Artículo 007:
La formación de
profesionales para profesionalizar a los agricultores,
y
para el difícil desafío de producir más y mejor con menos recursos.
Polan Lacki
Oficina Regional
de la FAO para América Latina y el Caribe
INDICE
Justificación de
la propuesta
El perfil del
profesional en ciencias agrarias
Medidas que las
facultades de ciencias agrarias podrían
adoptar
para formar el profesional propuesto
Tres importantes
precauciones
PRESENTACION
La FAO se siente
complacida en someter a la consideración de las facultades de ciencias agrarias
el texto titulado “La formación de profesionales para profesionalizar a los
agricultores, y para el difícil desafío de producir más y mejor con menos
recursos”.
Durante su
elaboración, las propuestas de este documento fueron sometidas al análisis
crítico de la mayoría de las facultades de ciencias agrarias de América Latina,
de gran parte de sus respectivos departamentos, cursos de posgrado, centros de
estudiantes y de muchos representantes de agricultores y de las instituciones
que contratan los servicios de los profesionales de ciencias agrarias. El
elevado número de personas que participaron de este edificante ejercicio hace
muy difícil personalizar nuestros agradecimientos sin cometer injusticias u
omisiones. Por esta razón, deseamos extenderles en forma genérica nuestra
gratitud por los valiosos aportes recibidos.
Sin embargo, a
pesar de la amplitud de esta consulta, la propia dinámica del mundo moderno
impone que este texto continúe siendo provisional y perfectible.
El propósito de
esta publicación es el de estimular a las autoridades, profesores y estudiantes
de las facultades a que analicen críticamente estos planteamientos, los adapten
a las circunstancias imperantes en sus facultades y respectivas áreas de
influencia y finalmente adopten aquellas que sean adecuadas a sus necesidades y
posibilidades.
La FAO les
anticipa agradecimientos por las acciones de difusión y mejoramiento de estas
propuestas.
Severino de Melo
Araujo
Subdirector
General
Representante
Regional para América
Latina y el
Caribe
Justificación de la propuesta
La agricultura
latinoamericana está sometida a una profunda contradicción: a) por un lado tiene
la imprescindible y urgente necesidad de modernizarse para volverse mucho más
eficiente, porque si no lo hace sencillamente no podrá enfrentar la fuertemente
subsidiada y protegida agricultura de los países desarrollados; y b) por otro
lado los gobiernos de esta Región, además de no subsidiar y no adoptar medidas
proteccionistas en favor de nuestros agricultores, están reduciendo exactamente
aquellos recursos y servicios con los cuales tradicionalmente se ha intentado
hacer esta imprescindible modernización.
Por doloroso que
sea aceptarlo, lo anterior significa que la agricultura latinoamericana tendrá
que volverse más eficiente a pesar de contar con menos crédito, insumos y
equipos modernos, subsidios y medidas proteccionistas. Esto a su vez significa
que con una menor cantidad de cada factor de producción los agricultores (sean
pequeños, medianos o grandes) tendrán que obtener una mayor cantidad de
producto, el que deberá ser de mejor calidad y obtenido a un costo unitario más
bajo; significa también que deberán volverse mucho más eficientes en la
administración del negocio agrícola en su globalidad, con el fin de optimizar el
uso de los recursos disponibles, reducir los precios de adquisición de los
factores de producción e incrementar los precios de venta de los excedentes.
Estos son los requisitos que inexorablemente los agricultores tendrán que reunir
en forma simultánea; de no hacerlo, la inhumana competencia de los mercados los
transformará en ex-agricultores.
Esta difícil,
pero no imposible, misión exige como mínimo la generación de tecnologías
compatibles con los recursos que los agricultores realmente poseen y
especialmente un gigantesco esfuerzo de capacitación y organización de los
agricultores para que ellos se profesionalicen y se transformen en eficientes
empresarios que puedan, sepan y quieran corregir las graves distorsiones
tecnológicas, gerenciales y comerciales que actualmente ocurren en los distintos
eslabones del negocio agrícola, desde que el insumo sale de la industria hasta
que el alimento llega a la casa del consumidor.
Ambas tareas son
más de carácter científico/tecnológico/gerencial que político y,
consecuentemente, deberán ser entregadas a muy competentes profesionales de
ciencias agrarias (agrónomos, veterinarios, ingenieros agrícolas, zootecnistas,
ingenieros forestales), los que deberán demostrar en los hechos que son capaces
de optimizar el uso y el aprovechamiento de los escasos insumos materiales para
contrarrestar su insuficiencia a través de la correcta aplicación de los
abundantes insumos intelectuales. Con ello nuestros agricultores podrán volverse
mucho más eficientes y de esta manera: a) emanciparse, prescindir o por lo menos
disminuir su dependencia de los cada vez más lejanos: créditos abundantes y
subvencionados , valor artificialmente alto del dólar, subsidios, medidas
proteccionistas, garantías oficiales de comercialización, etc.; b) volverse
menos vulnerables a las adversas externalidades que están fuera de su control,
como por ejemplo los subsidios y las barreras arancelarias y no arancelarias
establecidas por los países desarrollados.
Para enfrentar
este espectacular y extraordinario desafío de "producir más con menos" se
requiere como absolutamente imprescindible formar una nueva generación de
profesionales de ciencias agrarias con nuevos conocimientos, aptitudes,
destrezas y sobre todo con nuevas actitudes de autoconfianza anímica y
convicción de que son ellos mismos quienes deberán asumir este desafío,
sencillamente porque debido a su naturaleza eminentemente técnica, no tienen a
quien delegarlo. A continuación se propone el perfil de estos profesionales y
las medidas que las facultades de ciencias agrarias podrían adoptar para
otorgarles una formación compatible con las oportunidades y amenazas de la
agricultura moderna.
A. El
perfil del profesional en ciencias agrarias
Las facultades
deberán formar un profesional cuyo perfil de conocimientos, aptitudes, valores y
actitudes se propone a continuación:
1. Que
tenga una sólida formación ética y humanística basada en los principios y
valores de disciplina, perseverancia y dedicación al trabajo, honestidad y
honradez, puntualidad y responsabilidad, amor a la verdad, a la justicia,
respeto al prójimo, a sus derechos y opiniones, espíritu de lealtad, ayuda mutua
y solidaridad, espíritu de iniciativa y creatividad, permanente deseo de
superarse y de alcanzar la excelencia, apertura al cambio, y a la innovación.
Que rechace el servilismo, la demagogia y el egoísmo. Gran parte de estos
principios, valores, conductas, hábitos y actitudes deberán ser reforzados a
través del "curriculum oculto o invisible", es decir de lo que vivencien en la
cultura, en el entorno de la facultad y en las actitudes y procedimientos de sus
autoridades y docentes, quienes deberán formar y educar con el ejemplo. Que
tenga plena conciencia de que el privilegio de haber tenido acceso a la
universidad, máxime si esta es pública y gratuita, le otorga más deberes que
derechos; especialmente el deber de retribuir a la sociedad el privilegio
recibido, asumiendo el compromiso social de transformar - en vez de reproducir o
perpetuar - las ineficiencias y adversas realidades imperantes en el campo.
2. Que
esté consciente que debe promover una agricultura sostenible que conserve y
recupere la fertilidad del suelo; asimismo que esté consciente que los
rendimientos y los ingresos de los agricultores actuales y futuros dependen en
gran medida de tecnologías que al mejorar las condiciones físicas y biológicas
del suelo (además de las químicas) mantengan su alta capacidad productiva; que
estén conscientes que la actividad agrícola, ganadera o forestal no puede ser
encarada como si fuese una simple “mineración”o “extrativismo” de recursos
naturales y que consecuentemente deberán manejar (y no apenas extraer) en forma
racional, integrada y sostenible los recursos existentes en las cuencas, el
suelo, el agua, el bosque con todos sus componentes; que priorice el uso de
tecnologías limpias, sanas y blandas y que los factores que eventualmente puedan
dañar a los seres humanos, a los recursos naturales o al medio ambiente sean
evitados o utilizados en forma prudente ojalá como último recurso; que en lo
posible privilegie y/o priorice las tecnologías biológicas y agronómicas por
sobre las químicas y mecánicas; que en zootecnia otorgue mayor prioridad: i) a
la higiene, manejo y alimentación del rodeo antes de proponer la adquisición de
animales de alto potencial genético y la construcción de instalaciones
sofisticadas, y ii) a la alimentación en base a pasturas mejoradas y raciones
autoproducidas. En fin, que esté formado para hacer la difícil
compatibilización entre sostenibilidad económica, social y ambiental.
3. Más
generalista para que tenga la solvencia técnica que le permita diagnosticar y
solucionar en forma holística los problemas tecnológicos, gerenciales y
organizativos de las distintas etapas del negocio agrícola; que sepa hacerlo en
su globalidad, tranqueras adentro y afuera. A propósito, se ruega no confundir
generalista con “superficialista”, "todólogo" o "practicón"; porque ahora mucho
mas que antes la agricultura requiere de profesionales del más alto nivel que
tengan la flexibilidad y el ingenio que les permita desempeñarse dentro de la
incertidumbre, de la adversidad y de la escasez y aún así competir con la
agricultura fuertemente subsidiada y protegida de los países desarrollados. Se
propone formar generalistas porque no conviene sacrificar a la gran mayoría de
los egresados, enseñándoles en el pre-grado conocimientos muy especializados
porque éstos son requeridos apenas por una pequeña minoría, la que deberá
adquirirlos en los programas de post-grado.
4.
Debido a las diferentes potencialidades y restricciones de los distintos
estratos de agricultores de cada país, el profesional deberá tener la
versatilidad y el eclecticismo para desempeñarse con igual eficiencia ante
productores de distintas disponibilidades de recursos, niveles tecnológicos y
escalas de producción. Esto significa que el profesional de ciencias agrarias
deberá conocer los conceptos, criterios, métodos y principios (no necesariamente
las recetas) que le permitan, según las circunstancias de cada caso:
utilizar
cualquier tipo de insumo o equipo, desde el autoproducido en la finca hasta el
más sofisticado, porque los países de América Latina necesitan utilizar todos
ellos para poder insertarse con éxito en los cada vez más competitivos mercados
internacionales; y formular
distintos niveles de alternativas tecnológicas desde la más elemental hasta la
más compleja que suele utilizar la agricultura de avanzada.
En cualquiera de
los dos casos deberá tener el espíritu crítico, el discernimiento, la conciencia
y la honestidad profesional para elegir casuísticamente las tecnologías más
adecuadas a las conveniencias, necesidades y posibilidades de los agricultores
(y no al interés de quienes fabrican y comercializan insumos y maquinarias)
5. Que
sea realista y pragmático en el sentido de que sepa solucionar los problemas de
los agricultores "tal como estos son" y en base a los recursos que ellos
realmente posean o puedan adquirir, aún cuando éstos sean muy escasos, porque
los países necesitan que todos sus agricultores introduzcan innovaciones para
volverse mucho más eficientes, en beneficio de ellos mismos y de la sociedad y
de la economía nacional.
6. Que
sea creativo e ingenioso para que sepa encontrar soluciones innovadoras aún
cuando las condiciones físico-productivas de los predios sean adversas, los
recursos de capital sean limitados y los agricultores no tengan acceso al
crédito oficial, porque estas desgraciadamente son las circunstancias que
caracterizan a más del 90% de los agricultores de América Latina[1].
En virtud de la
contundencia de ese porcentaje de excluidos, el profesional deberá dominar, con
mucha competencia, especialmente la correcta y eficiente aplicación de las
tecnologías de bajo costo y mínima dependencia de insumos externos, de modo que
el más pobre y marginado de los agricultores pueda tener oportunidades de
adoptar tecnologías más productivas, en forma gradual y autofinanciada; asimismo
deberá estar concientizado y capacitado a promover el cooperativismo y otras
formas solidarias y asociativas para solucionar aquellos problemas que muchos
agricultores, debido a su fragilidad y pequeña escala no están en condiciones de
resolverlos en forma individual (Se ruega ver punto 8, item g.). El profesional
deberá tener la creatividad para que sea un eficiente formulador de soluciones ,
además un hábil ejecutor de ellas; que sepa ingeniar soluciones adecuadas y
llevarlas a la práctica en forma crítica y consciente para que no sea un
eficiente aplicador de tecnologías equivocadas; que sepa aplicar soluciones
convencionales para problemas conocidos, pero también formular soluciones nuevas
para problemas desconocidos o emergentes.
7. Que
crea más en la eficacia de las soluciones agronómicas, ingenieriles, zootécnicas
y veterinarias, que en los créditos, subsidios, proteccionismos, decisiones
políticas, leyes, etc., porque éstos están fuera del control del profesional de
ciencias agrarias. Lo anterior le otorgará la autoconfianza anímica y la
autosuficiencia técnica para que pueda asumir como suya la responsabilidad de
solucionar junto con los productores - los problemas del agro, en vez de
omitirse, asumiendo cómodas actitudes exculpatoris e inculpatorias: que se
sienta comprometido y socialmente responsable de corregir las distorsiones
tecnológicas, administrativas y organizativas de la agricultura; y asimismo las
inercias e ineficiencias que suelen ocurrir al interior de las instituciones que
apoyan al desarrollo del sector agropecuario, como por ejemplo las cooperativas,
las estaciones experimentales, los gremios de agricultores y las agencias de
extensión rural[2].
La agricultura es una actividad económica (no sólo productiva) y como tal
necesita de un profesional identificador de oportunidades, solucionador de
problemas y generador de ganancias para quienes contraten su servicio.
8. Con
conocimientos, habilidades, destrezas y aptitudes prácticas que le permitan
ejecutar con eficiencia y perfección las faenas agrícolas y solucionar los
problemas mencionados a continuación, porque son éstos (y no tanto la falta de
créditos y subsidios) los que están impidiendo que la mayoría de los
agricultores tenga rentabilidad y competitividad:
a)
cómo acceder a los factores de producción para obtenerlos a precios o costos más
bajos;
b)
cómo producir eficientemente para aumentar rendimientos, reducir costos y
mejorar la calidad de las cosechas;
c)
cómo diversificar los rubros agrícolas e integrarlos con los pecuarios también
diversificados con el propósito de ocupar la mano de obra familiar y generar
ingresos durante todo el año, de reducir la dependencia del crédito y de evitar
innecesarios riesgos de clima, mercado, plagas y enfermedades;
d)
cómo administrar las fincas para evitar sobredimensionamientos y subutilización
estacional de los recursos en ellas existentes;
e)
cómo conservar y procesar los productos agrícolas para incorporarles valor y
reducir pérdidas post-cosecha y diferir la venta para épocas de menor oferta
cuando los precios se elevan;
f)
cómo comercializar los excedentes con menor intermediación para obtener mejores
precios de venta; y
g)
cómo organizar las comunidades con objetivos empresariales para que los
agricultores constituyan sus propios servicios y a través de mecanismos
solidarios no paternalistas reduzcan los costos de las inversiones y faciliten
la solución de sus problemas comunes (de mecanización, inseminación artificial,
centros de acopio y procesamiento, producción de semillas y plantones,
elaboración de raciones, etc.).
Además de saber
formular y ejecutar lo mencionado en estos siete items es necesario que esté
consciente de que en una economía competitiva ya no es suficiente que los
agricultores adopten cada una de ellas en forma aislada mediocre o esporádica.
Por tal motivo durante su período de formación el futuro profesional deberá
adquirir la consciencia, la disciplina y el hábito de adoptarlas todas, con
máxima eficiencia y siempre buscando alcanzar el doble objetivo de calidad total
y costo mínimo.
9. Que
sin perder su espíritu crítico tenga una mentalidad más abierta, neutral y
pluralista para no caer en prejuicios, maniqueismos y polarizaciones entre:
-
agricultura
campesina y agricultura empresarial
-
agricultura
orgánica y revolución verde
-
tracción animal
y mecanización
-
control
biológico de plagas y control químico
-
tecnologías
autóctonas y tecnologías de punta
-
sector público
y privado
-
tecnologías de
proceso y tecnologías de producto
Que comprenda que
ambas opciones de cada una de estas materias tienen sus debilidades y fortalezas
y que sepa sacar ventajas de los aspectos positivos (más que criticar los
negativos) que todas estas opciones ofrecen; que esté consciente de que la
heterogénea agricultura de cada país necesita de todas estas alternativas
tecnológicas y empresariales, desde los abonos orgánicos, raciones
autoproducidas y tracción animal hasta las plantas transgénicas, transplante de
embriones, labranza cero, riego con pivotes centrales, agricultura de precisión,
etc. Que no ideologice y no politice innecesariamente los problemas de la
agricultura, porque en la mayoría de los casos sus bajísimos rendimientos por
unidad de tierra y de animal demuestran por sí solos que ellos son consecuencia
de errores primarios para cuya corrección se requiere muchísimo más de
tecnologías y capacitación que de concepciones ideológicas y de retóricas
formulaciones políticas; que esté consciente de que la falta de políticas, por
deseables y deseadas que sean, no puede y no debe servir de justificación,
excusa o pretexto para seguir postergando “ad infinitum” la corrección de
muchísimas distorsiones que debido a su elementalidad y bajo costo
reconocidamente no dependen de decisiones políticas. Debe estar consciente de
que la mayoría de los problemas de la mayoría de los agricultores es de
naturaleza tecnológica, gerencial y organizativa; y por lo tanto deberá ser
resuelta más por los profesionales de ciencias agrarias en las fincas y en las
comunidades que por los políticos en las tribunas de los parlamentos.
10. Que,
por sobre todo, sepa producir y administrar el negocio agrícola con eficiencia,
ya que ello es la esencia y la razón de ser del profesional agrario; si no es
técnicamente competente para producir y administrar con eficiencia, de poco
sirve que tenga profundos conocimientos sobre cálculo integral e infinitesimal,
estadística, medio ambiente, ciencias sociales, macroeconomía, etc. Al
contrario de lo que suele afirmarse este requisito de aprender a producir
produciendo con eficiencia es necesario para todos los egresados y no sólo para
aquellos que se dedicarán a administrar fincas o a hacer extensión rural. ¿Cómo
podrá un docente universitario o agrotécnico, un formulador de políticas
agrícolas o un investigador ofrecer una contribución relevante para mejorar la
eficiencia productiva si durante su paso por la facultad no tuvo la oportunidad
de producir con eficiencia y si no vivenció las verdaderas dificultades que los
agricultores enfrentan para hacerlo? Los productores (sean pequeños, medianos
o grandes) necesitan de un profesional que les proporcione las tecnologías y la
capacitación que ellos requieren para ganar dinero haciendo agricultura; y será
virtualmente imposible lograr este objetivo mientras los agricultores no sean
apoyados por pragmáticos planificadores, investigadores, docentes y
extensionistas quienes al haber aprendido a producir y administrar con
eficiencia sepan qué aportes deberán hacer, desde sus distintos ámbitos de
especialización, para eliminar los errores productivos y gerenciales que la gran
mayoría de los productores actualmente cometen.
11. Que
tenga una actitud más positiva y constructiva en el sentido:
a) de
buscar las oportunidades y potencialidades de desarrollo existentes en las
fincas y comunidades[3],
en vez de limitarse a identificar apenas las restricciones y amenazas;
b) de
utilizar en la plenitud de sus potencialidades (en el tiempo y en el espacio)
los recursos endógenos de las fincas antes de adoptar el camino más fácil de
solicitar el aporte de recursos adicionales;
c) de
formular y aplicar soluciones en vez de limitarse cómodamente a diagnosticar los
problemas existentes;
d) de
priorizar los problemas solucionables con las “herramientas” de su profesión en
vez de omitirse enfatizando aquellos que deben ser resueltos por terceros;
e) de
evitar las causas de los problemas antes de corregir sus consecuencias. En el
caso específico del profesional de medicina veterinaria es necesario que esté
aún más conscientizado de que deberá privilegiar las medidas que eviten que los
animales sanos se enfermen (a través de acciones profilácticas y preventivas
porque estas son de menor costo, más fácil aplicación, mayor eficacia por sobre
las medidas curativas. El médico veterinario deberá estar muy advertido de que
al disminuir la morbilidad de los animales, a través de las emancipadoras
medidas preventivas, estará reduciendo no sólo la mortalidad sino que
contribuyendo a que el ganadero tenga rentabilidad y competitividad a través del
camino más pragmático que consiste en reducir los costos de producción y mejorar
la calidad de los productos que ofrece al mercado. Deberá otorgar mayor
prioridad a las medidas preventivas las que con costos mínimos evitan aquellos
problemas que con mayor frecuencia afectan a los animales (y económicamente a
los ganaderos) como son las enfermedades parasitarias, infecciosas,
nutricionales y reproductivas.
12. Que
tenga plena conciencia de que el éxito económico del agricultor depende de que
él sea muy eficiente en todos los eslabones del negocio agrícola. Para que
pueda ofrecer una mejor contribución a dicho éxito es necesario que el egresado
tenga mentalidad y formación empresarial, espíritu emprendedor y posea sólidos
conocimientos no sólo en tecnologías de producción sino también en
administración rural y agronegocios, almacenaje y conservación, procesamiento
industrial y comercialización de insumos y de productos; porque todos estos
aportes son los que el agricultor necesita para seguir el único camino realista
que lo conducirá al éxito económico de su empresa, sea pequeña, mediana o
grande. Este camino realista consiste en reducir al mínimo los costos unitarios
de producción y simultáneamente incrementar al máximo los precios de venta de
los excedentes.
13. Que
además de respetar los conocimientos y de escuchar los problemas que le plantean
los agricultores sepa ver aquellas potencialidades, oportunidades y soluciones
que los productores no consiguen ver; que sea cuestionador y crítico de las
adversas realidades del agro y no un legitimador o perpetuador de ellas; que
sepa diagnosticar los problemas reales en vez de identificar apenas los
problemas aparentes porque muchos agricultores suelen confundir causas con
efectos.
14. Que
ante la evidente reducción del empleo público esté preparado para emplearse en
el exigente sector privado o conquistar su propio espacio de trabajo como
empresario, socio de grupos de agricultores o agente privado de asistencia
técnica cuyo honorario deberá ser pagado con parte de las ganancias adicionales
obtenidas gracias a su eficiente asesoramiento. El profesional deberá demostrar
en los hechos que la relación costo/beneficio de su asistencia técnica es muy
favorable al agricultor; si no logra hacerlo sencillamente ningún productor lo
contratará.
15. Que
priorice el incremento de la generalmente muy baja productividad de los factores
de producción que los agricultores ya poseen antes de pedir que se les
proporcionen dichos factores en mayor cantidad; que priorice los insumos
intelectuales por sobre los insumos materiales de modo que, en lo posible, los
primeros antecedan, reemplacen o potencien a los últimos; que esté preparado
para identificar y corregir las ociosidades, sobredimensionamientos y
desperdicios de recursos que en forma permanente o estacional ocurren en las
distintas etapas del negocio agrícola. Que jamás pierda de vista que el más
decisivo y determinante factor de producción es la mano de obra y que
consecuentemente el incremento de su productividad y su plena ocupación, durante
el año entero, a través de una agricultura diversificada y verticalizada deberán
recibir especial prioridad.
16. Que
tenga como un importante objetivo de su quehacer el profesionalizar a los
agricultores, transformándolos en eficientes (aunque sean pequeños) empresarios
con el propósito de emanciparlos de aquellas dependencias externas que son
reconocidamente evitables o innecesarias y, a través de la formación de grupos
solidarios y asociativos, volverlos más autodependientes, autosuficientes y
autogestionarios. La acción del profesional deberá ser preferentemente
emancipadora de dependencias y no perpetuadora de ellas; siempre que sea
recomendable el profesional deberá proponer: pasturas mejoradas y raciones
autoproducidas antes de raciones industrializadas, medidas preventivas antes de
curativas, rotación con leguminosas inoculadas antes de fertilizantes
nitrogenados sintéticos, diversificación antes de crédito, semillas de variedad
antes de híbridas, etc. Si no es posible emanciparlos será necesario, por lo
menos, disminuir su vulnerabilidad a las externalidades que les son adversas.
17. Que
tenga la humildad para empezar la tecnificación de la agricultura con lo posible
(con los recursos que existen en las fincas y con tecnologías que puedan ser
adoptadas con menor dependencia de recursos externos) como estrategia para hacer
una modernización democrática, gradual y autofinanciada. Esta gradualidad (en
el tiempo y en el espacio cuali y/o cuantitativa) al permitir que los recursos
necesarios para financiar las etapas más avanzadas de tecnificación, sean
autogenerados en las propias fincas es una interesantísima y realista estrategia
para que la crónica insuficiencia de crédito rural no siga constituyéndose en un
motivo real o una simple excusa para justificar el "porqué" los agricultores no
tienen acceso a la tecnificación; (en relación a los puntos 16 y 17, se ruega
ver pie de página N° 1).
18. Que
pierda su timidez, sepa comunicarse en forma escrita y oral con cualquier tipo
de público y que esté muy bien formado para sacar el máximo de provecho de la
oratoria, de las ayudas audiovisuales, de la radio, de la televisión y de los
poderosísimos medios de comunicación; todo lo anterior para que tenga mayor
cobertura y éxito como promotor de iniciativas, agente de cambio y líder
movilizador de las enormes potencialidades que desgraciadamente aún permanecen
latentes en los hombres, mujeres y jóvenes rurales; y consecuentemente en sus
hogares, fincas y comunidades.
19. Que
adquiera el hábito y la disciplina de ejercer el autoestudio permanente como
forma de evitar la rápida obsolescencia del conocimiento y de alcanzar y
mantener la excelencia profesional. En la facultad deberá aprender a estudiar
en forma más eficiente para tener gran rendimiento en la asimilación y
actualización de conocimientos durante toda su vida; que sepa buscar y
seleccionar informaciones (no sólo en Internet y en las revistas científicas
internacionales, sino que también en las estaciones experimentales, en las
fincas de agricultores eficientes, en los mercados, en las agroindustrias, etc.)
y adaptarse a situaciones imprevistas y cambiantes. Con el fin de que el
estudiante pueda ser el protagonista de la construcción y apropiación del
conocimiento, el dominio del inglés y de la computación son imprescindibles.
B.
Medidas que las facultades de ciencias agrarias podrían
adoptar
para formar el profesional propuesto
1 .
Antes de hacer cualquier cambio curricular, las facultades deberían adoptar las
siguientes medidas: a) crear mecanismos expeditos y eficaces para que la
totalidad de los docentes conozcan y vivencien los problemas reales que ocurren
en los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria y en los servicios
públicos y privados que apoyan el desarrollo del sector agropecuario; y b)
consultar a los demandantes externos (empleadores, líderes de los pequeños,
medianos y grandes agricultores, representantes de las cooperativas y
agroindustrias, etc.) y a los egresados, es decir someterse a una evaluación
externa, solicitando a los demandantes su opinión sobre la facultad, sobre los
aportes y servicios que ofrece al sector agropecuario y la calidad de sus
egresados. En función de lo que los docentes diagnostiquen y los demandantes
propongan, definir el perfil profesional, el plan de estudios, los programas de
investigación y los de extensión universitaria.
Las facultades
deberían establecer inmediatas y fluidas relaciones con el mundo del trabajo y
con el sector productivo, industrial y comercial de la agricultura porque no
pueden ignorar los planteamientos de aquellos para quienes están formando sus
egresados. En ciertos casos, este flujo bidireccional - con los agricultores,
con el sector rural, con los mercados, con las instituciones públicas de apoyo
al agro y con el agribusiness - denunciará un evidente desencuentro entre el qué
y el cómo se enseña en las facultades y los problemas concretos que a diario
enfrentan los egresados, los agricultores y las instituciones que los apoyan.
La constatación de la escasa pertinencia y relevancia entre la formación
universitaria y la demanda rural será, en muchos casos tan impactante y
contundente que ningún docente podrá seguir ignorándola y, consecuentemente el
proceso de cambio deberá ser iniciado por todos ellos y de inmediato.
Representantes de
los demandantes externos recién mencionados deberían integrar, con voz y voto,
con derechos y deberes,[4]
los colegiados deliberativos de las facultades, a fin de que exista mayor
congruencia entre la toma de decisiones y las reales necesidades del sector
agropecuario.
2.
Aunque existan otras causas, las facultades deberán reconocer que el desempleo
de profesionales agrarios es una clara señal de que éstos no están respondiendo
adecuadamente a las actuales necesidades y aspiraciones de los empleadores
públicos y privados, de los agricultores de distintos estratos y de la sociedad
en general; otras claras señales de advertencia son la disminución del número de
postulantes a las carreras agrarias y la elevada deserción de estudiantes. Las
facultades no pueden seguir formando el egresado que ellas quieren y están
acostumbradas a formar sino que deben hacerlo según las exigencias reales de los
empleadores y agricultores. La referida señal además de ser considerada como
una amenaza deberá ser encarada como un estímulo (en el mundo moderno las
soluciones dependen más de los profesionales agrarios competentes que de los
políticos elocuentes) para llevar a cabo una amplia y profunda reorientación en
la formación de los profesionales, a la cual deberán adherir en forma activa y
realmente comprometida todos los profesores. Las facultades de ciencias
agrarias tienen el indelegable y urgente desafío de eliminar la siguiente y
gravísima contradicción que actualmente ocurre entre una oferta profesional
inadecuada y una demanda rural insatisfecha:
por un lado el
Estado está gastando sus escasos recursos en la formación de desempleados entre
otras razones porque los egresados no tienen la solvencia técnica para
solucionar los problemas de los agricultores "tal como ellos son y con los
recursos que realmente poseen"; y por otro lado la mayoría de estos mismos
agricultores no consiguen hacer una agricultura rentable y competitiva porque
les faltan exactamente las tecnologías y la capacitación que podrían y deberían
serles proporcionadas por los referidos desempleados.
Las facultades
que no eliminen esta contradicción tendrán crecientes dificultades para
sobrevivir por falta de legitimación de la sociedad, la cual tiene el derecho de
exigir que ellas demuestren que son capaces de producir resultados más concretos
y de solucionar más rápidamente los crónicos problemas de los agricultores y del
sector agropecuario “tal como ellos son”.
3 .
Proporcionar condiciones para que los estudiantes conozcan, convivan e
interactúen con la realidad concreta de las familias rurales, de sus fincas, de
sus comunidades, de los mercados, de las agroindustrias y de los servicios que
apoyan el desarrollo del sector agropecuario. Esta convivencia deberá ocurrir
desde el primer semestre de la carrera porque no es razonable enseñar a los
estudiantes a solucionar los problemas del agro si antes de ello los alumnos ni
siquiera tuvieron la oportunidad de conocer los problemas que pretenden
solucionar. La primera asignatura del plan de estudios debería ser
“Conocimiento Vivencial de la Realidad Rural y del Negocio Agrícola", la que
debería ser enseñada en terreno; lo anterior es con el propósito de que
adquieran un conocimiento panorámico visual y crítico de cómo es y cómo funciona
en la práctica el sector agrícola y rural, en su globalidad; que conozcan el
bosque antes de aprender a solucionar el problema del árbol. Desde el inicio de
la carrera los estudiantes deben conocer vivencialmente los aciertos y errores
que los agricultores y sus empleados cometen en el acceso a los insumos, en el
uso de los recursos productivos, en la aplicación de las tecnologías, en la
administración de los predios, en el almacenaje, procesamiento y conservación de
las cosechas y en la comercialización de los excedentes.
Durante su
período de formación deberán aprender a diagnosticar y corregir los errores
(empezando con los más frecuentes, generalizados, extendidos y elementales que
normalmente requieren de soluciones también elementales y de bajo costo - y
avanzando en forma gradual hacia los más complejos que generalmente exigen
soluciones más sofisticadas y de mayor costo) y a solucionar los problemas
existentes en los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria, inclusive
algunos que ocurren fuera de las fincas y comunidades rurales. La urbanización
demográfica de América Latina deberá ser contrarrestada con la "ruralización" de
la enseñanza de sus facultades de ciencias agrarias. Con tal fin sería
conveniente que gran parte de sus instalaciones fuesen transferidas para la zona
rural y poseyesen allí facilidades de hospedaje y alimentación para eliminar el
motivo o excusa para que los estudiantes no vayan y permanezcan en el campo;
porque es allí donde deberían aprender a diagnosticar problemas, identificar
oportunidades de desarrollo, ingeniar soluciones, desarrollar el espíritu
crítico y la creatividad y valorar la cultura del trabajo. La realidad rural
misma es el mejor sitio para captar y absorber nuevos conceptos, procedimientos
y actitudes y la mejor forma de aprender y retener tecnologías es operando con
ellas. La mejor manera de adquirir sensibilidad y compromiso con la solución de
los problemas de los agricultores y con el mejoramiento de las condiciones de
vida de sus familias y comunidades es conviviendo con ellas.
4. Que
en lo posible, la enseñanza sea hecha directamente en el campo, alrededor de
problemas productivos, gerenciales o comerciales concretos (enseñanza modular,
en sistemas de producción, a través de asignaturas integradoras o por bloques),
en vez de enseñar exclusivamente en el aula, en la computadora y en el
laboratorio, disciplinas en forma aislada[5]
y desconectada de otras asignaturas y de la problemática real de los
agricultores; que los estudiantes formulen soluciones con su propio ingenio y
ejecuten las prácticas con sus propias manos tantas veces como sea necesario
hasta que aprendan a realizarlas con perfección y prolijidad, en vez de
limitarse a escuchar y a observar lo que dicen y hacen los docentes. Las
asignaturas y sus contenidos sólo se justifican en la medida en que contribuyen
a interpretar, cuestionar y transformar los procesos de producción agropecuaria
y la realidad rural; si no lo hacen deberán ser eliminados del plan de estudios
y reemplazados por otros que sean de real pertinencia y relevancia para la
formación y/o el ejercicio profesional.
5.
Exigir que en forma gradual y durante todo su período de formación los
estudiantes tengan la obligación de asumir responsabilidades, tener iniciativas,
tomar decisiones y ejecutar todas las actividades y faenas que normalmente
ejecutan los agricultores en todos los eslabones del negocio agrícola. Estas
prácticas deberán ser llevadas a cabo no sólo en las unidades
didáctico-productivas de la facultad[6]
sino también en las fincas de los pequeños, medianos y grandes agricultores, en
las agroindustrias y en los mercados; la mejor forma de adquirir sensibilidad y
compromiso de transformar las adversidades que enfrentan los agricultores es
conviviendo con sus problemas y dificultades, formulando y aplicando junto con
ellos las soluciones posibles. Durante su período de formación los estudiantes
deberán ser estimulados a formular y ejecutar sus propios miniproyectos
empresariales productivos para exponerse a riesgos y conocer los problemas y
dificultades que entraña el negocio agrícola en todas sus etapas y componentes;
deberán tener oportunidades concretas para: a) aprender diagnosticando problemas
y sus causas, identificando recursos y potencialidades, formulando soluciones,
corrigiendo errores, produciendo, administrando unidades productivas,
industrializando y comercializando excedentes; y b) hacerlo con eficiencia,
prolijidad, perfección y excelencia, para que los estudiantes aprendan a
"hacerlo bien desde la primera vez" y con ello adquieran el hábito, la
disciplina y el gusto de hacerlo bien siempre.
6.
Reforzar la función de extensión universitaria para otorgarle el mismo status e
importancia que se atribuye a la docencia y a la investigación; no sólo para
llevar conocimientos al mundo exterior a la facultad sino especialmente para
traer a su interior las inquietudes, problemas y necesidades de las cúpulas y
especialmente de las bases del sector agropecuario; y a partir de ellos formular
los programas de enseñanza y de investigación que contribuyan a dar efectivas
respuestas a dichas inquietudes, problemas y necesidades. Estimular las salidas
a terreno y todas aquellas actividades que permitan incrementar la vinculación
de la facultad con los productores y los empleadores; valorar para efectos de
carrera y ascensos a los profesores que ejecutan actividades de extensión y
trabajos de campo que contribuyan a solucionar los problemas concretos que
afectan a la mayoría de los agricultores, como forma de motivar que esta
importantísima práctica se generalice entre los docentes. Los criterios para
ascender a grados académicos de mayor jerarquía deberían privilegiar aquellas
actividades que promuevan el acercamiento a la realidad rural y no las que
contribuyen al alejamiento de ella. En el mundo moderno el valor de un
profesional en ciencias agrarias se evalúa no sólo por los conocimientos
teóricos y títulos académicos que posea o por la cantidad de artículos
publicados en revistas científicas internacionales, sino por su sólida capacidad
teórico-práctica de contribuir directa o indirectamente a la solución de los
problemas concretos que a diario enfrentan los distintos estratos de
agricultores y el sector agropecuario en su globalidad.
Los estudiantes
deberán practicar, en el terreno, los métodos de extensión para que sepan
trabajar con los agricultores en la resolución de sus problemas. Las
actividades de extensión deberán formar eficientes agentes privados de
asistencia técnica, porque éste pareciera ser un campo ocupacional muy
promisorio para el futuro; evidentemente que lo será para aquellos egresados que
a través de un excelente asesoramiento técnico-gerencial sean capaces de
incrementar los ingresos de los agricultores individuales o agrupados, para que
éstos puedan destinar parte de ellos al pago de sus merecidos honorarios
profesionales. En las actividades de extensión las facultades deberían
involucrar las escuelas de nivel básico y medio ubicadas en las áreas rurales
con el propósito de capacitar a los maestros que en ellas trabajan y apoyarlas
en la adecuación de sus programas de enseñanza a las reales necesidades de las
familias rurales; cada escuela rural podría actuar como una “universidad
popular” formadora de una nueva generación de mujeres y hombres rurales, quienes
al recibir una adecuada formación valórica y conocimientos útiles para la vida y
el trabajo en el campo, tengan las actitudes y aptitudes necesarias para asumir
como suya la misión de solucionar los problemas que existen en sus hogares,
fincas y comunidades. Dichas escuelas podrían constituirse en muy eficientes y
económicas multiplicadoras y capilarizadoras de las actividades de extensión
realizadas por las facultades.
7. La
función de investigación, no solo para, sino con los productores, es importante
para las facultades, por cuanto a través de ella se pueden generar soluciones a
los problemas de los agricultores, en tanto que los docentes se relacionan y
aprenden de la realidad productiva y los estudiantes se forman en un proceso
creativo, que les permite aprender a diagnosticar y buscar solución a los
problemas reales y en situaciones reales de los productores y de sus
comunidades. Para ello la investigación debe tener como propósito esencial
elevar la capacidad de innovación de los alumnos y de los docentes y desarrollar
su espíritu crítico e investigativo. El tipo, los temas y los proyectos de
investigación que se realicen en la facultad, inclusive las tesis de grado,
deben definirse a partir de las necesidades concretas de los productores, de sus
problemas y desafíos reales. Las clásicas tesis de grado podrían ser
reemplazadas por prácticas de campo, pasantías pre-profesionales supervisadas o
formulación y ejecución de un micro o mini-proyecto empresarial que incluya
todas las etapas del negocio agrícola.
8.
Analizar la conveniencia de agregar a las tres funciones clásicas de la facultad
la función PRODUCCION, debido a su decisiva importancia en la formación y en el
ejercicio profesional de los egresados, ya que la gran mayoría de éstos se
dedicará, directa o indirectamente, a mejorar la eficiencia de la producción
agrícola y ganadera. Una facultad que produce (además de enseñar a producir)
con eficiencia y excelencia tendrá mejores posibilidades de formar profesionales
que independiente de su especialidad o campo ocupacional, sean capaces de hacer
un aporte significativo para mejorar la eficiencia y la excelencia de la
producción agrícola del país. Esta nueva función podría incluir la producción
de bienes y servicios.
9.
Establecer un adecuado equilibrio entre profesores en régimen de tiempo
integral/dedicación exclusiva y docentes en “tiempo parcial” para que estos
últimos traigan al interior de la facultad, inquietudes, enfoques, problemas y
propuestas que ellos mismos vivencian en las instituciones públicas y privadas
en las cuales actúan en la otra parte de su tiempo (investigación, extensión,
agroindustrias, gremios de la agricultura empresarial, oganizaciones campesinas,
agencias de financiamiento, cooperativas, etc.)
10. En
virtud de la extraordinaria influencia que los profesores ejercen el la
formación y ejercicio de los egresados y, por ende, en el desempeño de todas las
instituciones que apoyan el desarrollo del sector agropecuario, las facultades
deberían otorgar máximo rigor en la selección de los futuros docentes para que
tengan un ejemplar antecedente profesional y/o gran potencial latente de
desarrollo, deseo de permanente superación y gran vocación de servicio; porque
si los docentes no poseen estas cualidades personales, de poco servirá
proporcionarles oportunidades de capacitación y ofrecerles adecuadas condiciones
de trabajo. Por una cuestión de coherencia, el perfil de los profesores deberá
ser compatible con el que se está proponiendo para los egresados. Privilegiar
la contratación de profesores que hayan egresado y hecho sus postgrados en otra
y preferentemente otras facultades con el propósito de traer experiencias
culturales diferentes de la facultad en la cual se desempeñarán.
11.
Debido a los profundos y rápidos cambios que están ocurriendo en todas las
tecnologías (químicas, biológicas, agronómicas y mecánicas) y en todos los
sectores del amplio mundo de la agricultura, se debe estimular a todos los
docentes a que analicen objetiva y críticamente los contenidos de sus
asignaturas para evaluar si ellos siguen vigentes; y si realmente están acordes
a los requerimientos de la agricultura moderna, la que requiere cambios de fondo
para que pueda ser hecha con equidad, sostenibilidad, rentabilidad y
competitividad; lo anterior deberá extenderse inclusive a aquellas disciplinas
aparentemente alejadas de la vida cotidiana de los agricultores, como por
ejemplo las ciencias básicas; éstas deberán ser adaptadas en sus contenidos para
que tengan un carácter más instrumental de enseñar la matemática para solucionar
problemas agrícolas, la física para resolver problemas agrícolas, la química
para solucionar problemas agrícolas, etc. En lo posible, los profesores de todas
las asignaturas (inclusive de las ciencias básicas y sociales) deberían ser
profesionales de ciencias agrarias o haber tenido una larga experiencia
vivencial de la problemática de la agricultura y del sector rural; porque de lo
contrario los docentes no estarán en condiciones de incluir en los contenidos de
sus asignaturas, lo que es esencial para el ejercicio profesional de los
egresados y eliminar lo que es secundario.
La adecuación del
contenido de cada asignatura no deberá ser hecha exclusivamente por el
respectivo docente sino que por un colegiado de profesores, egresados y
demandantes externos, porque de no hacerlo, los cambios difícilmente tendrán la
amplitud y profundidad necesarias; este mismo procedimiento colegiado y con
integrantes externos se propone para la aprobación de los temas que serán objeto
de investigación de modo que ellos contribuyan a solucionar en forma efectiva
los problemas concretos de la agricultura real - muy especialmente de aquella
inmensa mayoría de productores que se desempeña dentro de la escasez de recursos
y de la adversidad productiva - y no a responder a inquietudes personales de los
investigadores.
12.
Tener en cuenta que la introducción de nuevos contenidos y la dedicación de
mayor tiempo a prácticas de terreno, deberán ser compensadas con la disminución
de las clases magistrales y con una significativa supresión de contenidos y
actividades, con lo que los estudiantes no dispondrán de tiempo para practicar
el autoestudio, (con el fin de que ellos mismos construyan gran parte de su
formación en forma más activa y autónoma), cuestionar, problematizar,
reflexionar, investigar, producir, hacer pasantías, iniciarse en el negocio
agrícola, etc. En virtud de que son muchos los nuevos contenidos y actividades
que será necesario incluir, los contenidos antiguos que tienen baja probabilidad
de ser utilizados, durante y después de la formación, deberán ser sumariamente
eliminados, con el fin de liberar tiempo, espacio y recursos para la formación
pragmática y realista que exigen los tiempos modernos.
13. Es
evidente que para aprender más y mejor es necesario enseñar y estudiar más y
mejor, lo que es difícil hacerlo si los contenidos son descontextualizados, las
clases son teóricas, los métodos de enseñanza son inadecuados y el calendario
escolar tiene apenas ocho meses entrecortados por feriados y huelgas ya sean de
profesores, funcionarios o estudiantes. La revalorización de la cultura del
trabajo debería empezar en las propias facultades como una eficaz estrategia
para enseñar con el ejemplo. Una mayor carga horaria, sin huelgas y con menos
vacaciones contribuiría inclusive a acortar el largo de las carreras y ahorraría
recursos, los que deberían ser destinados a mejorar la calidad de la enseñanza,
haciéndola preferentemente allá donde los agricultores enfrentan sus problemas.
Tres importantes precauciones
1) Es
necesario tener el cuidado para no hacer cambios superficiales porque ellos
apenas ayudan a “seguir haciendo más de lo mismo”, como por ejemplo:
a) con
la buena intención de “humanizar” la formación de los profesionales agrarios
incluir asignaturas de ciencias sociales si éstas por teóricas, abstractas o
irrelevantes sólo contribuyen a ideologizar y politizar los problemas del sector
agropecuario y a desviar la atención de los estudiantes de la esencia de la
profesión que es impulsar una eficiente y sostenible producción agropecuaria;
b)
llevar a los estudiantes al campo pero seguir con clases discursivas, sin exigir
que los alumnos formulen soluciones con su propio ingenio y ejecuten las
prácticas con sus propias manos;
c)
incluir una asignatura sobre Conocimiento de la Realidad Rural y del Negocio
Agrícola pero entregarla a un docente que al no haber vivenciado suficientemente
los problemas en el campo y en toda la cadena agroalimentaria les enseña, en el
aula, conocimientos teóricos que de poco contribuyen a darles una visión
panorámica de los problemas concretos y cotidianos que enfrentarán durante su
formación y en su ejercicio profesional;
d)
incorporar la asignatura de administración rural pero enseñarla exclusivamente
en el aula a través de tediosos ejercicios de contabilidad agrícola o de
simulación en las computadoras; es urgente otorgar mayor realismo, pertinencia,
objetividad y pragmatismo en el qué y el cómo se enseña en las facultades.
e)
incluir contenidos sobre los otros eslabones del negocio agrícola
(procesamiento, almacenaje, comercializción, etc.) pero enseñarlos en forma
descontextualizada y con los mismos vicios y distorsiones con los cuales
actualmente se suele enseñar la etapa de producción propiamente tal; y
f)
elaborar exhaustivas y bien intencionadas propuestas de cambios, aprobarlas en
ceremonias solemnes, incorporarlas al plan de estudios pero sencillamente no
llevarlas a la práctica. La educación agrícola requiere de una profunda y
urgente reingeniería no sólo en las intenciones y en los contenidos sino que
además en la administración de las facultades, en los métodos pedagógicos
(incluyendo educación no formal, continua y a distancia), en el uso racional de
los recursos de las casas de estudios y especialmente en los valores,
procedimientos y actitudes cotidianas de todos los estamentos universitarios.
Cambios epidérmicos producirán pocas soluciones y muchas frustraciones a quienes
financian las facultades y a quienes en la condición de usuarios tienen el
legítimo derecho de exigir un profesional acorde a sus necesidades. Su nueva
formación deberá ir mucho más allá de cambios en el organigrama, inclusión de
temas emergentes o adquisición de sofisticados equipos de laboratorio o
computación, los que suelen absorber gran parte de los recursos que después
harán falta para llevar los estudiantes al campo.
2)
Ante los rápidos y permanentes cambios que ocurren en la agricultura y en los
mercados, el profesional deberá tener sólidos conocimientos de las ciencias
biológicas, químicas, físicas, matemáticas, económicas y sociales porque éstas
les proporcionarán los instrumentos conceptuales, fundamentos, principios y
criterios que ellos necesitarán para formular soluciones casuísticas,
especialmente cuando tengan que ofrecer respuestas y soluciones a realidades
cambiantes e imprevistas. Esto sin embargo no significa que el curriculum
deberá estar atiborrado de contenidos teóricos, abstractos, descontextualizados
y disfuncionales de matemáticas, química, física, biología, economía y ciencias
sociales. Sus contenidos deberán ser criteriosamente definidos en forma
colegiada con la participación de personas que tengan la experiencia de campo
que les otorgue la idoneidad para seleccionar exclusivamente los principios y
conceptos básicos que sean realmente indispensables y relevantes para:
a) la
fundamentación y comprensión de las asignaturas “profesionalizantes”; y
b) el
ejercicio profesional de la mayoría de los egresados (no de una minoría que
talvez pueda necesitar de ellos algunas pocas veces durante su trayectoria
profesional)
3)
Algunos de los nuevos contenidos y procedimientos que se está proponiendo
incluir en el plan de estudios no necesariamente deberán ser objeto de
asignaturas adicionales ya que podrán ser incorporadas en forma ramificada o
transversal en las asignaturas ya existentes. Lo importante es que estos nuevos
contenidos tengan un carácter más utilitario en la solución de los problemas
cotidianos de los agricultores; que sean enseñados en forma tal que los
estudiantes entiendan para qué los están estudiando y gracias a ello estén
motivados e interesados en adquirir estos conocimientos instrumentales; y que
pongan mucho más énfasis en la aplicabilidad de lo que el estudiante aprendió
que en la sofisticación de lo que el profesor le enseñó.
Reflexión final
“Las
universidades del mundo no pueden olvidar que mientras ellas tienen disciplinas
en su interior, la sociedad fuera de ellas lo que tiene son problemas, y a la
función de la universidad es poner esas multidisciplinas al servicio de la
solución de los problemas del mundo”. Alfonso Borrero, sacerdote jesuita
colombiano.
Observación
Documentos sobre
educación agrícola superior que amplían y profundizan esta propuesta podrán ser
solicitados al autor, dirigiéndose al autor: Teléfono (55-41) 2432366 Curitiba
Paraná Brasil. Correo electrónico:
PolanLacki@terra.com.br
Página Web de
Polan Lacki : http://www.polanlacki.com.br.
profesio.doc
feb.1997