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Desde el 1º de Marzo de 2004

 ISSN 1688-2075

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Página web Asociada de

incluida en el Directorio de Recursos de Webs Veterinarias

 

039. Manejo clínico del gato intoxicado.

Dr. L E Fidalgo Álvarez, Dr.  J Rejas, Dr. M Suárez Rey 

dmvjrl@unileon.es

http://www.geocities.com/jrejas/

Dpto. Medicina Veterinaria - Universidad de León

Campus de Vegazana s/n - 24007 León - España –

Tfno: 987 291 216 - Fax: 987 291 270

 

 

Libro: PATOLOGíA CLíNICA - VETERINARIA
Autor: K.S. LATIMER, E.A. MAHAFFEY, K.W. PRASSE
 
Libro: MEDICINA Y TERAPéUTICA FELINA
Autor: E.A. CHANDLER
 
Libro: PARASITOLOGÍA CLÍNICA. PARASITOSIS DIGESTIVAS DEL PERRO Y DEL GATO
Autor: J. GUTIéRREZ

 

INTRODUCCIÓN 

Las intoxicaciones accidentales en el gato siempre se han considerado menos frecuentes que en otras especies debido fundamentalmente al comportamiento de los felinos.

De todas formas, es muy posible que la incidencia real sea muy superior a la diagnosticada, y que además a veces el diagnóstico sea erróneo ya que, debido a los hábitos de vida de estos animales, en muy contadas ocasiones es posible tener la certeza, incluso la sospecha, suficientemente fundada del contacto del animal con el tóxico.

Por ello suele ser difícil establecer un diagnóstico seguro sólo por la sintomatología que el enfermo presenta al ser explorado.

Incluso en algunas ocasiones no es posible establecer el diagnóstico exacto ni siquiera después de realizar la necropsia.

El número de sustancias que pueden provocar intoxicaciones en los gatos es muy numeroso.

Hoy en día existe aún poca información sobre los efectos en los gatos, de manera que incluso en la bibliografía con cierta frecuencia se describen casos de un solo animal intoxicado, de tal manera que hay que ser prudentes y no generalizar o dogmatizar esas experiencias, pues pueden conducirnos a graves errores.

DIAGNÓSTICO

Ciertamente el diagnóstico exacto es importante para establecer el tratamiento en un animal intoxicado, ya que una vez conocido éste es relativamente sencillo establecer la terapéutica adecuada con las máximas garantías de éxito.

Pero por lo general suele ser difícil establecer el diagnóstico de intoxicación, al menos de una intoxicación concreta, excepto en aquellos casos en que se haya podido constatar el contacto del animal con el tóxico.

Incluso en estos últimos casos se debe ser muy prudente, porque bien puede ocurrir que el animal entre en contacto con el veneno sin intoxicarse, por exposición insuficiente, o por apreciaciones incorrectas respecto a la exposición.

Cuando el dueño de un gato «posiblemente intoxicado» llega a nuestra consulta con su animal enfermo lo primero que debemos hacer es, como en todos los casos, una anamnesis reglada y profunda, sin fiarnos demasiado del «diagnóstico del dueño» ya que somos nosotros, después de la exploración y las pruebas complementarias y análisis pertinentes, quienes debemos emitir el diagnóstico.    

Cuando se presenta de forma repentina un cuadro clínico caracterizado por trastornos neurológicos, o bien por vómitos y diarrea, y/o alteración respiratoria aguda, podemos sospechar de un envenenamiento, pero siempre con la debida precaución, ya que ninguno de estos síntomas son exclusivos de intoxicaciones y pueden ser consecuencia de otro tipo de alteraciones.

En resumen podemos decir que sólo debemos diagnosticar una intoxicación desde el punto de vista de la exploración clínica, después de considerar todos y cada uno de los posibles agentes etiológicos de la enfermedad.

Cuando el dueño de un gato posiblemente intoxicado se pone en contacto con nosotros, si es en ausencia del animal enfermo, por ejemplo por teléfono, le indicaremos una serie de medidas encaminadas a impedir que el animal se autolesione y/o para impedir que se agrave la intoxicación, así como la conveniencia y forma de trasladar al animal, etc (ver tratamiento).

Por otra parte, nuestra actuación con el animal será diferente según el paciente sea asintomático o presente un cuadro clínico más o menos acentuado.

Si el enfermo presenta síntomas que nos hacen temer por su vida, antes de continuar con el diagnóstico, debemos de iniciar el tratamiento necesario para estabilizarlo (ver tratamiento). Después podemos completar y revisar con más detalle la historia clínica completándola con las pruebas  y análisis que estimemos oportunos.

Indudablemente la necropsia aporta datos adicionales que en ocasiones podrán ser suficientes para llegar al diagnóstico certero.

Estos datos se complementan, sobre todo cuando la sospecha de intoxicación pueda resumirse a uno, dos, o al menos a un número reducido de tóxicos, con el análisis químico de los tejidos.

TRATAMIENTO

El tratamiento de las intoxicaciones o de los accidentes que pueden producir intoxicación en los gatos, debe comenzar con un tratamiento «higiénico» tan pronto como sea posible, incluso recomendando al dueño ciertas pautas para que las realice, desde el momento en que se comunica con nosotros y hasta que tengamos la oportunidad de comenzar a trabajar con el gato (por ejemplo en los casos que inicialmente se nos contacta por teléfono).

Posteriormente nuestra actuación terapéutica será diferente según el animal sea asintomático, o presente síntomas.

En este segundo caso después de evaluar al paciente aplicaremos un tratamiento para estabilizar al enfermo, incluso antes de haber finalizado totalmente nuestra exploración y de recibir la información de los análisis requeridos, y por tanto antes de emitir el diagnóstico.

A continuación estableceremos el tratamiento sintomático que completará el de estabilización.

En los casos asintomáticos, y en los sintomáticos una vez estabilizados, procederemos a realizar el tratamiento descontaminante, además del tratamiento específico con antídotos, cuando conozcamos el agente causal de la intoxicación y dispongamos del antídoto.

Tratamiento higiénico

Si el animal presenta síntomas de excitación del sistema nervioso central, advertiremos al propietario que debe tener precaución al manejarlo para evitar, tanto que el animal se autolesione, como que lesione a quien lo maneja.

Esto puede conseguirse envolviendo el gato en una toalla, manta o algo similar, permitiéndole  que mantenga fuera sólo la cabeza.

Si el gato tiene el material tóxico contaminando su piel (y/o capa), debemos indicar al dueño que lo sujete suficientemente para impedir la ingestión del tóxico a través del lamido.

Si se sospecha que el animal ha ingerido el veneno, también resulta beneficioso indicar al dueño que administre un emético para inducir el vómito, por ejemplo una cucharadita de sal de mesa, bicarbonato sódico, o agua oxigenada, ya que frecuentemente se suele disponer de estas sustancias en los domicilios.

Si el animal es asintomático procederemos con el tratamiento descontaminante, pero si presenta síntomas y pensamos que puede peligrar la vida del gato procederemos previamente a estabilizar al enfermo.

Tratamiento de estabilización / Tratamiento sintomático

Con frecuencia, en los casos de envenenamiento se precisan cuidados intensivos para procurar la supervivencia y recuperación del animal.

En los casos en que se produzca depresión respiratoria podemos tratarla mediante la administración de estimulantes, como el doxapram en dosis de 5 mg/kg vía endovenosa, pudiendo ser necesario repetir la dosis cada 20-30 minutos.

Por supuesto lo ideal sería administrar la dosis de forma continuada, pero en la práctica clínica esto en numerosas ocasiones es imposible.

Si observamos cianosis en las mucosas, se aplica oxígeno y ventilación forzada (por ejemplo por compresión manual del tórax).

En casos de depresión más grave y prolongada y/o en los que se bloquea la faringe por mucosidad o restos de vómito, se intubará el animal o, excepcionalmente, se le practicará la traqueotomía, y se aplicará ventilación asistida prolongada con intubación y el empleo de un ventilador mecánico.

En casos de depresiones respiratorias menos intensas es beneficioso, y frecuentemente suficiente, suplementar con oxígeno el aire inspirado, hecho que puede realizarse fácilmente colocando el animal en una «tienda de oxígeno» o campana.

Se obtiene introduciendo el animal en una jaula de exploración o de transporte, e introduciendo ésta dentro de una bolsa de plástico, a poder ser transparente.

En esta «campana» improvisada se insufla oxígeno por un lado y se practica una salida justo por el lado opuesto para asegurar el intercambio de aire en el interior.

Es imprescindible igualmente atender el estado del aparato cardiovascular, ya que muchos gatos intoxicados llegan a chocarse a causa de la hipotensión y de la hemoconcentración.

Por otra parte será necesario corregir la deshidratación, y los desequilibrios electrolíticos y ácido-básicos.

Como primera medida recurriremos a la administración endovenosa de Ringer lactato para posteriormente, una vez que dispongamos de los análisis pertinentes, cambiar si es necesario, la solución utilizada.

Por otra parte es conveniente cuando se explora un pulso anormal realizar un electrocardiograma y, si es posible, medir la presión venosa bien de forma directa o indirecta para establecer un tratamiento adecuado al caso, cara a normalizar la función circulatoria.

Es también importante vigilar la temperatura del gato intoxicado.

Cuando se producen situaciones de hipertermia es preciso considerar si se trata de una ligera hipertermia, que generalmente desaparece con el tratamiento, al corregirse los signos que la provocan (por ejemplo en los casos de convulsiones), o si bien se trata de hipertermia profunda, la cual debe ser directamente tratada, ya que persiste al tratamiento de otros síntomas.

Esta hipertermia se corrige mediante fluidoterapia, lavado de los animales con agua tibia, e incluso lavados de estómago y enemas con agua templada, sin que esto ocasione problemas de inducción de hipotermia.

La hipotermia se trata aplicando calor al animal, pero con cuidado, ya que al calentar el animal, sobre todo si presenta síntomas de choque, la dilatación vascular de los capilares cutáneos puede provocar disminución de la presión sanguínea.

Para evitar estos efectos perjudiciales se deben controlar primero las alteraciones circulatorias y de fluidos.

En los casos en que se produce sobreexitación del SNC (excitación, agresiones, aumentos de la respuesta ante estímulos externos, temblores musculares, convulsiones, etc) se puede controlar esta sintomatología mediante la administración de diazepam, a dosis de 2 mg/kg vía EV.

En los animales que presentan convulsiones también puede utilizarse la vía intraperitoneal, aunque en este caso el efecto se retrasará 10-15 minutos y, posiblemente también la vía rectal, con preparaciones de diazepam específicas para esta ruta (STESOLID).

Independientemente de la vía utilizada es posible que sea preciso repetir la administración cada 3-4 horas según el efecto terapéutico.

Si estas dosis de diazepam no sedan suficientemente al gato, se precisa inducir la anestesia mediante la administración lenta de fenobarbital vía EV, a dosis de 6 mg/kg, hasta conseguir el efecto deseado.

La sedación así obtenida es de larga duración.

En casos de sobreestimulación del SNC por anfetaminas, o en exposiciones a alucinógenos, las pentotiacinas pueden ser sedantes muy eficaces.

Para evitar los temblores musculares, como miasténico de gran eficacia se aplica metocarbamol EV, a dosis de 40-220 mg/kg.

Es preciso recordar que los animales con convulsiones, temblores, etc, frecuentemente padecerán hipertermia secundaria que será preciso vigilar, y si no desaparece al tratar estos síntomas será preciso establecer un tratamiento particular tal como se ha descrito anteriormente.

Cuando se producen depresiones severas del SNC, a causa de la ingestión de sedantes, narcóticos, anticonvulsionantes y otras toxinas, en los gatos no se deben utilizar estimulantes del SNC como anfetaminas, cafeína o nicotinamida, pues se ha demostrado que no aumentan el porcentaje de curaciones ya que tienen tendencia a inducir arritmias, con lo que frecuentemente complican la evolución.

Estos gatos deben ser detoxicados y tratados con soporte respiratorio y cardiovascular, así como con el antídoto apropiado.

Si el gato ha sufrido pérdida de sangre y/o de fluidos, será preciso reponerlos.

Esto inicialmente puede conseguirse mediante la administración EV de Ringer lactato a dosis de al menos 40 ml/kg cada 24 horas, y con velocidad de perfusión inferior a 1 ml/kg y minuto.

Para eliminar el dolor se administrará un analgésico como la meperidina, a dosis de 2,5 mg/kg cada 4 horas, vía subcutánea o intramuscular.

Cuando se utilice este medicamento se debe de tener cierta precaución porque puede provocar depresión respiratoria.

También se pueden utilizar otros analgésicos como ibuprofeno o aspirina, con precaución en la dosis de esta última, pues a dosis normales para otros animales resulta tóxica en el gato.

Cuando los animales que permanezcan tumbados, será necesario cambiarlos de lado cada 4 horas para tratar de evitar la congestión pulmonar hipostática.

Además las zonas corporales sometidas a presión recibirán masajes para evitar la aparición de úlceras por presión.   

Si aparece diarrea grave, ésta se puede controlar con la administración de una mezcla de carbón activado (que absorberá el tóxico), caolín y agua.

Pero en aquellos casos en los que además se sospecha de lesiones en el tracto gastrointestinal, se administrarán antibióticos para evitar la propagación de gérmenes intestinales, y si es preciso se establecerá, o se mantendrá, la fluidoterapia.

Tratamiento descontaminante

Si el animal es asintomático o si esta estabilizado procederemos a realizar el tratamiento descontaminante, independientemente de la descontaminación que en ocasiones ya hubiera realizado el propietario.

En los casos en que el animal ha sufrido exposición cutánea, procederemos a limpiar el contaminante lo mejor posible, utilizando guantes y medidas preventivas para evitar intoxicarnos accidentalmente.

Cuando el veneno es pulverulento, está indicado cepillar a conciencia el animal y aspirarlo profundamente.

Después lavaremos al enfermo con jabón suave y agua templada y, si aún queremos limpiar mejor la superficie cutánea, procederemos previamente a afeitar al animal.

Si el tóxico es líquido debemos utilizar guantes de goma mientras manejamos al enfermo.

Si además el contaminante es oleoso, como por ejemplo aceite mineral o alquitrán, podemos utilizar como solvente aceite vegetal caliente para facilitar la eliminación del producto.

También se han recomendado detergentes enérgicos especiales (mecánicos) para las grasas para arrastrar contaminantes difíciles de eliminar de la piel.

Pero estos productos deben ser usados con precaución y lavados abundantemente con agua después de su aplicación para asegurarnos que se eliminan totalmente ya que pueden ser tóxicos para el gato si se absorben por la piel o si son ingeridos mediante el lamido.

En los casos en que no es posible la eliminación total, o en aquellos otros en los que las condiciones del animal no permiten este tipo de manejos, debemos evitar el lamido de la zona bien mediante el vendaje de la zona o bien mediante la colocación de un collar isabelino.

Después de lavar al gato tendremos siempre la precaución de secarlo totalmente para evitar que padezca hipotermia.

En el caso de que se hayan expuesto mucosas, como la conjuntiva, se procederá a lavarlas durante 20 ó 30 minutos con agua o solución salina fisiológica.

Cuando se sabe, o se tiene la sospecha fundada, que el animal ha ingerido el tóxico, adoptaremos las medidas oportunas para evitar la absorción del veneno en el tracto gastrointestinal, bien mediante el vaciado de su contenido, bien mediante la absorción y neutralización del tóxico por parte de otro compuesto, o por una combinación de ambas técnicas.

El procedimiento de evacuación gástrica resulta eficaz si se practica antes de las 4 horas posteriores a la ingesta, incrementándose este tiempo, a 12-28 horas, cuando el tóxico posee efectos anticolinérgicos (retrasa el vaciado gástrico), o si el «tóxico» forma una concreción o masa en el estómago (aspirina), ya que en estos casos se retrasa se evacuación gástrica.

Se puede eliminar el contenido gástrico bien mediante eméticos, o mejor por medio de lavados gástricos, única solución por otra parte en los animales que no respondan a la administración de eméticos.

Cuando se decide administrar eméticos hay que considerar cuándo realizó el animal la última comida, y si hace más de dos horas y el animal es asintomático, se le debe administrar una pequeña ración de comida muy jugosa antes de inducir el vómito.

Antes de inducir el vómito es importante adoptar algunas precauciones.

Así, no se debe hacer vomitar a un gato que como consecuencia de la intoxicación presente vómitos, ni tampoco si el veneno ingerido es un corrosivo.

Tampoco se realizará si muestra síntomas que nos indiquen peligro de neumonías accidentales por aspiración, o si la toxina puede provocar cuadros de excitación, convulsiones, etc, ya que el emético puede contribuir a precipitar los ataques.

Por otra parte el resultado terapéutico de la emesis es muy variable, ya que existen datos de que únicamente se elimina con el vómito el 40-50% de la «química del estómago».

El vómito se puede inducir con varios medicamentos, aparte de los remedios caseros vistos anteriormente.

La xilacina es un emético eficaz para los gatos administrada por vía subcutánea o intramuscular, a dosis de 1 mg/kg, aunque hay que considerar que además producirá ligera sedación y depresión respiratoria.

Estos efectos secundarios pueden ser corregidos con la administración de yohimbina.

El agua oxigenada al 3% se utiliza como emético por su acción como irritante gástrico, a dosis de 2 ml/kg vía oral, y si el vómito no se produce antes de transcurridos 10 minutos se repite la dosis.

El uso de apomorfina y jarabe de ipecacuana, como eméticos, tiene riesgos que frecuentemente superan los beneficios que aporta la emesis.

La segunda técnica de evacuación gástrica es el lavado de estómago.

Este procedimiento está indicado en los siguientes casos:

  • cuando fracasan los eméticos;

  • cuando existen grandes riesgos de accidentes por aspiración;

  • cuando la ingestión ha sido masiva;

  • cuando la sustancia ingerida es muy tóxica; y,

  • cuando el paciente es sintomático (precisa estabilización).

Para realizar el lavado gástrico se anestesia el gato, y posteriormente se coloca el animal en decúbito lateral izquierdo con su parte posterior elevada formando un plano inclinado de 15°. Esta posición facilita el retraso de vaciado del estómago al colocarse el píloro dorsal.

Para realizar el lavado se introduce una sonda de goma blanda fenestrada de unos 8 mm de diámetro externo y unos 30 cm de longitud.

También se debe colocar una sonda endotraqueal, si no se ha hecho ya con otro fin, para asegurar la ventilación del animal.

Como precaución inicial marcaremos en la sonda del lavado, la distancia entre la nariz del animal y el cartílago xifoides, posteriormente la introduciremos hasta llegar a la marca realizada y se perfunden inicialmente 4 ml/kg de agua tibia.

A continuación se practica un ligero masaje gástrico a través de la pared abdominal y se baja el extremo de la sonda para facilitar la salida del contenido gástrico.

Posteriormente se repite el lavado cuantas veces sea necesario hasta lograr que el líquido extraído sea agua clara, con la particularidad de que en las aplicaciones sucesivas se aumentará la cantidad de agua hasta 10 ml/kg, lo cual sin duda facilitará el lavado.

En los casos en que exista dificultad para la extracción del contenido, podemos ayudar la evacuación mediante la aspiración con una jeringuilla de 50 ml, a la vez que se aplica un masaje suave sobre la pared del abdomen.

Es conveniente recoger el material del primer lavado y congelarlo, por si posteriormente precisamos un análisis toxicológico.

A partir del momento en que al lavar extraemos agua limpia, se introduce en el estómago una mezcla de carbón activado al 20% en agua, a dosis de 1 a 2 g /kg de carbón activado, y se extrae unos 10 minutos después, volviendo a llenar el estómago con la misma cantidad de mezcla para tratar de absorber cualquier resto de veneno.

Finalmente se introduce a través de una sonda gástrica una dosis final de 2 a 8 g/kg de carbón activado.

Al igual que la emesis, el lavado de estómago está contraindicado en los casos de intoxicaciones por sustancias corrosivas, y existen controversias en cuanto a la utilización de este tratamiento en los casos de ingestión de líquidos volátiles, incluso con vías aéreas protegidas.

Como consecuencia de la administración de carbón activo se producirá constipación, por lo que administraremos un catártico para evitarlo, sobre todo teniendo en cuenta que puede ser necesario repetir la administración del carbón cada 6-8 horas para neutralizar las toxinas que vuelven al tracto intestinal después de la circulación enterohepática.

Además se administran catárticos para disminuir el tiempo de tránsito intestinal y así reduci la cantidad de toxina absorbida por la mucosa intestinal, incluso la que esté unida al carbón activo:

  • sulfato sódico VO, a dosis de media cucharadita de café por kilogramo; es el catártico de elección;

  • sulfato magnésico VO, a dosis de media cucharadita de café por kilogramo; se usará con precaución en animales con insuficiencia renal, y en intoxicaciones con venenos que producen estasis intestinal ya que se puede absorber mucho magnesio;

  • sorbitol al 70% VO, a dosis de 2,75 ml/kg; de elección cuando se repite varias veces la administración de carbón activado, porque su efecto sobre los electrólitos es más suave; y, catárticos de volumen, como la fibra vegetal, cuando es preciso facilitar la salida de un producto no tóxico de volumen; por ejemplo, psyllium (CENAT o METAMUCIL), de ½ a 1 cucharada por gato, cada 12-24 horas.

Se desaconseja el uso del aceite mineral pues se une a las toxinas liposolubles y retrasa su eliminación, impregnando la pared intestinal, con lo que facilita la absorción del veneno.

Si el estado del animal desaconseja la anestesia procederemos con sumo cuidado a administrar carbón activado y evitar las aspiraciones accidentales de la mezcla medicamentosa, sobre todo en los enfermos con depresión del SNC.

Si la dosis de veneno ingerida, o el tiempo transcurrido desde la ingestión nos hace sospechar que el tóxico puede haber llegado al intestino, debemos realizar la descontaminación intestinal a través de un enema.

Para ello introduciremos vía rectal un catéter de plástico flexible hasta la porción anterior del colon descendente.

El catéter se conecta a un recipiente de agua tibia que posteriormente se elevará para permitir el paso del agua al interior del intestino y así se irrigara abundantemente todo el intestino.

Posteriormente se utiliza carbón activado como absorbente de elección para fijar las toxinas más frecuentes

Cuando se produce la exposición pulmonar, lo fundamental para conseguir la desintoxicación es sacar al animal del lugar contaminado, y mantener la función respiratoria.

En los casos en que la eliminación del tóxico es por vía renal, a la vez que se aplica la fluidoterapia y una vez asegurada la rehidratación, se administrarán diuréticos para favorecer el proceso de detoxicación.

Se puede utilizar furosemida (4 mg/kg EV, cada 6-8 horas) o manitol (2 g/kg EV, cada 6 horas) cuando el tóxico es excretado en la orina.

Además si colocamos un catéter permanente en la vejiga impediremos cualquier reabsorción del veneno con lo que facilitaremos aún más su eliminación.

Cuando adoptemos este sistema para contribuir a la desintoxicación tendremos presente el estado de hidratación del animal, y en su caso administraremos la fluidoterapia correspondiente.

Otro aspecto a tener en cuenta es que cuanto más ionizado es un químico menos se reabsorbe por parte de los túbulos renales y en consecuencia más se incrementa su índice de eliminación.

Este método de eliminación se denomina «ion trapping» y consiste en que drogas alcalinas se eliminan mejor en orinas ligeramente ácidas y drogas ácidas en orinas alcalinizadas.

En este sentido podemos utilizar bicarbonato sódico para alcalinizar y cloruro amónico para acidificar la orina.

En cualquier caso siempre que se decida utilizar este método es prudente recurrir al consejo de un toxicólogo.

Tratamiento específico

Cuando a través de la anamnesis, exploración y datos analíticos, existe bien una sospecha fundada, o la certeza de cual es el tóxico responsable del proceso, administraremos el antídoto específico, si existe, como parte fundamental del tratamiento de elección.

Cuando se ha producido la recuperación aparente del animal es preciso controlarlo durante las semanas posteriores mediante un reconocimiento clínico, con el fin de detectar de forma precoz cualquier efecto crónico del tóxico.

Finalmente, ante cualquier tipo de intoxicación se debe tener siempre a mano el teléfono de urgencia, activo las 24 horas del día,  que ofrece el Instituto Nacional de Toxicología: (91) 562·04·20.

Bibliografía

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Este artículo fue publicado en CONSULTA de Difusión Veterinaria, 1997, nº 41: 9-13 de http://www3.unileon.es/dp/dmv/anraju.htm  


Fuente: Circulo de Médicos Veterinarios del Sur de Santa Fe - http://www.veterinariosursf.com.ar

 

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