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Abuso a los Animales y Violencia
Humana.
Katia Florian M.V.
Ejercicio libre de la
profesión
kflorian@interlink.com.ar
“El abuso animal es apenas
un eslabón de una cadena de abuso que lastima a todo el mundo, tanto a los
animales como a las personas. Los niños que lastiman a los animales pueden
llegar a ser adultos que lastimen a los niños o a otros adultos.”
The Humane
Society of the United States
Introducción
La psicología humana es un
mundo tan complejo como lo es fascinante. A través del estudio de la psiquis se
han obtenido conocimientos muy específicos acerca del comportamiento,
pensamiento y de los actos que realiza el ser humano; éste ha podido explicarlos
por más irracionales que sean. La psicología es justamente el punto en el cuál
lo irracional se transforma en algo entendible, aunque no siempre sea aceptado
por nosotros.
Este trabajo trata acerca de
la relación existente entre el abuso a los animales y la violencia humana. Se
abarcan temas fundamentales, tales como la causa de la patología, la estructura
psíquica subyacente (de manera muy simplificada), cómo detectarlo y qué podemos
hacer al encontrarnos frente una situación tal. El objetivo es concientizar e
informar al lector de este desorden brindando un panorama general.
Definición de crueldad
La crueldad, que puede
definirse como una respuesta emocional de indiferencia o la obtención de placer
en el sufrimiento y dolor de otros o la acción que innecesariamente causa tal
sufrimiento o dolor, ha sido considerado desde hace mucho tiempo como un signo
de disturbio psicológico. La crueldad de los niños hacia otras personas es un
signo clínico incluído en nosología psiquiátrica relacionado a desórdenes
antisociales y de conducta. Sin embargo, solo recientemente se ha agregado la
crueldad hacia los animales a la lista de criterios diagnósticos para Desórdenes
de Conducta (American Psychiatric Association, 1987) en niños y adolescentes.
La crueldad hacia los animales se define como un comportamiento socialmente
inaceptable que intencionalmente causa dolor innecesario, sufrimiento, o
distress hacia y/o muerte de un animal (F. Ascione, 1993).
Estructuración del psiquismo
temprano
El aparato psíquico se
estructura a partir de experiencias en el vínculo primario (madre-hijo). Esas
experiencias son las llamadas primeras experiencias de satisfacción.
Se habla de “madre” como
aquella que posee la función materna, la encargada de cubrir las necesidades del
bebe, ya sea hambre, sed, frío, miedo, entre otros (necesidades primarias).
La madre funciona como un
decodificador de las necesidades del hijo. Si fallan esas decodificaciones, el
sujeto infantil estructura su organización psíquica a partir de frustraciones
tempranas. El decodificador puede fallar no desde la intencionalidad, sino
desde la imposibilidad de ser un adecuado decodificador; el nivel de salud
mental del decodificador va a determinar el nivel de las decodificaciones (por
ejemplo, madres deprimidas, violentas, alteradas, etc.). El decodificador se
encuentra atravesado por dificultades emocionales que no le permiten entender
las demandas del bebe (mala decodificación).
Esto promueve que las
primeras experiencias de satisfacción queden grabadas y se estructuren como un
código emocional de la psiquis del sujeto. Este código depende de la calidad de
aquellas primeras experiencias (Reguera, 2001).
¿Cómo se organiza la
patología sadomasoquista?
Frente a una inadecuada
satisfacción de las demandas primarias, se generan en el sujeto altos niveles de
frustración y el mundo emocional se constituye con una alta presencia de
agresión (la insatisfacción produce odio y violencia). La insatisfacción genera
sujetos altamente voraces, demandantes, con un mundo afectivo retroalimentado
por feedback negativo (un ejemplo sencillo para comprender esto: yo tengo
hambre, mi mamá no decodifica mi llanto; en lugar de calmar mi hambre, me altero
aún más). En otras palabras, se arma un vínculo de feedback negativo, dónde la
dinámica afectiva está marcada por la invasión de sentimientos de odio.
A partir de experiencias
tempranas frustantes el sujeto se inunda de odio por la falla en la
decodificación. Estas fallas primarias preanuncian un sujeto muy anclado en
pocas experiencias de satisfacción y organizan un psiquismo donde el no placer
(la frustración) es la vía de intercambio con el otro.
A los dos años el sujeto
termina la etapa de discriminación del objeto materno a partir del control
esfinteriano; recién ahi se produce la individuación primera porque se enfrentan
dos deseos distintos, como ejemplo, por un lado está la madre que quiere que el
nene haga sus necesidades en la pelela, mientras que del otro lado el nene
quiere seguir haciendose encima en los pañales. Es en este momento en el cuál
surge una discriminación, porque el nene se da cuenta que existe otro deseo
aparte del suyo.
Es un período clave en la
vida del individuo; el control esfinteriano marca el ingreso a la cultura
humana. En esta etapa se refuerzan las vías de insatisfacción organizadas en
los primeros tiempos de vida, porque un objeto materno que no supo ser un buen
decodificador no sabrá ser un buen portador cultural de la prohibición de
ejecutar las necesidades en el momento donde el sujeto quiere y elige.
El objeto sádico baja el
mandato cultural de manera sádica y violenta, a través de castigos, pegar,
someter para conseguir que el chico controle el esfínter. El decodificador pasa
a ser sádico.
El sujeto está sometido a la
violencia y al castigo si no responde al deseo de la madre (madre = portavoz de
la cultura).
Este es el núcleo
organizador de la problemática sádica que culmina su estructuración entre los
tres y los cinco años, donde el psiquismo infantil termina confundiendo tanto el
camino de satisfacción como el fin último de satisfacción. En lugar de armar el
amor y el encuentro como caminos de placer, organiza en su psiquismo la
violencia y el sadismo como camino de placer. El placer deja de ser meta y pasa
a ser el displacer la meta placentera; el dominio y la sumisión el camino hacia
esa meta, por lo tanto todos los vínculos son atravesados por el
sadomasoquismo. El sujeto puede ocupar intermitentemente el lugar sádico o
masoquista, pero la calidad de sus vínculos oscilará siempre entre los dos polos
(Reguera, 2001).
El sadismo y los animales
El posicionamiento sádico es
siempre frente a alguien más débil que él. Frente al humano, el animal es un ser
débil, “inferior”. Cierta cuota de sadismo en los niños frente a animales es
normal como trayectoria hacia la maduración o como una escala evolutiva. Sin
embargo, cuando existe un goce en el sadismo y el chico queda anclado en ese
goce, de ver sufrir a otro y de hacer sufrir a otro, estamos frente a un cuadro
patológico. En individuos que tienen el plus de la marca de experiencias
tempranas insatisfactorias, la cuota normal de sadismo infantil deja de ser un
estado evolutivo normal para transformarse en una estructura sadomasoquista,
luego manifestándose como sujetos golpeadores y maltratadores, tanto a nivel
verbal como físico.
El eje de esta seria
patología es el placer pasando por el sufrir. Se trata de una estructura
psíquica irreversible, sin cura, en la cuál la lengua materna es el
sadomasoquismo. Es un modelo de vínculo primario.
Los animales, inermes,
suelen ser los primeros objetos puestos para el sadismo infantil. Pero en un
psiquismo normal esto es solamente una etapa. Renuncia el placer del sadismo
para encontrar la verdadera satisfacción a través de la vía del amor. Aquellos
que no conocen el amor, siguen por la vía sádica. Es el caso de los seres que
han sufrido una mala decodificación.
El animal es el más
vulnerable a esta satisfacción perversa del deseo. Se habla de perverso en
cuanto a que el camino elegido no es el sano y tampoco lo es el fin. En el
sadomasoquista hay un cambio en el camino y en la meta. Mientras que en el ser
normal, el camino es la satisfacción y el fin es el placer, para el sujeto
sadomasoquista el camino es el dolor y el fin el sufrimiento (Reguera, 2001).
Estos sujetos a lo largo de
la vida quedan anclados en este lenguaje emocional y van a armar, según sea el
grado de la patología, distintos tipos de relaciones sadomasoquistas; lo van a
poner en evidencia en sus diferentes vínculos, como por ejemplo con los
animales.
Ningún animal mata por
placer, sino siempre para sobrevivir; en cambio, el humano es el único que
quiebra esta “ley de la selva” que puede matar simplemente por placer, dejando
atrás a la presa muerta. El sadomasoquista goza del sentimiento de poder. No
manda el instinto de vida, sino el de muerte: el placer de ser mayor y más
poderoso que el prójimo.
Según varios estudios
realizados, la gran mayoría de los abusadores comparten una historia común de
castigo parental brutal, negligencia y rechazo. El psiquiatra, Dr. Alan
Felthous, junto con otros colegas, ha identificado una tríada constituída por el
abuso físico por parte de los padres, crueldad hacia los animales, y violencia
hacia las personas.
En gran parte, los estudios
basados en el abuso animal y criminología adulta, muestran que las primeras
instancias de crueldad hacia los animales tienen lugar temprano en la vida del
abusador. Según la antropóloga, Margaret Mead (1964), “Una de las cosas más
peligrosas que le pueden pasar a un niño es matar o torturar a un animal y
salirse con la suya.” Casi todos los niños jóvenes atraviesan una etapa de
crueldad “inocente”, en la cuál pueden lastimar insectos u otros animales
pequeños en el proceso de explorar el mundo y descubrir sus habilidades. La
mayoría de los niños, sin embargo, con la guía adecuada de los padres y
maestros, se tornan sensibles al hecho de que los animales pueden sentir dolor y
sufrir y por lo tanto tratar de evitar de causarles tal dolor. Algunos, sin
embargo, parecen quedarse encerrados en un patrón de crueldad que puede perdurar
toda la vida.
Algunos especialistas
sugieren que a estos niños les falta la capacidad de amar, de armar vínculos
cercanos hacia personas o animales, pero investigaciones recientes sugieren que
no es tan simple. En un estudio realizado con dos grupos de niños, uno
delincuente y el otro no delincuente, se observó que casi todos estos niños han
tenido una “mascota especial” en alguna etapa de sus vidas. Los niños
delincuentes indicaron, en una frecuencia tres veces mayor que los no
delincuentes, que fueron en búsqueda de sus mascotas en momentos difíciles y
hablaron de sus problemas con aquella. Una diferencia esencial entre ambos
grupos fue que el 34% de los niños delincuentes habían perdido su mascota
especial por medio de matanza intencional o accidental (Robin, 1984). En muchos
casos, un padre abusivo se había deshecho de su animal querido de alguna forma
violenta, dando lugar a un profundo resentimiento por parte del niño. En varias
instancias, las mascotas son lastimadas o matadas como castigo para un niño.
Según Summit (1983), amenazar con lastimar a la mascota de un niño es una
técnica común utilizada por abusadores para mantenter al niño callado sobre el
abuso. Protagonizar actos de crueldad de tal magnitud pueden llegar a ser igual
de traumáticos como ser víctima de abuso físico. Es altamente probable que el
niño presenta un riesgo importante de convertirse en un padre abusivo quién, a
su vez, puede producir otra generación de niños violentos. Debido en parte a
esto, el tratamiento debe involucrar a toda la familia, no solamente el
abusador.
Es posible que algunos
jóvenes se hayan convencido de su supuesta “maldad” proyectada sobre ellos por
sus padres y se comporten de la manera que se espera de ellos. Algunos imitan
la violencia familiar que parece ser una forma de vida “normal” para ellos.
Otros se sienten indefensos y usan a los animales como víctimas para demostrar
su poder y autoridad o como chivos expiatorios por el enojo que sienten hacia
los padres o hacia la sociedad como una unidad. Finalmente, algunos de estos
jóvenes abusadores simplemente parecen nunca haber aprendido a valorar la vida
de los demás.
Animales de compañía y niños
Los animales de compañía son
una parte vital de un desarrollo emocional saludable para los niños. Mientras
los niños se desarrollan, los animales juegan distintos roles en cada una de las
etapas. El período de la niñez abarca varias tareas de desarrollo – la
adquisición de confianza y autoestima, un sentido de responsabilidad y
competencia, sentimientos de empatía hacia otros y el logro de la autonomía –
que pueden ser facilitados al niño por un animal de compañía. La constancia del
compañerismo animal puede ayudar a niños avanzar a través de la continuidad del
desarrollo y hasta puede tener un efecto inhibidor ante disturbios mentales (Levinson,
1970).
¿De qué maneras puede un
animal satisfacer las necesidades de la salud mental de un niño? En primera
instancia, una mascota es un compañero de juego activo y energético, lo cual
facilita la descarga de la energía y tensión retenida del niño (Feldman, 1977).
En general, un niño que es físicamente activo tiene menor probabilidad de estar
tenso en comparación a uno que no lo es. La seguridad del animal de compañía
puede estimular comportamiento exploratorio, en particular en niños miedosos
ante situaciones desconocidas. Puede también servir de puente o facilitador
hacia vínculos con otros congéneres. Para aquellos viviendo en situaciones sin
otros niños, una mascota puede ser sustituta de compañía humana (Robin, ten
Bensel, Quigley y Anderson, 1983).
El rol de una mascota en la
familia dependerá de la estructura familiar, sus rasgos emocionales, sus fuerzas
y debilidades, tanto físicas como emocionales, de cada uno de sus miembros, y el
clima social de la familia (Levinson, 1969). Levinson también agrega y alerta
que las mascotas, al ser componente importante, pueden estar involucradas en
patologías que afecten a la familia.
Crueldad de los niños hacia
animales
En base a numerosos estudios
realizados, se identificó a la crueldad extrema por parte de los padres como
elemento subyacente más común entre aquellos individuos que abusan de animales.
Como Erich Fromm revela en su estudio, La anatomía de la destructibilidad
humana(1973), las personas sadistas tienden ellos mismos a ser víctimas de
castigos terribles. Con esto hace referencia al castigo que no es limitado en
cuanto a su intensidad, que no está relacionado a ningún malcomportamiento
específico, es arbitrario y es alimentado por el sadismo propio del castigador.
Por ende, el abusador de animales sadista fue, así mismo, una víctima de abuso
físico extremo.
Mientras que la mayoría de
los niños es sensibe al maltrato de las mascotas, para algunos abusados o
trastornados, las mascotas representan a alguien sobre quién pueden ejercer su
poder y control. Rollo May (1972) sugiere que cuando un niño no es amado
adecuadamente por la madre o el padre, se desarrolla una “inclinación por
vengarse del mundo, una necesidad de destruir el mundo por otros en tanto que
para él mismo no le fue bueno”. Niños severamente abusados, al no poseer la
habilidad de empatizar con los sufrimientos de los animales, sacan sus
frustraciones y hostilidad sobre animales con poco sentido de remordimiento. Su
abuso de animales es un esfuerzo para compensar por sentimientos de inferioridad
y falta de poder.
¿Por qué los golpeadores
amenazan, abusan o matan animales?
Demostrar y confirmar su
poder y control sobre la familia
Para aislar la víctima y los
niños
Eliminar la competencia por
la atención
Obligar a la familia a
mantener la violencia en secreto
Enseñar sumisión
Para vengarse de actos de
independencia y auto-determinación
Perpetuar el contexto de
terror
Prevenir que la víctima se
vaya o obligarla a que vuelva
Castigo por haberse ido
Degradar a la víctima al
involucrarla en el abuso
¿Por qué debemos reconocer
el abuso animal como una forma de violencia contra humanos?
Abusar de animales expone el
propósito deliberado de golpear más que la pérdida de control
Abusar de animales y
lastimar niños está íntimamente relacionado
Abusar de animales es
violencia e indica cómo la violencia está interconectada
Amenazando, hiriendo o
matando animales puede indicar un potencial aumentado para la
violencia/letalidad
Víctimas pueden postponer
irse al temer por la seguridad de su mascota
Identificando abusadores de
animales puede ayudar a identificar otras víctimas de violencia dentro de la
familia
Los siguientes datos fueron
obtenidos por la HSUS, Sociedad Humanitaria de los Estados Unidos, a través de
su campaña First Strike (Primer Golpe).
¿Existe una conexión entre
crueldad animal y violencia humana?
Casi un cuarto de todos los
casos de crueldad animal intencional también involucran alguna forma de
violencia familiar. La violencia doméstica es la forma de violencia familiar más
frecuentemente reportada, seguido por abuso de niños y de mayores.
21% de los casos de crueldad
animal intencional también involucra alguna forma de violencia familiar.
13% involucra violencia
doméstica. En estos casos, el perpetrador abusa de su pareja y obliga a la
víctima a observar la crueldad hacia los animales.
7% involucra abuso a niños.
En estos casos, el perpetrador abusa del niño y obliga a la víctima a observar
la crueldad animal.
1% involucra abuso a
mayores. En estos casos, el perpetrador abusa de la víctima mayor y la obliga a
observar la crueldad animal.
¿Quiénes son las víctimas?
Animales de compañía son los
blancos más comunes de crueldad animal, con datos de crueldad hacia los perros
(76% de todos los casos de animales de compañía) mucho más frecuente que la
crueldad registrada contra gatos (19%). Según un estudio, los datos obtenidos
fueron los siguientes:
76% de los casos involucra
animales de compañía.
12% de los casos involucra
animales de granja.
7% de los casos involucra
animales silvestres.
5% de los casos involucra
múltiples tipos de animales.
¿Qué tipo de abuso se ejerce
sobre los animales?
Más de 57% de los casos
analizados fueron caracterizados como abuso intencional o tortura, 31%
involucraba negligencia extrema incluyendo hambruna y falta de cuidados, y 12%
comprendían tanto negligencia como abuso.
En casos de crueldad animal
intencional, las ofensas más comunes incluyen balear, pegar, patear, acuchillar,
tirar, quemar, ahogar, colgar, envenenar, abusar sexualmente y/o mutilar a los
animales.
Conclusión
En base a lo descripto en
este trabajo, queda claro que las mascotas juegan un importante rol en la vida
de las personas. Lamentablemente, según lo investigado, la conexión que existe
entre el abuso de los animales y la violencia humana, es un tema desconocido
para muchos veterinarios aquí en la Argentina. Trabajos realizados que
confrontan el problema a nivel de la medicina veterinaria son extranjeros.
La violencia familiar es un
problema real y severo que existe en la sociedad. Nosotros, como veterinarios,
aparte de cuidar y proteger la salud de los animales, también tenemos la
responsabilidad de salvaguardar el bienestar tanto del animal como de la
sociedad.
El juramento veterinario
constata que se deben utilizar los conocimientos y las habilidades científicas
para el beneficio de la sociedad a través de la protección de la salud animal,
el aliviar el sufrimiento animal y promover la salud pública; practicar la
profesión con dignidad y guiarse por los principios de la ética veterinaria.
Éstos no solamente son los pilares de nuestro trabajo, sino que también debe ser
la base de nuestra ética profesional y moral.
Como ciudadanos y
profesionales debemos poder identificar este comportamiento, informar a los
clientes, brindarles ayuda hasta donde nos permiten nuestros conocimientos y
derivarlos a centros especializados.
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Paquete comprensivo de
material “First Strike” de la HSUS.
Entrevista con la Lic. en
Psicología Norma Reguera, 2001.
Sitios de Internet
recomendados:
•http://animalrights.miningco.com/msubviolence.htm?pid=2771&cob=home
•http://www.arktrust.org/outcry/issues_display.asp?id=7
•http://www.aspca.org/
•http://www.care2.com/channels/solutions/pets/153
•http://fund.org/library/documentViewer.asp?ID=259&table=documents
•http://home.fuse.net/animalrights/page75.html
•http://www.hsus.org/firststrike/index.html
•http://www.lcanimal.org/
•http://www.psyeta.org
Fuente: aamefe
www.aamefe.org.ar