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090. Influencia de la máquina de ordeño sobre el estado sanitario de la ubre en ganado vacuno.

Peris C., Mehdid M.A., Manzur A., Díaz J.R*., Fernández N.

Dept. Ciencia Animal. Universitat Politécnica de Valencia. C/ Cami de Vera, 4- 46070 Valencia

*División Producción Animal. E.P.S.O. Univ. Miguel Hernández. Ctra. Beniel, Km 3,2- 03312 Orihuela-Alicante

cperis@dca.upv.es

Publicado en Albeitar. enero 2004

 

Imagen de tapa no disponible ISBN: 9874337796
Libro: BIOTECNOLOGÍA DE LA REPRODUCCIÓN
Autor: PALMA, G.A.

Introducción

El ordeño es uno de los principales factores que influye sobre la incidencia de infecciones intramamarias (IMI), el Recuento de Células Somáticas (RCS) y la calidad de la leche. Durante el ordeño podemos distinguir varios aspectos : las operaciones que se llevan a cabo antes de la colocación de las pezoneras y después de su retirada, el funcionamiento de la propia máquina de ordeño (que dependen del diseño de sus componentes y de su mantenimiento) y, finalmente, el modo en que los operarios utilizan la máquina al ordeñar. Aunque esta separación permite identificar y describir factores de riesgo respecto a la incidencia de IMI, no debemos olvidar que, en la práctica, los citados aspectos no actúan de forma independiente, sino que interaccionan entre sí y con otros factores no relacionados con el ordeño, tales como las características de los patógenos, de los propios animales y del ambiente exterior al ordeño. Por tanto, la existencia de un factor de riesgo relacionado con el ordeño va a tener un impacto sobre la incidencia de IMI que será variable en función de la situación concreta de los otros factores señalados anteriormente. Si tenemos siempre en mente esta idea, podremos evitar la tentación de querer interpretar y sacar conclusiones generales, a partir de los resultados obtenidos en una sola o en un número reducido de explotaciones.

Este trabajo tan solo pretende recopilar, a grandes rasgos, los conocimientos que existen acerca de la influencia de las características de la máquina de ordeño sobre el estado sanitario de la ubre. Para ello describiremos como influye la máquina sobre dos aspectos diferentes: la transmisión de gérmenes hasta el pezón y el estado del pezón. Quedan fueran del alcance de este artículo los aspectos específicos relacionados con la rutina de ordeño y los sistemas de ordeño automatizado (robots).

Transmisión de gérmenes hasta el pezón

Cuanto mayor sea la exposición que sufren los pezones a patógenos, especialmente cuando estos se ubican en el entorno del orificio del pezón, mayor riesgo existirá de que, por distintos mecanismos, estos puedan penetrar en el interior de la cisterna del pezón y establecer una IMI.

La máquina de ordeño constituye un vector pasivo de transmisión de gérmenes hasta el pezón, dado que el manguito contaminado va a entrar en contacto con la piel de los pezones. En principio, podríamos pensar que este tipo de transferencia de gérmenes , hasta la piel del pezón, va a representar un bajo riesgo de nuevas IMI, dado que el baño de pezones post-ordeño debería eliminar a la mayoría de ellos. No obstante, durante el ordeño pueden darse situaciones (impactos, gradiente de presión inversa) que ayudan a los gérmenes que se encuentran ubicados en los alrededores del orificio del pezón a que puedan atravesar su canal. Si lo consiguen, los patógenos escapan a la acción del germicida que se aplica post-ordeño y aumentan las probabilidades de que se establezca una IMI. En relación con la máquina de ordeño, la transmisión pasiva de gérmenes tenderá a aumentar cuando se utilicen manguitos con una superficie interior rugosa o deteriorada (excesivo uso o a lavados inadecuados), dado que previsiblemente tendrán una mayor concentración de patógenos en la pared. La sustitución de los manguitos dependerá del tipo de material en que estén fabricados; en Europa las empresas suelen recomendar su cambio hacia los 2.500 ordeños o 3000-5000 ordeños, según sean de caucho sintético o silicona, respectivamente (Mein et al., 2003).

Con el fin de controlar la diseminación de gérmenes entre animales durante el ordeño, vía el juego de ordeño/manguito, se han utilizado diferentes métodos para reducir o eliminar los patógenos que se hallan en el juego de ordeño antes de la puesta de pezoneras, utilizando para ello calor (circulación de agua a 85ºC, durante 5 segundos; Neave et al., 1969), desinfectantes aplicados automáticamente en circulación (Backflushing; Smith et al., 1985) o sencillamente aplicando agua fría a presión (Billon et al., 1998). Aunque estos sistemas han tenido éxito en cuanto a la disminución de la carga bacteriana en el manguito, su eficacia a nivel de campo, en términos de IMI o RCS en la leche de tanque, es menos evidente (Billon et al., 1998). Por otra parte, la desinfección de pezoneras de forma manual, sumergiéndolas en cubos con soluciones desinfectantes, también tiene sus riesgos cuando se realiza de forma incorrecta, dado que podría pasar desinfectante al circuito de leche o contaminarse la propia solución desinfectante. Una alternativa a lo señalado, especialmente en explotaciones con una alta prevalencia de mamitis de carácter contagioso, sería establecer un orden de ordeño (primero los animales sanos) o, si el número de animales afectados es bajo, ordeñarlos con juegos de ordeño específicos.

La máquina de ordeño también constituye un "vector activo" de difusión de gérmenes hasta los pezones de los animales. La situación ideal sería que, bajo cualquier circunstancia, existiera un cierto gradiente de vacío desde el extremo del pezón hasta el colector, de modo que la leche y los microorganismos siempre se alejaran del pezón en dirección al colector. En la práctica en el entorno del pezón existen fluctuaciones de vacío, tanto cíclicas como acíclicas. Las primeras aparecen como consecuencia del movimiento cíclico de apertura y cierre del manguito, y aumentan a medida que se incrementa el flujo de leche; las segundas son de mayor importancia y ocurren aleatoriamente durante el uso normal de la máquina de ordeño: puesta y retirada de pezoneras, deslizamientos y caídas de pezoneras durante el ordeño y en el apurado a máquina. Los trabajos experimentales han demostrado que existe un mayor riesgo de mamitis cuando se dan simultáneamente elevadas fluctuaciones cíclicas y acíclicas (Thiel et al., 1973). Asociados a estas fluctuaciones de vacío, se han identificado tres mecanismos que podrían facilitar la difusión de gérmenes hasta la ubre: flujo inverso, impacto y gradiente de presión inversa. El flujo inverso ("reverse flow") tiene lugar cuando la leche no se evacua con suficiente rapidez por el tubo corto de leche y el colector, inundándose estas áreas y provocando un aumento de la fluctuaciones de vacío cíclicas. Si en la fase de masaje la leche permanece retenida en el entorno del pezón, cuando el manguito se abre se puede generar un aumento importante del vacío (3-5 kPa) y, por tanto, una aspiración de leche hacia el pezón (Billon et al., 1998). Con ello se produce un lavado del pezón, lo que facilita que se depositen gérmenes en el entorno de su canal. Para controlar este riesgo, la norma UNE 68050 (1998) establece una serie de características para que se facilite la evacuación de la leche durante el ordeño: diámetros mínimos de los tubos corto (10 mm) y largo de leche (12,5 mm) y orificios de entradas de aire en el juego de ordeño (al menos 4 l/min); además, establece la obligatoriedad de que los fabricantes determinen en laboratorio, la capacidad de evacuación de leche de la unidad de ordeño. Aunque la citada norma no especifica valores mínimos para el volumen del colector, algunos autores (Mein, 1998) recomiendan que tenga un volumen efectivo, por debajo de las boquillas de entrada de los tubos cortos de leche, de al menos 120 ml, con objeto de reducir posibles problemas de inundación o de contaminación cruzada (impactos) entre las pezoneras del mismo juego de ordeño.

El fenómeno de impacto aparece cuando se produce una brusca entrada de aire por la embocadura de un manguito, generalmente asociado a los deslizamientos de las pezoneras durante el ordeño, al apurado a máquina y a la propia puesta y retirada de pezoneras (fluctuaciones de vacío aciclicas). Ello genera una brusca caída del vacío en el colector, por lo que pequeñas gotitas de leche son aspiradas y propulsadas a gran velocidad contra el extremo de otros pezones de la misma unidad de ordeño. Si el impacto tiene lugar cuando el manguito se encuentra en posición abierta, las gotitas de leche contaminadas pueden llegar a depositarse en el canal del pezón, e incluso pueden atravesarlo, de forma que los gérmenes alcanzan de modo inmediato la cisterna del pezón (O’Shea et al., 1984). Aunque este mecanismo es indeseable en sí mismo, su efecto sobre la incidencia de IMI será mayor cuando se produzca hacia el final del ordeño. En este caso, es más probable que los microorganismos puedan atravesar más fácilmente el canal del pezón debido a la ausencia de flujo de leche y a que la dureza del esfínter es inferior a la que existía al inicio del ordeño (Blowey y Edmonson, 1995); además, como ya no se extrae leche de la glándula, es más difícil que las bacterias puedan volver a salir al exterior antes dela retirada de las pezoneras. La relación del fenómeno del impacto con la incidencia de IMI ha sido puesta de manifiesto en experimentos llevados a cabo en ganado vacuno (Thiel y Mein, 1997; O’Shea et al., 1984) y ovino (Le Du et al., 1989).

Son muchos los factores que se deben tener en cuenta para mantener una baja frecuencia de fluctuaciones aciclicas e impactos durante el ordeño. Algunos requieren de un adecuado manejo por parte del ordeñador: secado de los pezones antes de la puesta de pezoneras (aumenta la fricción del manguito con el pezón), puesta de pezoneras limitando las entradas de aire, correcto alineamiento de la unidad de ordeño (evitar torsiones de los tubos que puedan dificultar la evacuación de la leche o que provoquen que el peso del juego de ordeño no se distribuya uniformemente sobre las cuatro pezoneras), evitar entradas de aire por las pezoneras durante el apurado a máquina (caso de realizarse), cortar siempre el vacío antes de la retirada de las pezoneras. Otros factores van a depender del funcionamiento (diseño y mantenimiento) de la máquina de ordeño. Así, todo aquello que ocasione una disminución excesiva del vacío medio que existe bajo el pezón, en relación al peso y otras características del juego de ordeño, provocará un aumento de los deslizamientos de pezoneras. Esto ocurrirá cuando se den insuficiencias en alguno de los siguientes aspectos: vacío nominal, capacidad de la bomba, reserva efectiva, funcionamiento del regulador, diámetro/pendiente de la conducción de leche (excesiva caídas de vacío al generarse flujos turbulentos), o en la capacidad de evacuación de la unidad de ordeño (inundación del colector y tubos de leche). Además, un moderado peso del juego de ordeño y un adecuado diseño del manguito, especialmente de la embocadura (diámetro y volumen, flexibilidad del labio etc..), serán determinantes para mantener la fricción sobre el pezón y disminuir su deslizamiento. Finalmente, otro aspecto a recordar es que en pulsación alternativa, los impactos aumentan al reducir la relación de pulsación del 60% al 50 % (Schailab, 1996). Como dato orientativo, a partir de 5-10 deslizamientos de pezoneras, que requieran intervención por el ordeñador, por cada 100 vacas ordeñadas, debemos asumir que existe un problema en el ordeño que debe ser corregido (Mein, 1998).

Con el objeto de limitar la presencia de impactos contra el pezón durante el ordeño se han ideado diversos mecanismos: escudos deflectores en el interior de los manguitos (Griffin et al., 1980;1983) y válvulas antirretorno a nivel del colector (Griffin et al., 1988) o del tubo corto de leche (Andrews et al., 1988). En condiciones experimentales estos equipos han permitido disminuir las nuevas infecciones en más del 90% (Spencer, 1989; Bramley, 1992), pero los resultados obtenidos a nivel de campo han sido menos convincentes, obteniéndose una reducción de nuevas infecciones de un 10-15% (Griffin et al., 1980;1988); tan solo cuando han sido utilizados en máquinas de ordeño mal diseñadas han mostrado reducciones importantes en la incidencia de mamitis (50%; Griffin et al., 1980). Además, un aspecto negativo de estos sistemas es que podrían interferir en la evacuación de la leche o en el vacío existente en el extremo del pezón; quizás esto podría explicar porque no se han incorporado a las máquinas de ordeño comerciales.

Un tercer mecanismo que podría favorecer que se instaure una infección mamaria es el gradiente de presión inversa (Rasmusen et al., 1994; Billon et al.,1998), el cual representaría una nueva explicación de cómo las bacterias logran atravesar el canal del pezón durante el ordeño. Esta situación se genera cuando la presión que existe en el interior del seno del pezón es inferior a la que existe bajo el pezón. Esta diferencia de presión (o gradiente) sería del orden de 1,5 a 7 kPa y duraría alrededor de 0.02-0.05 s., lo cual podría ser suficiente para aspirar hacia el interior del canal los microorganismos presentes o depositados durante el ordeño alrededor del orificio del pezón. Este fenómeno ocurre principalmente en el momento de la puesta de pezoneras y en su retirada, sobre todo cuando las pezoneras se retiran con el manguito en posición cerrada y, además, se utilizan manguitos con diámetro de embocadura muy ajustada al pezón.

Estado del pezón

Un mal funcionamiento o uso de la máquina de ordeño puede afectar al estado del pezón, provocando alteraciones o incluso lesiones que facilitarán el inicio de una IMI. Este efecto se podría ejercer en varios frentes simultáneamente, como por ejemplo: a) aumentar la multiplicación de las bacterias en las lesiones o alteraciones externas del extremo del pezón, lo que provocará un mayor nivel de exposición del canal a los gérmenes; b) disminuir la capacidad defensiva a nivel del canal del pezón, al afectar a la queratina (producción, evacuación o propiedad antibacterianas) o a la integridad del propio esfínter (erosión o eversión, estanqueidad tras el ordeño..); c) provocar traumas alrededor del seno del pezón, lo que redundará en que las bacterias tengan una mayor capacidad de colonizar o multiplicarse en este medio intramamario (Bramley, 1992). En los últimos 15 años se han llevado a cabo numerosos trabajos con el objetivo de poder caracterizar y cuantificar de forma objetiva dicho estado. Por una parte, se han realizado estimaciones de la edematización que sufre el pezón durante el ordeño, utilizando un cutímetro (Hamann et al., 1996) o, más recientemente, la ecografía ( Neijenhuis et al., 2001). Por otra parte, se han propuesto sistemas de clasificación visual de las lesiones o alteraciones que sufre el pezón; un ejemplo es la clasificación propuesta por Neijenhuis et al. (2000) de la callosidad que sufre el extremo del pezón, según su espesor y textura (lisa o rugosa).

Tres aspectos, relacionados con la máquina de ordeño, pueden ser responsables de provocar alteraciones importantes en el extremo del pezón: un excesivo nivel de vacío (de acuerdo a la norma UNE 68050, el vacío medio en el colector, durante el periodo de máximo flujo, debería situarse entre 30 y 42 kPa ), existencia de un inadecuado masaje del pezón y la presencia de sobreordeño. Respecto al masaje del pezón, éste dependerá en gran medida de las características de la pulsación y del manguito. En el primer caso, está ampliamente aceptado que la fase "d" (masaje) debe durar al menos 150 ms y representan un 15% del ciclo ( UNE, 68058; 1998), con objeto de disminuir la incidencia de IMI; además algunos trabajos también sugieren que las fases de transición "a" y "c" deberían situarse en niveles moderados, en torno a 14-16% y 12% del ciclo, respectivamente (Billon y Gaudin, 2001). Las principales características del manguito que influirán sobre el masaje que ejerce en el pezón son: a) dureza del cuerpo y tensión de montaje en la copa ( si son excesivamente blandos producirán un insuficiente masaje, mientras que si son demasiado duros provocarán lesiones en el pezón al ejercer una excesiva carga compresiva; la presión de aplastamiento se debería situar entre 8 y 13 kPa; Mein et al., 2003); b) diámetro del cuerpo ( idealmente debería ser entorno a 1-2 mm menor que el diámetro medio de los pezones del rebaño, medidos antes del ordeño, con objeto de limitar la edematización que sufre las paredes del pezón; Mein, 1992), c) longitud efectiva suficiente para poderse colapsar por debajo del extremo del pezón. Una excelente revisión sobre las características de los manguitos comerciales la podemos encontrar en Mein et al. (2003).

La presencia de sobreordeño afecta negativamente al estado del pezón, tanto a corto plazo (mayor edematización; Hamann et al., 1994) como a largo plazo (hiperqueratosis, callosidad; Mein, 1998). Sin embargo, el efecto directo de un moderado sobreordeño sobre la incidencia de IMI no ha podido ser demostrada en muchos trabajos experimentales (O’Shea, 1987), excepto cuando se ha asociado a otros defectos de la máquina de ordeño (Mein et al., 1986). En cualquier caso, parece razonable recomendar siempre a los ganaderos que eviten sistemáticamente el sobreordeño, por los posibles efectos que pueda tener a largo plazo sobre el estado sanitario de la ubre, bien a través de su influencia sobre el estado del pezón o bien porque aumentan las probabilidades de que se produzcan deslizamientos de pezoneras e impactos.

 Fuente: www.exopol.com

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