El electroencefalograma (EEG)
es el registro de la actividad eléctrica de la corteza cerebral, es decir,
refleja la dinámica de la actividad sináptica, la cual está dada por los
potenciales postsinápticos excitatorios e inhibitorios desarrollados en las
dendritas y cuerpos neuronales de numerosas células piramidales.
Dicho registro es obtenido a
partir de electrodos aplicados sobre la superficie del cráneo, que muestran a
través de un gráfico complejo la diferencia de potencial entre ellos. Este
gráfico es bidimensional, en donde el tiempo se representa en la abscisa y el
voltaje en la ordenada (Delamónica, 1987).
En medicina humana la
electroencefalografía constituye uno de los métodos neurofisiológicos de
elección para la exploración funcional del Sistema Nervioso Central (SNC) por
sus características de no invasivo, repetible a voluntad y de un costo
accesible. En lo que respecta a nuestra profesión el panorama es
considerablemente distinto. Pese a que muchas investigaciones han sido
desarrolladas en animales y su utilización en la clínica neurológica veterinaria
comenzó en 1963 (Skerrit, 1984), esta técnica aún no es un método de diagnóstico
complementario de rutina. El motivo principal es la falta de una estandarización
universal de la técnica de registro, que involucra la cantidad de electrodos, su
nomenclatura y posicionamiento e incluso existe desacuerdo en el método de
restricción química a utilizar (Susuki, 1985; Ford, 1992; Herin, 1968).
Electrodos: cantidad,
posicionamiento y cobertura cerebral.
Los electrodos permiten captar
la actividad bioeléctrica cerebral sobre la piel del cráneo. Normalmente se
emplean en medicina veterinaria electrodos de aguja colocados en forma
subcutánea, aunque también pueden utilizarse discos de plata con gel conductor,
o pinzas tipo cocodrilo.
En cuanto al número de
electrodos a utilizar y su cobertura anatómica, la mayoría de los autores emplea
cuatro (Kersten, 1993; Takahashi, 1986; Senba,1984) o más comúnmente cinco según
las recomendaciones de Redding (1978), cubriendo la corteza de las regiones
frontal, occipital y la zona central; otros han sugerido siete electrodos para
ampliar la cobertura a la región parietal (Susuki, 1985). En el laboratorio de
neurofisiología de la Universidad de Davis, California, se emplean
rutinariamente once a trece electrodos dependiendo del tamaño del cráneo del
animal, que cubren las áreas ya mencionadas más la región temporal; esta última
es registrada a través de electrodos temporales de ubicación subcutánea (Holliday,
1999). Más recientemente se propuso una técnica con doce electrodos que incluyen
también los temporales, pero en este caso están especialmente diseñados para
obtener un mejor registro de esta región, ya que atraviesan la masa muscular
hasta hacer tope en la parte ventral de la fosa temporal, de modo que contactan
directamente con los huesos del cráneo (Pellegrino, 2000a). Esta técnica, que
incorpora también electrodos frontopolares, brinda una cobertura más amplia de
la actividad eléctrica de los hemisferios cerebrales, tanto de la neocorteza
como de la arqui y la paleocorteza (rinencéfalo basal y porción límbica).
Los doce electrodos se
denominan de acuerdo a la convención internacional aceptada en medicina humana,
con una letra y un número (tabla 1). Los números pares corresponden a los
electrodos posicionados sobre el hemisferio cerebral derecho y los impares a los
que se ubican sobre el hemisferio izquierdo. Los electrodos situados sobre la
línea media que corresponden al número cero, se nombran con la letra z (zero en
inglés).
Los sitios anatómicos
específicos para el posicionamiento y colocación de los electrodos, a pesar que
difieren ligeramente dependiendo del tipo de cráneo (figuras 1 y 2), están
situados sobre las mismas áreas de proyección cerebral (tabla 2). Por lo tanto,
los trazados pueden compararse no sólo en estudios sucesivos de un mismo
paciente, sino también en estudios poblacionales de pacientes con distinto
tamaño de cráneo.
Las referencias anatómicas
utilizadas (línea temporal, proceso cigomático del hueso frontal, arco
cigomático y proceso mastoideo) son fáciles de identificar en los animales y,
por lo tanto, son repetibles en forma sencilla con un poco de adiestramiento.
Sin embargo, debe prestarse especial atención a la posición simétrica de todos
los electrodos ya que una mala técnica puede alterar los resultados de la
lectura e interpretación.
|
Tabla 1.
Denominación de los electrodos para electroencefalografía canina |
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Fp1 y Fp2 |
Electrodos
frontopolares izquierdo y derecho |
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F3 Y F4
|
Electrodos
frontales izquierdo y derecho |
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P3 Y P4 |
Electrodos
parietales izquierdo y derecho |
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O1 Y O2 |
Electrodos
occipitales izquierdo y derecho |
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T3 Y T4 |
Electrodos
temporales izquierdo y derecho |
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Cz |
Electrodo
central |
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Oz |
Electrodo
occipital medio |
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Tabla 2.
Áreas de cobertura cerebral
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Fp1 y Fp2 |
Corteza
frontal (giro proreus) |
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F3 Y F4
|
Corteza
agranular (giro precuzado) |
|
P3 Y P4 |
Corteza
parietal (porción craneal del giro ectomarginal) |
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O1 Y O2 |
Corteza
granular, región occipital (giro marginal/giro occipital) |
|
T3 Y T4 |
Corteza
granular, región temporal (fisura seudosilviana) |
|
Cz |
Región
parietal (fisura longitudinal cerebral) |
|
Oz |
Región
occipital (fisura longitudinal cerebral) |

Figura 1. Vista lateral
izquierda de un cráneo canino mesocefálico, con la posición de los electrodos de
registro. a línea temporal; b arco cigomático; c proceso cigomático; d proceso
mastoídeo; e cresta temporal. Fp. Electrodo frontopolar; F electrodo frontal; P
electrodo parietal; O electrodo occipital; T electrodo temporal; Cz electrodo
central (vértex); Oz electrodo occipital central.

Figura 2. Vista lateral
izquierda de un cráneo canino braquicefálico, con la posición de los electrodos
de registro. a línea temporal; b arco cigomático; c proceso cigomático; d
proceso mastoídeo; e cresta temporal. Fp. Electrodo frontopolar; F electrodo
frontal; P electrodo parietal; O electrodo occipital; T electrodo temporal; Cz
electrodo central (vértex); Oz electrodo occipital central.
Métodos de restricción
Lo ideal sería obtener un
trazado en las condiciones más naturales posibles. Sin embargo, la falta de
colaboración de nuestros pacientes hace necesario algún tipo de restricción. El
uso de sujeción física ocasiona artificios producidos por el movimiento por
mínimo que este sea, que pueden ser fácilmente interpretados como grafoelementos
patológicos (Herin, 1968; Klemm, 1968). En cuanto a la sujeción o restricción
química, se ha demostrado que el uso de barbitúricos como el pentobarbital
sódico produce modificaciones en la actividad eléctrica cerebral (Klemm, 1968) a
diferencia de la xilazina, que no produce alteraciones en el trazado EEG (Tourai,
1985; Takahashi, 1986; Pellegrino, 1997) debido a que no tiene efecto directo
sobre las neuronas corticales piramidales (actúa inhibiendo la liberación de
noradrenalina por su unión a receptores ±
2 adrenérgicos
presinápticos), genera un estado de somnolencia acompañado de una excelente
relajación muscular general y analgesia, que constituye un excelente método de
restricción. Se utiliza en dosis de 0.5 a 1mg/Kg IM o SC, alcanzando sus efectos
al cabo de 10 a 15 minutos. Es importante recordar que está contraindicado en
animales durante el último mes de preñez (Greene, 1988) y en aquellos pacientes
cuyo efecto hipoxémico pueda empeorar su estado (Celly, 1997).
Registro electroencefalográfico
El electroencefalógrafo
consiste en un número variable de canales amplificadores con su correspondiente
sistema de registro, ya sea en un papel o en la pantalla de un PC. La señal
eléctrica cerebral debe ser amplificada por su escasa amplitud (microvoltios),
para poder ser registrada. La adquisición de dichas señales eléctricas se
obtiene a partir de diferentes tipos de montajes. El montaje bipolar (figura 3)
registra la diferencia de potencial entre dos electrodos activos, es decir, que
se encuentran ubicados en sitios en donde se registra actividad cerebral. Estos
se combinan de tal forma que siempre hay uno en común ente dos canales. El
montaje referencial o de referencia común (figura 4) es aquel que registra la
diferencia de potencial entre un electrodo activo (situado sobre la superficie
del cráneo) y uno de referencia en común a todos los canales, por ejemplo, un
electrodo ubicado en el área nasal, que es una zona “inactiva” en lo que
respecta a potenciales cerebrales (Delamónica, 1987; Casaglia, 1995).

Figura 3. Esquema de montaje
bipolar. Cada canal EEG tiene dos entradas, representadas por una línea llena y
una entrecortada. El trazado resultante refleja la diferencia de potencial que
existe entre las dos entradas, constituidas por dos electrodos activos.

Figura 4. Esquema de montaje
referencial. Cada canal EEG tiene dos entradas, representadas por una línea
llena y una entrecortada. El trazado resultante refleja la diferencia de
potencial que existe entre las dos entradas, constituidas por un electrodo
activo y otro de referencia, común a todos los canales.
Descripción e interpretación
del registro electroencefalográfico
La actividad normal del EEG
está constituida por una actividad de base o de fondo, a la que se adiciona una
actividad funcional o transitoria (Holliday, 1999; Riquelme, 1995; Nieto, 1993).
La actividad de base se caracteriza por ritmos u ondas de forma y duración
similar. Estos ritmos se definen de acuerdo a su frecuencia (número de ciclos u
oscilaciones completas por unidad de tiempo) y amplitud (magnitud de los cambios
de voltaje), expresados en hertz (Hz) y microvoltios (¼
V) respectivamente.
Los ritmos u ondas de aparición
regular, también denominados actividades habituales, se dividen según su
composición frecuencial en las siguientes bandas: delta (0.5 a 3.5 Hz), theta (4
a 7.5 Hz), alfa (8 a 13.5 Hz), Beta1 (14 a 21.5 Hz) y Beta 2 (22 a 30 Hz). En
este grupo se incluyen además ciertas actividades de aparición episódica como
los husos del sueño, actividad lenta o muy lenta y ritmo beta rápido. La
actividad funcional está constituida por eventos transitorios de carácter
fisiológico o madurativo, y deben interpretarse de acuerdo a una serie de
criterios clínicos para evitar que sean confundidos como grafoelementos de
actividad epileptiforme. Se incluyen entre ellas las ondas agudas del vértex,
ondas lentas de 3Hz o de 4 a 6 Hz y complejos K.
Un registro EEG se interpreta
como anormal cuando ocurren los siguientes cambios: modificaciones en la
frecuencia y/o amplitud de sus ritmos; presencia de asimetrías; presencia de
alteraciones focales de carácter permanente y/o aparición de grafoelementos no
habituales ni funcionales (Delamónica, 1987; Holliday, 1999; Nieto, 1993).
Aunque variados grafoelementos
son muy sugerentes de determinadas patologías, no permiten establecer etiologías
definitivas (Delamónica, 1987), debido a que las neuronas reaccionan
eléctricamente de forma similar ante distintas noxas. Por lo tanto, frente a un
EEG de carácter anormal se puede establecer lo siguiente: 1. Que el trazado
refleje una perturbación permanente de la función cerebral de tipo focal,
multifocal o generalizada, con alteraciones claras de la actividad de base
(figura 5) o 2. Que el trazado se normalice después de un período agudo y
paroxístico en una lesión cortical, sea focal, multifocal o generalizada sin
afectar la actividad de base (figura 6) (Delamónica, 1987).
Para una correcta
interpretación visual del EEG es importante tener en cuenta varios factores como
son: la edad del paciente, ya que existen diferencias en el trazado de base, de
acuerdo al desarrollo madurativo del sistema nervioso central entre el
nacimiento y los 23 meses de edad, estableciéndose el trazado definitivo del
animal adulto a partir de los 24 meses (Pellegrino, 2000b). El estado de
conciencia, ya que existen cambios en los ritmos dependiendo, por ejemplo, si el
animal está en alerta o dormido. Un último factor, hace referencia a los
montajes utilizados (bipolar o de referencia común).

Figura 5. EEG interictial
(montaje circunferencial) de un canino hembra, mestizo, de 3 años de edad, que
muestra descargas paroxísticas focales en la región temporal izquierda (T3), a
las que sigue un periodo de repolarización, determinado por ondas lentas. Signos
clínicos: Crisis generalizadas, conductas extrañas (perversiones del apetito,
actitudes que sugieren “alucinaciones”). Diagnóstico: epilepsia focal del área
temporal.

Figura 6. EEG interictial de un
canino macho, Ovejero Alemán, de 7 años de edad. Sobre la actividad de base
enlentecida, se observa ondas deltas permanentes, en el canal T4. Signos
clínicos: Crisis seriadas (10-15 convulsiones en 24 horas), de frecuencia de
presentación variables, pero siempre mayor de un mes. Diagnóstico: Presuntivo,
neoplasia cerebral, definitivo a través de TAC (tomografía axial computada),
imagen compatible con un proceso tumoral a nivel de la zona craneal de la parte
basal del rinencéfalo derecho, prácticamente en el bulbo olfatorio.
Importancia del EEG como método
de diagnóstico complementario
El EEG es el medio de
diagnóstico complementario ideal para un síndrome convulsivo, permitiendo
definir y clasificar el tipo de crisis, cuantificar las descargas y localizar el
foco convulsivo (Thomson, 1997; Pellegrino, 1999). Además detecta claramente
afecciones progresivas o crónicas que alteren de una u otra forma la actividad
de la corteza cerebral. Tal es el caso de neoplasias cerebrales, isquemias
agudas, accidentes vasculares cerebrales y/o alteraciones del desarrollo que
provoquen un incremento del fluido cerebroespinal (hidrocefalia), ya que causan
distorsiones características en el trazado eléctrico, aún con signología clínica
leve. Las alteraciones metabólicas también ocasionan disturbios bioeléctricos en
la corteza cerebral, a veces de un modo más generalizado e inespecífico (hipoglicemia,
hipotiroidismo), otras en forma focalizada en la región temporal (encefalopatía
hepática) (Pellegrino, 1999).
El registro de la actividad
eléctrica temporal constituye una herramienta valiosa para el diagnóstico y
tratamiento de convulsiones o epilepsias rinencefálicas, muchas veces
caracterizadas solamente por comportamientos inapropiados o anormales. Muchos
paroxismos breves, con alteración de la conciencia y de la conducta asociados
con una actividad motora estereotipada son formas de actividad comicial
psicomotora. Estas se manifiestan como episodios de furia o agresión, salivación
excesiva, lamidos o masticación, ingesta voraz repentina de alimento o agua,
carreras incontroladas, vocalización o temblores (Ford, 1992) e incluso se ha
sugerido que algunos trastornos gastrointestinales asociadas a EEG alterados,
podrían deberse a convulsiones rinencefálicas, también llamadas límbicas (Breitschwerdt,
1979).
Hoy en día este método de
diagnóstico complementario ya se encuentra disponible en Chile, permitiendo
entregar a nuestros pacientes y clientes un mejor servicio frente a un síndrome
convulsivo.
2 adrenoceptor agonists (xylazine, romifidina,
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Fuente: MEVEPA
www.mevepa.cl
Autorizada la reproducción por Gustavo
Contreras