Artículo 008:
Si
la educación rural hiciese "los deberes de casa"....los problemas de
la agricultura estarían solucionados.
Polan Lacki (1)
En el mundo
globalizado existe un macro factor que, al final de cuentas, determina el éxito
o el fracaso de los productores rurales; todos los demás factores, reales o
imaginarios, son menos importantes. Este macro factor se llama eficiencia,
dentro y fuera de las tranqueras de los predios. Para confirmarlo, basta
observar que los agricultores que ya son eficientes, tienen rentabilidad, son
competitivos y sencillamente no necesitan de ayudas paternalistas. Los que
tienen más problemas, son más dependientes y vulnerables, coincidentemente, son
los más ineficientes. En América Latina, los gobiernos no tienen y tampoco
tendrán en un futuro previsible, condiciones de compensar las ineficiencias de
esos agricultores a través de subsidios y otras ayudas paternalistas. Insistir
en la generalización y perennización de esas compensaciones significaría perder
tiempo, pues tal posibilidad es nula. En vez de subsidiar a los ineficientes,
deberemos educarlos para que ellos mismos se transformen de ineficientes y
dependientes en eficientes y emancipados. Sin embargo, solo tendremos éxito en
este propósito emancipador si abandonamos los eufemismos y enfrentamos, con
determinación y coraje, la "causa de las causas" que está originando las
ineficiencias de estos agricultores. Esta causa está dentro del sistema de
educación rural, es decir, en las escuelas fundamentales rurales (del primero al
octavo o noveno año), en las escuelas agrotécnicas, en las facultades de
ciencias agrarias y en los servicios de extensión rural.
Una verdad que debe ser dicha sin "dorar la píldora"
La principal razón
por la cual esos agricultores están fracasando económicamente es que ellos no
saben producir, administrar ni comercializar con eficiencia; no por culpa de
ellos, evidentemente. No saben hacerlo porque, con honrosas excepciones, el
mencionado sistema de educación rural no proporcionó y sigue no proporcionando a
los agricultores los conocimientos adecuados a las necesidades del mundo
contemporáneo, el cual, al ser altamente competitivo, exige que los productores
rurales sean muy eficientes. Entonces, seamos objetivos: si las principales
causas de los problemas de esos agricultores están en las ineficiencias del
sistema de educación rural, es allí que deberán ser adoptadas las medidas
correctivas para eliminarlas. Consecuentemente, el referido sistema debe asumir,
como suya, la tarea de corregir sus debilidades e imperfecciones. Deberá hacerlo
"desde abajo hacia arriba y desde adentro hacia afuera", sin esperar por macro
decisiones políticas y recursos adicionales; porque algunas de esas siempre
deseadas "ayudas externas" no son factibles de ser proporcionadas por los
gobiernos y otras sencillamente son prescindibles.
Propuesta
estratégica: Reemplazar las dispersas, efímeras y excluyentes ayudas
paternalismo-dependientes por una estrategia educativo-emancipadora de
dependencias. Es decir, ofrecer a los habitantes rurales una educación, formal y
no formal, cuyos contenidos los educandos puedan aplicar en la corrección de sus
propias ineficiencias y en la solución de sus problemas, con menor ayuda
gubernamental, pues esta es decreciente y para la gran mayoría de los
agricultores, sencillamente es inexistente.
Propuesta
ejecutiva: Para llevar a la práctica esta estrategia educativo-emancipadora será
necesario adoptar las siguientes medidas:
1. Exigir que las
escuelas agrotécnicas y facultades de ciencias agrarias formen extensionistas
que tengan real capacidad teórico-práctica de corregir las ineficiencias de los
productores rurales, pues ellas son las principales causas de sus
fracasos económicos. Esas escuelas no pueden seguir ignorando que, mientras se
quejan de la insuficiencia de recursos presupuestarios, están desperdiciando en
gran parte los que ya poseen, porque están formando egresados para el desempleo.
Tampoco pueden ignorar que, en gran medida, el desempleo de extensionistas
existe porque sus egresados no responden a las necesidades de los empleadores y
de los agricultores. Esto significa que la principal causa de ese desempleo no
necesariamente es la demanda insuficiente del mercado laboral, sino la oferta
inadecuada de las escuelas agrotécnicas y facultades de ciencias agrarias. En
verdad, la agricultura del mundo contemporáneo está "pidiendo a gritos" una
enorme cantidad de extensionistas "correctores de las ineficiencias y
solucionadores de los problemas" existentes en el campo; sin embargo, la oferta
educativa no está siendo capaz de satisfacer tal demanda. Esto ocurre, en primer
lugar, porque las "recetas" que esas escuelas están enseñando no son compatibles
con los "ingredientes" que la mayoría de los agricultores posee; en segundo
lugar, porque la educación que los educandos están recibiendo es excesivamente
teórica, con mínimas oportunidades para que los alumnos desarrollen la
creatividad y las habilidades prácticas. Esas escuelas en vez de aburrir a los
alumnos con excesivos e irrelevantes contenidos teóricos en las aulas, deben
enseñarles a producir, administrar y comercializar con eficiencia, produciendo,
administrando y comercializando con eficiencia. Y deben ejecutar este "enseñar y
aprender haciendo" preferentemente allá donde ocurren los problemas, es decir,
en las fincas, en las comunidades, en las agroindustrias y en los mercados
rurales. Esas habilidades prácticas deben adquirirlas mientras están en las
escuelas y no, como ocurre con demasiada frecuencia, varios años después de
egresados, a cuesta de los errores que cometen con los agricultores.
2. Exigir que las
escuelas fundamentales rurales "agriculturalicen" y "ruralicen" sus contenidos
educativos; que proporcionen a sus alumnos una educación que desarrolle sus
potencialidades latentes y que eleve su ego/autoestima/auto confianza/deseo de
superación. Una educación que los energice y "les dé poder" para que adquieran
la voluntad y la capacidad de corregir, ellos mismos, los errores que los
habitantes rurales cometen en sus hogares, en sus fincas y en las comunidades
rurales. Al egresar de las referidas escuelas fundamentales, los jóvenes rurales
deberán: I)-estar conscientes de que ellos mismos pueden y deben asumir una
mayor participación/parcela de responsabilidad/compromiso en la corrección de
las ineficiencias y en la solución de los problemas que ocurren en el medio
rural; II)-poseer la motivación y las competencias ( conocimientos, habilidades
y actitudes ) que les permitan asumir, con eficiencia, este nuevo y fascinante
desafió del autodesarrollo; y III)- estar aptos a buscar, seleccionar y adquirir
nuevos conocimientos para mantenerse siempre actualizados.
3. Exigir servicios
de asistencia técnica y/o de extensión rural-SATER-que: En primer lugar cuenten
con los extensionistas cuyo perfil fue descrito en el punto 1; con aptitudes y
actitudes más pragmáticas y proactivas que les permitan: I)-diagnosticar las
causas de los problemas de los agricultores, priorizando aquellas que puedan ser
eliminadas por ellos mismos; II)- identificar las potencialidades y
oportunidades existentes en las fincas; III)- identificar y corregir las
ineficiencias "corregibles" por los productores rurales y solucionar los
problemas que son solucionables por los propios agricultores. Extensionistas que
identifican causas que no pueden ser eliminadas por los productores rurales, que
solicitan recursos externos antes de utilizar racionalmente aquellos que los
agricultores ya poseen, agentes de cambio que en vez de solucionar, ellos
mismos, los problemas reivindican que otros lo hagan, son extensionistas
improductivos y, por este motivo, serios candidatos al desempleo. En segundo
lugar, que esos agentes de extensión dispongan de medios (vehículos,
combustibles, viáticos, etc.) para que puedan permanecer en las comunidades
rurales. En ciertos casos será necesario que los ejecutivos de los SATER adopten
la medida drástica de reducir sus estructuras burocrático-operativas; y con los
recursos ahorrados ofrezcan a los extensionistas los referidos medios. Será
mucho más productivo mantener 50 extensionistas bien remunerados y capacitados
educando en el campo, que mantener 100 agentes mal remunerados, no capacitados y
desmotivados, burocratizando en las oficinas, tal como, desafortunadamente, está
ocurriendo hace más de 25 años en la mayoría de los SATER estatales de América
Latina. Sin embargo, para que esas adaptaciones puedan ser ejecutadas, será
necesario "desestatizar" los actuales SATER y delegar su administración a
instituciones privadas sin fines de lucro, como por ejemplo las cooperativas y
otras entidades gremiales, no politizadas, que genuinamente representen los
intereses económicos de los agricultores; porque la rigidez burocrática de los
servicios estatales y las nefastas interferencias político-partidistas,
sencillamente, impiden la adopción de esas medidas saneadoras y
"eficientizadoras" en los servicios estatales de extensión rural.
Afortunadamente,
muchas de esas medidas correctivas pueden ser adoptadas por los propios
profesores y extensionistas, en muchos casos sin necesidad de recursos
adicionales ni de macro decisiones políticas. Los documentos incluidos en la
Página web http://www.polanlacki.com.br describen y demuestran el "qué" y el
"cómo" los propios educadores ( profesores, extensionistas y directores de sus
respectivas instituciones ) pueden hacer para volverse, ellos mismos, más
eficientes; y cómo, a través de la sumatoria de las eficiencias individuales,
pueden mejorar la eficiencia de sus respectivas instituciones.
Si el sistema de
educación rural adopta apenas esas medidas "eficientizadoras" y emancipadoras,
de sus educadores y de sus respectivas instituciones, los principales problemas
de la mayoría de los productores rurales estarán resueltos; y, lo que es más
importante, serán solucionados por las propias familias rurales; sin
paternalismo, sin dependencias y sin humillaciones. Sin embargo, si esas medidas
no son adoptadas- no tengamos ninguna duda- todo el discurso del desarrollo
rural con equidad, de los derechos humanos, de la justicia social y de la
inclusión de los excluidos, seguirá siendo una ingenua manifestación de buenas
intenciones o, lo que es mucho peor, una vergonzosa y deplorable burla del
sufrimiento de los pobres rurales, pues el paternalismo estatal demostró y sigue
demostrando que no tiene condiciones de hacerlo.
(1) E-Mail
Polan.Lacki@uol.com.br