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094. Fasciolosis bovina.
Juan F. Gutiérrez Galindo
Facultad de
Veterinaria
Universidad Autónoma de Barcelona
Fasciola hepatica, agente productor de la
fasciolosis, es un trematodo digenea hermafrodita que, como indica su
nombre, tiene forma de hoja y se localiza en los conductos biliares de sus
hospedadores. Cuando está plenamente desarrollado mide hasta 5 cm de
longitud y 1 cm de anchura, por lo que puede ser visto fácilmente en su
localización. Posee dos ventosas muy próximas, ventral y oral, y un proceso
cónico en su extremo anterior donde se encuentra la boca. Tiene el tegumento
recubierto por numerosas espinas dirigidas hacia atrás.
F. hepatica parasita a numerosas especies de
mamíferos, aunque se consideran hospedadores más adecuados los rumiantes,
tanto domésticos como silvestres. En España se ha encontrado parasitando
ovejas, cabras, vacas, gamos, asnos, caballos, cerdos, jabalíes, conejos,
liebres y al hombre (Cordero y cols., 1994). Este parásito es el responsable
de la enfermedad en zonas templadas y, por lo tanto, en España.
La presencia de F. hepatica se ha denunciado en
toda España (Cordero y cols., 1994) aunque con diferencias entre regiones.
Así, en Galicia el 28,8% de las explotaciones investigadas en la provincia
de La Coruña tenían vacas parasitadas y el 7,6% de los animales estudiados
eliminaban huevos del trematodo (Díez Baños y cols., 1989). En la provincia
de Lugo, Morrondo Pelayo y cols., (1994) señalan que en una granja familiar
compuesta por 16 animales y en otra con 130 cabezas de ganado había animales
parasitados y que el 87,5% de los más jóvenes y el 68,6% de los mayores
eliminaban huevos del parásito. En otro estudio, el 64,7% de los animales
investigados en las cuatro provincias gallegas presentaban anticuerpos
frente a F. hepatica por la prueba ELISA, teniendo la mayor
prevalencia la provincia de Lugo (82,5%) y la menos la de La Coruña (54,8%).
En Asturias, el 45% de las explotaciones de ganado vacuno
estaban parasitadas por F. hepatica (Cornejo y cols., 1986) (cit.
Marín y cols. 1993). Otro estudio realizado por la prueba ELISA, también en
Asturias, indicó que la prevalencia de esta parasitosis oscilaba entre el
31% y el 89% con una media del 60% (Marín, 1992) (cit. Marín y cols. 1993).
En la provincia de León, González-Lanza y cols. (1989)
encontraron que el 29% de las heces de ganado vacuno analizadas contenían
huevos del parásito, pero la prevalencia variaba entre un 28% y un 64% en
función de la localidad donde se hubieran recogido las muestras.
En la provincia de Granada, el 27,57% del ganado bovino
estudiado tenía huevos del parásito en la bilis extraída de la vesícula
biliar (Peinado Peláez y cols., 1989). Por el mismo método, también en
Granada, Gómez García y cols. (1989) obtuvieron valores de positividad
comprendidos entre el 17,24% y el 35,89%, dependiendo de la comarca de
procedencia de los animales.
Luzón y cols. (1996) realizaron un estudio en 178 granjas
de vacuno lechero de explotación semiextensiva de la región
galaico-cantábrica, provincia de León y provincia de Lérida, en 9 granjas
intensivas de vacuno de leche de la provincia de Palencia y en 18
explotaciones extensivas de aptitud cárnica compuestas por terneros pasteros
en origen importados de Francia e Irlanda. Utilizando el método ELISA
encontraron que el 81% de las granjas semiextensivas tenían animales
positivos a F. hepatica y que el 65% de los animales presentaban
anticuerpos frente al parásito. El 33% de las granjas lecheras intensivas,
cuyo alimento estaba suplementado con hierba fresca, también tenían animales
positivos y el 8% de ellos presentaban anticuerpos. De las 18 explotaciones
intensivas de aptitud cárnica, el 72% eran positivas, mientras que lo eran
el 35% de los animales.
Epidemiología y ciclo evolutivo

La existencia de F. hepatica está ligada a la
presencia de caracoles del género Lymnaea que actúan como
hospedadores intermediarios en su ciclo biológico. En Europa, la especie de
caracol que actúa como hospedador es L. truncatula que se considera
el hospedador intermediario principal. Estos moluscos viven en orillas de
riachuelos, abrevaderos, charcas, praderas inundadas, etc., es decir, donde
existen aguas de corrientes lentas.
La presencia del trematodo depende de los factores que
controlan la existencia de los hospedadores intermediarios, es decir de los
hábitats adecuados y de condiciones idóneas, fundamentalmente humedad y
temperatura. Para la reproducción de los caracoles y para el desarrollo de
las fases larvarias de F. hepatica en su interior son necesarias
temperaturas superiores a 10°C y una humedad adecuada. El potencial biótico
de estos moluscos es muy elevado ya que pueden producir, a partir de un solo
individuo, hasta 25.000 nuevos caracoles en unos tres meses si las
condiciones ambientales son favorables. En épocas secas y calurosas los
caracoles pueden estivar, pero las fuentes, abrevaderos y, sobre todo, los
regadíos permiten altas concentraciones.
Los hospedadores definitivos infectados por F.
hepatica eliminan los huevos del parásito al medio. Una fasciola adulta
pone entre 10.000 y 20.000 huevos al día que, desde los conductos biliares,
llegan al intestino y salen al exterior con las heces. Los huevos son
elipsoidales, de color amarillento, tienen un opérculo y miden 130-150 µm x
60-90 µm.
La eliminación fecal de huevos no es constante. Existen
variaciones horarias y diarias y, sobre todo, variaciones estacionales. Se
ha visto un aumento de la eliminación durante la primavera y el otoño. Sin
embargo, puede haber una contaminación continua de los pastos, especialmente
a partir de ganado ovino. Una sola oveja con una carga parasitaria
importante puede llegar a liminar entre 2 y 2,5 millones de huevos diarios.
También pueden actuar como reservorios de F. hepatica animales no
domésticos como rumiantes silvestres y lagomorfos.
Los huevos requieren para su desarrollo una temperatura
de entre 10 y 30°C y la existencia de, al menos, una fina capa de agua. En
ellos se desarrolla una larva llamada miracidio que nada activamente y tiene
que encontrar un hospedador intermediario adecuado en 24 horas como máximo.
El miracidio pierde sus cilios al penetrar en el molusco y se transforma es
esporocisto que da lugar a la siguiente fase larvaria, llamada redia, en al
hepatopáncreas del caracol. Si las condiciones ambientales son desfavorables
se puede formar una segunda generación de redias. Las redias dan lugar a las
cercarias que abandonan el caracol al cabo de 8-10 semanas de la penetración
del miracidio.
Las cercarias se enquistan sobre hierbas y plantas
acuáticas (incluso en el agua) y, como resultado de este proceso, aparecen
las metacercarias que son la fase infectante para nuevos hospedadores
definitivos. Las metacercarias son muy sensibles a las altas temperaturas y
a la desecación pero soportan temperaturas muy bajas, lo que posibilita su
supervivencia durante el invierno.
Las larvas de F. hepatica pueden hibernar con los
caracoles, hecho que puede tener gran importancia en la epidemiología de la
enfermedad. Estudios realizados en la provincia de León han demostrado la
eliminación ininterrumpida de huevos del trematodo por los ovinos y bovinos
infectados durante todo el año, lo que facilitaría la infección de los
hospedadores intermediarios. También se han visto redias con cercarias
maduras durante todo el año, aunque el periodo comprendido entre septiembre
y diciembre se considera el más favorable para su emisión. Por lo tanto, la
época de máximo riesgo de infección para los hospedadores definitivos es el
otoño e incluso el invierno en zonas de regadío (Rojo y Ferre, 1999).
La infección de los rumiantes tiene lugar durante el
pastoreo, aunque también es posible que se produzca en estabulación mediante
el agua de bebida o henos y ensilados mal realizados. En el ganado vacuno se
ha descrito la transmisión transplacentaria. Las metacercarias se
desenquistan en el tubo digestivo por acción de la bilis, entre otros
factores. Una vez desenquistadas, las jóvenes fasciolas atraviesan la pared
intestinal y llegan al hígado a través de la cavidad abdominal. Una vez que
llegan al hígado, penetran por la cápsula de Glisson y realizan una
emigración por el parénquima hepático durante 6-7 semanas, alcanzando los
conductos biliares donde llegan a la madurez sexual y ponen huevos unos dos
meses después de producirse la infección. De forma excepcional, algunas
fasciolas inmaduras pueden llegar a localizaciones ectópicas, siendo la más
frecuente la pulmonar, aunque se han encontrado en ganglios linfáticos,
tejido subcutáneo y en útero.
Cuadro clínico y lesiones
La fasciolosis es una enfermedad que afecta sobre todo a
los rumiantes. Las fasciolas jóvenes destruyen las células hepáticas y las
adultas provocan fibrosis y calcificación de los conductos biliares. Aunque
en el ganado vacuno la enfermedad puede presentarse con una forma aguda,
subaguda y crónica, esta última es la más frecuente.
La forma aguda se produce cuando los animales ingieren un
número elevado de metacercarias durante un pequeño periodo de tiempo por lo
que una gran cantidad de parásitos emigran a la vez por el parénquima
hepático. La forma subaguda está producida por la existencia al mismo tiempo
de distomas jóvenes emigrando y de fasciolas adultas en los conductos
biliares. Se debe a la ingestión de un número elevado de metacercarias
durante un tiempo suficientemente largo para no provocar un cuadro agudo.
La forma más frecuente es la crónica. En nuestro país se
puede observar al final del invierno y comienzo de la primavera, entre
diciembre y marzo, y afecta, sobre todo, a los animales jóvenes. Los signos
típicos incluyen pérdida de peso, anemia hemorrágica, anorexia,
hipoproteinemia y depresión general. Se pueden presentar complicaciones como
la hepatitis necrótica producida por Clostridium novyi y la
hemoglobinuria bacilar (C. haemolyticum). También se ha señalado que
las vacas parasitadas son más sensibles a la infección por Salmonella
dublin. Sin embargo, si la carga parasitaria no es muy elevada,
normalmente no se presentan síntomas y puede considerarse una enfermedad
subclínica, y lo único que puede apreciarse es una disminución de
producciones algunas veces muy importante.
Como consecuencia de la parasitación, en el ganado vacuno
se produce una enérgica reacción orgánica que da lugar a una intensa
reacción tisular con fibrosis y calcificación de los conductos biliares. Las
formas jóvenes, al emigrar, provocan una acción traumática que da lugar a
trayectos de migración necróticos y, como consecuencia de su reorganización,
a una fibrosis difusa del parénquima hepático que se puede ver sobre todo en
el lóbulo ventral, lugar preferente de entrada de los parásitos.
En los conductos biliares, el traumatismo producido por
los parásitos adultos en su mucosa provoca la aparición de una colangitis
hiperplásica. La mucosa de dichos conductos se engrosa y está hiperplásica
por lo que se hace permeable y permite el paso de proteínas plasmáticas a
los conductos biliares, lo que da lugar a la hipoalbuminemia tan
característica de la fasciolosis crónica. Como resultado de la hipertrofia
epitelial y de la fibrosis de la pared, los conductos biliares se engrosan y
pueden llegar a alcanzar un diámetro de hasta 3 cm. Entre la 10ª y 20ª
semana después de la infección se forman depósitos de calcio en su pared. La
luz de los conductos biliares presenta dilataciones en algunas zonas y en
otras está estrechada. El epitelio biliar puede presentar úlceras y
hemorragias (Kaplan, 1994; Behm y Sangster, 1998; Rojo y Ferre, 1999).
Efectos económicos de la fasciolosis vacuna
En zonas endémicas, la prevalencia de la infección a
menudo es muy elevada y, aunque las cargas parasitarias de la mayoría de los
animales de estas zonas sean bajas, los efectos económicos de este parásito
representan miles de millones de euros en pérdidas por disminución de la
productividad (Torgerson y Claxton, 1998).
Las pérdidas económicas producidas por F. hepatica
pueden ser directas, producidas por muertes o decomisos de hígados en el
matadero, e indirectas debidas a una disminución de las producciones del
ganado. Aunque las pérdidas directas son fáciles de medir, las pérdidas
indirectas son más importantes ya que la forma subclínica de la enfermedad
es mucho más frecuente.
Existen pocos datos sobre las valoraciones económicas de
las pérdidas producidas por la fasciolosis en ganado vacuno. Entre ellos
podemos señalar las estimaciones de Bennett y cols. (1999) en Gran Bretaña
que las cifraron entre 10,5 y 77 millones de euros, según la prevalencia,
con pérdidas medias de 43,7 millones de euros. En España, según Flores
Lasarte (1981), con un porcentaje de parasitación entre el 10% y el 30%, se
calcularon unas pérdidas de 11,3 millones de euros en carne y de 16,8 en
leche.
Como señalan Behm y Sangster (1998), la reducción de la
ganancia de peso en rumiantes tiene dos causas aparentes; por una parte, la
disminución de la conversión del alimento y, por otra, la anorexia que en
ganado vacuno coincide con la llegada de los parásitos a los conductos
biliares 6-7 semanas después de la infección. Marley y cols. (1996)
observaron que en terneros parasitados con un bajo número de fasciolas
adultas, la ganancia de peso no se alteró durante la fase de migración, pero
sí encontraron efectos significativos sobre la ganancia de peso y la
conversión del alimento cuando los parásitos adultos estaban asentados en
los conductos biliares.
La mayor disminución de la ganancia de peso se produce
cuando la dieta es baja en proteínas (Dargie, 1987), de manera que es menor
en terneros mantenidos en los pastos hasta final del otoño que en animales
estabulados con cargas parasitarias de hasta 440 F. hepatica adultas.
Por su parte, infecciones pequeñas pueden producir
reducciones significativas en las producciones. Según Ross (1970) y Hope
Cawdery y cols. (1977), infecciones con 54 duelas por animal produjeron una
reducción en la ganancia de peso del orden del 8-9% aunque esta carga
parasitaria no dio lugar a la aparición de signos clínicos. Niveles de
parasitación elevados (infección con 1.000 metacercarias) pueden reducir la
ganancia de peso hasta un 28% (Hope Cawdery y cols., 1977), disminución que
permanece hasta el sacrificio de los animales en el matadero.
Por otra parte, se han visto efectos positivos en el
crecimiento después de un tratamiento con un antihelmíntico apropiado. En
esta línea, Dargie (1987) comprobó aumentos del peso entre 0,2 y 0,7 kg
semanales en animales que tenían cargas parasitarias de 30-80 fasciolas, y
de 0,35-1,2 kg por semana con parasitaciones de hasta 200 trematodos. Por su
parte, Johnson (1991), señaló un aumento del 8% en la ganancia de peso en
terneros de pastoreo tratados con un fasciolicida en EEUU. Genicot y cols.
(1991), en Bélgica, comprobaron en terneros tratados un aumento del 18% en
la ganancia de peso al compararlos con animales controles no tratados; según
estos autores, los beneficios económicos de la mayor productividad obtenida
después del tratamiento fueron 4,2 veces superiores que los costes de dicho
tratamiento. Kaplan (1994), señaló una ganancia de peso de 8,2-10,8 kg en
animales tratados con un antihelmíntico. También comprobó un aumento entre
el 1% y el 3% en el número de terneros producidos que pesaron entre 13,6 y
20,4 kg más al nacimiento, con una ganancia neta considerada entre 15,19 y
31,01 dólares por vaca de cría. Así mismo, Marley y cols. (1996) señalaron
una ganancia de peso de 12,9 kg en terneros tratados con otro fasciolicida.
La infección por F. hepatica también tiene un
efecto deletéreo sobre la producción y la calidad de la leche, que depende
de la carga parasitaria. Ross (1970) indicó que la producción de leche puede
disminuir hasta un 14%, aunque se pude recuperar un 8% después de un
tratamiento fasciolicida. Se han asociado disminuciones de la producción del
orden de 90-300 kg/lactación con infecciones con F. hepatica (Horschner
y cols., 1976; Randell y Bradley, 1980). Por su parte, Vaasy y Blain (1988)
(cit. Marín y cols., 1993) señalan una reducción del 5% en la producción
lechera de vacas con una carga parasitaria moderada. También se ha atribuido
a este parásito la disminución de sólidos totales en la leche lo que da
lugar a una menor calidad y, por lo tanto, a un precio más bajo (Black y
Froyd, 1972).
Así mismo, los efectos de la parasitación sobre la
reproducción pueden ser importantes como señalan Oakley y cols. (1979) y
Hope Cawdery (1984) que encontraron alteraciones en los índices de
fertilidad en ganado vacuno infectado por fasciolas o no tratado de forma
adecuada. Mage (1990) (cit. Marín y cols., 1993) observó que después de un
tratamiento fasciolicida el porcentaje de hembras gestantes en la primera
inseminación artificial aumentaba desde un 38% hasta un 66%. Por su parte
López Díaz y cols. (1998) señalan que la infección por F. hepatica
afecta de forma significativa a las concentraciones séricas de progesterona
y estradiol y que hubo un retraso significativo en el comienzo de la
pubertad en terneras infectadas en comparación con los animales controles,
aunque no hubiera diferencias significativas en el peso corporal de ambos
grupos de animales.
Diagnóstico
En el diagnóstico de la fasciolosis aguda, además del
conocimiento de factores como época del año y zona donde se produce el
problema, se debe tener en cuenta también el tipo de manejo, terreno de la
granja, historial previo de la enfermedad, cuadro clínico, pruebas de
funcionalidad hepática y, finalmente, hallazgos de necropsia.

La fasciolosis crónica se puede diagnosticar conociendo
el historial y el cuadro clínico y realizando exámenes fecales para
comprobar la presencia de los huevos característicos de F. hepatica,
por el método de flotación, utilizando soluciones de elevada densidad, como
por el de sedimentación. También se han descrito algunas técnicas
serológicas de precipitación, aglutinación, inmunofluorescencia, fijación
del complemento y ELISA, que es la técnica más utilizada, aunque no son
aconsejables para el diagnóstico individual.
Tratamiento
El tratamiento de cualquier enfermedad subclínica es un
aspecto esencial de la producción animal, por lo que debe llegar a cualquier
animal que esté expuesto a la parasitación aunque no presente síntomas. La
quimioterapia debería eliminar los parásitos en todas sus fases, inmaduros y
maduros, si bien las formas parasitarias que producen el mayor perjuicio
sobre la salud y la productividad del ganado vacuno son las duelas inmaduras
de más de 8 semanas de edad (Dargie, 1973). Si se usan fasciolicidas con
mayor actividad frente a fasciolas de más de 8 semanas, es recomendable
repetir el tratamiento porque, en poco tiempo, las fases juveniles que están
en migración en el parénquima hepático darán lugar a nuevos parásitos en los
conductos biliares. Por otra parte, hay que tener en cuenta que cuando se
repiten los tratamientos con frecuencia existe el peligro de desarrollo de
resistencias a los fasciolicidas. De hecho, se han descrito fenómenos de
resistencia frente a rafoxanida, closantel, triclabendazol y luxabendazol (Fairweather
y Boray, 1999).
Los fármacos que están registrados en la actualidad en
España se muestran en la tabla 1.
Tabla 1.- Productos utilizados en el tratamiento de la
fasciolosis vacuna (modificado de Rojo y Ferre, 1999)
|
Fármaco |
Dosis
(mg/kg)
(vía) |
Eficacia contra
|
Comentarios
|
|
Adultos
|
6-12
semanas
|
1-5
semanas
|
|
Albendazol
|
10 (o)
|
+ |
- |
- |
No utilizar un mes
antes y un mes después de la cubrición |
|
Clorsulón
|
7 (sc)
|
+ |
+ |
- |
Sólo disponible en
combinación con ivermectina |
|
Closantel
|
3 (o, sc)
|
+ |
+ |
- |
|
|
Netobimín
|
20 (o)
|
+ |
- |
- |
No administrar en
los primeros 90 días de gestación |
|
Nitroxinil
|
10 (sc)
|
+ |
+ |
- |
Hasta 15 mg/kg en
infecciones agudas |
|
Oxiclozanida
|
10 (o)
|
+ |
- |
- |
|
|
Triclabendazol
|
12 (o)
|
+ |
+ |
+ |
Activo contra
fasciolas de 2 días de edad |
Control
El control de la fasciolosis no debe depender únicamente
de los tratamientos, ya que tiene gran importancia el manejo. También hay
que conocer el ciclo biológico de F. hepatica y la distribución de
los hospedadores intermediarios. Por ello, el control de esta enfermedad se
realiza normalmente por dos vías: 1) reducción de las poblaciones de
caracoles hospedadores intermediarios y 2) utilización de antihelmínticos
apropiados.
El mejor método a largo plazo para reducir la población
de caracoles en un lugar determinado es el drenaje, que asegura la
destrucción de los hábitats de estos moluscos, pero los costes que llevan
consigo estas obras son muy elevados. Si el hábitat de los hospedadores
intermediarios es limitado, un método sencillo para disminuir sus
poblaciones es la utilización de molusquicidas como sulfato de cobre,
niclosamida, pentaclorofenato sódico y N-tritil-morfolina, pero hay que
tener en cuenta el impacto ambiental que pueden provocar estos productos. Se
puede evitar que los animales accedan a los lugares problemáticos con
vallados o cercas.
La finalidad de los fasciolicidas como profilácticos es:
-
Reducir la contaminación de los pastos con huevos de F. hepatica.
-
Disminuir la carga parasitaria de los animales en épocas en las que el
número de parásitos por animal sea elevado o cuando exista un estrés
nutricional o de gestación.
En la elección del fármaco hay que considerar su eficacia
frente a las distintas fases de F. hepatica y la epidemiología local,
lo que va a permitir determinar la época de mayor riesgo de infección. En
zonas endémicas se deben aplicar por lo menos dos tratamientos anuales, uno
antes de salir los animales a los pastos para evitar su contaminación, y
otro a final de otoño si no ha habido casos agudos antes.
La fasciolosis como zoonosis transmisible
Como se ha visto, la fasciolosis es una enfermedad
frecuente en los rumiantes y su agente productor, F. hepatica, tiene
una distribución cosmopolita. En el hombre, en comparación con los animales,
esta enfermedad es rara. No obstante, se ha notificado casos clínicos de
fasciolosis humana en 61 países y territorios de todo el mundo. Los
problemas sanitarios más graves se encuentran en los países andinos de
América del Sur, África septentrional, Irán y Europa Occidental (Mas Coma y
cols., 1999), y el número más alto de personas infectadas se ha señalado en
Bolivia, Ecuador, Egipto, Francia, Irán, Perú y Portugal. En España, la
mayoría de los casos proceden del País Vasco, Navarra y La Rioja (García
Rodríguez y cols., 1985) y están ligados al consumo de berros
fundamentalmente, aunque este parásito también se puede transmitir por medio
de otras verduras o del agua. Según el Boletín Epidemiológico Semanal del
Centro Nacional de Epidemiología, en los últimos años se declararon al
Sistema de Información Microbiológica un total de 9 casos distribuidos como
sigue: año 1997, 3 casos; 1998, 1 caso; 199, 2 casos; 200, 1 caso y 2001, 2
casos. En el año 2002, hasta mitad del mes de octubre no se había declarado
ninguno, pero no cabe duda que el número real es mucho mayor que el
notificado al no ser la fasciolosis una enfermedad de declaración
obligatoria.
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Fuente:
www.exopol.com
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