INTRODUCCIÓN
La celulitis juvenil del perro es una patología
poco frecuente, de carácter piogranulomatoso y de aparición súbita, que afecta
principalmente la piel del mentón, labios y párpados, así como los lifonódulos
regionales de cachorros entre las 3 semanas y los 4 meses de edad.
La etiología es desconocida ; la hipótesis más
reciente sugiere una probable falla del sistema inmune asociada, al menos en
parte, a una predisposición hereditaria. Las razas predispuestas son Golden
Retriever, Basset Hound y Gordon Setter 3,5,7,11. Se ha observado la patología
en individuos de una misma camada (predisposición familiar).
El protocolo diagnóstico incluye un examen
citológico, un cultivo bacteriológico con antibiograma (que generalmente
resulta estéril) y, si se considera necesario, una biopsia cutánea.
La terapia de elección se basa en el uso de
prednisona o prednisolona en la dosis de 2 mg/kg por cada 24 hrs, reduciendo
progresivamente la dosis después de la remisión de la sintomatología. En el
caso que se sospeche de la presencia de infección bacteriana secundaria, se
recomienda asociar un tratamiento antibiótico sistémico. Además, puede ser
útil la aplicación tópica de productos de acción antibacteriana (soluciones
con povidona yodada o clorhexidina).
MATERIALES Y MÉTODOS
Los 15 sujetos estudiados fueron sometidos a un
examen clínico completo y a un minucioso estudio dermatológico. Durante el
estudio se efectuaron algunos exámenes colaterales tales como raspados
cutáneos múltiples, cultivos para dermatofitos y exámenes citológicos por
improntas en todos los individuos. Los cultivos bacteriológicos con
antibiograma se efectuaron en 12 casos (casos n° 1, 2, 6, 7,
8,10,11,12,13,14,15), mientras que en un caso (caso n° 15) se extrajo una
muestra por biopsia para examen histopatológico. En tres casos (casos n° 3, 4,
5) se incluyó un hemograma.
RESULTADOS
Los sujetos estudiados, 7 hembras y 8 machos,
pertenecían a diversas razas (Tab. 1), con una prevalencia de Ovejeros
Alemanes(5 casos). La edad en el momento de iniciado el estudio fluctuaba
entre 1,5 y 4,5 meses (promedio 2,5 meses).

Los sujetos identificados como números 1, 3 10 y
13 no habían sido vacunados jamás mientras que los restantes habían sido
vacunados una o más veces. En 4 casos (n° 2, 7, 9, 12) la aparición de las
lesiones se producen en menos de una semana después de la primera vacunación.
En el sujeto número 12, la primera vacunación se había realizado a la edad de
12 semanas; en cambio, en 3 casos se había completado el plan vacinal antes de
la aparición de los signos clínicos (casos n° 8, 11, 14).
En todos los individuos las lesiones cutáneas
estaban representadas por edema, eritema, pápulas, pústulas, costras úlceras y
fístulas en los labios, el mentón y los párpados (Fig.1, 2, 3); en 8
individuo; (casos n° 4, 8, 9, 11, 12, 13, 14, 15) se encontraron las mismas
lesiones en la cara interna de los pabellones auriculares, además una otitis
externa purulenta (Fig.4). Por otra parte, los individuos n°1 y 14
presentaban, además de las lesiones típicas descritas, inflamación de las
glándulas de Meibomio y una conjuntivitis mucopurulenta.




Finalmente, en 7 casos (casos n° 6, 7, 9, 10, 12,
14, 15), las lesiones también afectaban la piel en el área perigenital (Fig.
5).
Todos los individuos presentaban, además de las
lesiones cutáneas, un notorio aumento del volumen de los linfonódulos
regionales(submandibular y parotídeo), característico de esta patología (Fig.
6); en 5 casos (casos n° 2, 3, 8, 9, 12) la linfoadenomegalia comprometía
también a los nodos lifáticos cervicales superficiales, en 4 casos (casos n°
9, 10, 12,14) a los inguinales y en 2 casos (casos n° 7, 12) a los poplíteos.


Finalmente, 8 individuos (casos n° 4, 6, 7,
9,10,12,13,15) presentaban signos sistémicos tales como fiebre, anorexia y
depresión.
En todos los individuos, los raspados múltiples y
los cultivos para dermatofitos resultaron negativos. El examen citológico
evidenció, en todos los casos, un cuadro inflamatorio piogranulomatoso,
caracterizado por la presencia de neutrófilos polimorfonucleados medianamente
degenerados, macrófagos y escasas células plasmáticas sin bacterias
intracelulares; sin embargo, se observaron escasas bacterias extracelulares
(cocos y bacilos) (Fig. 7).

En 11 casos el cultivo bacteriológico con
antibiograma resultó estéril. En el caso n° 12 se observó un modesto
desarrollo de Staphylococcus intermedius, sensible a cefalexina, amoxicilina
ácido clavulámico, gentamicina y sulfatrimetropin. En el caso n° 2, debido a
la escasa respuesta a la terapia prescrita inicialmente, se efectuó un segundo
cultivo bacteriológico con antibiograma con una semana de distancia. En dicho
cultivo se evidenció el crecimiento de Streptococcus b hemolítico sensible a
la amoxicilina ácido clavulámico, cefalexina y cefradoxilo.
El examen histopatológico realizado en el caso n°
15 evidenció la presencia de un infiltrado inflamatorio prevalentemente
difuso, constituido por neutrófilos polimorfonucleados y macrófagos con
compromiso secundario de las estructuras foliculares (Fig. 8).

El hemograma resultó dentro de la norma en los
casos n° 4 y 5, mientras que en el caso n° 2 existía una leucocitosis
neutrofílica moderada.
En la Tabla 2 se indica la terapia prescrita en
los diferentes casos.
La resolución de los signos clínicos se produjo en
un período de tiempo comprendido entre 21 y 60 días (promedio 28,6) en todos
los individuos y no se observaron recidivas.
En tres individuos (casos n° 2, 4, 12) las
lesiones cutáneas se resolvieron completamente, sin embargo, quedaron algunas
cicatrices en cantidad moderada.
En todos los individuos el programa de vacunas fue
completado o iniciado después de la curación, con excepción de los casos n°
8,11 y 14, en los cuales el programa vaccinal se había terminado antes de la
aparición de la celulitis juvenil.
El individuo n° 12 fue sometido a eutanasia a la
edad de 8 meses, por la aparición progresiva de síntomas respiratorios y
neurológicos compatibles con una infección por Paramyxovirus (distemper).
DISCUSIÓN
La celulitis juvenil del perro es una afección de
etiología aún desconocida.
Las hipótesis más factibles sugieren un posible
componente hereditario, debido a la mayor incidencia en algunas razas y al
hecho que se ha observado esta patología en cachorros de la misma camada , y
una falla del sistema inmunitario 3,7,8 En algunos individuos se ha observado
una respuesta reducida al test de blastogénesis linfocitaria in vitro,
asociada a la presencia de un factor de supresión en el suero, si bien este
resultado parece relacionado con la presencia de una infección bacteriana
secundaria 1,7. Algunos autores sostienen que se trataría de una patología
sistémica caracterizada por un proceso inflamatorio a cargo del tejido
linfoide con compromiso secundario de la piel; esta última hipótesis se basa
en el hecho que la manifestación clínica del aumento de volumen de los
linfonódulos regionales precede al desarrollo de las lesiones cutáneas 5, 6,
9. La mayoría de los autores consideran que la infección bacteriana, a menudo
presente, es secundaria; otras hipótesis sugieren una posible etiología viral
(Herpesvirus), sin embargo, hasta ahora no ha sido posible reproducir
experimentalmente la enfermedad.
White et al. 8 y, más recientemente Malik et al 2,
han descrito algunos casos de celulitis juvenil asociados a osteopatía
matafisiaria (osteodistrofia hipertrófica); en particular, Malik sugiere la
hipótesis de que la celulitis juvenil represente una variante atípica del
distemper.
El hecho de que en algunos casos la patología se
haya iniciado poco después de la pimera vacunación ha sugerido la hipótesis de
un rol desencadenante del tratamiento de profilaxis vaccinal. Otros autores
han asociado la celulitis juvenil a eventos estresantes o traumáticos 6,8,9
Ninguno de los propietarios de los perros
incluidos en nuestra casuística se han referido a eventos traumáticos o
estresantes anteriores a la aparición de los signos clínicos. Por cuanto
concierne al rol del tratamiento vaccinal, en nuestra experiencia solamente 4
individuos manifestaron la sintomatología clínica poco tiempo después (menos
de una semana) de la primera vacunación. Además, 4 perros no habían sido
vaunados jamás y 3 habían completado el programa de vacunación antes de la
aparición de la patología. Finalmente, a propósito de la hipótesis
patogenética que se trate de una variante clínica del distemper, solamente uno
de nuestros sujetos (caso n° 12) manifestó signos compatibles con dicha
patología, si bién estos signos se presentaron 2 meses después de la
recuperación de la celulitis juvenil.
En nuestro trabajo, 8 sujetos eran machos y 7
hembras y 5 casos correspondían a perros de la raza Ovejero Alemán. Tal dato,
no reportado por ninguno de los autores consultados, probablemente resulte de
la notable difusión de esta raza en nuestro país.
Los signos clínicos están representados
típicamente por linfoadenomegalia que afecta a los nódulos submandibulares y
parotídeos y por tumefacción palpebral, de los labios y del hocico, de
aparición brusca. Después de 24 a 48 horas se observan pápulas y pústulas y
después costras y, eventualmente, fístulas con exudado purulento. Es tambien
frecuente la presencia de otitis externa y pústulas en los pabellones
auriculares y, más raramente, compromiso de las áreas perianales y
perigenitales 3, 5,7. Por lo general, el prurito está ausente, en cambio, es
posible apreciar dolor a la palpación de la zona afectada. El 50% de los
individuos presentan letargia y un 25% manifiestan anorexia, fiebre y dolores
articulares (artritis supurativa estéril). White et al8 han obervado
únicamente en cinco casos la presencia de una linfoadenopatía y en un sujeto
la presencia de lesiones cutáneas y dolor articular.
En dos de los individuos observados por nosotros
(casos n° 11 y 14), además de las lesiones típicas descritas anteriormente,
existía una conjuntivitis mucopurulenta y una inflamación de la glándula de
Meibomio: estas manifestaciones clínicas no han sido descritas por ninguno de
los autores consultados.
El diagnóstico de la celulitis juvenil se basa en
la realización de un examen citológico que, generalmente, indica una
inflamación piogranulomatosa sin presencia de microorganismos; tambien en un
examen bacteriológico, que por lo general resulta estéril7.
En el examen histopatológico se pueden observar
inicialmente granulomas o piogranulomas múltiples, aislados o con tendencia a
confluir, constituidos por conglomerados de macrófagos epitelioides con grupos
de neutrófilos en posición central. Los conductos de las glándulas sebáceas y
apocrinas pueden estar obliteradas. Más tardíamente las lesiones se
caracterizan por alteraciones supurativas en la dermis, en los folículos (foliculitis/furunculosis)
y en el panículo adiposo adyacente 6,7,9. El uso del término "celulitis "se
refiere al compromiso de la dermis y del subcutáneo en el proceso patológico.
Las tinciones especiales resultan negativas6,9 .
El examen histológico de los linfonódulos permite
observar el reemplazo de la población celular normal por conglomerados de
células grandes, de aspecto epitelioide, con neutrófilos al, centro o
intercalados entre los macrófagos y la presencia de fibroblastos en la
periferia del granuloma6,9 .
El hemograma resulta por lo general dentro de lo
normal, si bien algunos individuos pueden presentar una leucocitosis con
moderada neutrofilia y anemia normocítica 4, 8 .
El examen citológico de las lesiones cutáneas
resultó absolutamente típico en todos nuestros sujetos, así como el examen
histopatológico realizado en un solo caso (caso n° 15).
El cultivo bacteriológico resultó estéril en 11 de
los 12 casos en que fue efectuado. En el sujeto n° 12 se aisló Staphylococcus
intermedius en cantidad moderada, lo que se consideró de importancia
secundaria. Este sujeto era además el que presentaba los signos clínicos de
mayor gravedad y que posteriormente fue eutanasiado por sospecha de distemper.
En el caso n° 2 se repitió el cultivo bacteriológico, lo que permitió aislar
Streptococcus b hemolítico, sin embargo, se trataba de un sujeto que vivía
permanentemente en un canil.
Finalmente, el hemograma, realizado en 3
individuos, resultó escasamente significativo.
La terapia de la celulitis juvenil se basa en la
administración de corticosteroides (prednisona 2 mg/kg PO SID por 10 14 días,
con reducción gradual de la dosis antes de suspenderla) y de antibióticos
tales como cefalexina (25 mg/ kg PO BID) o amoxicilina ácido clavulámico (22,5
mg/kg PO BID) siempre que el examen citológico revele la presencia de
infección secundaria7 . Según Mason et al 3, la terapia antibiótica debería ir
siempre asociada a la terapia cortisónica, mientras que White et al 8 trataron
cuatro sujetos solamente con terapia antibiótica. Por otra parte, Reinmann et
al 6 han observado en tres casos la resolución espontánea de los signos
clínicos en siete semanas. La duración de la terapia es variable , entre 2 y 6
semanas, según la respuesta del individuo. Por lo general no se observan
recidivas pero pueden quedar lesiones cicatrizales en las áreas afectadas3, 7.
En nuestra experiencia, todos los sujetos fueron
tratados con corticosteroides, si bien se utilizaron formulaciones y dosis
variables (Tab.2). La prednisona PO fue utilizada en dosis entre 1 y 2 mg/kg
en 12 individuos, produciendo mejoría de los signos clínicos en todos los
casos. En tres cachorros administramos 20 mg totales de acetato de
metilprednisolona SC cada 15 días por dos veces. Esta decisión se tomó dada la
dificultad de los propietarios para suministrar los fármacos via oral en
cachorros con lesiones extremadamente dolorosas y localizadas en el hocico.
Por ejemplo, el sujeto n° 12 se presentó en nuestra clínica después de que el
veterinario tratante le hubiera prescrito una terapia oral con cefalexina. Sin
embargo, las lesiones habían empeorado y eran tan dolorosas que preferimos
suspender la terapia y admisnistrarle acetato de metilprednisolona inyectable.
Las lesiones desaparecieron completamente con la sola terapia esteroídea, lo
que confirma el hecho que el aislamiénto de Staphylococcus intermedius era de
importancia secundaria

Se prestó particular atención en la
individualización de los eventuales efectos colaterales inmediatos y a largo
plazo del tratamiento corticosteroídeo inyectable en el cachorro. Los
propietarios han referido una mejoría muy rápida, probablemente por la gran
actividad inmunosupresora, y no han notado ningún efecto colateral evidente ni
inmediato ni durante los meses sucesivos. Si bien en la literatura el uso de
este fármaco en el perro es controversial7, estamos en condiciones de afirmar
que pueda ser indicado en aquellos casos en los cuales las lesiones existentes
hagan imposible la suministración de cortocoides via oral.
En tres casos asociamos los corticoides con
antibióticos, en un sujeto (caso n° 2) después del resultado del examen de
cultivo bacteriológico y en los otros dos (casos n° 1 y 3) por la presencia de
numerosas bacterias, aunque extracelulares, en el examen citológico.
En 11 animales se prescribió además una terapia
local sin que los propietarios se quejaran de problemas al aplicarla, si bien
Scott et al7 sostienen que la terapia tópica no es necesaria y que a veces
puede ser contraproducente.
El tiempo de resolución de la sintomatología
resultó similar al descrito en la literatura, no se observaron recidivas y
solo en tres sujetos quedaron cicatrices residuales.
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Extraído de la revista VETERINARIA,
RIVISTA UFFICIALE DELLA SCIVAC, Año 14 número 1, abril 2000. Traducido por:
Dra. Verónica Balazs.
Fuente: MEVEPA -
www.mevepa.cl
Autorizada la reproducción por
Gustavo Contreras