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El
Proceso de Domesticación(*)
Silvana Mattiello
Instituto de
Zootécnica
Facultad de
Medicina Veterinaria
Universidad
de Estudios de Milán
(*) Publicado
Originalmente en Obiettivi & Documenti Veterinari Nº 7/8 1998
Traducción:
Lic. Ana Bretón
Objetivos
Definir los
conceptos de domesticación, domesticar y readaptación a la vida salvaje y
ofrecer una breve panorámica sobre la evolución cronológica del proceso de
domesticación y sobre los mecanismos que han contribuido a su desarrollo por
parte de las principales especies de interés.
Palabras clave
Doméstico, salvaje, domesticación, readaptación a la vida salvaje.
La diferencia
entre los dos términos se muestra evidente en la versión inglesa, y no tanto en
la italiana (española). En tanto que el término "domesticado" (en inglés "tame")
se refiere a individuos más o menos dóciles y tratables relacionados con el
hombre pero cuya reproducción no es intencionadamente selectiva, el término
"doméstico" ("domestic") hace referencia a aquéllos animales que, mediante la
directa selección del hombre, han adquirido determinadas características
morfológicas, fisiológicas, comportamentales y genéticas diferentes a las que
tenían sus progenitores salvajes. La doma, "domesticar" en este caso, por, hace
referencia a individuos singulares, mientras que la domesticación involucra a
poblaciones enteras. Por ejemplo, un solo tigre puede ser domado, pero
seguramente no podemos referirnos a los tigres como una especie doméstica.
Una definición
exhaustiva sobre la domesticación fue dicha por Price (1984), según el cual "La
domesticación es un proceso mediante el cual una población animal se adapta al
hombre y a una situación de cautividad a través de una serie de modificaciones
genéticas que suceden en el curso de generaciones y a través de una serie de
procesos de adaptación producidos por el ambiente y repetidos por generaciones".
En esta definición se ponen de manifiesto algunos aspectos importantes de la
domesticación. Por una parte, se describe como un proceso evolutivo gradual de
adaptación, que por tanto requiere largos períodos de tiempo para ser llevado a
cabo; por otra, es evidente la importancia de la fijación a nivel genético de
las modificaciones adaptativas, sean éstas de tipo morfológico, fisiológico o
comportamental.
Habiendo sido
definido como un proceso gradual, el paso de la forma salvaje a la forma
doméstica es muy difícil de medir con precisión y es difícil también establecer
la barrera entre las dos formas. No es fácil responder a la pregunta "¿cuándo se
transforma en doméstica una especie?. El problema reside en el hecho de que
existen muchas formas intermedias de control sobre los animales antes de poder
alcanzar su control total.
Por ejemplo, es el
caso también de la fauna en el interior de los parques o de haciendas con
venados, que viven en ambientes "naturales" aunque sujetos, a menudo, a
condiciones de cierto control por parte del hombre quien lleva y/o introduce
animales en función de la fauna del territorio, puede suministrar alimento en
los períodos críticos de menor disponibilidad de forraje y, en algunos casos,
también interveniene mediante controles y tratamientos sanitarios (Forni, 1990).
En una población
sometida a un proceso de domesticación se verifican una serie de cambios
graduales que permiten al animal "adaptarse" al nuevo ambiente, donde por
"adaptación" debemos entender, utilizando la definición de Mainardi (1992) "un
proceso de cambio que de generaciones en generaciones conduce a los organismos a
adoptar mecanismos morfológicos, fisiológicos y comportamentales idóneos para la
supervivencia y la reproducción". Si tales cambios son hereditarios, podríamos
hablar de una adaptación de tipo evolutivo.
Los procesos de
aprendizaje revisten un importante papel para la adaptación de los animales a
nuevas situaciones. Éstos actúan mediante una serie de mecanismos, como la
costumbre, el condicionamiento, la imitación, l´imprinting, etc. (Immelmann,
1988).
Cronología
Si consideramos
que la diferenciación del género Homo se remonta a 2 millones de años a.C. y que
la primera forma animal reconocida doméstica, el Canis familiaris,
aparece entre el 14000 y el 12000 a.C., nos damos cuenta de cómo la mayor parte
de la vida del hombre sobre la tierra ha transcurrido sin que se instaurase
algún tipo de relación entre el hombre y los animales, a excepción del basado
puramente en la caza (Clutton-Brock, 1987). Según algunos autores, sin embargo,
ya en el Mesolítico (antes de la domesticación del perro) el hombre empieza a
establecer una relación con los renos, persiguiendo las manadas a distancia para
poder cazarlos y explotarlos para la producción de carne, piel, cuernos, etc.
Dicha conducta del hombre tuvo dio lugar a que, en vez de ser el hombre el que
siguiera a los renos, parece que indujo a los renos a modificar sus propias
rutas de migración en función de los desplazamientos del hombre, que era
identificado como "el jefe de la manada". De hecho, según Clutton-Brock (1987),
la domesticación efectiva de los renos ha sido verificada entorno al 1000 a.C.,
posteriormente a que hubiera tenido lugar la domesticación de la mayor parte de
las especies actualmente definidas como domésticas.
El primer animal
doméstico ha sido el perro, probablemente debido a varias causas, entre las
principales está el espontáneo acercamiento a los campamentos humanos en busca
de alimento, la atracción ejercida por los cachorros entre los adolescentes y
las mujeres y, en fin, la utilidad que revisten como animales de caza, además de
compañía. Su domesticación sucede inicialmente en Norte América y se difunde a
Europa y Asia. Cuando el hombre se transforma de cazador-recolector nómada a
agricultor sedentario, tuvo origen el proceso de domesticación de los pequeños
rumiantes, inicialmente de las cabras y sucesivamente de los ovinos. Estos
animales comenzaron a frecuentar las áreas que circundaban los campamentos,
donde encontraban abundante alimento en los campos cultivados (de aquí la
definición de "ladri di messi" ("ladrones de mesas"); Forni, 1990). Por otra
parte, algunas crías que quedaban huérfanas o algunos animales heridos durante
las batidas de caza llegaban al interior de los campamentos quedando confiados a
la protección de los jóvenes y mujeres. En particular, se piensa que las mujeres
jugaron un papel fundamental en el proceso de domesticación de los pequeños
rumiantes, en la medida en que estaban en condiciones de alimentar a los
pequeños huérfanos amamantándolos en su propio seno, como todavía ocurre en
alguna civilización primitiva. El perro, que en esa época era ya doméstico,
interviene también en el proceso de domesticación de los ovinos, ayudando al
hombre a reagrupar y a controlar a los animales.
|
Año |
Género/especie
y
Especie Originaria |
Area de origen
de la
domesticación |
|
14.000-12.000
a.C. |
perro (Canis
familiaris) |
Norte América
Europa, Asia |
|
8.000 a.C. |
caprinos (Capra
aegagus) |
Medio Oriente |
|
7.200 a.C. |
ovinos (Ovis
orientalis) |
Medio Oriente |
|
7.000 a.C. |
Bos Taurus
y Bos indicus (Bos primigenius) |
Grecia –
Turquía
(Europa), Irán |
|
7.000 a.C. |
suinos (Sus
vitatus,
Sus scrofa) |
Asia, Europa |
|
4.000 - 2.000
a.C. |
equinos (tarpan,
Przewalski) |
Ucrania,
China,
Asia Central |
|
3.000 - 2.000
a.C. |
gato (Felis
libica, F.
Silvestris) |
Africa
(Egipto),
Europa |
|
2.000 a.C. |
gallina (Gallus
gallus) |
Asia |
|
100 a.C. |
conejo (Oryctolagus
cuniculus) |
Italia |
|
2.000 d.C. |
ciervos (Cervidi
elaphus, Dama
dama) |
Nueva Zelandia.
Europa (Escocia) |
|
Tab. 1 -
Cronología De La Domesticación |
La domesticación
de los ovi-caprini favorece al mismo tiempo la sucesiva domesticación de
los bovinos, en cuanto pequeños rumiantes pudiendo ser ordeñados y su leche
utilizada para nutrir a los jóvenes, los cuales eran demasiado grandes para ser
amamantados por el seno de una mujer.
El uro (Bos
primigenius) que es considerado el fundador del linaje de todos los bovinos
modernos, era de hecho un animal de dimensiones notables. Presentaba formas
similares a las de los bovinos actuales, pero podía alcanzar 1 ó 2 metros de
altura y tenía largos cuernos en forma de lira (Albright y Arave, 1997). Parece
que estos animales se mantuvieran en recintos fuera de los campamentos y
seleccionados inicialmente en función de la forma de los cuernos, que recuerda
la imagen de la luna creciente, para utilizarlos en rituales religiosos
dedicados precisamente a la Diosa Madre Luna. También la evolución de las
técnicas de caza parece haber favorecido el proceso de domesticación de los
bovinos,: el hombre empieza de hecho a organizar verdaderas batidas, empujando a
los animales al interior de grandes recintos. En las batidas particularmente en
las más afortunadas, el número de animales capturados era superior al que podía
ser consumido en tiempo útil para que no se pudriese la carne. Los animales en
sobre número eran mantenidos en recintos y llevados en caso de necesidad para
fines alimenticios y/o religiosos. De esta forma tiene origen la primera forma
de cría.
Casi paralelamente
al inicio del proceso de domesticación del bovino, en Asia y en Europa se
empieza a mantener en la casa o en el entorno de la casa a los cerdos (Hart,
1985). Las formas domésticas actuales tuvieron origen en cruces entre el cerdo
salvaje asiático (Sus vittatus) y el cerdo salvaje europeo, el jabalí (S.
Scrofa).
La domesticación
de los equinos se produjo muchos años después, probablemente entre el 4000 y el
2500 a.C., inicialmente en Ucrania, a partir del tarpan, una forma
salvaje extinguida en 1851 (Hart, 1985). A la formación de las razas modernas
asiáticas probablemente participó el caballo de Przewalski, de los que
sobreviven todavía algunos raros ejemplares, que se conservan y estudian en el
zoológico precisamente por su importancia histórica.
Uno de los últimos
mamíferos en ser domesticado, entre el 3000 y el 2000 a.C., fue el gato. Su
presencia entorno a las viviendas fue inicialmente animada en Egipto, con el fin
de controlar el número de roedores. Posteriormente, este animal asumió una
notable importancia en los ritos religiosos, llegando a ser considerado sagrado.
Nuestro gato doméstico tuvo su origen de la forma salvaje africana (Felis
libica), introducida posteriormente también en Europa y cruzada con la forma
salvaje europea (Felis silvestris). El gato existió a la vez que los
pollos, cuya forma doméstica tuvo origen en Asia entorno al 2000 a.C. a partir
del Gallus gallus, y al que han podido seguir todas las otras especies
avícolas.
Entre las especies
de interés zootécnico no podemos olvidarnos del conejo, cuya domesticación es
relativamente reciente. De hecho, no obstante, se sabe que estos animales fueron
mantenidos en cautividad por los Romanos ya en el I siglo a.C. para la
producción de carne, las primeras variaciones de coloraciones del manto, que
indican un control de la reproducción por parte del hombre, aparecen en el siglo
XVI, después de que la cría del conejo hubiera empezado a difundirse con el
trabajo de los monjes.
Mientras que en el
pasado la domesticación se realizaba mediante un proceso muy lento que requería
mucho tiempo, hoy el progreso de la tecnología de cría y reproducción hace más
fácil y veloz el proceso de domesticación de nuevas especies que han sido objeto
de atención por parte del hombre. Uno de los ejemplos más recientes en este
campo es el de los cérvidos, y en particular el del ciervo y el gamo, cuya
reproducción intensiva comenzó en los años 70 pero que puede ser considerada ya
una especie en vías de domesticación (Mattiello, 1994).
Etapas en el
proceso de domesticación
Según Zeuner
(1963), es posible reconocer cinco etapas fundamentales dentro del proceso de
domesticación. En la primera etapa, la unión hombre- animal es muy débil y son
frecuentes los cruces de las formas mantenidas en cautividad con las formas
salvajes originarias, en cuanto al control sobre los animales por parte del
hombre es muy reducido. Posteriormente, en la segunda etapa, el hombre comienza
a controlar la reproducción de los animales y seleccionarlos para reducir sus
dimensiones y aumentar las características de docilidad, para poder manejarlos
mejor. En esta fase, es importante evitar el cruce con las formas salvajes, para
mantener y fijar las características deseadas. Seguidamente, el hombre comienza
a demostrar un interés creciente hacia la producción de carne, y se da cuenta de
la utilidad que supone el aumento de las dimensiones de los animales de cría.
Inicia esta tercera etapa de trabajo para volver a cruzar las formas domésticas,
más pequeñas, con las formas salvajes, más grandes, poniendo atención en
mantener las características de docilidad previamente seleccionadas. En la
cuarta etapa, el interés por los productos de origen animal, unido a la
creciente capacidad del hombre para controlar a los animales de producción
conduce, mediante un largo trabajo de selección, a la creación de razas
especializadas con diferentes aptitudes productivas, que garanticen un aumento
en la producción de carne, lana, leche, etc.. En este momento entramos ya en la
quinta etapa, en la que resulta absolutamente necesario evitar los acoplamientos
de la forma salvaje con las razas domésticas especializadas. Por tales motivos,
se realiza una actividad de control numérico de la población salvaje, que en
tales casos conlleva nada menos que al exterminio de las formas salvajes y, en
el mejor de los casos, a su asimilación dentro de las formas domésticas. Según
Hart (1985) nos encontramos hoy frente a la sexta etapa del proceso de
domesticación, en el que las características comportamentales y genéticas de los
animales de producción se han visto modificadas hasta tal punto que han perdido
la capacidad de sobrevivir y de reproducirse sin la intervención del hombre. Sin
embargo, si bien es verdad que nuestros animales domésticos han perdido muchas
de las características que les posibilitan adaptarse a la vida en la naturaleza,
es también cierto que algunas de estas características pueden ser readquiridas,
como sucede en el proceso de readaptación a la vida salvaje.
Readaptación a la
vida salvaje
La readaptación a
la vida salvaje es, en la práctica, el proceso opuesto a la domesticación y se
produce cuando de la forma doméstica se pasa a vivir a la vida libre, no siendo
más objeto de cuidado por parte del hombre y su reproducción acontece de forma
natural, sin el control del hombre. Análogamente a la domesticación, este
proceso es gradual y se va poniendo de manifiesto después de varias
generaciones. La rapidez y el número de generaciones necesarias para perder
completamente las características adquiridas de domesticidad dependen ante todo
de las modificaciones genéticas experimentadas en el proceso de domesticación,
cuanto más radicales hayan sido, más lento será el proceso de readaptación a la
vida salvaje. Por otra parte, este proceso se ralentiza por la permanente
presencia del hombre. Por ejemplo, las manadas de perros vagabundos que viven al
margen de la ciudad y que continúan consiguiendo alimentarse cerca de los
lugares en donde se van estableciendo nuevos asentamientos humanos, difícilmente
volverán en un breve al estado salvaje, en tanto en cuanto sigan manteniendo un
nivel de dependencia del hombre. Un factor que, sin embargo, acelera el proceso
de adaptación a la vida salvaje es la presencia de formas salvajes junto a las
domésticas con las que se puedan cruzar, como sucede en el ejemplo de los cerdos
domésticos exiliados de los lugares de cría, que pueden cruzarse con los
jabalíes. Es importante subrayar que este proceso de readaptación a la vida
salvaje no representa al patrimonio genético original de la forma salvaje, ya
que durante el proceso de domesticación muchas características genéticas de las
formas salvajes han sido completamente perdidas al no ser consideradas útiles
para la producción, no pudiendo ser entonces readquiridas. La selección natural
actuará favoreciendo el desarrollo de aquellas características todavía
existentes en el genotipo de las formas domésticas y que son útiles para la vida
en estado libre, y eliminando en cambio los individuos portadores de
características no idóneas. No obstante, a menudo se piensa que, a causa de la
selección inducida, los animales perdieron la capacidad de vivir sin el apoyo
del hombre, los hechos demuestran que la mayor parte de las especies domésticas
pueden ir readaptándose a la vida salvaje, como se ha verificado en muchas
especies domésticas introducidas en Australia y en Nueva Zelanda, lo que ha
confirmado el hecho de que la domesticación es un fenómeno reversible.
Fuente:
AAMePe