Montevideo,
octubre de 2003.
Ficha Nº 7
Cierto
tipo de actividades son altamente exigentes en la vida de los seres humanos. Una
de ellas, es la actividad laboral que una persona desempeña a lo largo de su
vida. El sufrimiento laboral está contemplado en el ordenamiento jurídico
internacional, en el que los riesgos profesionales, se presentan
fundamentalmente de dos formas; los accidentes de trabajo y las enfermedades
profesionales.
Esto
implica una conexión lineal monocausal, existiendo una enfermedad profesional,
cuando sea detectable un agente causal.
En algunos casos,
la actividad laboral de un individuo se acompaña de un ambiente laboral no
saludable, el cual puede propiciar las condiciones, para que actúe el agente
anteriormente mencionado.
En un estudio
realizado en 1976, sobre las condiciones de vida y de trabajo del personal de
enfermería en medicina humana, la O.I.T afirmaba "Resulta
paradójico constatar que estos trabajadores, que como exige la propia naturaleza
de su trabajo, contribuyen a proteger la vida y la salud de los demás, todavía
no hallan conseguido, en muchos casos, resolver convenientemente los problemas
propios".
Estos problemas
que se informan para los trabajadores de la salud humana, se constatan en
hospitales y clínicas veterinarias de todo el mundo, siendo un factor común a
ambas ramas de la salud, humana y veterinaria, el desconocimiento de los riesgos
a los cuales sus profesionales están expuestos casi permanentemente.
Con similares
características, es también usual, el desconocimiento de la legislación y las
normativas, de carácter laboral y de bio-seguridad vigentes.
El quirófano, en
algunas de nuestras clínicas privadas e instituciones públicas, frecuentemente
es el lugar olvidado, el lugar donde se coloca lo que no se usa, lo que necesita
ser guardado en depósito, etc.
No obstante, nos
consta que tanto a nivel particular como en algunas instituciones, un número
cada vez mayor de colegas, intentan practicar sus especialidades quirúrgicas, en
condiciones acordes al desarrollo obtenido en las últimas décadas por la cirugía y la anestesiología.
Trabajando de
esta manera, se obtiene por un lado, brindar el respeto que merecen y exigen
nuestros pacientes / clientes / usuarios, y por el otro, alcanzar una mayor
formación a nivel profesional, la excelencia en nuestro desempeño, integrar el
concepto de seguridad hospitalaria a ese desempeño, y maximizar en un sentido
integral la incorporación de tecnologías y su aprovechamiento indirecto, con un
encare que hasta hace algún tiempo era impensable para medicina veterinaria en
nuestro medio.
Disponer de estas
tecnologías para la práctica en la medicina veterinaria, nos obliga a conocer y
respetar las normas de trabajo, que prevengan y eviten riesgos sanitarios para
nosotros, para nuestros pacientes y para el ambiente.
Los riesgos en el
área anestésico-quirúrgica son múltiples. Los mismos abarcan desde la
esterilización de materiales, hasta la eliminación de gases anestésicos, e
incluso explosiones en el quirófano. Está fuera del alcance de esta cartilla el
poder enumerar y profundizar en cada uno de ellos, por lo que solamente se
desarrollaran algunos.
Formaldehído
Numerosas
substancias que se utilizan o pueden encontrarse en los hospitales tienen
efectos mutágenos o cancerígenos. Especial atención merecen el formol y el óxido
de etileno, utilizados para la desinfección y esterilización.
El formaldehído
es un gas incoloro con olor fuerte y picante. Es inflamable y puede formar
mezclas explosivas con el aire y el oxígeno, siendo extremadamente soluble en
agua. Es un producto químico ampliamente utilizado en la industria, así como un
poderoso desinfectante, germicida , fungicida y preservador.
El personal con
más riesgo de exposición es el que trabaja en las salas de necropsias, anatomía,
histología, diálisis, esterilización, desinfección, laboratorio, odontología y
farmacia.
Aunque la
contaminación con formaldehído puede ser por vía dérmica y/o por ingestión, la
vía principal es por inhalación. Exposiciones prolongadas a bajas
concentraciones pueden producir irritaciones en los ojos, inflamación de los
párpados y erupciones de tipo alérgicas. Su elevada solubilidad en agua hace
que la mayor parte del formaldehído inhalado permanezca retenido en las vías
respiratorias superiores, por lo que ejerce una acción local muy pronunciada. La
exposición crónica ocasiona rinitis, faringitis y laringitis crónica,
alteraciones de la actividad mucociliar, hipertrofia de la mucosa y pérdida de
la sensibilidad olfativa. Causa así mismo eczema alérgico y también se han
descrito trastornos neuropsiquiátricos, como somnolencia, molestias durante el
sueño, debilidad, pérdida de memoria y de concentración. Los estudios sobre un
posible poder teratógeno y embriotóxico son escasos y contradictorios. El
formaldehído puede ser cancerígeno para el hombre, aunque no exista una
evidencia clara por las limitaciones de diseño y metodología de los estudios
realizados hasta ahora. En la mujer se ha advertido una mayor frecuencia de
anomalías menstruales, así como partos prematuros y menor peso del recién
nacido.
Gases
anestésicos
Durante los
últimos años se ha documentado una nueva patología derivada de una exposición
crónica a los agentes inhalatorios. El problema básico de toda esta patología
gira en torno a la posible acción tóxica de los agentes inhalatorios o de sus
metabolitos. A los mismos se le han atribuido: abortos, malformaciones
congénitas, cáncer, enfermedades hepáticas y renales, alteraciones psíquicas,
alteraciones en la espermatogénesis y división celular en general.
Con el fin de
disminuir o evitar la contaminación atmosférica en los quirófanos y salas de
postoperatorio, en la mayoría de los países desarrollados se han establecido
métodos de control de las concentraciones de gases y vapores anestésicos.
La presencia de
concentraciones elevadas de gases o vapores anestésicos en el aire de estos
lugares es habitual, sobre todo en aquellos casos en los cuales no se emplean
medidas para que ello no ocurra.
Las personas
expuestas a esta contaminación no solo son los anestesistas, sino también los
demás individuos que concurren al quirófano como cirujanos, ayudantes y
auxiliares.
Los anestésicos
interfieren la división celular por mecanismos que no están bien aclarados, pero
se sabe que el halotano prolonga la fase G1 y G2 de la división celular. Otros
inhiben la síntesis de ácidos nucleicos, fase S, interfiriendo la mitosis en
profase y anafase. Ciertos agentes anestésicos de inhalación tienen estructuras
químicas parecidas a las de algunos cancerígenos conocidos. Por otra parte la
degradación metabólica de los mismos da lugar a compuestos en los que cabe
sospechar actividad cancinógena. Estos efectos pueden verse conjuntamente o
potenciados con otros factores como son: el estrés y la ansiedad, quienes
aumentan los niveles de glucocorticoides y disminuyen el sistema inmunitario
favoreciendo las neoplasias.
Los estudios
toxicológicos en animales constatan el enlentecimiento de los procesos de
desarrollo, crecimiento y aprendizaje a concentraciones anestésicas equivalentes
a las existentes como residuales en los quirófanos. Se han descrito cuadros de
irritación en vías respiratorias, laringitis y asma tras la exposición de
halotano y enfluorane.
En personal
expuesto durante largo tiempo a óxido nitroso se han descrito neuropatías,
debido a la capacidad de este gas para oxidar la vitamina B12 e impedir la
síntesis de metionina, folato y tiamina por la inhibición de la enzima metionina-sintetasa.
En el Reino Unido se acepta que la exposición crónica de mujeres embarazadas a
anestésicos inhalatorios corren riesgo de aborto.
Estos son solo
algunos ejemplos de los riesgos a los que estamos expuestos los miembros del
personal de las áreas anestésico-quirúrgicas de los hospitales y clínicas
veterinarias.
Existen otros
tantos, el desarrollo de alergias a diferentes antisépticos tales como el yodo,
o a cosas tan impensadas como al látex de los guantes quirúrgicos, incendios de
origen eléctrico con el uso de bisturí eléctrico, cáncer por la exposición al
óxido de etileno en zonas de esterilización, infecciones nosocomiales, zoonosis,
etc.
Si fuera de
interés para los lectores y de nuestro amable editor, el abordaje de los riesgos
mencionados y su prevención, serán desarrollados en futuras cartillas.
Bibliografía
recomendada:
1) OIT/
Ministerio de trabajo y Seguridad Social. " Enciclopedia de Salud y Seguridad en
el trabajo". Vol. 2. 1989. Pág. 1007- 1009.
2) Instituto
Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. "Evaluación y control de
contaminantes químicos en hospitales". 1989. Pág. 9- 69.
3) OPS/ OMS. "
Formaldehído, efectos sobre la salud y el ambiente".1992.
Pág 62- 65.
4) Hoerauf K. et al.
Anaesthesia. 1997 Mar;52(3):215-9.