En el feto el desarrollo de los testículos guarda una estrecha relación con
los riñones (mesonefros); el descenso testicular consiste en el traslado de las
gónadas desde el abdomen, caudal al riñón, hacia la profundidad del anillo
inguinal, esto considera su recorrido a través del canal inguinal, y por último
su migración hasta el escroto.
El descenso es precedido por la formación del
proceso vaginal, saco peritoneal, que se extiende a través de la pared abdominal
y envuelve el ligamento inguinal de los testículos, que junto con el ligamento
diafragmático y el mesorquio sostienen los testículos en el feto.
El ligamento
inguinal, también denominado gubernaculum testis, termina en los rudimentos
escrotales, y durante el desarrollo fetal experimenta una importante expansión
la cual contribuirá a traccionar caudalmente los testículos llevándolos hacia el
escroto.
En la mayoría de las especies domésticas el descenso testicular se ha
completado antes del nacimiento, sin embargo en el perro esto ocurre,
normalmente, dentro de la primera semana de vida.
Estudios en la raza Beagle
indican que al momento del nacimiento los testículos se encuentran a una
distancia intermedia entre el riñón y el anillo inguinal, y recién en el quinto
día de vida postnatal, el testículo ha pasado a través del canal inguinal, para
estar ubicado dentro del escroto entre la segunda y tercera semana de vida.
La
palpación testicular, en los primeros días de vida, puede resultar difícil a
causa del tamaño gonadal, escaso desarrollo escrotal, cantidades variables de
grasa escrotal y retiro involuntario de los testículos hacia el área inguinal.
No obstante, en la mayoría de los individuos los testículos han descendido
normalmente a las 12 semanas de edad.
Algunas veces el descenso puede ser más
tardío, esto es a los 6 meses de edad; sin embargo, también se ha reportado el
descenso a los 8 meses de edad.
A medida que aumenta la edad del perro la
posibilidad de descenso testicular disminuye, siendo muy escasa una vez cumplido
el año de edad. Según estos antecedentes, se recomienda que el diagnóstico de criptorquidismo no debiera realizarse hasta que el perro cumpla los 6 meses de
edad.
Presentación clínica
El criptorquidismo en los perros puede ser un¡ o bilateral; completamente
abdominal con testículos, epidídimos, etc. situados dentro de la cavidad
abdominal; parcialmente abdominal sólo con parte de los testículos o sus anexos
intraabdominales en el canal inguinal o inguinal con los testículos en el canal
inguinal. La localización abdominal es más común que la posición inguinal o
preescrotal.
La falla en el descenso testicular normal se produce con una
frecuencia dos veces mayor en el lado derecho que en el izquierdo, con una
relación derecho: izquierdo de 2,3:1 para la retención inguinal y de 2:1 para la
retención abdominal.
Incidencia
Existen antecedentes que señalan que la incidencia de criptorquidea es alta
en animales finos, especialmente en algunas razas y líneas dentro de razas, cabe
destacar que la frecuencia de esta condición se ve incrementada con la
consanguinidad. Estudios extranjeros indican que incidencia de criptorquidea
varía entre 0,8 y 13 % y obviamente en ciertas colonias de animales de raza,
estos valores pueden aumentar significativamente con frecuencias que superen el
20%. Trabajos recientes publicados en Norteamérica, donde se usaron bases de
datos, indican que el riesgo de criptorquidea es mayor en razas pequeñas.

La
mayor incidencia observada en ciertas razas (Cuadro 1)
permite avalar la tesis sobre la base genética de dicha alteración; existe
bastante concordancia entre los especialistas en señalar que su transmisión
depende de un gen recesivo autosomal ligado al sexo y por lo tanto los machos
homocigotos expresan el defecto, mientras que las hembras homocigotas y
heterocigotas lo transmiten a su descendencia. Se plantea que un gen controla el
descenso testicular interno y la organización de los epidídimos y conductos
deferentes, mientras que otro controla el descenso externo. (Cuadro 1.)
Complicaciones
El criptorquidismo produce disminución de la fertilidad y reducción variables
del reflejo de eyaculación. Los perros criptorquideos no deben usarse para la
reproducción por la evidencia de su transmisión genética. Por otra parte, se ha
observado que la frecuencia de tumores testiculares es del orden de 10.9 veces
más frecuente en animales criptorquideos comparado con animales normales. El
seminoma (SM) y el tumor de células de sertoli (TCS) representan más del 97% de
las neoplasias reportadas en perros con testículos retenidos, estos tumores
tienden a desarrollarse a una edad más temprana que en perros normales. La
criptorquidea aumenta, además, la probabilidad de torsión testicular alrededor
del cordón espermático.
Diagnóstico
El diagnóstico comúnmente se realiza durante el examen físico del perro con
el hallazgo de ausencia testicular un¡ o bilateral a la palpación. Signos de
feminización y alopecia podría indicar presencia de un tumor de células de
Sertoli, además debe considerarse, en el diagnóstico diferencial del abdomen
agudo, la torsión testicular asociada a criptorquidea con tumoración testicular.
La medición de la testosterona permite distinguir la ausencia de testículos
de la retención de los mismos. Los machos adultos castrados tienen un valor de
testosterona inferior a 0,02 ng/ml; mientras que los criptorquideos un¡ o
bilaterales pueden presentar concentraciones entre 0,1 y 2,0 ng/ml. Los machos
adultos con ambos testículos normales tienen valores de testosterona que
fluctúan entre 1 y 5 ng/ml (Cuadro 2).

Tratamiento quirúrgico
A causa de las serias consecuencias genéticas, los pro y los contra de la
terapia médica o quirúrgica para corregir esta alteración deberían ser
discutidos con el propietario y dejar en claro que los perros criptorquideos no
deberían usarse para la reproducción.
El tratamiento más difundido consiste en
la extirpación quirúrgica del testículo abdominal por la posibilidad de que el
órgano se haga neoplásico. En los criptorquideos unilaterales, el tratamiento
puede comprender la extirpación del testículo no descendido y la vasectomía en
el del otro lado; de esta manera se previene
la diseminación de la alteración y no se interfiere con la producción de
andrógenos. Se recomienda la cirugía después de los 18 meses y antes de los 4
años de vida por la probabilidad de neoplasia.
Desde el punto de vista quirúrgico, una complicación podría serla dificultad
en localizar el o los testículos en el abdomen, situación asociada a una aplasia
testicular (muy rara), a que el animal ya haya sido castrado o bien que las
gónadas hayan pasado hacia el interior o a través del canal inguinal. Los
testículos abdominales corrientemente son de menor tamaño y menor consistencia
que un testículo normal.
Tratamiento médico
Si bien se ha sugerido que el descenso testicular normal es mediado por la
acción de los andrógenos endógenos, es importante destacar que los mecanismos
exactos que determinan el criptorquidismo no han sido bien determinados.
No
obstante, se plantea que el uso de hormonas como la gonadotrofina coriónica
humana (hCG) o la testosterona constituyen una alternativa médica al manejo
quirúrgico tradicional. Los resultados descritos no permiten ser concluyentes,
por ejemplo el uso de análogos de la testosterona no mostró eficiencia en
inducir el descenso testicular en criptorquideos unilaterales. Por otra parte se
describe que la administración seriada de hCG puede resultar exitosa.
En 21 de
22 perros criptorquideos menores de 16 semanas de edad se observó una respuesta
con descenso completo del o los testículos luego de la inyección intramuscular
de 100 a 1.000 UI de hCG 4 veces en un período de 2 semanas.
Los mismos autores
que publicaron estos resultados, señalan que no han tenido éxito en el
tratamiento en perros mayores de 16 semanas. También se describen promisorios
resultados en el tratamiento con un análogo sintético del factor liberador de gonadotrofinas (GnRH), la dosis recomendada es de 50 a 100mg por cachorro,
administrados subcutáneamente o endovenosos. Si los resultados no se observan
dentro de 5 a 6 días, se recomienda una segunda dosis.
Cabe destacar que todos
los tratamientos médicos descritos deberán realizarse en cachorros menores a 4
meses de edad.
Comentario final
La ausencia en el escroto de uno o ambos testículos en un perro a la edad
puberal, puede ser considerado como criptorquidea. Esta alteración del
desarrollo sexual tendría la condición de patología hereditaria, por lo tanto se
debe procurar eliminar de la reproducción a los animales que la padezcan. Por
otra parte, dada la alta probabilidad de tumoración de los testículos retenidos,
es altamente conveniente la remoción quirúrgica de la gónada o bien durante la
etapa prepuberal temprana del perro intentar el tratamiento médico a fin de
lograr el descenso testicular, en este último caso se sugiere la vasectomía del
animal.
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