Giardia
duodenalis (sinónimo: Giardia lamblia y Giardia intestinalis), es un protozoario
parásito entérico de mamíferos, aves, anfibios y reptiles. En muchos países la
giardiasis es la infección intestinal reportada más comúnmente en humanos y en
muchos animales domésticos y silvestres1. La transmisión de los animales al ser
humano es una gran preocupación y Giardia es una causa importante de brotes de
la infección transmitida mediante el agua de bebida1. La giardiasis se asocia
con una amplia gama de signos clínicos y su severidad varía desde asintomática
hasta la presencia de una severa enfermedad gastrointestinal y alérgica2.
El estado
inmunológico del huésped parece influenciar su susceptibilidad a la infección y
la severidad de los signos clínicos3.
Los
huéspedes sin experiencia inmunológica previa y con algún problema del aparato
inmunocompetente son vulnerables a la infección severa y crónica, y algunas
personas que viven en áreas endémicas frecuentemente tienen algún grado de
resistencia a la infección1,3. Esta información sugiere que la vacunación puede
ser una medida de control apropiada para esta enfermedad parasitaria. La
inmunoprofilaxis ofrece un método para controlar la infección en poblaciones de
alto riesgo, ya sea sintomática o asintomática. Una vacuna efectiva debe ayudar
a romper la transmisión fecal-oral y la que ocurre a través del agua de bebida
reduciendo la contaminación ambiental. Es altamente deseable contar con vacunas
contra este parásito, para uso veterinario, pues la prevalencia en muchos
animales domésticos es elevada, las infecciones son clínicamente significativas
y la transmisión zoónotica son una grave preocupación. En este articulo
hablaremos sobre las bases del desarrollo de las vacunas y sobre la eficacia de
las vacunas experimentales y comerciales contra Giardia. Recomendamos a los
lectores consultar los artículos de revisión publicados previamente en esta
revista, sobre la inmunología contra Giardia3, los antígenos de este parásito4 y
su fisiopatólogia5, pues el presente artículo se referirá a dichas áreas sólo en
la medida en que se relacionan con las vacunas.
La Repuesta Inmune contra Giardia
Se cree que
la inmunidad humoral es importante en la eliminación de los trofozoítos de
Giardia del intestino del huésped.
En los
animales infectados experimentalmente así como en los humanos infectados durante
la fase de eliminación de Giardia, se encuentran niveles elevados de anticuerpos
séricos y en las mucosas, y el huésped produce anticuerpos específicos que se
encuentran en estos dos sitios, contra los antígenos de Giardia, tanto de la
superficie como del citosol3,6,7. En humanos con la infección natural y en
ratones infectados experimentalmente, se observan anticuerpos IgM específicos
contra Giardia en el suero y en la mucosa intestinal aproximadamente diez días
después de la infección y, además, los niveles de IgG e IgA se elevan
aproximadamente una semana después, indicando que es posible que los antígenos
de Giardia se reconozcan desde el principio de una infección6,7. Los estudios
recientes realizados en ovinos, perros y gatos infectados experimentalmente,
establecieron que una proporción significativa de los animales no desarrolla
elevación en la respuesta de IgG ni IgA contra Giardia7-9.
Esto puede
estar asociado con la incapacidad del huésped de reconocer los antígenos del
parásito o bien una dificultad en el cambio de clases de inmunoglobulinas de IgM
a IgG y a IgA. Parece que el sistema inmune celular no desempeña un papel
directo en la eliminación del parásito3.
Los
trofozoítos presentes en el intestino delgado murino durante la fase de
eliminación de las infecciones están recubiertos por IgG e IgA3. La presencia de
anticuerpos monoméricos sugiere que estos anticuerpos logran entrar al intestino
durante el curso de la infección, ya sea atravesando el intestino dañado o
mediante el transporte de inmunoglobulinas. De hecho, la secreción intestinal de
IgA poliméricas, IgA monoméricas, IgG e IgM, se ha demostrado tanto en el tracto
intestinal sano como en el enfermo10. Los anticuerpos secretados en la bilis
también pueden actuar como una fuente importante de anticuerpos citotóxicos11.
La muerte
de los trofozoítos y quistes de Giardia mediada por anticuerpos, es un fenómeno
demostrado3. La lisis de los trofozoítos se demostró cuando el parásito se
expuso a suero o bilis que contenían anticuerpos policlonales anti-Giardia, o
bien dos anticuerpos monoclonales específicos3. Recientemente se demostró que el
tratamiento con anticuerpos monoclonales de los trofozoítos en vías de
enquistamiento da como resultado la formación de quistes no viables12, lo cual
sugiere que la inmunidad humoral puede ser responsable de la liberación de
quistes no viables hacia el ambiente, según se ha observado en gatos jóvenes
vacunados8.
Los Antígenos de Giardia
Se ha
demostrado que existe homogeneidad de las proteínas entre los aislamientos de
Giardia recuperados de una amplia variedad de huéspedes mamíferos13 (Figura 1).
Dicha homogeneidad se observó a pesar de la heterogeneidad genotípica entre los
aislamientos de Giardia14. De hecho, el fenotipo antigénico de los trofozoítos
probablemente muestre poca correlación con variaciones en las regiones
hipervariables del genoma de Giardia. Ciertos antígenos bien caracterizados son
la giardina, las proteínas ricas en cistina, las proteínas del citoesqueleto,
las proteínas del shock calórico, las lectinas proteicas de superficie y las
proteínas solubles de alto peso molecular4.
Se ha
demostrado que existen variaciones en el antígeno de superficie de este
parásito, pero hay poca evidencia que sugiera que sea responsable de la
cronicidad de las infecciones4. Cuando una población se infecta con la misma
cepa o con diferentes cepas de Giardia existe cierta heterogeneidad en el
reconocimiento del antígeno, la cual ha sido descrito por algunos investigadores
como significativa4 y por otros como de índole menor13. Los antígenos de alto
peso molecular de la membrana del citoesqueleto y del citosol son buenos
candidatos como antígenos vacunales pues se ha demostrado que son más
inmunogénicos13,15. Los antígenos del citosol son importantes en una vacuna
contra Giardia puesto que se encuentran en la superficie del parásito y pueden
tener actividad como antitoxinas15.

Figura 1.
Electroforesis en gel de poliacrilamida (SDS-PAGE)
de cepas de Giardia duodenalis aislada de un caballo (E1), un mono araña (MK),
un perro (D3), un humano (WB) y una oveja (S2). Std: marcadores con peso
molecular estándar. Nótese la homogeneidad de los antígenos entre los
aislamientos.
Los
huéspedes infectados natural y experimentalmente y los animales inmunizados con
preparaciones de células completas reconocen a los antígenos comunes de una
amplia variedad de aislamientos de Giardia13, lo cual sugiere que sería posible
desarrollar una vacuna con una cepa capaz de presentar reacción cruzada con las
otras. De hecho, los animales vacunados con una cepa estuvieron protegidos
cuando se desafiaron con una cepa distinta9. Se ha especulado sobre la
existencia de toxinas putativas de Giardia pero cada vez hay más evidencia de
que los trofozoítos de este parásito producen toxinas. La infección causa un
acortamiento difuso de las microvellosidades de los enterocitos y esto, a su
vez, inhibe la actividad enzimática y el transporte de nutrimentos a través de
dichas microvellosidades5, lo cual sugiere la secreción de toxinas de acción
difusa sobre la mucosa intestinal. A lo largo de las superficies dorsal y
ventral de los trofozoítos se encuentran vacuolas lisosomales, las cuales no se
han caracterizado bien todavía pero contienen enzimas hidroliticas16 y
posiblemente otras moléculas que podrían actuar como toxinas al ser secretadas a
la luz intestinal. Se ha demostrado que los trofozoítos sometidos a ultrasonido
y los medios de cultivo después de usados causan aumento en la capacidad
contráctil del músculo liso en gerbos y que tienen efecto citotóxico sobre las
células ováricas del hámster chino17,18. En otros estudios se demostró que los
extractos de trofozoítos sonicados hemolisan los eritrocitos y resultaron
citotóxicos para los leucocitos periféricos humanos y para las células HeLa
cultivadas19. Se recuperó un extracto de trofozoítos cultivados que causa
deficiencia de disacaridasa en animales experimentales, de manera similar a lo
observado en infecciones realizadas con fines de investigación5,20.
Recientemente se describió un gene que codifica para una proteína similar a la
sarafotoxina21. Dicho gene está localizado teloméricamente y por lo tanto está
sujeto a efectos de posicionamiento y regulación21. De hecho, Giardia podría
producir diversas toxinas que pueden verse influenciadas por las condiciones
ambientales dentro del intestino delgado del huésped como la secreción de bilis,
antitoxinas y bacterias. La producción de antitoxinas tal vez no elimine
necesariamente al parásito, pero sí puede minimizar los signos clínicos o
impedir que se presenten. Los animales inmunizados con un extracto de medio ya
usado y poseedor de actividad citotóxica, quedaron protegidos contra los signos
clínicos pero diseminaron quistes por más tiempo que los animales que recibieron
una vacuna con trofozoítos sonicados18. Las toxinas de Giardia o sus toxoides
pueden ser componentes importantes de las vacunas pues protegen al huésped
contra el desarrollo de algunos signos clínicos.
Vacunas contra Giardia
Existen
pocos reportes de estudios con vacunas contra Giardia, a pesar del gran interés
que existe en el uso de un enfoque inmunoprofiláctico para controlar la
enfermedad. Cuando se inmunizaron ratones BALB/c intraperitonealmente y en los
cojinetes plantares posteriores con 106 trofozoítos de G. muris en adyuvante
completo de Freund y desafiados con G. muris, cuatro de ocho ratones no
diseminaron quistes en las heces, mientras que esto sí ocurrió hasta por ocho
semanas22 en los ratones testigos que habían recibido sólo el adyuvante. El
mismo protocolo de vacunación no protegió a una estirpe de ratones que era
susceptible a la infección crónica (C3H/He)22. Este primer estudio proporcionó
evidencia de que las infecciones con Giardia en humanos y animales se pueden
prevenir con una vacuna. Vinayak et al. inmunizaron ratones de tres a cuatro
semanas de edad (30 animales) subcutáneamente, y lo repitieron siete días
después por la vía oral con una vacuna subunitaria de 56 KDa23. Los ratones
testigos recibieron sólo solución salina. Todos los animales se desafiaron con
107 trofozoítos de G. duodenalis siete días después de la dosis final
inmunizante. Se sacrificaron seis animales en los tiempos postdesafío que se
indican a continuación: 3-5, 9-11, 17-21 y 30-35 días. Los trofozoítos se
eliminaron de los animales vacunados de 9 a 11 días después del desafío,
mientras que los testigos tardaron de 30 a 35 días en eliminar la infección.
Inicialmente se observó un influjo de linfocitos T supresores y una declinación
en las células plasmáticas de las mucosas, productoras de IgA, después del
desafío de los animales no vacunados, y la inducción de los linfocitos T de
ayuda, además de un incremento en las células plasmáticas productoras de IgA e
IgG que se asociaron con la eliminación natural del parásito. La vacunación
causó una elevación en el número de linfocitos T de ayuda, pero no tuvo efecto
sobre el número de linfocitos T supresores. La inmunización también incrementó
el número de células plasmáticas productoras de IgA e IgG. En este modelo
pareció que la vacuna subunitaria de Giardia fue efectiva.
Se obtuvo
una vacuna que contenía 150 mg de proteína, rompiendo los trofozoítos de G.
duodenalis cultivados axénicamente (aislamiento de ovino)8,9. Se vacunaron 20
cachorros de gato y 20 cachorros de perro (hembras y machos de 6 a 8 semanas de
edad) por la vía subcutánea, aplicando una vacuna de refuerzo 3 semanas después.
Diez gatos y diez perros recibieron sólo el adyuvante (testigos de la infección)
mientras que tres animales de cada especie no recibieron inyección alguna
(testigos no manipulados). Todos los animales, excepto los testigos no
manipulados se desafiaron a las cinco semanas después de la vacunación, mediante
inoculación intraduodenal de trofozoítos. No se observaron reacciones adversas a
la vacuna como fiebre, inflamación, letargia ni anorexia. Los animales no
vacunados desarrollaron signos clínicos como diarrea y reducción del peso
corporal; no obstante, estos signos no se observaron o se redujeron
significativamente, en los vacunados. La vacunación disminuyó la proporción de
animales que diseminaron quistes (80% de los gatos y perros no vacunados, 30% de
los gatos vacunados y 5% de los perros vacunados), el número de quistes en las
heces y su diseminación8,9.
Mientras
los gatos vacunados estuvieron diseminando quistes, la viabilidad de los mismos
se redujo del 99 al 38% (Referencia 8). Esto podría atribuirse a los efectos
citotóxicos directos de los anticuerpos sobre los quistes o a la inactivación de
los trofozoítos durante el proceso de enquistamiento, según se describió
previamente15. A las tres semanas postdesafío, la proporción de animales con
trofozoítos intestinales se redujo significativamente (100% en los perros no
vacunados, 60% en los gatos no vacunados, 10% en los perros vacunados y 5% en
los gatos vacunados)8,9. También se redujo significativamente el número de
trofozoítos por segmento intestinal en los animales vacunados8,9. La vacunación
produjo respuestas de IgG e IgA especificas en el suero y en la mucosa, que
fueron significativamente mayores que las producidas en los animales no
vacunados e infectados (Figura 2a,b)8.
Estos
estudios mostraron que la vacunación tiene el potencial de proteger a los perros
y a los gatos contra la infección y contra los signos clínicos, y generaron el
desarrollo de una vacuna comercial.
Se preparó
una vacuna comercial contra Giardia (GiardiaVax™, Fort Dodge Animal Health,
Overland Park, Kansas, EE.UU.), habiéndose obtenido su registro para uso en
perros y gatos en Estados Unidos. Los estudios de eficacia se realizaron en
cachorros de perros y gatos de siete semanas de edad (M.E. Olson, Resumen)*. Se
inyectaron 40 perros y 40 gatos subcutáneamente, aplicando una segunda dosis de
refuerzo tres semanas después. Los animales testigos recibieron un placebo (n=20
de cada especie) que consistió en el adyuvante solamente. Todos los animales se
desafiaron por vía oral con quistes de G. duodenalis de origen humano [NF
(aislados de un brote originado por el agua de bebida en Botwood, Newfoundland,
1991) en el caso de los perros y WB (Colección Americana de Cultivos Tipo, ATCC
30957: obtenida de un hombre de 30 años de edad con diarrea, en 1979) en el caso
de los gatos], aproximadamente seis meses y un año postvacunación. Los animales
se observaron diariamente por 42 días después del desafío, en busca de diarrea,
cambio de peso corporal, consumo de alimento y quistes en las heces. Después del
desafío, menos animales vacunados desarrollaron diarrea y en ellos ésta fue sólo
de corta duración, en comparación con los testigos (Cuadros 1 y 2). Los animales
testigos perdieron peso corporal mientras que los vacunados continuaron
aumentando de peso (desafío a seis meses) o bien el peso no cambió (desafío a
doce meses). La vacunación redujo la duración de la diseminación de quistes y el
número de los mismos en las heces, en comparación con los testigos. Al final del
estudio, todos los animales testigos tenían trofozoítos a todo lo largo del
intestino delgado, mientras que no fue posible encontrar esta forma parasitaria
en los vacunados. La seguridad en el campo se evaluó en 817 perros que
incluyeron 382 cachorros de ocho semanas de edad o menos (H-J. Chu et al.,
Resumen)=. En el 97% de los perros no se observaron reacciones locales ni
sistémicas asociadas con la vacuna. En los animales restantes, sólo se
observaron reacciones leves y transitorias en el sitio de la inyección.
|
Cuadro
1. Respuesta al desafío experimental con Gardia
en los perros vacunados y los testigos. |
| |
Seis meses
Postvacunación |
Un Año
Postvacunación |
|
Parámetro |
Vacunados |
Testigos |
Vacunados |
Testigos |
| Numero de
Animales vacunados |
20 |
10 |
20 |
10 |
| Animales con
diarrea (%) |
5 |
100 |
0 |
100 |
Media de días
con diarrea
(de 42 días) |
0.1 |
17 |
0 |
17.6 |
| Cambio medio de
peso corporal del día 0 al 28 (kg). |
0.49 |
-0.52 |
0.33 |
-0.81 |
Animales
diseminando
quistes (%) |
60 |
100 |
45 |
100 |
| Duración media
de la excreción de quistes (días). |
5.7 |
35.4 |
4.3 |
35.4 |
| Día 21: Conteo
medio de quistes (quistes por g. de heces) |
0 |
4,467 |
0 |
6,310 |
| Día 41: Conteo
medio de quistes (quistes por g. de heces) |
0 |
7,079 |
0 |
10,000 |
Animales con
trotozoitos en el
intestino (%) |
0 |
100 |
0 |
100 |
Datos de M.E, Olson (obra citada)
Significativamente diferente del testigo (p 0.05). |
No existen
reportes del uso de las vacunas contra Giardia como agentes inmuno-terapéuticos.
En una investigación no publicada, nosotros vacunamos 13 perros con giardiasis
clínica crónica, con duración hasta de dos años, que no era posible tratar con
efectividad con metronidazole ni fenbendazole. Los animales respondieron
mediante la resolución de los signos clínicos entre los 21 y 35 días, y mediante
la no eliminación de quistes entre los 21 y 70 días. Aún cuando tuvimos éxito
con la vacuna como agente inmunoterapéutico en estos casos, es necesario ser
cautos porque la exposición crónica de la mucosa al antígeno de Giardia tiene el
potencial de hacer que los animales no respondan a la vacunación sistémica24.
Claramente, hace falta realizar más investigaciones en este campo.
|
Cuadro
2. Respuesta al desafío experimental con Gardia
en los perros vacunados y los testigos. |
| |
Seis meses
Postvacunación |
Un Año
Postvacunación |
|
Parámetro |
Vacunados |
Testigos |
Vacunados |
Testigos |
| Numero de
Animales vacunados |
19 |
10 |
20 |
10 |
| Animales con
diarrea (%) |
10.5 |
100 |
5 |
100 |
Media de días
con diarrea
(de 42 días) |
0.3 |
23.7 |
0.5 |
17.7 |
| Cambio medio de
peso corporal del día 0 al 28 (kg). |
0.48 |
-0.21 |
0.05 |
-0.32 |
Animales
diseminando
quistes (%) |
100 |
100 |
100 |
100 |
| Duración media
de la excreción de quistes (días). |
9.9 |
32.4 |
13.2 |
34.0 |
| Día 21: Conteo
medio de quistes (quistes por g. de heces) |
0 |
2,239 |
0 |
891 |
| Día 41: Conteo
medio de quistes (quistes por g. de heces) |
0 |
1,819 |
0 |
27,542 |
Animales con
trotozoitos en el
intestino (%) |
0 |
100 |
0 |
100 |
Un gato fue eliminado del estudio pues murió por una causa no relacionada.
Significativamente diferente del testigo (p 0.05). |
Conclusiones
Las vacunas
contra Giardia se han administrado tanto oral como sistémicamente, habiendo
obtenido resultados exitosos. Parece que el desarrollo de la inmunidad humoral
es crucial para que la vacuna sea eficaz, y que las IgG y las IgA producidas por
la inmunización sistémica u oral sean secretadas desde la mucosa del intestino
al lumen de este órgano en cantidades suficientes para eliminar al parásito. Las
preparaciones elaboradas con trofozoítos completos que contienen proteínas del
citosol, el citoesqueleto y la membrana, son altamente efectivas, mientras que
ciertas vacunas subunitarias fueron menos efectivas en la eliminación rápida del
parásito18. Dado que los anticuerpos citotóxicos inducen la sustitución de los
antígenos de superficie específicos de las variantes por nuevos antígenos4, es
poco probable que dichos antígenos sean efectivos como vacunas subunitarias. Los
principales candidatos como vacunas son los antígenos del citosol que se
expresan en la superficie de los trofozoítos, o que se secretan hacia el
ambiente circundante y que pueden tener actividad como toxinas. Las vacunas
elaboradas con trofozoítos completos rotos, tienen elevadas concentraciones de
estos antígenos y son también altamente inmunogénicas8,9 (M.E. Olson, obra
citada).
Resulta
claro que la inmunoprofilaxis efectiva es benéfica para animales y humanos. Las
vacunas deben eliminar al parásito o reducir su presencia en el huésped
previniendo así la diseminación de quistes, lo cual puede reducir la transmisión
fecal-oral y la contaminación del ambiente, del agua y del alimento. Todo lo
anterior debe tener grandes efectos benéficos en los lugares donde la giardiasis
es endémica. La vacunación de los animales de compañía y de granja también debe
reducir la transmisión zoonótica reduciendo así el contagio inter e
intraespecies. Esto es especialmente importante con respecto a las infecciones
en los animales de vida libre, en donde el control de la exposición es difícil o
imposible de manipular. La vacunación también debe prevenir los signos clínicos
como diarrea, pérdida de peso, dolor abdominal y reacciones de hipersensibilidad
si se elimina el parásito y si se inactivan las toxinas. Puede ser también
especialmente importante evitar las reacciones inmunológicas adversas. Se ha
implicado a la giardiasis en casos de alergia de origen alimentario25,
sinovitis26 y artritis27, por lo que es importante prevenir la infección para
evitar estas enfermedades tan crónicas y difíciles de tratar en animales y
humanos. El estímulo inmunológico con una vacuna contra Giardia también puede
ser benéfico para la eliminación del parásito o de los signos clínicos de la
infección en los animales y para la eliminación de cepas de Giardia resistentes
a los quimioterápicos.
Reconocimientos
La ayuda
financiera para el desarrollo inicial de la vacuna fue proporcionada a los
autores por el Consejo Canadiense de Investigación en Ciencias Naturales e
Ingeniería. Fort Dodge Animal Health respaldó el desarrollo de la vacuna.
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