterinas elaboradas con cepas regionales, las que tienen buena demanda y aceptación en el mercado local.
Se recomienda vacunar con un nivel mínimo de antígeno de cien millones de bacterias por dosis (1 x 108), inoculadas por vía subcutánea detrás del cuello o intramuscular en la pechuga 2,6. Para pollas en recría es conveniente vacunar antes de las 20 semanas de vida, administrando dos dosis separadas por un intervalo de 3 a 4 semanas4. Si es necesario se pueden vacunar los pollos parrilleros expuestos a brotes de coriza infecciosa con una sola dosis administrada a los 15 o 20 días de vida, lográndose protección adecuada hasta la faena25. Vale la pena comentar que rutinariamente se emplean estas vacunas solamente en las gallinas ponedoras o reproductoras, siendo todavía poco frecuente el uso de las mismas en pollos parrilleros. Es necesario investigar el efecto de la aplicación de estas vacunas en los pollos parrilleros y sobre todo analizar su acción en el complejo de enfermedades respiratorias, síndrome de cabeza hinchada y sanidad en general. Para que esta vacuna se utilice en este tipo de aves debe ser económicamente accesible y por ello se debería investigar la protección en pollos parrilleros jóvenes por dosis más bajas que las normalmente se aplican en aves de mayor edad.
Varios antibióticos en diferentes combinaciones han sido utilizados para tratar la coriza infecciosa en los animales afectados. Entre los agentes terapéuticos más utilizados cabe citar la oxitetraciclina, eritromicina, quinolonas y estreptomicina solas o en combinación con sulfonamidas y trimetoprima. Sin embargo, ninguno de estos agentes terapéuticos es bactericida y H. paragallinarum rápidamente genera resistencia a los antibióticos y quimioterápicos empleados. En las granjas afectadas por la enfermedad luego del tratamiento se mantienen aves portadoras y muchas veces son comunes las recaídas cuando el tratamiento con las drogas impide la inmunización de todas las aves. Por ello, en esta enfermedad es muy importante la prevención, ya que los tratamientos una vez instaurados no sólo no logran impedir la merma en la producción sino que muchas veces es el mismo tratamiento el que agrava la caída de la postura4.
Dado que las aves portadoras que se han curado de la infección constituyen el reservorio de H. paragallinarum en la granja, es fundamental la compra de aves recriadas libres de la infección. Lo mejor es la cría de las pollitas BB con un adecuado plan sanitario que contemple la vacunación contra coriza infecciosa con bacterinas de reconocida eficacia y, si es posible, que contengan cepas regionales representativas de la zona. La cría y recría de las aves de reposición debe realizarse separadamente de las aves de mayor edad. En una granja que ha sufrido una infección el único modo de eliminar el agente completamente es despoblar los lotes afectados, puesto que las aves portadoras son una fuente constante de infección para las nuevas aves jóvenes susceptibles que ingresan al establecimiento4. Además se deben desinfectar los galpones e implementos y mantener las instalaciones libres de aves durante por lo menos 2 a 3 semanas antes del ingreso de las pollas de reposición. Puesto que la despoblación de los criaderos afectados es una medida extrema, muchas veces de poca aplicación en la práctica, es muy recomendable prevenir estos brotes mediante la aplicación de planes de vacunación adecuados implementados con vacunas eficaces.
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* Revisión sobre Coriza Infecciosa: Propuestas de investigación para su diagnóstico y control. TERZOLO, H. R. Revista de Medicina Veteterinaria (Bs. As.) 81 (4): 262-269, 2000.
Fuente: INTA Balcarce
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