El segundo entore corresponde efectuarlo a
vientres de tres años de edad que han parido y que habían sido entorados por
primera vez a los dos años o a vientres de dos años de edad que han parido y
que habían sido entorados por primera vez a los 15 meses.
Las vacas de primera parición son las más
sensibles a los efectos de la subnutrición y por lo tanto necesitan cuidados
especiales. Para evitar un descenso brusco en el porcentaje de preñez en el
segundo entore, deben alimentarse en forma abundante, sobre todo durante los
primeros meses de la lactancia. Esos vientres jóvenes no poseen el mismo grado
de recuperación rápida después de un período de cierta penuria alimenticia que
tienen las vacas adultas. Esto significa que el nivel alimenticio preparto no
debe descuidarse. Durante el invierno no deben perder peso, manejándolo a este
rodeo en forma diferente al de las vacas adultas, ya que son organismos con
necesidades nutritivas distintas.
La razón que las vacas de primera parición son las
más difíciles de preñar por segunda vez estriba en que son animales jóvenes,
con necesidades de mantenimiento, crecimiento y sobre todo, de producción de
leche, y que además han gestado y parido un ternero, por lo que resultan
organismos muy sensibles. Si el nivel nutritivo no es el adecuado, la
capacidad reproductora desciende abruptamente.
El porcentaje de preñez que se logra obtener en
las vacas en el segundo entore es un buen índice del correcto manejo del rodeo
en general. Los rodeos con altos porcentajes de procreo en estos vientres
jóvenes con toda seguridad han de tener una alta eficiencia reproductiva
total. En los rodeos mal manejados, el porcentaje de procreos de esta
categoría puede rondar entre el 20 y 50 %, lo que ocurre en gran parte de los
rodeos del país.
Cuando las vacas están gestando su segundo ternero
y son bien alimentadas, las diferencias de tamaño debidas a alimentaciones
anteriores malas o buenas tienden a desaparecer y el comportamiento
reproductivo luego de nacido el segundo ternero, en las entoradas por primera
vez a los 2 años, o el tercero en las entoradas por primera vez a los 15
meses, es similar para todos los vientres. Esto significa que períodos de
subnutrición en etapas previas de la vida no tienen un efecto negativo
permanente sobre la productividad futura. Por ello, cuando al tacto de su
segundo o tercer servicio (según si el primer entore fue a los 2 años o a los
15 meses) se detectan preñadas, pasan a la categoría adultas, ya que su manejo
y alimentación será similar a éstas.
Las vacas que en su primera parición son cabeza de
la misma, con buena alimentación y manejo tienen el tiempo necesario para
volver a entrar en celo y para que el porcentaje de concepción sea alto en su
segundo servicio. Ello significa más terneros cabeza de parición al año
siguiente, lo que es sumamente importante, ya que las vaquillonas que paren
temprano continuarán pariendo como cabeza de parición y destetando terneros
más pesados durante toda su vida. A medida que la parición se atrasa, aumenta
la probabilidad que la vaca quede vacía en servicios posteriores, ya que las
vaquillonas que producen tardíamente su primer ternero en la época de parición
tienen una eficiencia reproductiva más errática en su vida. El comportamiento
más común de esta producción errática es la parición alternada a través de los
años.
Las vaquillonas que llegan a su primera parición
con peso posparto entre 370 y 400 Kg y que paren en época adecuada, no deben
tener problemas en volver a quedar preñadas enseguida de comenzado el segundo
entore. Época adecuada significa que tienen suficiente alimentación como para
mantener su peso en los primeros meses de lactancia.

Vacas con cría al pie en su segundo servicio
En términos generales, se puede decir que por cada
10 Kg menos de peso al primer parto, el intervalo parto-concepción se alarga
en cuatro días. Esta relación se puede considerar válida cuando el peso
promedio al parto fluctúa entre 370 y 400 Kg, y el intervalo promedio
parto-concepción es del orden de los 90 días. Se debe recordar la importancia
de este intervalo, ya que el alargarse implica un atraso en la próxima fecha
de parición y por consiguiente, menor probabilidad de quedar preñada en el
segundo entore.
Este período de 90 días es el más crítico. La
vaquillona en lactancia, que además continúa creciendo, debe prepararse para
ciclos normales y para un nuevo servicio. Durante este período, los niveles
de energía necesarios difícilmente sean superados. Puede requerirse una
suplementación diaria de un 0,5 % del peso vivo. El factor crítico es la
energía, aunque la proteína también es esencial.
Además de la buena alimentación, es conveniente
implementar distintas medidas de manejo para mejorar la fertilidad de este
segundo entore, tales como destete precoz, suplementación al pie de la madre,
destete temporario, primer servicio anticipado uno o dos meses antes de la
época normal, suplementación mineral y/o proteica, manejo adecuado de los
toros, sanidad, etc. (Ver cada uno de estos temas).
Fuente: produccionbovina.com