La
Queratoconjuntivitis
seca (QCS) es una enfermedad común en el perro que se caracteriza por una
inflamación crónica de las glándulas lagrimales, la cornea y la conjuntiva,
que conduce a alteraciones cualitativas y cuantitativas de la película lagrimal
precorneal (PLP).
Se
la define habitualmente como una disminución en la producción de lágrimas,
sin embargo, aunque muchos signos clínicos de aparición tardía son originados
por una disminución en la cantidad de lágrimas, cambios incipientes en la
superficie ocular son debidos a deficiencias cualitativas, incluso en presencia
de una cantidad normal de lágrimas.
La QCS
es habitualmente subdiagnosticada y confundida con conjuntivitis de origen
bacteriano y, por esta razón, tratada con diferentes antibióticos tópicos.
El
paciente mejora mientras es tratado pero los signos clínicos reaparecen días o
semanas después de la interrupción del tratamiento.
Entonces, la enfermedad
progresa produciéndose opacidades corneales severas que llevan a la ceguera.
LA PELICULA LAGRIMAL
PRECORNEAL
La PLP
está compuesta por tres capas.
La más superficial es oleosa y es secretada
por las glándulas meibomianas; su función es retardar la evaporación y
estabilizar la superficie lagrimal.
Está compuesta principalmente por
colesterol.
La capa
intermedia es el componente acuoso producido por las glándulas lagrimales
orbitaria y nictitante.
Contiene alrededor de 70 componentes diferentes como
proteínas, sales inorgánicas, glucosa, urea, vitaminas, factores de
crecimiento y provee oxígeno, nutrientes y lubricación a la cornea.
La capa más
profunda está compuesta por mucina secretada por las células caliciformes de
la conjuntiva y une las lágrimas acuosas al epitelio corneal que es hidrófobo.
ETIOLOGIA DE
LA QCS
Existen
diferentes causas que pueden producir una disminución de la producción
lagrimal; entre ellas podemos mencionar el virus del Distemper, toxicidad por
sulfonamidas, uso tópico prolongado de atropina e injurias del nervio facial.
Sin embargo, la
etiología de
la QCS
no puede ser determinada en muchos casos.
En el hombre,
existe una QCS severa asociada al síndrome de Sjögren, que es una enfermedad
caracterizada por una reacción de autoinmunidad en las glándulas lagrimales y
salivales.
Estudios serológicos
e histopatológicos realizados en perros revelaron hallazgos similares a
aquellos que caracterizan a
la QCS
autoinmune humana.
El síndrome de
Sjögren está a menudo asociado con exocrinopatías autoinmunes poliglandulares
como hepatitis crónica, desórdenes intestinales, seborrea, etc.
Estos pacientes
pueden presentar también poliartritis, alergia o hipotiroidismo.
Muchos perros con
QCS asocian la sequedad ocular con seborrea o atopía e inclusive algunos perros
con QCS fueron positivos a factor reumatoideo.
De acuerdo con estos hallazgos,
la mayoría de los casos de QCS en el perro son considerados autoinmunes y por
esta razón
la QCS
seca canina debe ser considerada como un síndrome.
SIGNOS CLINICOS
La mayoría de
los perros con QCS presentan antecedentes de queratoconjuntivitis crónica,
recurrente e inespecífica.
La característica
de la enfermedad es la presencia de una secreción mucosa que hace que estos
ojos parezcan con conjuntivitis bacteriana; ésta es la causa del subdiagnóstico.
Otros signos clínicos son hiperemia conjuntival difusa, vascularización
corneal superficial, infiltrados celulares corneales y queratitis pigmentaria.
Este daño corneal conduce a ceguera.
Es importante
remarcar que habitualmente existen signos clínicos no oculares como algunas
alteraciones cutáneas que se asocian frecuentemente a
la QCS.
De acuerdo con
datos propios, más de 90% de los Cocker spaniel con ojo seco presentan seborrea
y más de 70% de Shih tzu y Lhasa apso con QCS tienen atopía.
Estos problemas
afectan los párpados produciendo cambios en la composición de
la PLP.
DIAGNOSTICO
La presencia de
una secreción de aspecto mucoso en un paciente con historia de conjuntivitis
inespecífica recurrente debería considerarse como un punto de partida para el
diagnóstico de QCS.
Frecuentemente estos pacientes presentan signos clínicos
de enfermedad corneal superficial como vascularización o pigmento corneales.
El diagnóstico
es fácilmente confirmado por medio de
la Prueba Lagrimal
de Schirmer (PLS); esta prueba sencilla y rápida que debería ser parte
rutinaria de un examen ocular, no puede ser obviada en un perro con
conjuntivitis y de raza predispuesta a QCS, inclusive sin signos clínicos de
QCS.
Debe notarse que
la enfermedad comienza antes de que valores de PLS se alteren produciéndose
cambios cualitativos en las lágrimas que pueden asociarse a las primeras
alteraciones en las glándulas lagrimales, inclusive con valores normales o
levemente descendidos de PLS.
Esto significa
que la enfermedad debería ser considerada no sólo como "ojo seco",
sino como un síndrome más amplio con una primera etapa con "ojo húmedo",
habitualmente más difícil de diagnosticar, y una etapa característica de
queratoconjuntivitis seca, fácil de diagnosticar por los signos clínicos y
la PLS.
Considerando
que la denominación Queratoconjuntivitis Seca sólo hace referencia a la etapa
más avanzada de la enfermedad, preferimos llamar a estos casos como Síndrome
Lagrimal Inmunomediado Canino (SILIC).
TRATAMIENTO
El tratamiento médico
tradicional ha consistido en el reemplazo de las lágrimas faltantes con
soluciones que, en primer lugar no tienen efecto contra el proceso inflamatorio
y, en segundo lugar, no aportan algunos de los constituyentes más importantes
de las lágrimas como nutrientes, agentes antimicrobianos o factores de
crecimiento.
Además, y debido a su rápida evaporación, deben administrarse
muy frecuentemente. Algunos de estos substitutos son la polivinil pirrolidona,
el polivinil alcohol, la metil celulosa y más recientemente el ácido hialurónico
A partir de las
evidencias de una etiología autoinmune, en los últimos años se ha comenzado a
utilizar un nuevo tratamiento para
la QCS.
La
Ciclosporina A (CsA), que es un inmunosupresor no cotitóxico, ha mostrado
notorios efectos en la secreción lagrimal a través de interrumpir la reacción
inflamatoria autoinmune, además de ser un agente lacrimomimético, inclusive en
ojos normales, y poseer efectos antinflamatorios. Se han desarrollado diferentes
formulaciones de CsA para uso tópico, ya sea como colirio o como pomada y sus
efectos terapéuticos se demostraron en varios estudios clínicos.
En un estudio
(Herrera y col., 1994), 373 perros con QCS fueron tratados usando una solución
oleosa de CsA al 2%.
En 319 (85,5%) de estos pacientes se obtuvieron valores
normales de PLS. Al dividir esta población en dos grupos de acuerdo al valor
inicial de PLS (grupo 1: PLS entre 6 y 10 mm/min y grupo 2: PLS < 6 mm/min),
el resultado fue mejor en el primer grupo (93,6%) que en el segundo (80,5%).
Algunos de estos
perros mostraron respuestas particulares: a) algunos pacientes que no tuvieron
cambios en los valores de PLS, mostraron gran mejoría de los signos
corneoconjuntivales indicando que la mejoría clínica no depende solamente de
la cantidad de lágrimas; b) pacientes con alteraciones cutáneas asociadas
(seborrea en Cocker), mostraron mejoría de los signos oculares aunque la piel
alrededor de los párpados empeoró.
En otro ensayo clínico
(Herrera y col., 1996), 73 perros con QCS (promedio de PLS: 6,52 mm/min) fueron
tratados con una pomada oftálmica con CsA 0,2% y luego de 28 días de
tratamiento el promedio de PLS fue 16,31 mm/min.
Resumiendo,
la QCS
es una enfermedad frecuente pero subdiagnosticada.
El diagnóstico
puede hacerse usando rutinariamente
la PLS
aunque pueden observarse cambios clínicos iniciales inclusive con valores
normales de PLS. La respuesta terapéutica será mejor cuanto más precoz sea el
diagnóstico.
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Fuente: Circulo de Médicos
Veterinarios del Sur de Santa Fe - http://www.veterinariosursf.com.ar