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Artículo 002: Electrocardiografía en pequeños animales

Dr. Fernando Pellegrino M.V., PhD*

Dra. Astrid Concha R. M.V.**

*Departamento de Fisiología y Ciencia Básicas- Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad de Buenos Aires.

**Departamento de Zoopsiquiatría, Instituto Neurológico y Diagnóstico Veterinario, Chile.

El electroencefalograma (EEG) es el registro de la actividad eléctrica de la corteza cerebral, es decir, refleja la dinámica de la actividad sináptica, la cual está dada por los potenciales postsinápticos excitatorios e inhibitorios desarrollados en las dendritas y cuerpos neuronales de numerosas células piramidales.

Dicho registro es obtenido a partir de electrodos aplicados sobre la superficie del cráneo, que muestran a través de un gráfico complejo la diferencia de potencial entre ellos. Este gráfico es bidimensional, en donde el tiempo se representa en la abscisa y el voltaje en la ordenada (Delamónica, 1987).

En medicina humana la electroencefalografía constituye uno de los métodos neurofisiológicos de elección para la exploración funcional del Sistema Nervioso Central (SNC) por sus características de no invasivo, repetible a voluntad y de un costo accesible. En lo que respecta a nuestra profesión el panorama es considerablemente distinto. Pese a que muchas investigaciones han sido desarrolladas en animales y su utilización en la clínica neurológica veterinaria comenzó en 1963 (Skerrit, 1984), esta técnica aún no es un método de diagnóstico complementario de rutina. El motivo principal es la falta de una estandarización universal de la técnica de registro, que involucra la cantidad de electrodos, su nomenclatura y posicionamiento e incluso existe desacuerdo en el método de restricción química a utilizar (Susuki, 1985; Ford, 1992; Herin, 1968).

Electrodos: cantidad, posicionamiento y cobertura cerebral.

Los electrodos permiten captar la actividad bioeléctrica cerebral sobre la piel del cráneo. Normalmente se emplean en medicina veterinaria electrodos de aguja colocados en forma subcutánea, aunque también pueden utilizarse discos de plata con gel conductor, o pinzas tipo cocodrilo.

En cuanto al número de electrodos a utilizar y su cobertura anatómica, la mayoría de los autores emplea cuatro (Kersten, 1993; Takahashi, 1986; Senba,1984) o más comúnmente cinco según las recomendaciones de Redding (1978), cubriendo la corteza de las regiones frontal, occipital y la zona central; otros han sugerido siete electrodos para ampliar la cobertura a la región parietal (Susuki, 1985). En el laboratorio de neurofisiología de la Universidad de Davis, California, se emplean rutinariamente once a trece electrodos dependiendo del tamaño del cráneo del animal, que cubren las áreas ya mencionadas más la región temporal; esta última es registrada a través de electrodos temporales de ubicación subcutánea (Holliday, 1999). Más recientemente se propuso una técnica con doce electrodos que incluyen también los temporales, pero en este caso están especialmente diseñados para obtener un mejor registro de esta región, ya que atraviesan la masa muscular hasta hacer tope en la parte ventral de la fosa temporal, de modo que contactan directamente con los huesos del cráneo (Pellegrino, 2000a). Esta técnica, que incorpora también electrodos frontopolares, brinda una cobertura más amplia de la actividad eléctrica de los hemisferios cerebrales, tanto de la neocorteza como de la arqui y la paleocorteza (rinencéfalo basal y porción límbica).

Los doce electrodos se denominan de acuerdo a la convención internacional aceptada en medicina humana, con una letra y un número (tabla 1). Los números pares corresponden a los electrodos posicionados sobre el hemisferio cerebral derecho y los impares a los que se ubican sobre el hemisferio izquierdo. Los electrodos situados sobre la línea media que corresponden al número cero, se nombran con la letra z (zero en inglés).

Los sitios anatómicos específicos para el posicionamiento y colocación de los electrodos, a pesar que difieren ligeramente dependiendo del tipo de cráneo (figuras 1 y 2), están situados sobre las mismas áreas de proyección cerebral (tabla 2). Por lo tanto, los trazados pueden compararse no sólo en estudios sucesivos de un mismo paciente, sino también en estudios poblacionales de pacientes con distinto tamaño de cráneo.

Las referencias anatómicas utilizadas (línea temporal, proceso cigomático del hueso frontal, arco cigomático y proceso mastoideo) son fáciles de identificar en los animales y, por lo tanto, son repetibles en forma sencilla con un poco de adiestramiento. Sin embargo, debe prestarse especial atención a la posición simétrica de todos los electrodos ya que una mala técnica puede alterar los resultados de la lectura e interpretación.

Tabla 1. Denominación de los electrodos para electroencefalografía canina

Fp1  y  Fp2

Electrodos frontopolares izquierdo y derecho

F3  Y  F4 

Electrodos frontales izquierdo y derecho

P3  Y  P4

Electrodos parietales izquierdo y derecho

O1  Y  O2

Electrodos occipitales izquierdo y derecho

T3  Y  T4

Electrodos temporales izquierdo y derecho

Cz

Electrodo central

Oz

Electrodo occipital medio

Tabla 2. Áreas de cobertura cerebral 

Fp1  y  Fp2

Corteza frontal (giro proreus)

F3  Y  F4 

Corteza agranular (giro precuzado)

P3  Y  P4

Corteza parietal (porción craneal del giro ectomarginal)

O1  Y  O2

Corteza granular, región occipital (giro marginal/giro occipital)

T3  Y  T4

Corteza granular, región temporal (fisura seudosilviana)

Cz

Región parietal (fisura longitudinal cerebral)

Oz

Región occipital (fisura longitudinal cerebral)

 


Figura 1. Vista lateral izquierda de un cráneo canino mesocefálico, con la posición de los electrodos de registro. a línea temporal; b arco cigomático; c proceso cigomático; d proceso mastoídeo; e cresta temporal. Fp. Electrodo frontopolar; F electrodo frontal; P electrodo parietal; O electrodo occipital; T electrodo temporal; Cz electrodo central (vértex); Oz electrodo occipital central.

Figura 2. Vista lateral izquierda de un cráneo canino braquicefálico, con la posición de los electrodos de registro. a línea temporal; b arco cigomático; c proceso cigomático; d proceso mastoídeo; e cresta temporal. Fp. Electrodo frontopolar; F electrodo frontal; P electrodo parietal; O electrodo occipital; T electrodo temporal; Cz electrodo central (vértex); Oz electrodo occipital central.

Métodos de restricción

Lo ideal sería obtener un trazado en las condiciones más naturales posibles. Sin embargo, la falta de colaboración de nuestros pacientes hace necesario algún tipo de restricción. El uso de sujeción física ocasiona artificios producidos por el movimiento por mínimo que este sea, que pueden ser fácilmente interpretados como grafoelementos patológicos (Herin, 1968; Klemm, 1968). En cuanto a la sujeción o restricción química, se ha demostrado que el uso de barbitúricos como el pentobarbital sódico produce modificaciones en la actividad eléctrica cerebral (Klemm, 1968) a diferencia de la xilazina, que no produce alteraciones en el trazado EEG (Tourai, 1985; Takahashi, 1986; Pellegrino, 1997) debido a que no tiene efecto directo sobre las neuronas corticales piramidales (actúa inhibiendo la liberación de noradrenalina por su unión a receptores ±


2 adrenérgicos presinápticos), genera un estado de somnolencia acompañado de una excelente relajación muscular general y analgesia, que constituye un excelente método de restricción. Se utiliza en dosis de 0.5 a 1mg/Kg IM o SC, alcanzando sus efectos al cabo de 10 a 15 minutos. Es importante recordar que está contraindicado en animales durante el último mes de preñez (Greene, 1988) y en aquellos pacientes cuyo efecto hipoxémico pueda empeorar su estado (Celly, 1997).

 

Registro electroencefalográfico

El electroencefalógrafo consiste en un número variable de canales amplificadores con su correspondiente sistema de registro, ya sea en un papel o en la pantalla de un PC. La señal eléctrica cerebral debe ser amplificada por su escasa amplitud (microvoltios), para poder ser registrada. La adquisición de dichas señales eléctricas se obtiene a partir de diferentes tipos de montajes. El montaje bipolar (figura 3) registra la diferencia de potencial entre dos electrodos activos, es decir, que se encuentran ubicados en sitios en donde se registra actividad cerebral. Estos se combinan de tal forma que siempre hay uno en común ente dos canales. El montaje referencial o de referencia común (figura 4) es aquel que registra la diferencia de potencial entre un electrodo activo (situado sobre la superficie del cráneo) y uno de referencia en común a todos los canales, por ejemplo, un electrodo ubicado en el área nasal, que es una zona “inactiva” en lo que respecta a potenciales cerebrales (Delamónica, 1987; Casaglia, 1995).

Figura 3. Esquema de montaje bipolar. Cada canal EEG tiene dos entradas, representadas por una línea llena y una entrecortada. El trazado resultante refleja la diferencia de potencial que existe entre las dos entradas, constituidas por dos electrodos activos.

Figura 4. Esquema de montaje referencial. Cada canal EEG tiene dos entradas, representadas por una línea llena y una entrecortada. El trazado resultante refleja la diferencia de potencial que existe entre las dos entradas, constituidas por un electrodo activo y otro de referencia, común a todos los canales.

Descripción e interpretación del registro electroencefalográfico

La actividad normal del EEG está constituida por una actividad de base o de fondo, a la que se adiciona una actividad funcional o transitoria (Holliday, 1999; Riquelme, 1995; Nieto, 1993). La actividad de base se caracteriza por ritmos u ondas de forma y duración similar. Estos ritmos se definen de acuerdo a su frecuencia (número de ciclos u oscilaciones completas por unidad de tiempo) y amplitud (magnitud de los cambios de voltaje), expresados en hertz (Hz) y microvoltios (¼


V) respectivamente.

Los ritmos u ondas de aparición regular, también denominados actividades habituales, se dividen según su composición frecuencial en las siguientes bandas: delta (0.5 a 3.5 Hz), theta (4 a 7.5 Hz), alfa (8 a 13.5 Hz), Beta1 (14 a 21.5 Hz) y Beta 2 (22 a 30 Hz). En este grupo se incluyen además ciertas actividades de aparición episódica como los husos del sueño, actividad lenta o muy lenta y ritmo beta rápido. La actividad funcional está constituida por eventos transitorios de carácter fisiológico o madurativo, y deben interpretarse de acuerdo a una serie de criterios clínicos para evitar que sean confundidos como grafoelementos de actividad epileptiforme. Se incluyen entre ellas las ondas agudas del vértex, ondas lentas de 3Hz o de 4 a 6 Hz y complejos K.

Un registro EEG se interpreta como anormal cuando ocurren los siguientes cambios: modificaciones en la frecuencia y/o amplitud de sus ritmos; presencia de asimetrías; presencia de alteraciones focales de carácter permanente y/o aparición de grafoelementos no habituales ni funcionales (Delamónica, 1987; Holliday, 1999; Nieto, 1993).

Aunque variados grafoelementos son muy sugerentes de determinadas patologías, no permiten establecer etiologías definitivas (Delamónica, 1987), debido a que las neuronas reaccionan eléctricamente de forma similar ante distintas noxas. Por lo tanto, frente a un EEG de carácter anormal se puede establecer lo siguiente: 1. Que el trazado refleje una perturbación permanente de la función cerebral de tipo focal, multifocal o generalizada, con alteraciones claras de la actividad de base (figura 5) o 2. Que el trazado se normalice después de un período agudo y paroxístico en una lesión cortical, sea focal, multifocal o generalizada sin afectar la actividad de base (figura 6) (Delamónica, 1987).

Para una correcta interpretación visual del EEG es importante tener en cuenta varios factores como son: la edad del paciente, ya que existen diferencias en el trazado de base, de acuerdo al desarrollo madurativo del sistema nervioso central entre el nacimiento y los 23 meses de edad, estableciéndose el trazado definitivo del animal adulto a partir de los 24 meses (Pellegrino, 2000b). El estado de conciencia, ya que existen cambios en los ritmos dependiendo, por ejemplo, si el animal está en alerta o dormido. Un último factor, hace referencia a los montajes utilizados (bipolar o de referencia común).

Figura 5. EEG interictial (montaje circunferencial) de un canino hembra, mestizo, de 3 años de edad, que muestra descargas paroxísticas focales en la región temporal izquierda (T3), a las que sigue un periodo de repolarización, determinado por ondas lentas. Signos clínicos: Crisis generalizadas, conductas extrañas (perversiones del apetito, actitudes que sugieren “alucinaciones”). Diagnóstico: epilepsia focal del área temporal.

Figura 6. EEG interictial de un canino macho, Ovejero Alemán, de 7 años de edad. Sobre la actividad de base enlentecida, se observa ondas deltas permanentes, en el canal T4. Signos clínicos: Crisis seriadas (10-15 convulsiones en 24 horas), de frecuencia de presentación variables, pero siempre mayor de un mes. Diagnóstico: Presuntivo, neoplasia cerebral, definitivo a través de TAC (tomografía axial computada), imagen compatible con un proceso tumoral a nivel de la zona craneal de la parte basal del rinencéfalo derecho, prácticamente en el bulbo olfatorio.

Importancia del EEG como método de diagnóstico complementario

El EEG es el medio de diagnóstico complementario ideal para un síndrome convulsivo, permitiendo definir y clasificar el tipo de crisis, cuantificar las descargas y localizar el foco convulsivo (Thomson, 1997; Pellegrino, 1999). Además detecta claramente afecciones progresivas o crónicas que alteren de una u otra forma la actividad de la corteza cerebral. Tal es el caso de neoplasias cerebrales, isquemias agudas, accidentes vasculares cerebrales y/o alteraciones del desarrollo que provoquen un incremento del fluido cerebroespinal (hidrocefalia), ya que causan distorsiones características en el trazado eléctrico, aún con signología clínica leve. Las alteraciones metabólicas también ocasionan disturbios bioeléctricos en la corteza cerebral, a veces de un modo más generalizado e inespecífico (hipoglicemia, hipotiroidismo), otras en forma focalizada en la región temporal (encefalopatía hepática) (Pellegrino, 1999).

El registro de la actividad eléctrica temporal constituye una herramienta valiosa para el diagnóstico y tratamiento de convulsiones o epilepsias rinencefálicas, muchas veces caracterizadas solamente por comportamientos inapropiados o anormales. Muchos paroxismos breves, con alteración de la conciencia y de la conducta asociados con una actividad motora estereotipada son formas de actividad comicial psicomotora. Estas se manifiestan como episodios de furia o agresión, salivación excesiva, lamidos o masticación, ingesta voraz repentina de alimento o agua, carreras incontroladas, vocalización o temblores (Ford, 1992) e incluso se ha sugerido que algunos trastornos gastrointestinales asociadas a EEG alterados, podrían deberse a convulsiones rinencefálicas, también llamadas límbicas (Breitschwerdt, 1979).

Hoy en día este método de diagnóstico complementario ya se encuentra disponible en Chile, permitiendo entregar a nuestros pacientes y clientes un mejor servicio frente a un síndrome convulsivo.


2 adrenoceptor agonists (xylazine, romifidina, detomidina and medetomidina) in sheep. J Vet Pharmacol Therap. 20:464-471.

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Fuente: MEVEPA www.mevepa.cl

Autorizada la reproducción por Gustavo Contreras

 

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