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Prueba |
Salmonella gallinarum |
Salmonella pullorum |
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Glucosa |
Fermenta sin gas |
Fermenta con gas |
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Manitol |
Fermenta sin gas |
Fermenta con gas |
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Maltosa |
Fermenta sin gas |
Usualmente no fermenta |
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Dulcitol |
Fermenta sin gas |
No fermenta |
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Ornitina |
No fermenta |
Fermenta |
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Tartrato de Jordans |
Fermenta |
No fermenta |
Diagnóstico mediante biología molecular
Las investigaciones destinadas al diagnóstico bacteriológico mediante técnicas moleculares se han multiplicado en los últimos diez años. Estas técnicas, basadas en la amplificación del DNA mediante PCR (Reacción en cadena de la polimerasa) han tenido un impacto revolucionario debido a la precisión y rapidez en la obtención del resultado y el empleo de una muestra mínima.
El grupo de las salmonelas es muy diverso. Hasta el momento se han identificado más de 2200 serovariedades diferentes, clasificadas dentro de tres grandes grupos serológicos, dependiendo de los antígenos somáticos y flagelares que presenten. La determinación de las serovariedades generalmente se realiza utilizando técnicas serológicas (especialmente aglutinación con los distintos sueros específicos). En la actualidad, gracias al gran desarrollo de distintas técnicas en el campo de la biología molecular, es posible el diagnóstico y la identificación de distintos aislamientos de Salmonella mediante PCR.
La utilización de estas técnicas moleculares permite el diagnóstico rápido y preciso de los aislamientos. Desde la llegada de la muestra al laboratorio, el diagnóstico tradicional de las salmonelas que combina bacteriología y serología requiere un mínimo de tres días para el aislamiento de la bacteria y su identificación mediante pruebas bioquímicas. Una vez que el aislamiento ha sido determinado bioquímicamente como S. enterica, es necesaria su identificación serológica.
Por el contrario, la identificación de las salmonelas mediante técnicas de biología molecular demanda menos tiempo. Si bien el tiempo necesario para el diagnóstico puede variar según la metodología utilizada, en general puede realizarse en 24 horas a partir de la llegada de la muestra al laboratorio
Dado el cercano parentesco filogenético entre las distintas serovariedades, el patrón genético es muy similar entre ellas. Por lo tanto, es imprescindible la correcta elección de “primers” y protocolos que permitan una correcta distinción entre las diferentes serovariedades. Algunos investigadores han estudiado este problema, obteniendo distintos resultados. Existen algunos genes que se encuentran específicamente en el genoma de las salmonelas y no están presentes en otras bacterias emparentadas. Los genes invA y spvC confieren a las salmonelas la capacidad de invadir células. Hasta el momento se sabe que al menos cinco serovariedades de salmonelas lo presentan: Typhimurium, Choleraesuis, Dublin, Enteritidis y Gallinarum15,16. Chiu y Ou lograron una metodología basada en la amplificación de estos genes que permite el diagnóstico de estas salmonelas. Esta prueba resultó ser específica ya que cuando se aplicó sobre otras bacterias emparentadas (Escherichia coli, Citrobacter diversus, Shigella flexnei y Proteus mirabilis, entre otras), en ninguno de los casos el gen fue amplificado. Cuando se comparó con el diagnóstico tradicional (cultivo y aislamiento de la bacteria) la prueba de PCR resultó ser más eficaz, ya que mediante este método se pudo detectar el 95% de las muestras positivas, mientras que el método tradicional sólo se logró detectar al 60% de las mismas (6).
Bäumler et al. lograron la diferenciación mediante PCR de 51 serotipos distintos de salmonellas (S. Gallinarum entre ellos) mediante la amplificación del gen iroB presente en todas las salmonelas y ausente en las bacterias que comparten el mismo nicho ecológico4. Este método se basó en un enriquecimiento de las muestras en caldo peptonado adicionado con “ferrioxamina E” previo a la amplificación por PCR. Mediante esta técnica, el diagnóstico sería posible en 24 horas.
Aún no se han estudiado ni desarrollado pruebas de PCR que permitan específicamente la diferenciación de S. Gallinarum serovariedades gallinarum y pullorum. Las futuras investigaciones en este campo permitirán mejorar y agilizar el diagnóstico diferencial de estas enfermedades, lo que seguramente contribuirá al control y erradicación de las mismas.
Vacunación
Si bien experimentalmente se han evaluado distintas vacunas vivas e inactivadas para el control de la TA, en Argentina y en varios países de Latinoamérica sólo ha tenido uso generalizado la vacuna viva basada en la cepa 9R30, que es la única aprobada por las autoridades sanitarias para la prevención de la TA en gallinas ponedoras. Con esta vacuna se ha demostrado que el empleo combinado de las vías oral e inyectable brinda protección más completa. También se efectuaron ensayos con otras cepas atenuadas de S. gallinarum (3,14), pero las mismas no demostraron ser mejores que la cepa 9R. Por otro lado, las vacunas inactivadas, utilizando células enteras, no tienen uso generalizado por su poca efectividad. Sin embargo, experimentalmente se ha demostrado que si se usan las proteínas purificadas de la membrana externa de S. gallinarum, existe una mayor exclusión de las salmonelas patógenas de los órganos internos que cuando se emplea la cepa 9R (5).
Actualmente, uno de los problemas cruciales de la avicultura mundial es el control de la paratifosis debida a S. Enteritidis, sobre todo debido a la importancia que ha adquirido esta zoonosis. Si bien originalmente se ha descripto que la cepa 9R ofrece cierto grado de protección cruzada contra S. Enteritidis (30), en las granjas la misma resulta insuficiente para impedir la difusión de esta paratifosis (24,25). Por ello se han desarrollado investigaciones para la búsqueda de cepas atenuadas de S. Enteritidis que específicamente puedan controlar a esta paratifosis (18). Estas vacunas han resultado ser tan efectivas en algunos países de Europa puesto que su aplicación es obligatoria en granjas de gallinas ponedoras. En países como la Argentina, donde comúnmente coexisten ambas enfermedades, lo ideal sería disponer de una vacuna que en forma simultánea pueda controlar a ambas enfermedades. Al respecto se están realizando en el INTA de Balcarce una serie de ensayos en aves libres de Salmonella que fueron vacunadas con una cepa atenuada de S. Enteritidis y posteriormente desafiadas con S. gallinarum en distintos momentos de su ciclo productivo; estos resultados han sido muy promisorios (datos no publicados) e indicarían que la futura introducción de estas cepas podría mejorar sensiblemente el control de la TA y al mismo tiempo disminuir la incidencia de S. Enteritidis en las aves e indirectamente en el ser humano. Estos resultados estarían también avalados por otros trabajos experimentales que han demostrado que la administración experimental de linfoquinas inducidas por S. Enteritidis a pollos parrilleros jóvenes reducen significativamente la transmisión horizontal de S. gallinarum (19).
Exclusión competitiva
En los sistemas de producción actuales, los pollitos nacen en plantas de incubación muy higiénicas y separados de sus progenitores, por lo que no adquieren la flora protectora de la gallina como lo harían naturalmente cuando picotean las heces de la madre apenas nacen, quedando desprotegidos frente a infecciones entéricas. El sistema artificial de crianza torna mucho más susceptible al pollito recién nacido, el que puede infectarse en ese estadio con una célula de Salmonella, y esa contaminación se difunde rápidamente al no presentar la competencia de la flora bacteriana. Así, las salmonelas provenientes de un solo pollito pueden contagiar a sus congéneres en la planta de incubación o en la caja durante el transporte y luego esa infección transmitirse a la granja. De este modo, la población avícola puede adquirir un estado de infección crónica constituyendo una fuente permanente de transmisión del agente etiológico.
Se ha demostrado que administrando a pollitos recién eclosionados cultivos anaerobios no definidos, obtenidos de contenido cecal de aves adultas, se logra protección frente a desafíos con salmonelas (20,28). Lamentablemente, estos tratamientos no permiten conocer cuáles son las bacterias que ejercen tal protección e, involuntariamente, se puede favorecer la transmisión de agentes infecciosos no detectados aún cuando se utilicen heces provenientes de aves libres de patógenos específicos (SPF). Esto explica por qué este tipo de tratamiento no está aprobado en muchos países. Si bien ya existen varios productos comerciales, las nuevas investigaciones respecto a este tema tienen el objetivo común de usar bacterias totalmente identificadas y seleccionadas por sus propiedades beneficiosas.
Las bacterias lácticas y microorganismos relacionados desempeñan un papel fundamental en el equilibrio de la microflora intestinal a través de mecanismos de exclusión competitiva. Aproximadamente todas las fórmulas probióticas, diseñadas para aves y disponibles en el mercado contienen lactobacilos (Lacobacillus casei, L. acidophilus, L. salivarius, L. plantarum, L. helveticus), lactococos (L. lactis) y/o enterococos (Enterococcus faecium, E. faecalis) (13). Muy pocas poseen bifidobacterias aunque existe una tendencia, cada vez mayor, a incorporarlas. Otros géneros considerados protectores son: Veillonella, Bacteroides, Escherichia, Eubacterium, Propionibacterium, Peptostreptococcus, Clostridium y también la levadura Saccharomyces boulardii. En su constitución pueden participar desde una única cepa bacteriana hasta ocho, pertenecientes o no a la misma especie o género (2).
Se ha demostrado que tratamientos in ovo a los 18 días de incubación no afectan a los embriones, siendo más efectivos cuando además se complementan con aspersión en el momento en que los pollitos realizan el picaje de los huevos en la nacedora. Entre las bacterias más promisorias para este uso se encuentran ciertas cepas de L. reuteri (8). La administración de estos microorganismos puede continuarse a lo largo de la vida del animal a través del alimento o agua de bebida. Estos tratamientos no sólo son efectivos para prevenir la colonización de salmonelas sino también pueden impedir la colonización de otras bacterias patógenas como Campylobacter spp. termofílicos o Listeria spp. entre otros.
Tratamiento
El tratamiento con drogas antibióticas debe ser la última opción, ya que siempre se debe intentar la erradicación de la enfermedad mediante el correcto manejo, la administración de flora normal competitiva y la vacunación. Ninguna droga o combinación de drogas es capaz de eliminar la infección de los lotes tratados y debe considerarse que el tratamiento de las aves muchas veces produce la resistencia a las drogas empleadas. Se ha demostrado la efectividad de varias sulfonamidas seguida por la administración de nitrofuranos y otros antibióticos en cuanto a la reducción de la mortalidad debida a la TA y la pullorosis. Las sulfonamidas que han sido utilizadas en el tratamiento de la TA y la pullorosis incluyen a la sulfadiazina, sulfamerazina, sulfatiazol, sulfametazina y sulfaquinoxalina. Estos fármacos, si bien efectivos en la reducción de la mortalidad debida a estas enfermedades, permiten la supervivencia de aves infectadas que pasan a ser portadoras, perpetuando así la infección en las granjas. Otros antibióticos que pueden ser usados para el control y tratamiento de la TA y pullorosis incluyen a la furaltodona, furazolidona, cloranfenicol, biomicina, apramicina, gentamicina, y clorotetraciclina (26).
En general, de acuerdo a nuestra experiencia, el cloranfenicol y las sulfamidas asociadas a trimetoprima son los antibióticos que menor resistencia han generado. Sin embargo, actualmente la administración de cloranfenicol a animales para consumo humano ha sido prohibida y algunas sulfamidas presentan toxicidad renal para las aves.
Prevención y métodos de control
En los países desarrollados, la disminución de la incidencia y prevalencia o bien la erradicación de la TA y la pullorosis de los criaderos industrializados, ha sido una consecuencia de la aplicación y estricto cumplimiento de planes de erradicación combinados con programas de manejo adecuados. Uno de los requerimientos básicos es establecer si los lotes están libres de S. gallinarum ó S. pullorum, e incubar y criar a la progenie bajo condiciones que eviten el contacto directo o indirecto con las aves infectadas. Ya que la transmisión a través del huevo tiene mucha importancia en la propagación de las dos enfermedades, sólo deben introducirse en las incubadoras huevos que provengan de lotes libres de TA y P. Los pollos y pavos son los huéspedes primarios de S. gallinarum y S. pullorum, y las aves silvestres no son el reservorio principal de la infección. Por lo tanto es fundamental la erradicación de estas enfermedades de los pavos y pollos para la erradicación definitiva de la TA y la P en la industria comercial avícola.
Erradicación
Los planes de erradicación de la TA y P deben basarse en la eliminación de las aves portadoras, centrando el control en los lotes de aves reproductoras. Esto sólo es posible mediante el constante monitoreo serológico y bacteriológico combinados de los reproductores, empleando técnicas tradicionales u otras más efectivas y rápidas como, por ejemplo ELISA con PCR. Por este motivo, a las aves reproductoras no se les debería administrar ningún tipo de vacunas, ya sean vivas o muertas, puesto que las mismas interfieren con las técnicas serológicas citadas anteriormente. Sin embargo, mediante la detección de estas salmonelas por bacteriología estándar o bien por PCR, es posible establecer un diagnóstico certero, aún cuando las aves reproductoras hayan sido previamente vacunadas. En estos casos puede aumentarse la sensibilidad del diagnóstico mediante el empleo combinado de técnicas de enriquecimiento.
Los pasos básicos que deberían seguirse en un plan de erradicación en nuestro país son los siguientes:
La presencia de TA o P debe ser informada en forma obligatoria al SENASA.
Los lotes de aves reproductoras sospechosas de estar infectadas deben mantenerse en estricta cuarentena y cuando se demuestre que las aves están infectadas deben ser eliminadas. Una vez controlada la infección, la futura comercialización de ese establecimiento afectado debe realizarse bajo estricta supervisión y control.
La reglamentación de importaciones debe requerir que los cargamentos de huevos y pollos provengan de fuentes consideradas libres de TA y P. De allí la importancia de instaurar estas nuevas pruebas de diagnóstico rápidas y confiables como, por ejemplo aquellas basadas en la biología molecular. Debe requerirse la total participación de las granjas de incubación y cría en los programas nacionales de control de la tifosis y pullorosis.
Una vez controlada la enfermedad en las aves reproductoras sería muy importante realizar monitoreos bacteriológicos tradicionales o moleculares en granjas de ponedoras y establecer estrictas medidas de cuarentena para evitar la difusión de esta enfermedad.
A pesar de que los países desarrollados han limitado la presencia y propagación de la TA y P en los criaderos comerciales, estas enfermedades aún persisten en las granjas familiares. La separación entre la avicultura comercial y no comercial no ha sido totalmente efectiva para prevenir la transmisión de S. gallinarum y S. pullorum entre estas dos poblaciones de aves, puesto que las pequeñas granjas familiares infectadas continúan constituyendo una amenaza para la avicultura comercial. Por lo tanto, aún es necesario el monitoreo continuo de las aves en las explotaciones comerciales de los países que ya han eliminado estas salmonelosis de las granjas industriales. En las granjas de aves reproductoras libres de T y P de los que países en los cuales estas enfermedades siguen siendo endémicas en las gallinas ponedoras, los controles sanitarios deben ser mucho más estrictos, evitando el ingreso a las granjas de personal o implementos avícolas procedentes de otros establecimientos.
Dado el carácter especializado y restringido a las aves de S. Gallinarum, estas dos enfermedades fueron erradicadas de las granjas industriales mediante un plan de control que fue implementado con éxito en varios países. Sin embargo, cuando estos mismos métodos se aplicaron para erradicar a la paratifosis por S. Enteritidis, bacteria que no reconoce a un huésped específico, esta enfermedad no pudo ser erradicada. Debido a ello, las estrategias de lucha tuvieron que ser revisadas y modificadas, estableciéndose así planes basados en las tradicionales medidas de control e higiene, pero esta vez conjuntamente asociadas con la aplicación de vacunas vivas de administración obligatoria en gallinas ponedoras comerciales. En países donde coexisten la P, TA y paratifosis por S. Enteritidis, lo más adecuado sería contar con un plan de vacunación dirigido al control de todas estas salmonelosis en su conjunto.
Bibliografía
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FUENTE: www.produccionbovina.com
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