Centroamérica tiene una
tradición universitaria secular, universidades como la Universidad de San
Carlos de Guatemala (1671), la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua de
León en Nicaragua (1812), o la Universidad de El Salvador (1841) portan los
orgullosos estandartes de mas de una centuria dedicados a la formación
superior de profesionales, estableciendo una tradición universitaria del mas
alto rango a nivel internacional.
No obstante, la
formación superior agropecuaria es historia reciente, registrándose como una
de las mas antiguas, la Universidad Nacional Agraria, de Nicaragua, que data
de 1929, en Guatemala, que data de 1950, y Costa Rica, la Universidad de
Heredia desde 1973, hasta este ultimo quinquenio en el que hemos asistido a
una multiplicación de ofertas académicas dado el nacimiento de decenas y
decenas de Escuelas y Facultades de Enseñanza Agraria. Si bien existen hoy
centros de excelencia académica como podríamos citar los ejemplos de las
Universidades de El Zamorano en Honduras, y EARTH en Costa Rica, sin
desmerecer a otros centros académicos, la problemática actual pasa por otros
retos y desafíos que los gobiernos y las Instituciones Universitarias públicas
y privadas deberán resolver a la brevedad y en carácter de urgencia.
Proliferación
de la oferta educativa
Asistimos hoy a un fenómeno de
expansión inusitado, tanto en los centros de enseñanza públicos como privados
de ofertas académicas en ciencias agrarias, carreras tradicionales como
ingeniería agronómica y medicina veterinaria, se suman a licenciaturas,
tecnicaturas y cursos de postgrado diversos.
Vemos hoy como se forman
en diferentes lados doctores en veterinaria, licenciados en veterinaria,
técnicos superiores veterinarios, ingenieros veterinarios, por ejemplificar
solo con una de las carreras agrarias. La misma, en algunos lados se encuentra
clasificada dentro de ciencias agrarias, en otros en ciencias de la salud, y
hasta en ciencias ambientales. Este universo cosmopolita, si bien brinda la
oportunidad de la multiplicación del acceso a la educación superior agraria,
adolece de un espectro de anarquía programática y de planificación, ofertando
experiencias, que mas que contribuir con el beneficio de la diversidad y la
competencia vía la excelencia, nos sume en el marasmo de la pobreza académica
y la infecundidad, al extrapolar planes de otros sistemas productivos a
realidades totalmente diferentes. Esto tergiversa la posibilidad de formar
profesionales que aporten al desarrollo de la región, tornándolo una empresa
imposible de lograr, de las que salen damnificados los estudiantes que
apostaron por su formación profesional, las familias que aspiraron a mejorar
la condición laboral y académica de sus hijos, y los pueblos que siguen
careciendo de profesionales que transformen los sistemas agropecuarios en
realidades sostenibles y de desarrollo real. La proliferación de la oferta
educativa, no ha sido sujeto de una planificación regional o estatal, por lo
que carece de sentido político, divorciando los planes de estudio propuestos
de las políticas de desarrollo de los diversos países miembros de la región.
Necesidad de unificación de
criterios
La formación de profesionales
agropecuarios, necesita de la coordinación efectiva de aquellos que nos
encontramos al frente de los centros de estudio, tanto en los aspectos de
planificación curricular y académica, como en la discusión de los programas y
planes de estudio de modo de unificar criterios, los que no pueden estar
divorciados de las políticas desarrolladas en materia de producción
agropecuaria tanto por los gobiernos, como los acuerdos regionales. Si bien
hay intentos aislados y continentales, como lo es la Federación Panamericana
de Facultades y Escuelas de Medicina Veterinaria, y la Asociación
Latinoamericana de Escuelas Agrícolas Superiores, fomentada esta última por el
IICA, no todos participan de las mismas. De hecho, en la ultima reunión
desarrollada en Noviembre de 2002 por la Federación, estaban presentes México,
todos los países de América del Sur con excepción de Uruguay, y de
Universidades de Centroamérica y el Caribe solo dijeron presente Cuba,
Nicaragua y República Dominicana.
Errores en el diseño de
pensum académicos
Uno de los errores mas comunes
incurridos en este aspecto, es la extrapolación de planes de estudio de
centros de países desarrollados a nuestra realidad, mezclándolos
voluptuosamente con los cánones educativos desarrollados en la región, cuyo
fruto es la formación de un profesional que difícilmente se adapte al medio en
que vive y aporte al desarrollo del mismo.
La falta de observación o
contemplación de la realidad nacional y regional en el diseño de los pensum
académicos y sus programas, lleva al aislamiento del centro educativo de su
entorno, inhabilitándolo para ser considerado en un programa de desarrollo.
Los desafíos de la
globalización
La globalización debe ser
atentamente observada, no solo como fenómeno cultural y económico, sino como
indicador de elementos esenciales en la formación académica y curricular.
Las nuevas tecnologías
de la información y la comunicación, no solo han disponibilizado abundante y
proficua información al servicio de la educación, sino que también han
universalizado los estándares de calidad de los diversos commodities
producidos, así como han aumentado las exigencias de los consumidores en la
demanda de los productos terminados.
Producir alimentos, hoy
en día, no es solo plantar y cosechar, exige determinados estándares de
producción, en calidad, manejo postcosecha, conservación, empaque,
presentación y mantenimiento.
Debemos pues, formar para un
mundo moderno, que se ha tecnificado, que mira la sostenibilidad, que apunta a
la trazabilidad de los productos alimenticios, que exige calidad y que lenta e
inexorablemente van aumentando las exigencias de productos orgánicos sin
contaminantes de ningún tipo y producciones que no alteren nuestro castigado
medio ambiente.
A su vez, el comercio
internacional se esta configurando en una lucha sin cuartel entre bloques de
mercado, el Mercado Común Europeo, el NAFTA, el MERCOSUR, y los “tigres
asiáticos”; por lo tanto, es hora que Centroamérica actúe como bloque, y para
ello, no basta con unificar políticas regionales, sino también orientar o
pautar las políticas educativas que nos formarán los profesionales que serán
actores y artífices del necesario y tan esperado cambio.
El ALCA y los TLC,
determinan políticas o alternativas de comercio, las que dependen de sistemas
de producción, por lo tanto, los objetivos planteados deben estar en la mira
de los pensum académicos, en caso contrario, carecemos de capacidad de
respuesta frente a los cambios estipulados.
El problema del
descreimiento
Las agremiaciones de
productores, los organismos que
nuclean a los mismos, han dejado de creer en
los profesionales agropecuarios, fruto del aislamiento de los centros
educativos, así como los magros resultados obtenidos mediante la asistencia técnica.
El trabajo constante con los productores, refuerza la formación del
estudiante, a la vez que sella un compromiso entre productores y estudiantes
unificando criterios hacia objetivos comunes, asegurando a su vez la ubicación
laboral del futuro profesional, conocedor de la realidad y de sus problemas.
Universidad, Estado y
Empresa Privada
El Estado, debido a las
diferentes políticas determinadas en los últimos años, se ha ido reduciendo,
perdiendo la capacidad de establecer servicios de asistencia técnica o
investigación para pasar a ser un ente normador y fijador de políticas.
La empresa privada, por
otra parte, necesita de la investigación para el desarrollo de nuevos
productos, abaratamiento de costos, reingeniería de procesos productivos,
estandarización de niveles de calidad.
Es la Universidad quien
debe actuar como eje entre ambas entidades, desarrollando la investigación
necesaria, aportando los elementos que contribuyan a los programas de
asistencia, cobrando por sus servicios, pero devolviendo a la sociedad no solo
profesionales aptos, sino a través de la generación de conocimientos
aplicables y sustentables.
El rol de las Universidades
en el Tercer Milenio
Los programas de investigación,
los programas de extensión y transferencia tecnológica, así como los programas
de docencia, deben estar conexos entre sí, abocándose a la solución o análisis
de problemas que sean freno u obstáculo para el desarrollo agropecuario.
El
trabajo íntimo de los centros de enseñanza con la comunidad productiva
agropecuaria, el estado y la empresa privada, determina las líneas de
investigación a establecer, en procura a la solución de problemas concretos,
los que necesariamente se habrán de transferir, y a su vez, brindan insumos
importantísimos para la docencia, estableciendo un nivel de información
adecuado al medio en el cual se ejercerá la profesión ulteriormente.
De este
modo, se deberán establecer contactos estrechos y fluidos entre las
Universidades, las entidades generadoras o normadoras de políticas estatales,
las agrupaciones de productores rurales y los colegios profesionales,
estrechando vínculos de retroalimentación positiva y constante, trabajando
todos en pos de un mismo objetivo: formar profesionales que sean actores
del desarrollo sostenible de los países de la región, con sólida formación
técnica y científica, conocedores de los problemas reales del agro y hábiles
en procurar soluciones para los mismos.