La información, denominaciones y puntos de vista
que aparecen en este libro son de la exclusiva responsabilidad de su autor y
no constituyen la expresión de ningún tipo de opinión de parte de la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación con
respecto a la situación legal de cualquier país, territorio, ciudad o área o
de sus autoridades, o en lo concerniente a la delimitación de sus fronteras o
límites
Presentación
Los países de América Latina están teniendo
crecientes dificultades para conceder subsidios y adoptar medidas
proteccionistas en favor de sus agricultores.
Ante tal escenario, agricultura rentable y
competitiva inexorablemente tendrá que ser sinónimo y consecuencia de
agricultura muy eficiente, en los aspectos tecnológicos, gerenciales y
organizativos.
Además, debido a la insuficiencia y al alto costo
de] crédito rural oficial, los agricultores tendrán que priorizar el
incremento de la productividad o rendimiento de los escasos factores de
producción que ellos ya poseen, antes de intentar obtenerlos en mayor
cantidad.
Lo anterior significa que en los proyectos de
desarrollo agropecuario será necesario poner más énfasis en los conocimientos
que en los recursos materiales; más en el saber que en el tener; más en el
Cómo hacer" que en el "con qué hacer". Esto a su vez requiere concentrar los
escasos recursos de los Gobiernos en la profesionalización de los agricultores
con el propósito de desarrollar su capacidad de solucionar sus propios
problemas, emancipándolos, hasta donde sea posible, de los cada vez más
escasos e inaccesibles créditos, subsidios y medidas proteccionistas.
Severino de Melo Araujo
Subdirector General
Representante Regional para América
Latina y el Caribe
Rentabilidad en la Agricultura
¿Con más subsidios o con más profesionalismo?
Polan Lacki
La agricultura latinoamericana está sometida a una
profunda contradicción: a) por un lado, tiene la urgente necesidad de
modernizarse porque si no lo hace sencillamente no podrá enfrentar la
fuertemente subsidiaria agricultura de los países desarrollados; y b) por otro
lado, los gobiernos de esta Región, además de no subsidiar y no adoptar
medidas proteccionistas en favor de sus agricultores, están reduciendo
exactamente aquellos recursos y servicios con los cuales tradicionalmente se
ha intentado hacer esta imprescindible modernización.
Desgraciadamente, existen evidencias de que
nuestros agricultores tendrán que seguir enfrentando esta injusta
contradicción, por las siguientes razones:
A pesar de los avances logrados en la Ronda
Uruguay del GATT, lo más probable es que los países desarrollados seguirán
subsidiando y/o protegiendo a sus agricultores, ya sea a través de barreras
arancelarias o no arancelarias (sanitarias, ambientales, etc.), entre otras
razones porque les conviene y disponen de recursos para hacerlo, con el
agravante de que los países en desarrollo no tienen el suficiente poder
político para impedir que lo hagan.
La adversa pero indesmentible realidad es que los
gobiernos de los países latinoamericanos, aunque quisiesen subsidiar a sus
productores, no dispondrían de los recursos en la cantidad que sería necesaria
para contrarrestar los subsidios que otorgan los países desarrollados.
Aunque quisiesen adoptar medidas proteccionistas
(como por ejemplo: prohibir la importación de rubros producidos en el país o
elevar sus aranceles de importación) nuestros gobiernos encontrarían serias
dificultades para hacerlo por la siguiente razón: dichas medidas beneficiarían
a una minoría de habitantes (apenas aquellos agricultores que producen el
rubro protegido) pero perjudicarían a la gran y creciente mayoría nacional
constituida por los consumidores, quienes tendrían que pagar un precio más
alto por el producto protegido. A modo de ejemplo, en Brasil existen 6
millones de personas dedicadas a la producción lechera (1.200.000 familias)
pero son 159 misiones los brasileños que necesitan tomar leche y muchos de
ellos sólo podrán hacerlo en la medida que se logre disminuir su precio. Si
hacemos comparaciones sin-dlares con otros productos agrícolas en distintos
países de América Latina concluiremos que el enfrentamiento de intereses entre
los mayoritarios consumidores y los minoritarios agricultores -estemos o no de
acuerdo con ello- será cada vez más desfavorable a estos últimos.
Los conocimientos emancipan a los agricultores de
las dependencias, los subsidios las perpetúan
Ante un escenario tan desalentador, solicitar a
los gobiernos que contrarresten las distorsiones del negocio agrícola2 por la
vía simplista y cómoda del proteccionismo y de los subsidios -por mejores que
sean las intenciones de quienes lo hagan- es un planteamiento que además de
utópico es altamente perjudicial a los agricultores porque los induce a
reivindicar al Estado lo que éste no está en condiciones de proporcionarles,
en circunstancias que los productores deberían dedicar todo su tiempo y
esfuerzo en forma mucho más objetiva y fi-uctífera a:
a) identificar las ineficiencias tecnológicas,
gerenciales y organizativas3 que suelen ocurrir en los distintos eslabones de]
negocio agrícola, porque son éstas evidentemente las causas más importantes
que les están impidiendo tener rentabilidad y competitividad; y
b) asumir como suya la tarea de eliminar dichas
ineficiencias porque esta es la alternativa más realista para que puedan
prescindir de los subsidios y de las medidas proteccionistas.
Ante la progresiva insuficiencia de recursos
fiscales, el conceder subsidios sería probablemente una de las soluciones más
inadecuadas. Estos además de estimular la ineficiencia tienen el inconveniente
de perpetuar la dependencia que los agricultores tienen del Estado porque no
es suficiente concedérselos una única vez sino que hay que hacerlo en forma
recurrente a cada año o ciclo de cultivo; en circunstancias que lo más lógico
y razonable sería hacer exactamente lo contrario, es decir, promover la
eficiencia de los agricultores para emanciparlos lo más rápido posible de la
referida dependencia.
El escenario actual nos indica que existen muchos
motivos para que los agricultores no sigan depositando demasiadas esperanzas
de que su viabilidad económica será lograda a través de abundantes créditos
subvencionados, refinanciación de deudas, subsidios, tasas arancelarias
compensatorias o elevación del valor del dólar, entre otras razones, porque es
virtualmente imposible que el poder público satisfaga estos reclamos en favor
de un porcentaje significativo de agricultores. No necesariamente porque los
gobiernos no quieran sino porque no tienen recursos, continuidad
adnúnistrativa ni agilidad operativo o porque no conviene (al interés nacional
en su globalidad) hacerlo.
Es necesario decírselo con esta transparencia,
porque de lo contrario los agricultores:
seguirán pensando que el poder público no los
atiende en sus reivindicaciones por desprecio a ellos o por indiferencia a la
agricultura; y
seguirán siendo víctimas de inescrupulosos manejos
demagógicos de los malos líderes rurales y políticos, quienes en el afán de
conquistar sus simpatías y sus votos los ilusionan con utopías que ellos
núsmos saben que son inalcanzables.
Una terrible disyuntiva: agricultor muy eficiente
o ex-agricultor
Estas nefastas utopías populistas deberán ser
reemplazadas por plantean-dentos realistas y honestos que partan por reconocer
que ante el adverso escenario recién descrito, agricultura rentable y
competitiva inexorablemente tendrá que ser sinónimo y consecuencia de
agricultura muy eficiente; y que para lograrla la única solución factible es
proporcionar a las familias rurales las tecnologías y la capacitación para que
sepan y puedan corregir o eliminar las graves distorsiones técnicoproductivas,
de gestión predial, de procesanúento, de almacenaje y de comercialización;
porque son ellas, y no necesariamente la falta de subsidios las que están
impidiendo que la agricultura sea una actividad rentable y competitiva.
Mentras las referidas distorsiones no sean eliminadas, los cada vez más
remotos artificialismos paternalistas seguirán siendo insuficientes e
ineficaces. Estas distorsiones provocadas por la falta de conocimientos, cuya
importancia los productores suelen subestimar generalmente les causan
muchísimo más daño económico que la falta de créditos, subsidios y
proteccionismo que ellos insisten en sobrestimar. Afortunadamente los
agricultores más realistas ya se están dando cuenta que para tener
rentabilidad y competitividad es indispensable que reúnan simultáneamente los
siguientes prerrequisitos:
mejorar la calidad de los productos cosechados;
reducir al mínimo los costos unitarios de
producción (a través de la disminución del costo de los factores y del
incremento de los rendimientos por unidad de tierra y de animal); y
aumentar al máximo los ingresos obtenidos en la
venta de sus excedentes (a través de la disn-únución de las pérdidas durante y
después de la cosecha, de la incorporación de valor agregado y de la
eliminación de aquellos eslabones de intermediación que son reconocidamente
innecesarios).
Estos antecedentes significan que, si los
gobiernos no están en condiciones de conceder subsidios y adoptar medidas
proteccionistas para contrarrestar las consecuencias de una agricultura
ineficiente (dentro y fuera de las fincas), deberían como mínimo proporcionar
a los agricultores los conocimientos y las habilidades que ellos necesitan
para eliminar las causas que originan dichas ineficiencias.
Aunque en América Latina existan muchos honrosos y
loables ejemplos de productores muy eficientes, desgraciadamente es necesario
reconocer que la mayoría de los agricultores (no por su culpa evidentemente y
a veces sin siquiera darse cuenta) comete algunos, varios o muchos errores en
las distintas etapas del negocio agrícola4 y esta es la principal razón por la
cual no tienen rentabilidad y competitividad. Desgraciadamente, los
rendinúentos promedio de la agricultura y ganadería latinoamericana son tan
bajos que por sí solos demuestran en forma categórica e indesmentible que:
los errores cometidos por la mayoría de los
agricultores y/o de sus obreros son primarios y son provocados principalmente
por la falta de conocimientos elementales; es fácil constatar que la
corrección de los errores recién descritos no necesariamente requiere de
créditos, insumos y equipos de alto costo; y
estos errores podrían ser elinúnados si el Estado,
directamente o en forma delegada, les proporcionase tan solamente la
capacitación y las tecnologías que ellos necesitan para adoptar en forma
correcta las ocho medidas propuestas a partir de la página 14 de este texto;
las que, dicho sea de paso, no requieren de recursos adicionales sino que de
tecnologías de bajo o cero costo para que sean compatibles con los recursos
que ellos ya poseen.
Si estos bajísimos rendimientos6 demuestran que
las ineficiencias productivas ocurren fundamentalmente por la falta de
conocimientos, habilidades y destrezas, el camino lógico es corregirlas con
tecnologías y capacitación y no contrarrestarlas con subsidios y medidas
proteccionistas; porque mientras persistan dichos errores, los rendimientos
seguirán siendo muy bajos y consecuentemente los costos unitarios de
producción serán tan elevados que aunque existieran subsidios, éstos no serían
suficientes para hacer de esta agricultura ineficiente una actividad rentable
y competitiva. Este es indiscutiblemente el problema de fondo, el que debido a
su contundencia y evidencia nadie tiene el derecho de seguir ignorando.
Eficiencia: si no se puede lograrla con más
recursos es necesario hacerlo con mejores conocimientos
Además de reconocer lo imprescindible de
tecnificar sus cultivos y crianzas los agricultores están siendo obligados a
enfrentar la siguiente restricción adicional: existe cada vez menos crédito
rural oficial y éste es cada vez menos subsidiario. Ello significa la
necesidad de capacitar a los agricultores para que sepan utilizar los factores
de producción, propios o adquiridos, en forma mucho más parsimonioso y
eficiente, proporcionándoles las condiciones más favorables para que cada
unidad de fertilizante, maquinaria, animal o tierra pueda expresar todas sus
potencialidades y de esta forma produzca una mayor cantidad de producto. La
prioridad deberá consistir en optimizar la productividad o rendimiento de cada
factor de producción ya existente antes de adquirirlo en mayor cantidad; a
modo de ejemplo, reducir de 24 meses (promedio latinoamericano) a 12 meses el
intervalo entre partos, en vez (o antes) de duplicar innecesariamente el
número de vacas. En el mundo moderno los insumos intelectuales y las
tecnologías de proceso deberán, según las circunstancias, preceder, potenciar
o reemplazar los insumos materiales y las tecnologías de producto
En resumen, el modelo "exogenistá" a través de¡
cual, durante décadas, se ha intentado viabilizar económicamente a los
agricultores está en acelerado proceso de agotamiento. Los gobiernos no están
en condiciones de hacerlo por la vía artificial de los subsidios, tasas
arancelarias compensatorias, valor artificial del dólar, etc.; tampoco pueden
modernizar la agricultura exclusivamente a través del modelo convencional
porque no están en condiciones de proporcionar a la totalidad de los
productores todos los factores clásicos de modernización que dicho modelo
exige (crédito, Fertilizantes, pesticidas, raciones industrializadas, senúllas
híbridas, maquinaria, etc.).
Sin embargo, a pesar de todas sus restricciones,
los gobiernos no pueden olvidarse que la grandeza de la mayoría de los países
de la Región fue construida gracias a las generosas transferencias de riquezas
producidas por la agricultura y por los agricultores; por neoliberales que
sean, los gobiernos no pueden desobligarse de su indeclinable deber de
proporcionarles como mínimo una excelente formación y capacitación ya que
ellos son la única alternativa que permitirá a las familias rurales alcanzar
una vida digna en el campo, a pesar del insuficiente apoyo estatal; es
fundamental que ellas logren alcanzarla en el campo, entre muchas otras
razones porque ni los gobiernos ni el sector urbano-industrial tienen la más
remota posibilidad de absorberlos en condiciones decorosas en las ciudades en
las cuales una peligrosísima bomba de tiempo está siendo silenciosa pero
rápidamente armada a partir de las gravísimas y casi imnanejables
consecuencias del éxodo rural.
¿Mendigar paliativos perpetuadores de dependencias
o exigir instrumentos emancipadores de ellas?
Existe una evidente desproporción entre las
múltiples y urgentes necesidades de millones de familias rurales y las
limitadas posibilidades de los gobiernos en satisfacerlas. Este adverso
desbalance exige que los escasos recursos del Estado sean destinados
prioritariamente a la formación y capacitación de los productores y obreros
rurales, de modo que sepan contrarrestar, vía incremento de la productividad o
rendimiento, dicha insuficiencia de recursos. Sólo a través de un fuerte
componente educativo los gobiernos podrán impulsar un modelo más endógeno, más
autogestionario, más autosustentado, de modo que los agricultores puedan
desarrollarse con menor dependencia de los recursos y servicios oficiales, los
que debido a su marcada insuficiencia el Estado no está en condiciones de
proporcionarles; es decir, a través de una estrategia esencialmente educativa,
el poder público debería adoptar un modelo emancipador de dependencias en
reemplazo al añejo y agotado modelo perpetuador de ellas . Para que la equidad
no siga siendo una insultante retórica es necesario que los proyectos de
desarrollo financiados con los escasos recursos fiscales sean simultáneamente
de menor costo, perdurables en el tiempo (que no sea necesario repetir sus
actividades cada año) y replicables en el espacio (que gracias a sus evidentes
bondades se difundan a otros agricultores en forma más espontánea). Será
posible hacerlo en la medida en que los referidos proyectos tengan un fuerte
componente de educación instrumental, es decir, una educación cuyo propósito
central sea proporcionar a las familias rurales los conocimientos necesarios
para que ellas mismas puedan solucionar sus problemas.
El agotanúento del referido modelo exogenista
recomienda que los agricultores no sigan perdiendo inútilmente su tiempo en la
humillante actitud de mendigar medidas perpetuadoras de dependencias del
retórico paternalismo estatal y que dediquen este tiempo a la actitud digna de
exigir que los gobiernos les proporcionen los instrumentos emancipadores
(estímulo a la organización, tecnologías, formación y capacitación) para que
ellos mismos puedan corregir las distorsiones mencionadas en las notas al pie
de página N° 3, 4 y 5, y gracias a ello consigan independizarse del referido
paternalismo.
Es por todas estas razones que los agricultores
deberán actualizar sus pautas de reivindicaciones, reemplazando los pedidos
utópicos por otros que sean realmente factibles de ser proporcionados por el
Estado : ellos necesitan darse cuenta que la solución de sus problemas no
siempre ni necesariamente está en el Congreso Nacional, Ministerio de Hacienda
o Banco Central donde ellos buscan, generalmente sin éxito, viabilizarse
económicamente a través de leyes agrícolas, decisiones políticas, nuevos
créditos, refinanciación de deudas, subsidios y medidas proteccionistas. No
porque dichas instituciones no quieran hacerlo o porque estos instrumentos
clásicos no sean deseables, sino porque:
las principales causas de la falta de rentabilidad
son debidas a las ineficiencias tecnológicas, gerenciales y organizativas cuya
corrección exige una idoneidad técnica que las referidas instituciones no
poseen; y
estas instituciones tampoco disponen de los
recursos en la cantidad suficiente para contrarrestar con subsidios las
consecuencias de las ineficiencias mencionadas en el punto anterior.
Los líderes rurales más lúcidos ya se están
percatando de que los principales problemas de sus representados no
necesariamente son provocados por la inadecuación de las políticas
crediticias, impositivas, arancelarias o cambiarias, sino que en muchos casos
son debidos a distorsiones tecnológicas, gerenciales y organizativas; y que en
tales casos sus soluciones tienen que ser formuladas y ejecutadas
principalmente por instituciones y personas que tengan el cometido y la
idoneidad técnica para solucionarlos por la vía tecnológica, gerencia] y
organizativa. Debido a ello, los agricultores deberán buscar la solución a sus
problemas también y especialmente en las facultades y escuelas agrícolas de
nivel medio, en los organismos de investigación agrícola, en los servicios de
extensión rural y en las escuelas básicas rurales, porque son ellas las que
producen y difunden el factor conocimiento, el único que tiene la capacidad de
volverlos menos vulnerables a (o menos dependientes de) las políticas
crediticias, impositivas, arancelarias y cambiarias. Es necesario volverlos
menos vulnerables a dichas políticas porque suelen series adversas debido a
que son fonnuladas para responder al interés nacional, el que muchas veces
desgraciadamente no coincide con el interés sectorial de la agricultura, por
legítimo que éste sea.
¿Cómo liberarse de un Estado ineficiente sin caer
en la dependencia de un agribusiness eficiente pero expropiador?
Los agricultores conscientes de que el nuevo
escenario internacional los está obligando a que ellos mismos se encarguen de
solucionar sus propios problemas y que muchos de éstos tendrán que ser
resueltos en sus propias fincas y comunidades, deberán exigir que los
gobiernos pongan en práctica un modelo emancipador de dependencias externas el
que debería tener las siguientes características:
El Estado debería otorgar mayor apoyo político y
financiero a las instituciones emancipadoras, ya sean públicas o privadas, que
producen y difunden conocimientos (facultades y escuelas agrotécnicas,
organismos de investigación, servicios de asistencia técnica y extensión rural
y escuelas básicas rurales). Debido a que en el mundo moderno ellas tienen una
extraordinaria importancia estratégica, la sociedad no puede negarles los
recursos adicionales cuando éstos sean realmente necesarios. Sin embargo, este
apoyo deberá estar condicionado a, que ellas eliminen sus eventuales
sobredimensionamientos, ociosidades, burocracias y gastos improductivos y se
sometan a una profunda reingeniería de eficiencia para que se vuelvan mucho
más funcionales y demuestren real capacidad de ofrecer soluciones concretas a
los problemas de los agricultores; otorgar a estas cinco instituciones más
recursos para que "sigan haciendo más de lo mismo" sin exigir antes de ello
una profunda reforma "eficientizadora" sería un grave error porque se trata de
cambiar en forma radical (no de perpetuar) lo que ellas actualmente están
haciendo. De no exigirlo se continuará legitimandola inaceptable paradoja de
que gran parte de los recursos, de por sí ya insuficientes que el Estado
asigna para solucionar los problemas de los agricultores sean destinados a
financiar inercias e intereses corporativos de instituciones que seguirán:
formando profesionales y técnicos para el desempleo, generando tecnologías que
los agricultores no pueden adoptar ,manteniendo extensionistas recluidos en
las oficinas y enseñando en las escuelas básicas rurales contenidos
irrelevantes para las necesidades de vida y de trabajo imperantes en el campo.
Es contra estos despilfarros y distorsiones que los agricultores deberán
protestar, antes de seguir pidiendo más subsidios.
Estas instituciones emancipadoras, además de
proporcionar a las familias rurales los conocimientos, aptitudes y destrezas,
deberían estimularlas a que cambien de actitudes para que ellas mismas, al
desarrollar su capacidad personal y comunitaria sepan, puedan y quieran:
Introducir innovaciones productivas, gerenciales y
comerciales que contribuyan a corregir los gravísimos errores y distorsiones
que ocurren en los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria, desde que
el insumo sale de la industria hasta que el alimento llega a la casa del
consumidor.
Constituir sus propios mecanismos de recepción
(desde afuera) y prestación (hacia adentro) de servicios para que éstos
reemplacen al Estado en el suministro de recursos y de servicios necesarios
para corregir las distorsiones mencionadas en el punto anterior.
Organizarse en grupos para poder transfonnarse en
propietarios de ciertas etapas o eslabones del "agribusiness", encargándose de
ejecutar en forma grupal algunas actividades pre vias a la siembra y
posteriores a la cosecha, con el fin de evitar que sigan pagando
innecesariamente precios cada vez más altos por los insumos y recibiendo
precios cada vez más bajos en la venta de sus excedentes.
Los agricultores tendrán que darse cuenta que la
cada vez más injusta relación insumo/producto (ver nota al pie de página No.
3) provocada en gran parte por su falta de organización, junto con los
bajísimos rendimientos de sus cultivos y crianzas, provocados por la falta de
tecnologías y de capacitación, son indiscutiblemente las principales razones
por las cuales ellos no consiguen ganar dinero haciendo agricultura.
El desarrollo desde abajo y desde adentro
Estas instituciones emancipadoras deberían tener
como uno de sus objetivos más importantes profesionalizar a los agricultores
para otorgarles capacidad de autogestión técnica y empresarial. Al adquirirla
podrán adoptar en forma eficiente, correcta e integral las siguientes medidas
que los liberarán de la excesiva y muchas veces innecesaria dependencia del
Estado y del agribusiness:
Priorizar la introducción de "insumos
intelectuales" en los hogares, fincas y comunidades con el fin de que todos
los núembros de cada familia rural incrementen su productividad y desarrollen
su capacidad y voluntad de solucionar ellos mismos sus problemas tecnológicos,
económicos y sociales.
Empezar la tecnificación de la agricultura a
través de innovaciones de bajo o cero costo, las que al no requerir insumos
externos, estén al alcance de todos los agricultores. Los ingresos adicionales
que ellos obtengan como consecuencia de esta primera etapa de tecnificación
deberán financiar los insumos externos que son necesarios apenas en las etapas
más avanzadas de modernización. Esta gradualidad, al permitir que los recursos
para modernizar la agricultura sean autogenerados en las propias fincas, es la
mejor estrategia para desmitificar lo imprescindible del crédito rural
oficial; y para evitar que su insuficiencia siga constituyéndose, ad infinitum,
en un obstáculo real o una cómoda excusa para justificar "por qué" los
agricultores más pobres no tienen acceso a la modernización y a la
prosperidad. Los factores escasos deberán ser un complemento dentro de un
proceso gradual de tecnificación y no un condicionante para empezarla.
Incrementar la productividad o rendimiento de la
tierra, maquinaria y animales, que los agricultores ya poseen, antes de
inducirles a que adquieran estos factores caros en mayor cantidad; esta es la
mejor alternativa para contrarrestar la marcada insuficiencia de estos
factores, los que debido a su alto precio los agricultores no pueden y a veces
no deben adquirir en mayor cantidad. Si una vaca produce cuatro litros de
leche al día (promedio de América Latina) la prioridad deberá consistir en
alimentarla adecuadamente para duplicar o triplicar este rendimiento en vez de
endeudar innecesariamente al productor para que adquiera una segunda o tercera
vaca.
Administrar los predios en forma eficiente con el
fin de usar íntegra, permanente y racionalmente todos los recursos
disponibles. En muchas fincas ocurren ociosidades y sobredimensionamientos,
los que en virtud de su persistencia y reiteración ni siquiera son percibidos
por los agricultores; ambos podrían ser disminuidos si los productores
formasen grupos para adquisición y uso en común de aquellos factores que
debido a su alto costo y/o baja frecuencia de utilización económicamente no se
justifica poseerlos en fonna individual; como por ejemplo: sementales,
ensiladoras, motosierras, enfardadoras, trilladoras instalaciones para la
maternidad y cría de lechones, etc. Especial atención deberá ser otorgada para
que todos los niembros de cada familia rural tengan, durante todo el afío,
ocupación productiva y generadora de ingresos, especialmente vía
diversificación de rubros y verticalización de la agricultura (autoproducción
de insumos y procesamiento primario de los excedentes en las propias fincas).
Diversificar la producción con el doble propósito
de disminuir la dependencia de insumos externos (via reciclaje de modo que los
productos y desechos de su propia agricultura se conviertan en insumos para su
ganadería y viceversa) y de reducir riesgos sanitarios, climáticos y de
mercado, muchos de ellos innecesarios y fácilmente evitables. Agregar o
reemplazar en forma gradual los cultivos tradicionales de baja densidad
económica (yuca, camote, frejol, maíz, arroz, etc.) que son vendidos a
consumidores pobres, otros más sofisticados o diferenciados que puedan ser
ofrecidos a consumidores de mayor poder adquisitivo. Agregar o reemplazar
significa que los agricultores tienen la opción de introducir rubros más
sofisticados o diferenciados "en vez" o "además" de los rubros poco valorados
que tradicionalmente producen.
Disminuir las importantes pérdidas que ocurren
durante y después de la cosecha; gran parte de los escasos recursos y del
inmenso esfuerzo que hacen los agricultores para producir más se pierden en
forma inaceptable debido a la no adopción de medidas elementales y de bajo
costo, que permitirían proteger mejor lo que ya fue producido.
Hacer el procesamiento primario de las cosechas,
aunque sea en pequeñas agroindustrias familiares o comunitarias, con el fin de
incorporarles valor y de conservarlas para poder diferir su venta para épocas
de mejores precios. En muchos casos es posible que sean los propios
agricultores, y no necesariamente los agroindustriales o comerciantes, quienes
se beneficien del precio adicional que los consumidores actualmente están
pagando en los supermercados por el embalaje y "maquillaje"11 de los productos
agrícolas.
Reducir, a través de la organización empresarial
(no de la sindical o política) de los agricultores, los excesivos eslabones de
las cadenas de intermediación con el doble propósito de disminuir el costo de
los insumos e incrementar el precio de venta de los excedentes. En el mundo
moderno, el excesivo y muchas veces innecesario eslabonamiento que ocurre
antes de la siembra y después de la cosecha se está constituyendo en una de
las más importantes razones por las cuales la actividad agrícola es un "mal
negocio", especialmente para aquellos agricultores que, sin darse cuenta del
grave error del cual son víctimas y/o culpables, se encargan exclusivamente de
la etapa de producción propiamente tal y delegan, por ingenuidad o comodidad,
a los intermediarios y agroindustrias las otras dos etapas.
En la medida de lo posible la organización
empresarial de los agricultores debería proponerse alcanzar en forma gradual y
progresiva los siguientes objetivos:
Adoptar, en la compra de los insumos,
procedimientos similares a los que actualmente los agricultores adoptan en la
venta de sus excedentes (comprar al por mayor, con menor valor agregado, del
primer eslabón de la cadena de intennediación).
Adoptar en la venta de sus excedentes
procedimientos similares a los que actualmente adoptan en la compra de los
insumos (vender al por menor, con mayor valor agregado, al último eslabón de
la cadena de intermediación); es decir, los agricultores deberían organizarse
en forma empresarial para hacer, en ambas etapas, exactamente lo contrario de
lo que hacen actualmente.
El logro gradual de estos dos objetivos pernútirá
disnúnuir las injustas y exageradas diferencias que actualmente ocurren:
entre los precios por los cuales los fabricantes
venden los insumos y los precios que los agricultores pagan por ellos; y
entre los bajos precios que los agricultores
reciben en la venta de sus excedentes y los altos precios que los consumidores
pagan por ellos.
Los agricultores que adopten en forma correcta e
integral (no parcial o aislada) tan sólo estas ocho medidas disminuirán al
rnínimo la cantidad y el costo de las entradas, reducirán los costos unitarios
de producción e incrementarán al máximo la cantidad, la calidad y el precio de
venta de las salidas. Y es apenas esto lo que ellos necesitan para: a)
alcanzar la rentabilidad y competitividad gracias a su propia eficiencia
tecnológica, gerencial y organizativa; b) emanciparse del paternalismo estatal
al prescindir o por lo menos disminuir su actual dependencia del crédito
oficial, de los subsidios y de medidas proteccionistas; y c) estancar la
injusta transferencia de renta desde el empobrecido sector agrícola hacia las
pujantes corporaciones agroindustriales, comerciales y financieras;
transferencia que ocurrió en el antiguo paternalismo estatal y sigue
ocurriendo en el moderno agribusiness.
Los agricultores deberán dirigir sus
reivindicaciones a otros destinatarios
Si estas premisas son verdaderas, los gremios de
agricultores no deberán tener muchos motivos para seguir dirigiendo obsoletas
e infructuosas reivindicaciones a las instituciones (Congreso Nacional,
Ministerio de Hacienda Banco Central, etc.) que antiguamente contrarrestaban o
compensaban, a través de subsidios y otros artificialismos, los efectos de las
ineficiencias del negocio agrícola. Pero sí deberán tener muchos motivos para
direccionar sus reivindicaciones hacia las mencionadas cinco instituciones
emancipadoras porque solamente ellas tienen la capacidad de transformarlos en
empresarios, quienes al volverse realmente eficientes sencillamente no
necesitarán subsidios. Estas manifestaciones de los agricultores deberán:
Demostrar a las referidas instituciones
emancipadoras que, debido a la apertura de los mercados, a la escasez del
crédito y a la eliminación de los subsidios, ellas se han vuelto
disfuncionales y no están respondiendo a las nuevas restricciones ni a las
nuevas oportunidades que se están abriendo a los agricultores.
Convocarlas para que asuman una mayor parte de
responsabilidad en la solución de los problemas del sector agropecuano porque
en el mundo moderno dicha solución depende:
mucho más de la excelencia en la
generación/difusión de innovaciones y en la formación/capacitación de recursos
humanos; y
mucho menos de la formulación de políticas
crediticias, impositivas, arancelarias y cambiarias, las que a pesar de los
inmensos recursos que han manejado en las últimas décadas no han sido capaces
de sacar a la agricultura de la crisis en la cual está sumergida.
Exigir que dichas instituciones demuestren, con
hechos y no con palabras, que tienen real capacidad de actuar como agencias
"desarrolladoras" de las potencialidades de las familias rurales, con el
propósito de transformar cada una de ellas en agente de su propio desarrollo.
Una breve conclusión
Los productores agropecuarios no pueden y no deben
renunciar a su legítimo derecho de reivindicar que el Estado cumpla con su
deber de proporcionarles los instrumentos mínimos que ellos necesitan para
poder hacer una agricultura rentable y competitiva.
Sin embargo, tendrán mayor posibilidad de éxito en
la medida en que:
dejen de mendigar recursos perpetuadores de
dependencias que el Estado generalmente no está en condiciones de
proporcionarles; y que
pasen a exigir conocimientos emancipadores de
dependencias que el Estado puede y tiene el deber de ofrecerles.
Una reflexión final
"Cuando los remedios no tienen suficiente eficacia
para curar las enfermedades es necesario curar los remedios, para que éstos
curen al enfenno" (Padre Vieira, Sermão de Santo Antonio).