En los animales domésticos, bajo el nombre genérico de
comportamiento o conducta sexual se incluyen la conducta de apareamiento, la
conducta materna y el comportamiento social. En esta oportunidad nos referiremos
a la conducta de apareamiento.
En la conducta de apareamiento se pueden distinguir dos
fases: el deseo sexual o libido y las fases de la cópula, incluyéndose en ellas
los eventos desde los ajustes posturales antes del coito hasta los patrones
postcoitales. En varias especies animales se sabe que la libido del macho tiene
un importante componente genético, es decir es heredable.
En las hembras la conducta sexual está condicionada por la
actividad ovárica y particularmente por la producción de hormonas conocidas como
estrógenos (hormona femenina), de esta manera la receptividad sexual en la gran
mayoría de las hembras domésticas (vaca, yegua, cerda, cabra, perra, gata,
oveja) se limita a períodos cortos de su ciclo reproductivo, denominado ciclo
estral. El período de receptividad sexual en hembras domésticas se conoce como
celo o estro. Los machos en cambio, no presentan patrones definidos es decir,
en general, los machos siempre están receptivos al apareamiento.
Existen amplios antecedentes que indican que en la conducta
de apareamiento influyen diversos factores externos, como por ejemplo el plano
nutritivo y la época del año; resultando especialmente interesante el fenómeno
de la estacionalidad reproductiva, el cual se caracteriza porque determinadas
especies presentan actividad sexual sólo en períodos específicos del año en
función de la luminosidad ambiental, así se pueden clasificar en hembras
estacionales de días largos (yegua) y días cortos (oveja).
Otro elemento importante en la conducta sexual, es la
comunicación química entre los sexos a través de sustancia volátiles conocidas
como feromonas, las cuales son producidas en glándulas especializadas ubicadas
en la piel, especialmente en áreas próximas al aparato genital, inclusive en la
orina de muchas especies se liberan cantidades significativas de feromonas.
Estas sustancias odoríferas, que en general penetran por vía olfatoria, son
capaces de estimular áreas específicas del sistema nervioso, induciendo la
liberación de diversos factores asociados a la actividad reproductiva. Un buen
ejemplo, por lo conocido, es precisamente cuando una perra está en celo, su
organismo secreta estas feromonas y los machos en el entorno son capaces de
captarlas y responder buscando a esta hebra “receptiva”.
Las feromonas no sólo provocan respuesta de atracción
sexual, sino también estimulan la conducta de apareamiento y de relación social.
Gran parte de los machos domésticos son capaces de detectar la presencia de una
hembra en celo a mucha distancia, esto básicamente porque poseen una estructura
conocida como órgano vomeronasal, el cual tiene la capacidad de captar dichas
sustancia odoríferas volátiles.
Entendiendo que las feromonas son sustancias químicas
secretadas por un individuo al medio ambiente y que tienen la capacidad de
modificar el comportamiento de otro individuo (efecto que no necesariamente es
inmediato); existen algunos efectos de las feromonas que podríamos denominar
como clásicos (todos ellos estudiados en ratas) y dentro de los cuales cabe
mencionar el Efecto Lee Boot caracterizado porque bajo condiciones de
hacinamiento las hembras dejan de ciclar y no presentan celo; el Efecto Whitten
donde al juntar pares de hembras con machos, estas sincronizan sus celos y el
Efecto Bruce caracterizado porque hembras apareadas con un macho y luego
expuestas a un segundo macho terminan su preñez debido a dicha exposición.
Muchos de estos conocimientos tienen aplicaciones prácticas en ganadería, por
ejemplo la exposición de cerdas jóvenes (prepúberes) a un macho adulto (verraco)
permite adelantar la pubertad. La introducción de carneros a un grupo de ovejas
permite aumentar el número de hembras que entran en celo.
Para finalizar, resulta interesante mencionar algunos
aspectos de la reproducción humana, donde la hembra a diferencia de los animales
domésticos presenta un ciclo menstrual, característica que comparte junto a los
primates superiores. Basándonos en nuestro legado evolucionista, existe cierto
fundamento para presumir que las mujeres han de mostrarse más interesadas en el
sexo en torno al período de la ovulación, cuando puede sobrevenir el embarazo.
Sin embargo las investigaciones en sexualidad humana señalan que cada mujer es
un caso y algunas se sentirán mejor dispuestas sexualmente mediado el ciclo,
mientras que otras mostrarán más interés sexual en una fase anterior o posterior
de los respectivos ciclos.
En relación con las feromonas, algunos estudios sugieren
que los humanos también pueden responder a algunas sustancias químicas de otras
personas; tal como ha quedado en evidencia en estudios que notaron que mujeres
universitarias que vivían en el mismo dormitorio y que pasaban mucho tiempo
juntas, iban desarrollando gradualmente ciclos menstruales más cercanos
(sincronización). El tema de las feromonas en humanos y su relación con el
misterio de la tracción entre mujeres y hombres está en etapa de estudio y se
busca alguna evidencia concreta y cuantificable de la química sexual.
Fuente: Sociedad de Médicos
Veterinarios de Chile
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