039.
Manejo clínico del gato intoxicado.
Dr.
L E Fidalgo Álvarez, Dr. J Rejas, Dr. M Suárez Rey
dmvjrl@unileon.es
http://www.geocities.com/jrejas/
Dpto.
Medicina Veterinaria - Universidad de León
Campus
de Vegazana s/n - 24007 León - España –
Tfno:
987 291 216 - Fax: 987 291 270
INTRODUCCIÓN
Las
intoxicaciones accidentales en el gato siempre se han considerado menos
frecuentes que en otras especies debido fundamentalmente al comportamiento de
los felinos.
De
todas formas, es muy posible que la incidencia real sea muy superior a la
diagnosticada, y que además a veces el diagnóstico sea erróneo ya que, debido
a los hábitos de vida de estos animales, en muy contadas ocasiones es posible
tener la certeza, incluso la sospecha, suficientemente fundada del contacto del
animal con el tóxico.
Por
ello suele ser difícil establecer un diagnóstico seguro sólo por la
sintomatología que el enfermo presenta al ser explorado.
Incluso
en algunas ocasiones no es posible establecer el diagnóstico exacto ni siquiera
después de realizar la necropsia.
El
número de sustancias que pueden provocar intoxicaciones en los gatos es muy
numeroso.
Hoy
en día existe aún poca información sobre los efectos en los gatos, de manera
que incluso en la bibliografía con cierta frecuencia se describen casos de un
solo animal intoxicado, de tal manera que hay que ser prudentes y no generalizar
o dogmatizar esas experiencias, pues pueden conducirnos a graves errores.
DIAGNÓSTICO
Ciertamente
el diagnóstico exacto es importante para establecer el tratamiento en un animal
intoxicado, ya que una vez conocido éste es relativamente sencillo establecer
la terapéutica adecuada con las máximas garantías de éxito.
Pero
por lo general suele ser difícil establecer el diagnóstico de intoxicación,
al menos de una intoxicación concreta, excepto en aquellos casos en que se haya
podido constatar el contacto del animal con el tóxico.
Incluso
en estos últimos casos se debe ser muy prudente, porque bien puede ocurrir que
el animal entre en contacto con el veneno sin intoxicarse, por exposición
insuficiente, o por apreciaciones incorrectas respecto a la exposición.
Cuando
el dueño de un gato «posiblemente intoxicado» llega a nuestra consulta con su
animal enfermo lo primero que debemos hacer es, como en todos los casos, una
anamnesis reglada y profunda, sin fiarnos demasiado del «diagnóstico del dueño»
ya que somos nosotros, después de la exploración y las pruebas complementarias
y análisis pertinentes, quienes debemos emitir el diagnóstico.
Cuando
se presenta de forma repentina un cuadro clínico caracterizado por trastornos
neurológicos, o bien por vómitos y diarrea, y/o alteración respiratoria
aguda, podemos sospechar de un envenenamiento, pero siempre con la debida
precaución, ya que ninguno de estos síntomas son exclusivos de intoxicaciones
y pueden ser consecuencia de otro tipo de alteraciones.
En
resumen podemos decir que sólo debemos diagnosticar una intoxicación desde el
punto de vista de la exploración clínica, después de considerar todos y cada
uno de los posibles agentes etiológicos de la enfermedad.
Cuando
el dueño de un gato posiblemente intoxicado se pone en contacto con nosotros,
si es en ausencia del animal enfermo, por ejemplo por teléfono, le indicaremos
una serie de medidas encaminadas a impedir que el animal se autolesione y/o para
impedir que se agrave la intoxicación, así como la conveniencia y forma de
trasladar al animal, etc (ver tratamiento).
Por
otra parte, nuestra actuación con el animal será diferente según el paciente
sea asintomático o presente un cuadro clínico más o menos acentuado.
Si
el enfermo presenta síntomas que nos hacen temer por su vida, antes de
continuar con el diagnóstico, debemos de iniciar el tratamiento necesario para
estabilizarlo (ver tratamiento). Después podemos completar y revisar con más
detalle la historia clínica completándola con las pruebas y análisis
que estimemos oportunos.
Indudablemente
la necropsia aporta datos adicionales que en ocasiones podrán ser suficientes
para llegar al diagnóstico certero.
Estos
datos se complementan, sobre todo cuando la sospecha de intoxicación pueda
resumirse a uno, dos, o al menos a un número reducido de tóxicos, con el análisis
químico de los tejidos.
TRATAMIENTO
El
tratamiento de las intoxicaciones o de los accidentes que pueden producir
intoxicación en los gatos, debe comenzar con un tratamiento «higiénico» tan
pronto como sea posible, incluso recomendando al dueño ciertas pautas para que
las realice, desde el momento en que se comunica con nosotros y hasta que
tengamos la oportunidad de comenzar a trabajar con el gato (por ejemplo en los
casos que inicialmente se nos contacta por teléfono).
Posteriormente
nuestra actuación terapéutica será diferente según el animal sea asintomático,
o presente síntomas.
En
este segundo caso después de evaluar al paciente aplicaremos un tratamiento
para estabilizar al enfermo, incluso antes de haber finalizado totalmente
nuestra exploración y de recibir la información de los análisis requeridos, y
por tanto antes de emitir el diagnóstico.
A
continuación estableceremos el tratamiento sintomático que completará el de
estabilización.
En
los casos asintomáticos, y en los sintomáticos una vez estabilizados,
procederemos a realizar el tratamiento descontaminante, además del tratamiento
específico con antídotos, cuando conozcamos el agente causal de la intoxicación
y dispongamos del antídoto.
Tratamiento
higiénico
Si
el animal presenta síntomas de excitación del sistema nervioso central,
advertiremos al propietario que debe tener precaución al manejarlo para evitar,
tanto que el animal se autolesione, como que lesione a quien lo maneja.
Esto
puede conseguirse envolviendo el gato en una toalla, manta o algo similar,
permitiéndole que mantenga fuera sólo la cabeza.
Si
el gato tiene el material tóxico contaminando su piel (y/o capa), debemos
indicar al dueño que lo sujete suficientemente para impedir la ingestión del tóxico
a través del lamido.
Si
se sospecha que el animal ha ingerido el veneno, también resulta beneficioso
indicar al dueño que administre un emético para inducir el vómito, por
ejemplo una cucharadita de sal de mesa, bicarbonato sódico, o agua oxigenada,
ya que frecuentemente se suele disponer de estas sustancias en los domicilios.
Si
el animal es asintomático procederemos con el tratamiento descontaminante, pero
si presenta síntomas y pensamos que puede peligrar la vida del gato
procederemos previamente a estabilizar al enfermo.
Tratamiento
de estabilización / Tratamiento sintomático
Con
frecuencia, en los casos de envenenamiento se precisan cuidados intensivos para
procurar la supervivencia y recuperación del animal.
En
los casos en que se produzca depresión respiratoria podemos tratarla mediante
la administración de estimulantes, como el doxapram en dosis de 5 mg/kg vía
endovenosa, pudiendo ser necesario repetir la dosis cada 20-30 minutos.
Por
supuesto lo ideal sería administrar la dosis de forma continuada, pero en la práctica
clínica esto en numerosas ocasiones es imposible.
Si
observamos cianosis en las mucosas, se aplica oxígeno y ventilación forzada
(por ejemplo por compresión manual del tórax).
En
casos de depresión más grave y prolongada y/o en los que se bloquea la faringe
por mucosidad o restos de vómito, se intubará el animal o, excepcionalmente,
se le practicará la traqueotomía, y se aplicará ventilación asistida
prolongada con intubación y el empleo de un ventilador mecánico.
En
casos de depresiones respiratorias menos intensas es beneficioso, y
frecuentemente suficiente, suplementar con oxígeno el aire inspirado, hecho que
puede realizarse fácilmente colocando el animal en una «tienda de oxígeno» o
campana.
Se
obtiene introduciendo el animal en una jaula de exploración o de transporte, e
introduciendo ésta dentro de una bolsa de plástico, a poder ser transparente.
En
esta «campana» improvisada se insufla oxígeno por un lado y se practica una
salida justo por el lado opuesto para asegurar el intercambio de aire en el
interior.
Es
imprescindible igualmente atender el estado del aparato cardiovascular, ya que
muchos gatos intoxicados llegan a chocarse a causa de la hipotensión y de la
hemoconcentración.
Por
otra parte será necesario corregir la deshidratación, y los desequilibrios
electrolíticos y ácido-básicos.
Como
primera medida recurriremos a la administración endovenosa de Ringer lactato
para posteriormente, una vez que dispongamos de los análisis pertinentes,
cambiar si es necesario, la solución utilizada.
Por
otra parte es conveniente cuando se explora un pulso anormal realizar un
electrocardiograma y, si es posible, medir la presión venosa bien de forma
directa o indirecta para establecer un tratamiento adecuado al caso, cara a
normalizar la función circulatoria.
Es
también importante vigilar la temperatura del gato intoxicado.
Cuando
se producen situaciones de hipertermia es preciso considerar si se trata de una
ligera hipertermia, que generalmente desaparece con el tratamiento, al
corregirse los signos que la provocan (por ejemplo en los casos de
convulsiones), o si bien se trata de hipertermia profunda, la cual debe ser
directamente tratada, ya que persiste al tratamiento de otros síntomas.
Esta
hipertermia se corrige mediante fluidoterapia, lavado de los animales con agua
tibia, e incluso lavados de estómago y enemas con agua templada, sin que esto
ocasione problemas de inducción de hipotermia.
La
hipotermia se trata aplicando calor al animal, pero con cuidado, ya que al
calentar el animal, sobre todo si presenta síntomas de choque, la dilatación
vascular de los capilares cutáneos puede provocar disminución de la presión
sanguínea.
Para
evitar estos efectos perjudiciales se deben controlar primero las alteraciones
circulatorias y de fluidos.
En
los casos en que se produce sobreexitación del SNC (excitación, agresiones,
aumentos de la respuesta ante estímulos externos, temblores musculares,
convulsiones, etc) se puede controlar esta sintomatología mediante la
administración de diazepam, a dosis de 2 mg/kg vía EV.
En
los animales que presentan convulsiones también puede utilizarse la vía
intraperitoneal, aunque en este caso el efecto se retrasará 10-15 minutos y,
posiblemente también la vía rectal, con preparaciones de diazepam específicas
para esta ruta (STESOLID).
Independientemente
de la vía utilizada es posible que sea preciso repetir la administración cada
3-4 horas según el efecto terapéutico.
Si
estas dosis de diazepam no sedan suficientemente al gato, se precisa inducir la
anestesia mediante la administración lenta de fenobarbital vía EV, a dosis de
6 mg/kg, hasta conseguir el efecto deseado.
La
sedación así obtenida es de larga duración.
En
casos de sobreestimulación del SNC por anfetaminas, o en exposiciones a alucinógenos,
las pentotiacinas pueden ser sedantes muy eficaces.
Para
evitar los temblores musculares, como miasténico de gran eficacia se aplica
metocarbamol EV, a dosis de 40-220 mg/kg.
Es
preciso recordar que los animales con convulsiones, temblores, etc,
frecuentemente padecerán hipertermia secundaria que será preciso vigilar, y si
no desaparece al tratar estos síntomas será preciso establecer un tratamiento
particular tal como se ha descrito anteriormente.
Cuando
se producen depresiones severas del SNC, a causa de la ingestión de sedantes,
narcóticos, anticonvulsionantes y otras toxinas, en los gatos no se deben
utilizar estimulantes del SNC como anfetaminas, cafeína o nicotinamida, pues se
ha demostrado que no aumentan el porcentaje de curaciones ya que tienen
tendencia a inducir arritmias, con lo que frecuentemente complican la evolución.
Estos
gatos deben ser detoxicados y tratados con soporte respiratorio y
cardiovascular, así como con el antídoto apropiado.
Si
el gato ha sufrido pérdida de sangre y/o de fluidos, será preciso reponerlos.
Esto
inicialmente puede conseguirse mediante la administración EV de Ringer lactato
a dosis de al menos 40 ml/kg cada 24 horas, y con velocidad de perfusión
inferior a 1 ml/kg y minuto.
Para
eliminar el dolor se administrará un analgésico como la meperidina, a dosis de
2,5 mg/kg cada 4 horas, vía subcutánea o intramuscular.
Cuando
se utilice este medicamento se debe de tener cierta precaución porque puede
provocar depresión respiratoria.
También
se pueden utilizar otros analgésicos como ibuprofeno o aspirina, con precaución
en la dosis de esta última, pues a dosis normales para otros animales resulta tóxica
en el gato.
Cuando
los animales que permanezcan tumbados, será necesario cambiarlos de lado cada 4
horas para tratar de evitar la congestión pulmonar hipostática.
Además las
zonas corporales sometidas a presión recibirán masajes para evitar la aparición
de úlceras por presión.
Si
aparece diarrea grave, ésta se puede controlar con la administración de una
mezcla de carbón activado (que absorberá el tóxico), caolín y agua.
Pero
en aquellos casos en los que además se sospecha de lesiones en el tracto
gastrointestinal, se administrarán antibióticos para evitar la propagación de
gérmenes intestinales, y si es preciso se establecerá, o se mantendrá, la
fluidoterapia.
Tratamiento
descontaminante
Si
el animal es asintomático o si esta estabilizado procederemos a realizar el
tratamiento descontaminante, independientemente de la descontaminación que en
ocasiones ya hubiera realizado el propietario.
En
los casos en que el animal ha sufrido exposición cutánea, procederemos a
limpiar el contaminante lo mejor posible, utilizando guantes y medidas
preventivas para evitar intoxicarnos accidentalmente.
Cuando
el veneno es pulverulento, está indicado cepillar a conciencia el animal y
aspirarlo profundamente.
Después
lavaremos al enfermo con jabón suave y agua templada y, si aún queremos
limpiar mejor la superficie cutánea, procederemos previamente a afeitar al
animal.
Si
el tóxico es líquido debemos utilizar guantes de goma mientras manejamos al
enfermo.
Si
además el contaminante es oleoso, como por ejemplo aceite mineral o alquitrán,
podemos utilizar como solvente aceite vegetal caliente para facilitar la
eliminación del producto.
También
se han recomendado detergentes enérgicos especiales (mecánicos) para las
grasas para arrastrar contaminantes difíciles de eliminar de la piel.
Pero
estos productos deben ser usados con precaución y lavados abundantemente con
agua después de su aplicación para asegurarnos que se eliminan totalmente ya
que pueden ser tóxicos para el gato si se absorben por la piel o si son
ingeridos mediante el lamido.
En
los casos en que no es posible la eliminación total, o en aquellos otros en los
que las condiciones del animal no permiten este tipo de manejos, debemos evitar
el lamido de la zona bien mediante el vendaje de la zona o bien mediante la
colocación de un collar isabelino.
Después
de lavar al gato tendremos siempre la precaución de secarlo totalmente para
evitar que padezca hipotermia.
En
el caso de que se hayan expuesto mucosas, como la conjuntiva, se procederá a
lavarlas durante 20 ó 30 minutos con agua o solución salina fisiológica.
Cuando
se sabe, o se tiene la sospecha fundada, que el animal ha ingerido el tóxico,
adoptaremos las medidas oportunas para evitar la absorción del veneno en el
tracto gastrointestinal, bien mediante el vaciado de su contenido, bien mediante
la absorción y neutralización del tóxico por parte de otro compuesto, o por
una combinación de ambas técnicas.
El
procedimiento de evacuación gástrica resulta eficaz si se practica antes de
las 4 horas posteriores a la ingesta, incrementándose este tiempo, a 12-28
horas, cuando el tóxico posee efectos anticolinérgicos (retrasa el vaciado gástrico),
o si el «tóxico» forma una concreción o masa en el estómago (aspirina), ya
que en estos casos se retrasa se evacuación gástrica.
Se
puede eliminar el contenido gástrico bien mediante eméticos, o mejor por medio
de lavados gástricos, única solución por otra parte en los animales que no
respondan a la administración de eméticos.
Cuando
se decide administrar eméticos hay que considerar cuándo realizó el animal la
última comida, y si hace más de dos horas y el animal es asintomático, se le
debe administrar una pequeña ración de comida muy jugosa antes de inducir el vómito.
Antes
de inducir el vómito es importante adoptar algunas precauciones.
Así,
no se debe hacer vomitar a un gato que como consecuencia de la intoxicación
presente vómitos, ni tampoco si el veneno ingerido es un corrosivo.
Tampoco
se realizará si muestra síntomas que nos indiquen peligro de neumonías
accidentales por aspiración, o si la toxina puede provocar cuadros de excitación,
convulsiones, etc, ya que el emético puede contribuir a precipitar los ataques.
Por
otra parte el resultado terapéutico de la emesis es muy variable, ya que
existen datos de que únicamente se elimina con el vómito el 40-50% de la «química
del estómago».
El
vómito se puede inducir con varios medicamentos, aparte de los remedios caseros
vistos anteriormente.
La
xilacina es un emético eficaz para los gatos administrada por vía subcutánea
o intramuscular, a dosis de 1 mg/kg, aunque hay que considerar que además
producirá ligera sedación y depresión respiratoria.
Estos
efectos secundarios pueden ser corregidos con la administración de yohimbina.
El
agua oxigenada al 3% se utiliza como emético por su acción como irritante gástrico,
a dosis de 2 ml/kg vía oral, y si el vómito no se produce antes de
transcurridos 10 minutos se repite la dosis.
El
uso de apomorfina y jarabe de ipecacuana, como eméticos, tiene riesgos que
frecuentemente superan los beneficios que aporta la emesis.
La
segunda técnica de evacuación gástrica es el lavado de estómago.
Este
procedimiento está indicado en los siguientes casos:
-
cuando
fracasan los eméticos;
-
cuando
existen grandes riesgos de accidentes por aspiración;
-
cuando
la ingestión ha sido masiva;
-
cuando
la sustancia ingerida es muy tóxica; y,
-
cuando
el paciente es sintomático (precisa estabilización).
Para
realizar el lavado gástrico se anestesia el gato, y posteriormente se coloca el
animal en decúbito lateral izquierdo con su parte posterior elevada formando un
plano inclinado de 15°. Esta posición facilita el retraso de vaciado del estómago
al colocarse el píloro dorsal.
Para
realizar el lavado se introduce una sonda de goma blanda fenestrada de unos
8 mm
de diámetro externo y unos
30 cm
de longitud.
También
se debe colocar una sonda endotraqueal, si no se ha hecho ya con otro fin, para
asegurar la ventilación del animal.
Como
precaución inicial marcaremos en la sonda del lavado, la distancia entre la
nariz del animal y el cartílago xifoides, posteriormente la introduciremos
hasta llegar a la marca realizada y se perfunden inicialmente 4 ml/kg de agua
tibia.
A
continuación se practica un ligero masaje gástrico a través de la pared
abdominal y se baja el extremo de la sonda para facilitar la salida del
contenido gástrico.
Posteriormente
se repite el lavado cuantas veces sea necesario hasta lograr que el líquido
extraído sea agua clara, con la particularidad de que en las aplicaciones
sucesivas se aumentará la cantidad de agua hasta 10 ml/kg, lo cual sin duda
facilitará el lavado.
En
los casos en que exista dificultad para la extracción del contenido, podemos
ayudar la evacuación mediante la aspiración con una jeringuilla de 50 ml, a la
vez que se aplica un masaje suave sobre la pared del abdomen.
Es
conveniente recoger el material del primer lavado y congelarlo, por si
posteriormente precisamos un análisis toxicológico.
A
partir del momento en que al lavar extraemos agua limpia, se introduce en el estómago
una mezcla de carbón activado al 20% en agua, a dosis de
1 a
2 g
/kg de carbón activado, y se extrae unos 10 minutos después, volviendo a
llenar el estómago con la misma cantidad de mezcla para tratar de absorber
cualquier resto de veneno.
Finalmente
se introduce a través de una sonda gástrica una dosis final de
2 a
8 g/kg de carbón activado.
Al
igual que la emesis, el lavado de estómago está contraindicado en los casos de
intoxicaciones por sustancias corrosivas, y existen controversias en cuanto a la
utilización de este tratamiento en los casos de ingestión de líquidos volátiles,
incluso con vías aéreas protegidas.
Como
consecuencia de la administración de carbón activo se producirá constipación,
por lo que administraremos un catártico para evitarlo, sobre todo teniendo en
cuenta que puede ser necesario repetir la administración del carbón cada 6-8
horas para neutralizar las toxinas que vuelven al tracto intestinal después de
la circulación enterohepática.
Además
se administran catárticos para disminuir el tiempo de tránsito intestinal y así
reduci la cantidad de toxina absorbida por la mucosa intestinal, incluso la que
esté unida al carbón activo:
-
sulfato
sódico VO, a dosis de media cucharadita de café por kilogramo; es el catártico
de elección;
-
sulfato
magnésico VO, a dosis de media cucharadita de café por kilogramo; se usará
con precaución en animales con insuficiencia renal, y en intoxicaciones con
venenos que producen estasis intestinal ya que se puede absorber mucho
magnesio;
-
sorbitol
al 70% VO, a dosis de 2,75 ml/kg; de elección cuando se repite varias veces
la administración de carbón activado, porque su efecto sobre los electrólitos
es más suave; y, catárticos de volumen, como la fibra vegetal, cuando es
preciso facilitar la salida de un producto no tóxico de volumen; por
ejemplo, psyllium (CENAT o METAMUCIL), de ½ a 1 cucharada por gato, cada
12-24 horas.
Se
desaconseja el uso del aceite mineral pues se une a las toxinas liposolubles y
retrasa su eliminación, impregnando la pared intestinal, con lo que facilita la
absorción del veneno.
Si
el estado del animal desaconseja la anestesia procederemos con sumo cuidado a
administrar carbón activado y evitar las aspiraciones accidentales de la mezcla
medicamentosa, sobre todo en los enfermos con depresión del SNC.
Si
la dosis de veneno ingerida, o el tiempo transcurrido desde la ingestión nos
hace sospechar que el tóxico puede haber llegado al intestino, debemos realizar
la descontaminación intestinal a través de un enema.
Para
ello introduciremos vía rectal un catéter de plástico flexible hasta la porción
anterior del colon descendente.
El
catéter se conecta a un recipiente de agua tibia que posteriormente se elevará
para permitir el paso del agua al interior del intestino y así se irrigara
abundantemente todo el intestino.
Posteriormente
se utiliza carbón activado como absorbente de elección para fijar las toxinas
más frecuentes
Cuando
se produce la exposición pulmonar, lo fundamental para conseguir la
desintoxicación es sacar al animal del lugar contaminado, y mantener la función
respiratoria.
En
los casos en que la eliminación del tóxico es por vía renal, a la vez que se
aplica la fluidoterapia y una vez asegurada la rehidratación, se administrarán
diuréticos para favorecer el proceso de detoxicación.
Se
puede utilizar furosemida (4 mg/kg EV, cada 6-8 horas) o manitol (2 g/kg EV,
cada 6 horas) cuando el tóxico es excretado en la orina.
Además
si colocamos un catéter permanente en la vejiga impediremos cualquier reabsorción
del veneno con lo que facilitaremos aún más su eliminación.
Cuando
adoptemos este sistema para contribuir a la desintoxicación tendremos presente
el estado de hidratación del animal, y en su caso administraremos la
fluidoterapia correspondiente.
Otro
aspecto a tener en cuenta es que cuanto más ionizado es un químico menos se
reabsorbe por parte de los túbulos renales y en consecuencia más se incrementa
su índice de eliminación.
Este
método de eliminación se denomina «ion trapping» y consiste en que drogas
alcalinas se eliminan mejor en orinas ligeramente ácidas y drogas ácidas en
orinas alcalinizadas.
En
este sentido podemos utilizar bicarbonato sódico para alcalinizar y cloruro amónico
para acidificar la orina.
En
cualquier caso siempre que se decida utilizar este método es prudente recurrir
al consejo de un toxicólogo.
Tratamiento
específico
Cuando
a través de la anamnesis, exploración y datos analíticos, existe bien una
sospecha fundada, o la certeza de cual es el tóxico responsable del proceso,
administraremos el antídoto específico, si existe, como parte fundamental del
tratamiento de elección.
Cuando
se ha producido la recuperación aparente del animal es preciso controlarlo
durante las semanas posteriores mediante un reconocimiento clínico, con el fin
de detectar de forma precoz cualquier efecto crónico del tóxico.
Finalmente,
ante cualquier tipo de intoxicación se debe tener siempre a mano el teléfono
de urgencia, activo las 24 horas del día, que ofrece el Instituto
Nacional de Toxicología: (91) 562·04·20.
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Este
artículo fue publicado en CONSULTA de Difusión Veterinaria, 1997, nº 41: 9-13
de http://www3.unileon.es/dp/dmv/anraju.htm
Fuente: Circulo de Médicos
Veterinarios del Sur de Santa Fe - http://www.veterinariosursf.com.ar
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