Educar siempre es una responsabilidad, pues educar
no es el mero acto de transmitir información o entrenar en metodologías y
técnicas, a través de la educación, querramos o no, estamos transmitiendo
valores, damos un ejemplo de actitud frente a la vida, y formamos un carácter en
una edad muy sensible a los profundos cambios que se le brindan.
Un joven no es una alcancía donde depositemos
conocimientos, un joven es una cantera viva de ilusiones, de ganas, de espíritu
critico, fermental, con una actitud rebelde innata e inherente a su etareidad,
que busca caminos mas allá de la ciencia y la tecnología, en el, la motivación
es un aspecto importante que no debemos olvidar, los conceptos de equidad, de
justicia, de conciencia critica se comienzan a desarrollar y hacen de su vida un
torbellino, donde jerarquizar se vuelve una vorágine diaria difícil de llevar.
Muchas veces, quienes estamos vinculados al sistema
educativo, olvidamos estos detalles y nos esforzamos sinceramente en mejorar
aspectos que si bien son positivos, no tienen la esencialidad del momento que se
vive… nuestros esfuerzos mueren en completar una biblioteca, mejorar la
condición de docentes y equipos, y poseer para transmitir lo ultimo de la
tecnología desarrollada o en vías…
Si bien no debemos abandonar estos esfuerzos por
mejorar la calidad académica y estructural de nuestras Facultades o Escuelas,
tampoco debemos olvidar la importancia del momento, que puede parecernos que
cada año es igual o similar al anterior, pero para el que esta del otro lado del
mostrador, para el educando, cada año es único e indivisible, cada año es una
tormenta de sensaciones y de composiciones de lugar donde se va formando un
espíritu y una personalidad día tras día…
Muchas veces olvidamos que fuimos jóvenes, y lo que
hacíamos o sentíamos en esa época, tanto, que no somos capaces de reconocer que
lo que hoy somos, es simple y únicamente parte del rompecabezas que armamos en
la juventud, un crisol de acciones y sensaciones en pos de una utopía, que
muchas veces olvidamos…
La ciencia, no solo hay que transmitirla, hay que
discutirla, la ciencia tiene un objetivo, no es una constante, plantear los
porque? Los para que? Es tan importante o mas que enseñar el como? O el que
hacer?
En un mundo globalizado, la disponibilidad de
información técnica o académica es total, mas de lo que podemos quizás digerir o
incorporar, pero hay otros elementos esenciales que no estan disponibles en
internet, y que falta que hace..
La vida como fenómeno, la sociedad como sujeto, y el
respeto por las utopías, deben ser una constante de los centros académicos,
nuestro esfuerzo se debe centrar en la formación en valores, en el porque de las
cosas, en la discusión y replanteo de objetivos concretos, en el análisis de la
situación, llevando a discutir propuestas concretas y realizables mas allá de
los diagnósticos.
El estudiante debe ser participe y protagonista, el
estudiante como espectador se aburre y no responde, no entiende para que hace
las cosas, y como no le encuentra sentido baja sus rendimientos académicos,
total para que? No puede entender…
La organización de programas de trabajo con servicio
a la comunidad, tanto la comunidad marginal latinoamericana, como la comunidad
productiva parte del sistema, sean cadenas agroindustriales o pequeñas empresas
familiares, aseguran que el estudiante pueda ser parte de un proceso donde
necesariamente y sin que se lo exijamos discutirá y polemizara sobre la
pertenencia o pertinencia al mismo sistema que critica, y definirá su rol hacia
el mismo, afirmando su personalidad y actitud frente a la vida.
El entroncamiento Universidad – Sociedad no pasa por
la participación en manifestaciones callejeras o jornadas de protesta, pasa por
la coparticipación de los centros académicos en los procesos sociales y
productivos, cada quien desde su óptica o área de interés.
En nuestro caso, hemos planteado la situación de
otorgar créditos académicos por la participación en programas, que van desde la
atención clínica a los caballos de los carretoneros de Managua, la asistencia
técnica a el zoológico nacional, la castración de perros callejeros, hasta el
trabajo junto a las cooperativas lecheras de Boaco y Chontales y los productores
de ovinos asociados en PROVICA…
Esto hace que el estudiante pase por todas las
situaciones, desde la población en condiciones de extrema pobreza y sin
elementos tecnicos, hasta los sistemas productivos parte de la economía nacional
y generadores de divisas…
Asi, ponderan la importancia del quehacer del
veterinario, ven las posibilidades de su propio rol, comprenden lo que es
solidaridad, equidad, justicia, y otros valores fundamentales, y también, que no
es poco importante ven las materias aprendidas aplicadas, lo que les lleva a
exigir mas a sus propios docentes en busca de soluciones para problemas que ven
en el día a día.
La institución también se ve beneficiada, porque
este contacto con la realidad, con el sistema, nutre de líneas de investigación
que deben plantearse para solucionar problemas reales existentes, agregándole
valor a la institución frente a sus estudiantes y frente a la sociedad en si
misma, la que valora a la institución de otra manera, dándole pertinencia en su
diario quehacer.
Por otra parte, no podemos ser nosotros mismos
utópicos y desconocer una realidad palpable, que hoy los estudiantes exigen una
mayor información sobre medio ambiente, animales silvestres y pequeños animales,
y que generalmente nuestra formación ha sido productiva o productivista, por lo
que debemos formar nuevos cuadros que contemplen una expectativa real y
valedera.
Educar hoy, en medicina veterinaria, se ha
convertido en un desafío real, pero no imposible de alcanzar.