124. Cómo detectar celo.
Sergio Marcantonio.
1998.
Romage S.A., 18-23.
La detección de celo debe realizarse
por medio de la observación visual. Este método consiste en que una persona,
responsable de la tarea, observe el rodeo para identificar aquellas hembras que
presenten el único indicador específico de celo: la pasividad a la monta.
Detección por observación visual
- Lugar de observación
Durante la detección deben crearse las
condiciones adecuadas para que los animales expresen el celo. Uno de los
aspectos fundamentales en este sentido es considerar el lugar donde se va a
llevar a cabo la observación, ya que determina en gran medida el éxito o fracaso
de la tarea. El lugar ideal es el propio potrero, en una esquina del mismo,
juntando o "rodeando" los animales a fin de favorecer la interacción del GSA.
Es muy importante que estén juntos pero no "apretados", para interpretar
correctamente la pasividad a la monta.
En caso de un rodeo de cría, es
preferible realizar la observación en un potrero cercano a la manga para acortar
las distancias a recorrer. Asimismo, es necesario "parar rodeo" al menos una
semana antes del comienzo de la inseminación para ir acostumbrando a los
animales a esta rutina y evitar el estrés.
En el tambo, también es conveniente
realizar la observación en los potreros. Varios trabajos han demostrado que la
duración y la intensidad del celo se ve afectada por el tipo de superficie sobre
la que se encuentran los animales. El piso de los corrales, de cemento y
generalmente mojado, disminuye la exteriorización del celo. Por otra parte, al
estar las vacas más apretadas en los corrales aumenta la posibilidad de error de
interpretación de la pasividad a la monta.
- Frecuencia y duración de la
observación
No cabe duda que lo ideal sería
observar los animales las 24 hs del día. Pero en nuestras condiciones de manejo
esto no es posible. Debido a ello se recurre a la observación periódica.
Realizando dos o tres observaciones diarias es factible detectar el 70-90% de
los celos. Es así que lo recomendable es llevar a cabo al menos dos
observaciones por día, a intervalos lo más uniformes posible. Esto es a primera
hora de la mañana y a última hora de la tarde.
Durante la época del año de mayor
cantidad de horas de luz por día, es factible detectar celo con un intervalo de
aproximadamente 12 hs. En tanto que en los meses de menos horas de luz,
generalmente el tiempo que transcurre entre la detección de la tarde y la de la
mañana siguiente puede ascender a 14-16 hs. Este largo período en general
provoca que la eficiencia de detección de celo en esta época sea menor.
En caso de realizar tres detecciones
diarias, deberían hacerse a primera hora de la mañana, alrededor del mediodía y
a última hora de la tarde.
Con respecto al momento, para
favorecer la expresión de celo, la detección no debe realizarse cuando el animal
tiene como prioritaria otra actividad, como por ejemplo comer. Esto cobra
especial importancia en el tambo. Tanto es así que nunca se debe observar celo
cuando los animales entran a una nueva parcela luego del ordeño o tras el cambio
de la misma. En ese momento, las vacas priorizan la comida al sexo.
En lo que se refiere a la duración de
cada período de observación, no debe ser inferior a los 30 minutos. Dicho
tiempo debe tomarse a partir de que los animales ya han sido rodeados y no desde
que se va al potrero o se comienza a juntarlos.
- "Rodeo" de los animales y aparte
de las hembras en celo
Las hembras deben ser juntadas "de a
caballo" en la esquina del potrero. Esto debe hacerse al paso, sin corridas,
gritos, golpes ni perros. Todo lo que estrese a los animales irá en desmedro de
las manifestaciones de celo. Es ideal que la persona responsable cuente con la
ayuda de una o dos personas más. Esto si bien es relativamente común en los
rodeos de cría, no lo es en los tambos en los que la tarea generalmente se hace
en forma individual.
Durante el período de observación
deben anotarse los números de las hembras en celo, por lo que es imprescindible
contar con una libreta. En los rodeos de cría, recién al final del mismo se
procederá a apartarlas. No conviene sacarlas durante la observación, porque
esto reduce el número de animales que interactúan y además el movimiento
continuo altera la formación de los GSA. Ambos disminuyen la probabilidad de
detectar celo. En el caso de que alguna hembra sea la "favorita" y reciba la
mayoría de las montas del GSA, sí podría apartarse para dar la posibilidad de
que otra "menos atractiva" sea montada. Es útil anotar también las hembras que
forman el GSA y no están en celo, para prestar especial atención en ellas en los
siguientes períodos de detección. En caso de hacerlo, es necesario llevar a
cabo anotaciones muy claras y bien diferenciadas para no dar lugar a
confusiones.
- Problemas de la detección de celo
Sustituir al toro, quien se encuentra
las 24 hs con las vacas y utiliza todos sus sentidos para detectar hembras en
celo, no es tarea sencilla. Más aún si consideramos que el estro en las hembras
bovinas es relativamente corto, siendo inferior a 8 hs en una proporción
importante (25-30%). Como es imaginable, la duración del celo influye
directamente sobre la eficiencia de su detección (Tabla l).

Si a esto sumamos el hecho de que hay
una clara tendencia a manifestar el celo con mayor frecuencia e intensidad en
horas de más difícil observación, entre las 18 y 6 hs, el cuadro se complica.
Como si esto no fuera suficiente,
debemos recordar que dentro del conjunto de características y signos físicos del
celo sólo debe ser tomado como indicador la pasividad a la monta. Esta
manifestación, además de ser muy breve, no se presenta en forma permanente. Si
analizamos un ejemplo sencillo podremos tomar mayor conciencia de lo
especialmente complicado que es detectar una vaca en celo. Supongamos que una
hembra presenta un celo de 12 hs de duración y que durante el mismo acepta la
monta 50 veces. Si cada pasividad a la monta dura unos 5-7 segundos, la hembra
manifiesta el único signo propio de celo solamente 4-6 minutos. Es decir que el
celo no sólo es corto, sino que la hembra manifiesta el indicador específico
menos del 1 % del tiempo que está en estro.
Asimismo existe una gran variación en
la intensidad del celo, habiendo en muchos casos celos débiles. Por otra parte,
las características del celo (duración e intensidad) son muy poco repetibles, es
decir que varían marcadamente en la misma hembra celo a celo. Esto hace que
"potencialmente" cualquier vaca o vaquillona puede ser un problema para la
detección. Todas estas razones hacen que la detección de celo sea un problema.
A estos inconvenientes que aporta la
fisiología reproductiva del bovino debemos sumarle aquellos generados por el
propio manejo. Los problemas se han incrementado en los últimos años,
principalmente en la producción lechera, como consecuencia de una mayor
intensificación de la actividad y un aumento del número de animales por unidad
productiva.
No cabe duda que rodear los animales
al menos dos veces por día durante un mínimo de treinta minutos, todos los días
del año, resulta algo extremadamente aburrido. Es casi inevitable que el
responsable de la detección tenga la sensación de que está "perdiendo el tiempo"
mirando los animales cuando tiene tantas cosas por hacer. En el caso de los
tambos, esto lleva a que se detecte celo solamente durante la rutina de ordeño o
"de paso" al hacer otras actividades, como cambios de parcela. Es así como los
animales son observados en los corrales -situación alejada del ideal- o durante
muy poco tiempo. Si se decide ir específicamente a detectar celo al potrero,
una consecuencia de esta sensación de pérdida de tiempo es el acortamiento de la
detección. En los rodeos de cría, la actividad compartida en muchos casos con
otras personas, se termina transformando en un momento apropiado de reunión, no
prestándose la atención debida al rodeo. También suele verse el acortamiento
del tiempo de detección, más aún cuando las condiciones climáticas son
desfavorables.
Un segundo aspecto dentro de las
causas de manejo que llevan a una mala detección, es la falta de conocimiento
preciso por parte del responsable para determinar cuándo una vaca está en celo.
Esto que parece una obviedad constituye muchas veces una importante causa de
fallas en la detección. Frecuentemente existen confusiones acerca de qué es lo
que debe utilizarse para definir que una vaca está en celo, tomándose como "vaca
alzada" a cualquier integrante del GSA (Grupo Sexualmente Activo). Mucha más
gente de lo que suponemos no tiene claro este aspecto.
Un tercer punto a remarcar como causa
de error, es la falta de una correcta y visible identificación de los animales.
Es bastante frecuente el uso de caravanas chicas. En otras ocasiones las mismas
se han perdido, están dadas vuelta o su número ya no es legible. Esto complica
o imposibilita la identificación.
Finalmente, muchas veces se va a
detectar celo sin una libreta donde anotar los números de las hembras a
apartar. Esto genera equivocaciones. No hay que olvidar que la detección de
celos presenta suficientes dificultades propias como para que le agreguemos
nuevas causas de error.

- Algunas consideraciones para
mejorar la observación visual
Uno de los puntos claves es
concientizar al responsable de la detección de celo de la importancia de su
tarea. La "valorización" de esta actividad se ve reflejada en forma directa en
una mejora en la eficiencia. Comprender que al detectar celo se está haciendo
una tarea tanto o más importante que lo que se deja para después y que la manera
en que se lleva a cabo repercute enormemente en todo el sistema, es el paso
inicial para mejorar. Si el responsable sabe esto ya no hará una "pasadita" por
los animales, ni aprovechará otras actividades para "de paso" observar.
Tampoco salteará o acortará los
períodos de detección. Este problema es más evidente en el tambo. Varios
trabajos han mostrado que cuando la detección se realiza durante la rutina de
ordeño (al ir a buscar los animales al campo, durante el ordeño, al llevarlos al
campo o cambiarlos de parcela) solamente se detecta poco más de la mitad de los
celos.
Es necesario, por lo tanto, hacer
entender que la detección de celo tiene que ser una tarea por sí misma en la
rutina del establecimiento. Incluso, la valorización de la tarea quizás tenga
que ser acompañada de una bonificación económica.
Un segundo aspecto prioritario es la
capacitación del personal. Que el responsable conozca con exactitud cómo saber
que una hembra está en celo. Quienes desconocen esto cometen errores tanto en
defecto como en exceso. Si el profesional expresa claramente cuál es el
indicador de una hembra en celo, los errores se reducen. En ocasiones el asesor
puede suponer que el responsable de la detección tomaría a mal que se le
explicase cómo saber que una vaca está en celo, ya que es algo simple y es él
quien convive con los animales. De todas maneras vale la pena correr el riesgo
y explicarlo claramente. La capacitación también debe abarcar la metodología de
detección en lo que se refiere a lugar, momento, frecuencia y duración de la
observación y forma de rodear y apartar las hembras en celo.
Un tercer punto destacable es la
necesidad de una clara y visible identificación de los animales y adecuados
registros. En lo posible la utilización de caravanas grandes y en ambas orejas
para evitar "adivinar" el número. Quien detecte celo debe estar munido de una
libreta para anotar los números de las vacas en celo y no "llevarlos" en la
memoria, porque esa es otra causa de equivocación. Los datos tomados detección
a detección deben ser volcados en planillas simples y de fácil manejo.

Por último, una de las formas más
útiles, sencillas y económicas de mejorar la observación consiste en utilizar
planillas de predicción de celo (Tabla 2). Son planillas que tienen 21 filas y
varias columnas, en cuyos casilleros se colocan los días en forma descendente.
La primera columna va desde el día 1 hasta el 21, la segunda desde el 22 hasta
el 42 y así sucesivamente. Cada día se debe anotar los números de las vacas en
celo en el casillero correspondiente. Como el intervalo entre celos es de
aproximadamente 21 días, cuando llegamos, por ejemplo, al día 29 nos fijamos los
números de las vacas en celo en el casillero de la izquierda, es decir el día 8
(ej. 27, 5 y l), para ver si repiten celo. Como el intervalo no siempre es de
21 días, debemos fijarnos también los números de los casilleros de arriba y de
abajo al correspondiente.
Fuente: produccionbovina.com
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