Introducción
El conocimiento del nivel del comportamiento y
eficiencia reproductiva de su rebaño es parte importante del manejo de la
Medicina de la Producción y de la aplicación de un Programa de Control de los
Problemas Reproductivos (PCPR) (Ven. Bovina 36:66. 1998).
En anteriores trabajos hemos tratado sobre los dos
primeros pasos en la metodología e implementación de calidad total del PCPR
aplicado en rebaños doble propósito: 1) Identificación y verificación de la
existencia de un problema reproductivo (Ven. Bovina 40-41: 50 y 13. 1998) y 2)
Análisis de los registros establecidos para definir el estado actual de la
eficiencia reproductiva (Ven. Bovina 49:22. 2001).
Bajo la metodología de la participación de grupo y
tormenta de ideas ha sido posible confirmar la existencia de un problema de
pobre eficiencia reproductiva, caída en la producción de leche y en los
ingresos, comunicado por el cliente.
Este se siente intranquilo cuando observa una
elevada proporción de animales vacíos que no entran en celo y que no son
servidos, que son servidos y que no preñan o que preñan y no llegan a parir,
pero sobre todo por el incremento de los costos de producción.
El hecho de reconocer que existe un problema en su
finca es la vía más importante para alcanzar un diagnóstico pues permite una
comunicación abierta entre los interesados y quizás concluir que el caso y los
causales son diferentes de los inicialmente previstos y que la solución está
al alcance de la mano.
¿Cómo llegar al diagnóstico?
Para comenzar siempre es importante llegar al
diagnóstico para alcanzar el control de la situación actual. Es necesario
precisar qué grupo de riesgo es el afectado (novillas, vacas posparto, recién
paridas, gestantes, secas, servidas, etc.), dónde se encuentran, desde cuándo
y por cuánto tiempo se conocía el problema y cómo se inició, tratando de
vincularlo con algún factor de riesgo como la edad, paridad, predominio
racial, estado de lactación, nivel de producción láctea, condición corporal,
pérdida de peso posparto, etc., o con algún cambio en el manejo del rebaño, ya
sea en la alimentación, lluvias, calidad de pastizales, ordeño, personal, tipo
o momento del servicio o por la introducción de animales nuevos en la finca o
en fincas vecinas, etc.
La colección de datos y la evaluación de los
registros es la mejor forma de identificar las pérdidas reproductivas y el
origen del problema, siendo clave para llegar a un diagnóstico, siempre que se
utilicen registros fiables y llevados en forma continua y clara de manera que
el cliente pueda reconocerlos y aceptarlos.
Muchos ganaderos han expresado que los problemas
aumentan o son más graves cuando se establecen y evalúan los registros pero lo
que sucede es que los problemas son ahora detectados y recién conocidos. La
utilización manual o computarizada de los registros y la habilidad de aplicar
los parámetros más adecuados para interpretar la información del
comportamiento reproductivo constituye otro punto clave del PCPR más aun
cuando se complementa con resultados de exámenes clínicos y de laboratorio.
Los diversos criterios y parámetros de evaluación ofrecen variadas opciones
para diagnosticar una normalidad reproductiva o la existencia, extensión y
gravedad de un problema, a la vez que permiten identificar la participación de
factores de riesgo y prevenir problemas futuros.
Los criterios aplicados buscan identificar los
problemas que afectan los ciclos, servicios, gestación, pre-parto, secado,
parto y posparto o relacionados con la incorporación al servicio y primer
parto en novillas y con la detección de los celos, ciclicidad posparto,
control de los servicios, fertilidad y fecundidad, mortalidad embrionaria y
abortos en vacas.
Lo interesante es definir bien el problema y sus
causales; la baja fertilidad puede ser atribuida a problemas infecciosos pero
resulta que está involucrada una ineficiente detección de celos o la adopción
de servicios tempranos o en otros casos, pudiera sugerirse como causal del
problema de la finca a largos intervalos posparto o a un mayor número de
servicios por concepción cuando resulta que las culpables son unas pocas vacas
problema, cuyo tratamiento o eliminación suele ser suficiente para corregir el
problema.
Para llegar al diagnóstico se requiere evaluar
inicialmente la eficiencia reproductiva para lo cual pueden utilizarse
parámetros primarios y secundarios, los cuales permiten detectar la existencia
del problema y realizar un análisis posterior para detectar origen, dirección
y causales, de acuerdo con el tipo de animales, manejo, sistema y en especial
con los objetivos y metas de la explotación. Los criterios de análisis de los
riesgos y los parámetros principalmente sugeridos para evaluar cada problema
observado deben ser:
El paso 3 de calidad total en los PCPR se refiere
al hecho que la evaluación de la eficiencia reproductiva (ER) permite realizar
un diagnóstico primario y un análisis parcial de las causales para apreciar la
naturaleza y gravedad del problema, la situación actual de la explotación y
aún emitir soluciones parciales para su control. Puede requerirse de
información complementaria para alcanzar el diagnóstico e identificar las
causas pero más complicado es determinar el carácter temporal del problema, es
decir, si ya estuvo establecido, hace cuánto tiempo o si recién se ha hecho
evidente.
Un ejemplo del seguimiento del proceso nos
permitirá apreciar la forma de engranar los distintos conceptos y tomar
decisiones. En este caso particular discutiremos el caso de una finca
tradicional cuyo propietario ha señalado problemas de rentabilidad y baja
productividad que atribuye a problemas reproductivos debido al retardo en ser
servidas y bajo número de preñadas, por lo que se requiere confirmar la
existencia de baja fertilidad y fecundidad. Para ello, se decide evaluar los
intervalos parto-concepción y parto-primer servicio, fertilidad al primer
servicio y la frecuencia de 3 o más servicios (Loisel J. BTIA, ASIA 12. 1979).
¿Cuál es el significado de los intervalos
parto-concepción, parto-servicio y parto-celo?
Los resultados iniciales de la evaluación muestran
un intervalo parto-concepción (IPC) o días vacíos (DV) que supera los 100 días
(d); en este tipo de explotaciones tradicionales se ha establecido la
necesidad de un IPC medio de 100d para mantener un intervalo entre partos
calculado de 385d, es decir, 12 1/2 meses. A continuación, se procede a
calcular qué porcentaje del rebaño posee IPC mayor de 100d. Si se da el caso
que menos del 15% de las vacas del rebaño no están preñadas 100d después del
parto no hay razón para preocuparse ya que esos atrasos son normales, esa tasa
es la esperada y el rebaño presenta sin duda una fecundidad excelente.
Por otro lado, en el caso posible pero poco
probable de haber obtenido un IPC menor de 100d, debemos verificar a que
razones se debe: Es posible que el ganadero no haya fijado un PRV (periodo de
reposo voluntario posparto) normalmente señalado de 60d (duración de gestación
en mestizas 285 + 60d PRV=345d + 40d de opción para fallar 2 servicios=385d),
aun cuando puede ser de 45 ó 70d. En caso que el PRV sea muy corto, menor a
los 60d, por ejemplo 30 ó 45d, es conveniente aclarar si pudiera ser el
adecuado o por el contrario, las tasas de fertilidad son menores. Un PRV corto
pudiera deberse a falta de registros, pobre manejo o que el ganadero no tiene
interés en controlar el PRV o que su deseo es extender el periodo de lactancia
y aún de establecer servicios estacionales buscando las mejores épocas de
partos. La solución es fijar un IPC adecuado a los objetivos y metas de la
finca y revisar el manejo posparto y los momentos de servicio.
Sin embargo, el caso habitual en las explotaciones
tradicionales es que los IPC son muy prolongados y las vacas son servidas con
mucha tardanza y en periodos muy superiores al PRV fijado. Al analizar los
datos se observa que existe un grupo de vacas que son inseminadas y preñadas
muchos días después del parto; en esta situación debe siempre comprobarse si
el servicio tardío fue voluntario debido a que el criador ha establecido un
PRV más extenso para mantener un periodo al primer servicio superior a los
60-70d estipulados o si por el contrario lo que se busca es una mayor duración
de la lactancia y una mayor producción de leche.
En el caso de que la inseminación tardía no fuera
voluntaria hay que pensar en la existencia de problemas en la exhibición de
los celos, dificultades en la eficiencia de la detección de los celos, mal
manejo de los datos y registros de celos e inseminaciones que llevan a fallas
en el momento de la inseminación o servicio, elevando los DV y la proporción
de vacas repetidoras.
En este caso la solución a implementar es de una
mejora del manejo, es más sencillo, rápido y eficiente mejorar el manejo de
los celos y de las técnicas de detección, establecer programas de registros,
base de datos y tablas de predicción del celo. Bajo estas circunstancias cabe
discutir las ventajas de eliminar los animales con mayores problemas de
fertilidad o fecundidad, es decir, aquellos con posparto muy prolongados o que
hayan recibido muchos servicios sin resultar gestantes.
Otra situación se nos presenta cuando más del 15%
de las vacas del rebaño no están preñadas 100 días después del parto. Ese
prolongado atraso es un indicativo de un problema de infecundidad, es decir,
que las vacas no alcancen a tener un parto cada 365 días. Al inicio es
necesario comprobar si los lapsos parto-primer celo fluctúan entre 30 y 60
días y que los intervalos parto-servicio (IPS) son superiores a las 60-70 días
estipulados y si todas las vacas están involucradas en ese atraso.
Se debe descartar, además, que el atraso en las
concepciones no haya sido solicitado o buscado por el ganadero, pues siempre
hay que tener en cuenta los objetivos del empresario y de la explotación. Es
posible que el ganadero persiga mantener una época de servicios para lograr
una óptima estación de partos, buscando un mejor comportamiento reproductivo
posparto con una mayor y agrupada producción de leche, para lo cual aplicó la
sincronización de los celos y de los partos. ¡Ahora bien, debemos estar
seguros que ese objetivo explica el atraso de todos los intervalos!
Es posible que eso no sea así y que la meta
buscada por el productor no es el atraso en los servicios y partos pero si es
habitual tener un IPS superior a los 60-70 días fijados en el programa de
manejo. Este es el momento de comprobar si ese atraso es debido a una falta de
organización, a la ausencia de registros o a una desinformación de todos los
procesos de la finca.
Revisar si tienen anotado cuándo y cómo han parido
los animales, ¿con qué peso o qué condición corporal? ¿Conocen el número de
parto? o no existe nada de eso. Verificar si mantienen el PRV y si los
animales son reintroducidos al servicio en el lapso recomendado para alcanzar
las metas señaladas o si por el contrario, de nada sirve fijar esos parámetros
de IPS 60-70 días posparto debido a que escasos animales los cumplen.
En caso de IPS superior, debemos pensar que nos
encontramos ante un problema de ausencia comprobada de actividad ovárica
cíclica y de celos posparto, o sea un anestro pre-servicio verdadero u
orgánico, o también pudiera ser que tenemos problemas de observación y
anotación de los celos como de celos silenciosos, poco intensos o poco
apreciables, es decir, un anestro pre-servicio de tipo funcional o de manejo.
Esa será nuestra siguiente tarea, señalar cuál es
el tipo de anestro, su incidencia, a la vez que determinar sus causales. Para
ello necesitamos instalar un buen programa de detección de celos, utilizando
ayudas que faciliten la detección en los momentos más adecuados, en especial,
cuando están pastoreando y por supuesto, un habitual examen clínico por
palpación rectal.
La determinación de los niveles de progesterona es
necesaria y bien recibida para confirmar los resultados. El caso se complica
cuando se incrementa la tasa de vacas repetidoras y se prevé una posible mayor
mortalidad embrionaria.
A continuación es necesario estudiar si el
problema del anestro o el atraso en los servicios se presenta en algún grupo
especial de animales o sólo están involucradas algunas vacas y sin mayor
relación entre ellas; en esta situación, examinar las dificultades
individuales del atraso y las fallas de preñez en las vacas afectadas.
En caso que estén involucrados grupos de animales,
debe averiguarse cuáles son los más afectados y con que frecuencia, por
ejemplo, vacas subalimentadas, con pobre condición corporal al parto y que
pierden peso posparto o quizá aquellas vacas que muestran una superior
producción de leche diaria o acumulada y que son reconocidas como las más
productoras.
¿Serán aquellas que no son destetadas al nacer,
que se mantienen en presencia del becerro, que son ordeñadas con apoyo de la
cría y que además amamantan? ¿Pudiera ser que el problema se presente en una
época determinada del año, en animales de una edad determinada, de primer
parto, de 2 o de más partos, o que pertenecen a una raza lechera, o a un
determinado mestizaje?
¿Están más afectadas las vacas que se encuentran
en potreros determinados o que se mantienen en instalaciones poco cómodas,
cerradas, húmedas y mal ventiladas, con pisos de cemento? Lo más común es que
más de uno de los riesgos señalados estén involucrados, por lo que nuestra
misión será identificarlos.
Al ser identificada una situación en la cual los
IPS son superiores a los 60-70 días establecidos, lo primero que debemos hacer
es identificar los factores de riesgo y su intervención en el caso e inculcar
en el ganadero la importancia productiva y económica de acortar el periodo
vacío posparto que se nos presentará. Será necesario organizar programas de
observación y registro de celos, elaborar tablas de predicción del próximo
celo y mejorar las técnicas de observación utilizando las ayudas recomendadas.
Es conveniente revisar la alimentación, en
especial durante la época seca, favoreciendo la alimentación energética en el
pre-parto para prever la caída de peso posparto. Una buena corrección es el
destete al nacimiento, eliminando el apoyo de la cría y el amamantamiento o
mejorar las instalaciones, ofreciendo confort, sombra, ventilación y un buen
lugar para el ejercicio de las vacas. Prestar atención a las vacas repetidoras
pues alargan el IPC y determinar los factores de riesgo y causales
involucrados en un posible problema de mortalidad embrionaria.
Cuando los intervalos parto-celo y parto-servicio
son muy prolongados es necesario considerar que la alimentación es el
principal riesgo y factor causal en 45-80% de los casos del problema de
infertilidad. En esa situación se empieza por evaluar la condición corporal al
momento del secado, al parto y durante el posparto e igualmente, revisar los
cambios de peso posparto como también la cantidad y la duración de la caída de
peso posparto (más del 5% durante los primeros meses repercute en
subfertilidad).
Luego procedemos a examinar la alimentación
durante el preparto y los siguientes 2-3 meses posparto, en especial durante
la época seca; se trata de comprobar que la alimentación está adaptada al
requerimiento de la producción y la eficiencia reproductiva exigidas.
Es recomendable revisar el tipo de pastizales
ofrecidos, el sistema de pastoreo, la alimentación suplementaria y el tipo de
racionamiento, examinando el plan de suplementación realizado durante las
épocas de transición y en los principales estados fisiológicos como el secado
(vacas escoteras) y durante el inicio y pico de la lactación, enfatizando en
especial la vigilancia de los aportes energéticos, proteicos, minerales, macro
elementos (P, Ca, Mg, Mn, Cu, Zn) y vitaminas.
Debe tenerse en cuenta que más de una causal suele
estar involucrada en el problema y que es importante identificar el grupo de
animales que aparecen más afectados, buscando como posibles riesgos, el
predominio racial, la edad, época de parto (coincidente con las épocas secas),
paridad, en especial, cuando se trata de vacas de primer parto o la
producción, vigilando el comportamiento de las mayores productoras.
Es posible que pueda estar comprometido un
problema de tipo genético o de consanguinidad, o bien pudiera revisarse la
posibilidad de un efecto del medio ambiente o de adaptación, como sucede
durante el posparto en el caso de vacas de razas lecheras importadas en fase
de gestación, o aquellas con elevada proporción de mestizaje europeo,
especialmente Holstein.
El nacimiento de crías pequeñas, con deficiente
crecimiento y alta mortalidad, así como una elevada tasa de eliminación por
problemas reproductivos permiten ratificar el origen y la vigencia del
problema.
Para controlar el efecto de los prolongados
intervalos posparto debemos tener en cuenta que estos se observan en
determinados grupos raciales o mestizajes con alta proporción genética lechera
y mayores producciones.
Una evaluación de estas condiciones pudiera
indicarnos que la alimentación no es el principal factor causal o que además
puede estar involucrado en amplitud otro factor de riesgo. En ese caso, es
recomendable buscar el factor manejo de la cría; verificar si es suficiente la
presencia de la cría y el apoyo durante el ordeño o si se incrementa el
problema cuando el animal amamanta.
Siempre es necesario confirmar que en la finca no
se produce el destete al nacimiento y que se practica el amamantamiento
permanente o restringido (por ejemplo, durante los lapsos post-ordeño), ese
hecho es suficiente para desencadenar el problema, y ese conocimiento también
facilita su control.
El problema es más factible de solucionar si se
combina una mejora alimenticia con el destete temprano, en especial durante
las épocas secas, en las cuales es necesario prever y mejorar el manejo
nutricional. Una forma menos traumática consiste en el destete temporal a
partir de los 60 días, retirando la cría durante 2, 3 o aún 5 días.
Recordemos que el problema se minimiza y controla
en explotaciones mejoradas con adecuada alimentación y destete al nacimiento,
eliminando la cría en el proceso y que la situación se complica en
explotaciones tradicionales cuando en animales subalimentados y con baja
condición corporal es necesario mantener a la cría apoyando en el ordeño y
amamantando, más aun cuando las vacas poseen una calidad genética de buenas
productoras.
Fertilidad del rebaño
Ahora analicemos los datos de la fertilidad del
rebaño.
A continuación, revisamos la fertilidad midiendo
la eficiencia de las inseminaciones o servicios. En caso que la fertilidad al
primer servicio sea mayor de 60% y que la frecuencia de vacas con 3 o más
servicios sea menor del 15% podemos concluir que no existe problema de
fertilidad y que la eficiencia de la inseminación es muy buena, en especial,
si va acompañado de un corto intervalo parto-concepción. En explotaciones
mejoradas con elevada producción de leche estos parámetros se pueden aceptar
hasta medias de 50 y 25% respectivamente.
En el caso de algunos animales repetidores con más
de 3 servicios, lo recomendable dentro del sistema tradicional es eliminar
esas vacas infértiles, a pesar de cualquier valor genético; no debe prestarse
atención a vacas individuales excepto aquellos casos de vacas élite de elevada
producción, que se han seleccionado como madres de futuros reproductores.
Cuando la eficiencia de las inseminaciones o
servicios no alcance los índices citados nos encontramos ante un problema de
infertilidad, cuya gravedad y extensión necesita ser precisada antes de tomar
decisiones. En esos casos deberán evaluarse todos los factores de infertilidad
que pudieran estar afectando la preñez, tratando de llegar a un diagnóstico de
los causales.
El análisis de los riesgos y el control de los
puntos críticos puede ayudar en cada caso (Ven. Bovina 42: 66. 1999). Por otro
lado, un simple examen de los registros servirá para determinar el efecto de
la época, predominio racial o paridad como también relacionarlos con los
intervalos parto-celo y parto-servicio (¿son similares o están muy espaciados?
¿Son muy cortos o muy largos?; ¿Existe algún atraso en la reintroducción al
servicio?) y con las repeticiones de celo (¿se desarrollan a intervalos
normales y regulares o son irregulares?).
Es importante considerar que la baja fertilidad
puede ser consecuencia de una deficiente y negligente observación de los
celos, en especial en determinados ambientes, épocas y normas de manejo, al
repercutir en una baja tasa de servicios o de servicios en momentos
inadecuados, fuera del celo (Ven. Bovina 45: 55. 1999).
Sabemos que hay errores en la eficiencia de la
detección de celos cuando menos del 60% de ciclos duran entre 18 y 24 días,
también cuando más del 5-10% de animales aparecen cíclicos o preñados al
examen clínico, resultan vacíos al examen de gestación, son servidos 2 veces
en lapsos de 2-3 días, aparecen preñados sin estar servidos o no paren en la
fecha prevista; entonces es cuando debemos poner atención a la responsabilidad
del programa de detección de celos (Ven. Bovina 44: 14. 1999).
Las soluciones llevan a mejorar la educación y el
entrenamiento del personal, mayor tiempo y frecuencia de las observaciones así
como adoptar métodos y ayudas para la detección y comprobación de los celos.
En los casos de vacas repetidoras es posible
considerar hasta que punto están involucrados los factores sanitarios en caso
de que se hayan observado problemas de higiene. ¿Existen síntomas clínicos
visibles de infecciones como descargas anormales, casos de metritis o
retención de placenta? Debemos recordar que esas afecciones son consecuencia
habitual de partos difíciles o prolongados, crías grandes y pesadas,
extracciones forzadas o intervenciones poco asépticas y que son más frecuentes
cuando se interviene habitualmente en todos los partos, aún siendo normales.
Cuando la tasa de pérdidas embrionarias es elevada
en las vacas repetidoras debemos recurrir a pruebas de laboratorio para
diagnosticar algunas enfermedades que pudieran estar incidiendo en las
repeticiones, como son en nuestro caso la leptospirosis, la rinotraqueitis
infecciosa o la diarrea viral bovina, verificando su posible existencia en
fincas de la zona.
Por lo general, los resultados orientarán nuestro
diagnóstico y permitirán establecer medidas de prevención y control a través
de las vacunaciones y en los casos pertinentes, la terapia antibiótica y la
eliminación de los animales positivos, sin vacilación. Siempre es interesante
como solución mejorar la higiene del parto y el manejo de las intervenciones
sobre el animal, previniendo los partos difíciles o prolongados y ante todo,
eliminando la intervención humana habitual y sin necesidad. Completar con la
higiene de las instalaciones de maternidad, buena supervisión de las
parturientas y proporcionando limpieza de cama, pastos y agua.
Un problema de baja fertilidad suele observarse
cuando una alta proporción de intervalos parto-servicio son menores de 45-60
días, lo cual contrasta con el PRV fijado en 60 días. Estos cortos periodos se
observan en rebaños con manejo deficiente donde los registros no son
habitualmente llevados o consultados, por lo cual, al señalarse un animal en
celo, éste será inseminado sin mantener un PRV lógico y sin revisar la fecha
del parto que confirme el momento a partir del cual estará apto para ser
servido. Por esa razón, siempre debe fijarse un PRV como el intervalo normal
para el inicio de los servicios posparto.
Otra consecuencia del mal manejo es mantener toros
o toretes con grupos de vacas recién paridas o en potreros donde pueden
introducirse machos de la propia finca u otra finca vecina, sirviendo
indiscriminadamente a las vacas. Es decir, se debe implementar un manejo
reproductivo que evite ese error, a la vez que informar al ganadero de las
consecuencias productivas y reproductivas de mantener intervalos anormalmente
cortos entre parto y servicio por tratar de adelantar la gestación mediante un
servicio posparto muy temprano.
En raras ocasiones es posible que no se encuentre
ningún indicativo que nos lleve a diagnosticar y solucionar el problema. Es
necesario revisar la historia de la finca y de los animales e insistir con
paciencia en las observaciones y exámenes clínicos y de laboratorio,
consultando con otros profesionales en caso necesario.
Los riesgos de infertilidad pueden estar
superpuestos y una posible explicación puede no dar resultados pues existe la
presencia o intervención confundida de otros factores. En casos difíciles o
complicados no inventar causales raros o poco comprobables para quedar bien
con el cliente, debemos pensar que los resultados pueden ser contraproducentes
y peligrosos; sobre todo no insistir con tratamientos complicados y no
justificados, más aún si son costosos, debiéndose proceder a fijar
tratamientos específicos sólo cuando el diagnóstico sea claro y los resultados
de mejora previsibles. Evitar los tratamientos hormonales cuando no se haya
confirmado que son las alteraciones endocrinas las causales directas del
problema, más aun cuando no se hayan corregido los causales principales,
subalimentación y el amamantamiento. Finalmente, no olvidar que muchos casos
se corrigen solos, pero ante todo es imprescindible lograr la aceptación del
cliente para adoptar los cambios y medidas adoptadas, en especial de manejo o
la eliminación de vacas poco productivas y aquellas con problemas
reproductivos.
Fuente: produccionbovina.com