Introducción
En
el perro (Canis familiaris) se ha descrito la infección por cuatro de las seis
especies de Brucella existentes. Es
decir, Brucella canis, Brucella abortus, Brucella suis y Brucella melitensis (se
excluyen Brucella ovis y Brucella neotomae).
La
brucelosis canina es causada específicamente por B. canis, una bacteria rugosa
o mucoide, pequeña, gram negativa y de vida intracelular facultativa.
Las
otras tres especies señaladas, pueden causar una infección esporádica y
autolimitada.
Los
perros y otras especies de cánidos son los únicos huéspedes naturales de B.
canis, sin existir predisposición por sexo, raza o edad.
La
infección por B. canis produce infertilidad. Se le considera una enfermedad
importante, infectocontagiosa, que representa gran pérdida económica, debido a
que los animales pierden su capacidad reproductiva.
Se
le considera como la principal etiología infecciosa de infertilidad en perros.
El
principal trastorno reproductivo en la perra es el aborto durante el último
tercio de gestación y en el macho epididimitis, orquitis y degeneración
testicular. Algunos signos no reproductivos de la infección por B. canis pueden
ser: discoespondilitis, artritis, osteomielitis, meningitis, encefalitis, uveítis
y endocarditis.
El
ser humano puede infectarse esporádicamente con esta bacteria, considerándosele
moderadamente resistente a la infección.
Esto
probablemente, debido a que se necesita una exposición masiva de
microorganismos para producir la enfermedad.
En
este sentido cabe destacar el riesgo profesional que implica el estrecho
contacto con animales infectados; así como también señalar que existen
registros en el extranjero de enfermedad en propietarios de animales infectados.
No
se ha demostrado la inducción de aborto en mujeres, ni alteraciones de
fertilidad en individuos de ambos sexos.
Sólo
unas pocas decenas de casos de infección humana han sido reportadas en el
mundo, sin embargo el número actual es desconocido dado que los casos son rara
vez diagnosticados ó reportados.
Los
síntomas son usualmente vagos, síndrome febril prolongado con aumento de tamaño
de nódulos linfáticos.
Epidemiología
La
B.
canis fue aislada por primera vez en el año 1966 en EE.UU (Leland Carmichael),
durante una epidemia de abortos en criaderos, a partir de tejidos fetales y
descargas vaginales post-aborto; y desde esa fecha ha sido reconocida como la
causante de importantes pérdidas económicas en criaderos de perros en diversos
lugares del orbe.
Es
especialmente común en México y Sudamérica y en los estados del sur de EE.UU,
también ha sido diagnosticada en perreras comerciales o de investigación en
varios países más, incluyendo Japón y
la República
Popular
China. La enfermedad ha sido reportada esporádicamente en Europa.
La
brucelosis canina tiene un foco mayor de prevalencia entre los establecimientos
de reproducción, pero ya en algunos países se comienzan a dar cuadros en
mascotas que han provenido de esos criaderos y también en perros de casa y de
la calle sobre los cuales no existe ningún control reproductivo especial.
El
contagio ocurre principalmente a través de contacto con secreciones vaginales
de perras infectadas (celo, parto, posparto y aborto).
Los
machos excretan bacterias en el semen, y aunque en ambos sexos existe excreción
de bacterias por la orina, las concentraciones en el macho son más altas, razón
por la cual la orina de macho es más peligrosa como fuente de infección.
La
excreción por orina comienza alrededor de
4 a
8 semanas post-infección y el número de bacterias es relativamente bajo,
excepto cuando la orina está contaminada con fluidos seminales ó prostáticos.
Considerando
las vías de contagio, evidentemente, las probabilidades son más altas en
animales que permanecen en estrecho contacto y sometidos a un manejo
reproductivo intensivo, por ello es más común que ocurra en criaderos o en
machos reproductores.
Se
sabe que la concentración de bacterias en la leche es alta, sin embargo el rol
de esta secreción en el contagio es controversial, así para algunos autores
sería secundario ya que los cachorros se infectan primordialmente en el útero,
mientras que para otros es importante ya que la leche podría jugar un rol en la
dispersión ambiental del agente.
La
transmisión venérea es la principal forma de contagio entre perros sexualmente
maduros de distinto sexo, mientras que en los animales prepúberes la transmisión
extrauterina se realiza fundamentalmente por vía oronasal mediante contacto
directo o indirecto con orina, semen, material abortado, secreciones
vaginales y leche.
La
transmisión también puede ocurrir por vía intrauterina o congénita; si bien
se reconoce la invasión vía placentaria, el hallazgo de líquido amniótico y
leucocitos en el estómago de neonatos abortados sugiere que la infección también
sería por ingestión de este fluido.
Los
animales asintomáticos pueden albergar B. canis por períodos
prolongados.
El
tiempo desde la infección inicial a la bacteremia es de aproximadamente 3
semanas, luego el microorganismo se localiza en los órganos genitales, desde
donde puede ser propagado continua o intermitentemente por un lapso que puede ir
desde meses a años.
En
el macho la próstata y los epidídimos sirven como tejidos efectivos de emisión
bacteriana, constituyéndose en sitios para la amplia diseminación si los
machos son reproductivamente activos.
En
los primeros dos meses post-infección el semen contiene las más altas
concentraciones bacterianas, para luego decrecer y seguir eliminándose de
manera esporádica por años, con un huésped sin signos aparentes de
enfermedad.
En
el caso de las hembras, las loquias y secreciones uterinas post-aborto son
infectantes por períodos de
4 a
6 semanas pues contienen altas concentraciones bacterianas.
B.
canis tiene una vida corta fuera del huésped y se inactiva rápidamente con los
desinfectantes comunes.
Como
fuentes artificiales de transmisión se deben considerar las transfusiones sanguíneas,
la vaginoscopía, la inseminación artificial y el uso de jeringas contaminadas.
En
nuestro país la bacteria fue aislada por primera vez en 1978 y en las últimas
dos décadas algunos estudios reportan prevalencias de entre 10 y 20 % de
animales seropositivos.
Los
antecedentes descritos sugieren un aumento en la prevalencia.
El
desconocimiento de la enfermedad por parte de muchos criadores, la falta de
programas de control adecuado, situación que sumada a la alta densidad de
perros vagos y callejeros, permite suponer que el control de la brucelosis
canina es una meta aun lejana en nuestro medio.
Fisiopatología
La
bacteria ingresa al animal a través de las mucosas, de preferencia la
conjuntival, oronasal y genital.
De
acuerdo con las dosis mínimas infectantes, la vía vaginal requiere de una
carga menor de bacterias para establecer una infección.
Una
vez que la bacteria penetra en el tejido, es fagocitada por macrófagos que no
la destruyen (inhibición del fagolisosoma) y donde, además, la bacteria se
replica.
Luego
B. canis es transportada por macrófagos a los nódulos linfáticos regionales
donde se inicia su multiplicación.
Después
de
1 a
4 semanas la bacteria pasa la sangre llevada por leucocitos (bacteremia) y así
es diseminada a órganos tales como bazo, hígado, médula ósea, uvea anterior,
disco intervertebral, riñón, próstata, epidídimos, testículos, útero
gestante, placenta y feto (Figura 1).
La
bacteremia, puede persistir por períodos de 6 meses y luego presentarse de
manera intermitente hasta por 5 años. La escasez de lipopolisacaridos (LPS) de
la B.
canis hace que no se observe el estado febril característico de las brucelosis
clásicas.
Las
lesiones inducidas por B. canis corresponden a hiperplasia linforeticular en
linfonódulos y una respuesta granulomatosa en piel y testículos.
Se
describe una especial infiltración de células inflamatorias en los órganos
genito-urinarios.
Esto
último se debe al alto tropismo de la bacteria por tejidos dependientes de
esteroides sexuales, como serían próstata, epididídimo y testículo en el
macho, y útero grávido, placenta y feto en la hembra.
La
respuesta inmune que induce la entrada y permanencia de la bacteria es de tipo
humoral y celular, siendo esta última la más importante dado el carácter
intracelular facultativo del patógeno.
La
recuperación espontánea puede ocurrir de forma natural
1 a
5 años después de la infección inicial.
Los
animales comienzan a ser abacterémicos con bajos títulos de aglutinación.
En
dichos casos los títulos no se elevan frente a un nuevo desafío y no ocurre la
reinfección dado que se desarrolla inmunidad celular después de la recuperación
de la infección natural.

Signos
clínicos
Los
signos clínicos de la enfermedad no son suficientes para establecer un diagnóstico
certero.
La
enfermedad es muy insidiosa debido a que los animales infectados,
frecuentemente, parecen clínicamente sanos y por tanto pueden ocasionar gran
cantidad de daño en los criaderos, como consecuencia de que la enfermedad se
puede diseminar rápidamente antes de ser detectada.
Los
signos inespecíficos en ambos sexos incluyen la letargia, pérdida de la
libido, envejecimiento prematuro y agrandamiento ganglionar generalizado. B.
canis ha sido aislada de casos de campo de discoespondilitis.
Las
uveítis recurrentes han sido ocasionalmente reportadas en perros infectados
después de varias semanas de infección.
La
enfermedad debe ser sospechada cuando existan alteraciones evidentes en la
reproducción de animales que aparentemente se encuentran sanos y frente a la
presencia de fallas en la concepción, abortos, epididimitis, orquitis y
alteraciones espermáticas.
Alteraciones
reproductivas
Hembra
El
útero no gestante no es un sitio donde B. canis se desarrolle en abundancia
dado que el eritritol uterino no estimula su crecimiento (a diferencia de las
cepas lisas de Brucella).
Cuando
el útero canino grávido es colonizado, la bacteria invade el epitelio trofoblástico
que rodea al embrión provocando una placentitis, con el consecuente aborto.
Siendo
este el signo más característico, especialmente entre los 45 y 55 días de
gestación y con una frecuencia de aproximadamente el 75% de los casos.
El
feto abortado puede presentar autolisis parcial y la perra presentar descargas
vaginales de color negruzco o gris verdoso hasta por 6 semanas post-infección,
estas descargas contienen una gran cantidad de bacterias y deben tomarse las
precauciones necesarias para evitar el contacto directo.
La
transmisión congénita intrauterina por la ingestión de líquido amniótico
puede ser importante en la diseminación de la enfermedad a los cachorros.
Se
ha descrito que aproximadamente el 85 % de las hembras que abortan pueden gestar
posteriormente con parto de crías normales, no obstante pueden seguir
presentando fallas reproductivas intermitentes.
Una
hembra infectada puede parir crías débiles con mortalidad neonatal dentro de
las primeras 48 horas, o bien estas sobrevivir presentando una linfoadenopatía
periférica generalizada hasta alcanzar la pubertad, siendo bacterémicos por
todo este tiempo.
En
algunos casos puede ocurrir muerte embrionaria temprana y reabsorción 10 - 20 días
después del servicio.
Esta
situación suele pasar desapercibidos y la hembra ser presentada a consulta por
una falla de la concepción (cruza con macho fértil sin preñez).
En
este punto cabe recordar que el diagnóstico precoz de preñez en la perra sólo
es posible alrededor del día
20 a
23 post-servicio, siendo una incógnita el período previo.
Se
señala que la brucelosis canina no modifica las características de los celos
futuros, así como tampoco las características del ciclo sexual de la perra.
Macho
La
manifestación más frecuente de la infección en el macho es una severa
epididimitis.
Durante
la fase aguda el epidídimo aumenta de tamaño con evidentes señales de dolor,
se puede presentar secreción serosanguinolenta en la túnica del órgano.
Producto
del dolor y frecuente lamido puede desencadenar una dermatitis escrotal húmeda.
El
daño celular en el epidídimo inflamado induce el granuloma espermático dado
el traspaso de material antigénico, lo cual estimula la producción de
anticuerpos antiespermáticos. Además puede ocurrir orquitis, sin embargo ésta
es menos frecuente que la epididimitis.
La
inflamación de estos órganos no es supurativa, observándose, además,
espermatozoides en el espacio extratubular ya sea a nivel intersticial o
peritubular.
Se
ha descrito alteración en la línea espermatogénica, además de infiltración
eritrocitaria tubular indicativo de alteraciones de la barrera hematotesticular.
La
extravasación espermática juega un rol en la autosensibilización con
presencia de anticuerpos antiespermáticos y reacciones de hipersensibilidad
tardía contra epítopes de los espermatozoides, situación que contribuye a
perpetuar la epididimitis y detener la espermatogénesis en aquellos casos crónicos.
Entre
las alteraciones seminales destacan la disminución de volumen del eyaculado,
presencia de alta cantidad de neutrófilos y macrófagos, teratozooespermia
(espermatozoides morfológicamente anormales).
Esta
última caracterizada por acrosomas deformes, piezas intermedias dilatadas,
gotas citoplasmática, colas enrolladas, cabezas desprendidas y aglutinación
cabeza-cabeza.
Los
machos infectados crónicamente pueden tener un número reducido de
espermatozoides (oligozooespérmicos) o no tener espermatozoides (azooespérmicos).
En
la fase crónica puede haber atrofia testicular uni o bilateral.
La
presencia de estos anticuerpos anti-espermatozoides, probablemente contribuyen a
la infertilidad del macho y generalmente, en el tiempo, estos perros llegan a
ser estériles.
Cabe
considerar que el hecho de que estos machos siendo estériles o no, pueden
continuar excretando bacterias en el fluido seminal, ya que alojan a los
microorganismos en la glándula prostática y los epidídimos.
Las
bacterias se diseminan a través de los fluídos seminales y ocasionalmente por
orina.
Diagnóstico
Si
se considera que la sintomatología, así como las variaciones hematológicas
son inespecíficas de la enfermedad, el diagnóstico directo a través de técnicas
microbiológicas es lo ideal; siendo así, el único método que permite un
diagnóstico definitivo de brucelosis canina es el aislamiento microbiológico
del agente.
Si
bien la bacteria puede ser eliminada a través del semen, orina y leche, las
mejores muestras y donde la concentración del agente es alta, son los productos
del aborto y las secreciones vaginales posteriores al mismo.
El
hemocultivo es el método recomendado antes de declarar a un animal como
infectado, sin embargo se debe considerar que el animal debería estar bacterémico
para arrojar positividad.
En
períodos abacterémicos, la orina es una alternativa al hemocultivo,
especialmente en los machos.
De
la misma forma que la sangre, la bacteriuria es intermitente y en bajas
concentraciones, situación que explica resultados falsos negativos.
Cabe
mencionar que recientemente se ha descrito la detección experimental de B.
canis en semen de perro, mediante técnica de PCR, constituyéndose en una buena
opción diagnóstica para el futuro.
No
obstante el aislamiento bacteriano es inequívoco en el diagnóstico de
brucelosis canina, se debe considerar que B. canis es de difícil cultivo y
lento desarrollo in vitro, y además que la eliminación bacteriana es
intermitente, razones que de alguna manera desincentivan la solicitud de este
tipo de examen.
La
alternativa diagnóstica al aislamiento bacteriológico, la constituyen las
pruebas serológicas que determinan la presencia de anticuerpos contra B. canis.
La
efectividad de las pruebas serológicas, actualmente disponibles en el mercado,
es variable debido a que los antígenos de superficie de brucelas rugosas,
pueden reaccionar en forma cruzada con los anticuerpos producidos contra otras
especies de bacterias no patógenas.
Esto
puede redundar en variaciones de la sensibilidad y especificidad, llevando al
diagnóstico de animales falsos positivos o falsos negativos, dependiendo del
estado de la enfermedad y del antígeno o método serológico empleado.
En
este contexto ha tomado relevancia la evaluación de diferentes tipos de antígenos
que, por su especificidad, logren disminuir lo más posible las respuestas serológicas
cruzadas y con ello, la presencia de animales falsos positivos.
A
continuación se describen brevemente algunos aspectos de interés respecto de
las pruebas serológicas más comunes utilizadas en la actualidad:
a)
Prueba de aglutinación rápida en placa (RSAT): Puede utilizarse en estados
tempranos de la enfermedad, 8 - 12 semanas post-infección (PI).
Es
una prueba sensible (rara aparición de falsos negativos) que utiliza como antígeno
una suspensión de B. ovis teñida con Rosa de Bengala (reacción cruzada con B.
canis).
Es
la prueba de screening oficial en EE.UU.
b)
Prueba de aglutinación lenta en tubo (TAT): Prueba semicuantitativa, más tardía
que la anterior, 10 - 12 semanas PI. Utiliza un antígeno de pared celular de B.
ovis.
No
es muy específica.
Cuando
un animal presenta títulos bajos debe ser considerado sospechoso y se debe
confirmar con otra prueba.
c)
Inmunodifusión en gel de agar (AGID): Se ha utilizado antígeno de pared
celular (LPS-R) con problemas de reacciones cruzadas.
Presenta
las desventajas del diagnóstico más lento (72 horas) y la dificultad de
interpretación en animales crónicamente infectados.
El
uso de proteínas citosólicas (propias del género Brucella) como antígenos
ha permitido evitar las reacciones cruzadas. Detecta anticuerpos a partir de las
12 semanas PI.
d)
Contrainmunoelectroforesis (CIEF): Se utiliza un antígeno soluble de pared
celular (LPS-R) de B. ovis o antígenos proteicos citoplasmáticos.
Se
correlaciona muy bien con AGID y TAT (> 95 %) y presenta la ventaja del corto
tiempo de obtención de resultados (2 horas). La detección de anticuerpos
comienza desde la tercera semana PI.
e)
ELISA: Se han desarrollado pruebas con antígenos de pared celular de B. canis
(M - y RM 6/66) y citoplasmáticos de B. abortus con resultados muy
alentadores.
Es
una prueba con mayor sensibilidad. Mediante esta técnica se han identificado
precozmente individuos positivos y también anticuerpos en ejemplares tratados
con antibióticos.
f)
Inmunofluorescencia indirecta (IFAT): Se describe como una prueba de mayor
sensibilidad y especificidad que RSAT y TAT. Sin embargo se ha observado alta
tasa de falsos positivos. Es la técnica más utilizada en EE.UU.
Hasta
la fecha, ninguna de las pruebas serológicas disponibles se considera ideal
para el diagnóstico de brucelosis canina, sin embargo permanentemente se está
investigando para mejorar la eficiencia.
Cabe
señalar que en nuestro medio existen kits comerciales para el diagnóstico rápido
de B. canis basados en inmunocromatografia (Speed® Brucella canis), y que en el
Laboratorio de Microbiología de
la Facultad
de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de
la Universidad
de Chile se realiza diagnóstico serológico mediante una técnica
estandarizada de contrainmunoelectroforesis que utiliza controles positivos.
Prevención
y control
Como
toda enfermedad el control está enfocado a evitar la diseminación del agente
desde los animales infectados y la contaminación de los individuos
susceptibles.
La
presentación de brucelosis canina en un plantel de cría debe considerar las
medidas tendientes a identificar a los animales infectados a través de un buen
diagnóstico.
Es
por ello que los reproductores deben estar sometidos a un chequeo permanente, así
como todo animal nuevo ingresado debe ser seronegativo y permanecer un período
razonable en observación (cuarentena).
La
recomendación de eliminar de la reproducción a un animal infectado es
prioritaria, dicho animal si no es sacrificado debido a razones afectivas, debe
ser esterilizado.
Cuando
en un criadero ocurren abortos, existen problemas de infertilidad o se detectan
machos con epididimitis, es fundamental efectuar exámenes serológicos de
inmediato a los individuos comprometidos.
En
caso de arrojar seropositividad a B. canis, se sugiere seguir los siguientes
pasos:
1.
Cuarentena del criadero durante el período de erradicación de la enfermedad.
2.
Efectuar exámenes serológicos y hemocultivos a todos los animales del
criadero.
3.
Identificar la fuente de la infección (montas, animales nuevos).
4.
Eliminar del criadero a todos los animales positivos.
La
separación física de los animales sanos de los infectados, aun manteniendo
estrictas medidas de higiene, no es suficiente para evitar la propagación de la
enfermedad.
Los
animales positivos deben ser esterilizados, tratados con antibióticos y
retirados del criadero.
5.
Los animales negativos tratarlos con antibioticoterapia por 1 mes y hacer
controles serológicos mensuales, de modo de eliminar a los nuevos casos
positivos, hasta que no aparezcan más positivos por 3 meses consecutivos.
Se
pueden esperar nuevos casos durante los primeros 5 meses.
6.
Limpieza rigurosa de las perreras de los animales infectados y desinfección con
productos del tipo amonio cuaternario y yodados. La bacteria sobrevive poco
tiempo en el medio, no así en materia orgánica.
7.
Continuar evaluando los animales cada 3 meses por un año y establecer un buen
plan de prevención para evitar nuevos brotes de la enfermedad.
Cabe
recordar que cachorros nacidos de madres con brucelosis crónica y que
sobreviven, frecuentemente están infectados.
Los
intentos por desarrollar una vacuna conveniente que induzca inmunidad, sin
provocar respuesta serológica que interfiera con el diagnóstico, no han sido
exitosos.
Actualmente
las vacunas presentarían el inconveniente de conferir sólo una moderada
protección y estimular la producción de anticuerpos que podrían confundir el
serodiagnóstico.
La
prevención de la infección y la eliminación de los perros infectados debe ser
la principal estrategia de control en los criaderos.
Tratamiento
El
tratamiento para brucelosis canina, en términos generales, no es
alentador y esto guarda relación con las características de la bacteria. B.
canis es de ubicación intracelular y coloniza tejidos donde la perfusión de
ciertas drogas es escasa.
Además,
es sensible a una variedad reducida de antibióticos. Existen reportes sobre el
uso de diferentes antibióticos y los porcentajes de éxito son muy
variables.
Un
aspecto importante a considerar es que para analizar los resultados publicados
sobre terapias antimicrobianas se deben evaluar factores tales como: pacientes
con cuadro agudo o crónico, evaluación de la recuperación con serología o
cultivo y el período transcurrido posterior a la terapia en que se midió la
recuperación.
Se
requieren cultivos de sangre repetidos y monitoreos serológicos por lo menos
durante 3 meses post-tratamiento antes de que un perro pueda ser declarado
negativo.
La
recrudescencia de la infección después de la cesación del tratamiento con
antibiótico es común; además perros infectados y recuperados mediante terapia
específica quedan susceptibles a una nueva infección por vía oronasal.
La
terapia no mejora la fertilidad de los machos en fase crónica y en la hembra
gestante sólo evita el aborto.
Se
cree que la castración en ambos sexos reduce el riesgo de transmisión por
perros infectados; no obstante, esta hipótesis no se ha probado
experimentalmente y la castración no elimina a los organismos del cuerpo.
Todos
los perros castrados deben recibir un tratamiento de antibióticos o considerar
la eutanasia.
Los
mejores resultados consideran la asociación de dos o más antimicrobianos por
períodos prolongados; incluyendo tetraciclinas y estreptomicina por hasta 3
meses.
Algunos
tratamientos descritos como exitosos se presentan a continuación:
-
a)
Tetraciclina 30 mg/kg P.O. c/ 12 hrs. por 28 días + Estreptomicina E.V. 20
mg/kg c/ 24 hrs. por 14 días.
-
b)
Tetraciclina 30 mg/kg P.O. c/ 8 hrs. por 30 días + Estreptomicina I.M. 20
mg/kg los días
1 a
7 y
24 a
30 del tratamiento.
-
c)
Minociclina 10 mg/kg P.O. c/ 12 hrs. + Estreptomicina I.M. 4,5 mg/kg c/ 24
hrs. por. por 7 días.
-
d)
Oxitetraciclina I.M. 20 mg/kg, una vez por semana, por 4 semanas +
Estreptomicina I.M. 20 mg/kg c/ 24 hrs. durante los primeros 7 días de
tratamiento.
-
e)
Enrofloxacino 5 mg/kg P.O. c/12 hrs. por 30 días
Comentario
Final
El
manejo de los perros y criaderos infectados es caro y lleva mucho tiempo.
Los
veterinarios deberíamos estar preparados para responder a las preocupaciones de
los propietarios y dar consejos fundamentados en el conocimiento científico
actualizado. La prevención es esencial para evitar el cuadro de infección en
un criadero.
Tan
pronto como la brucelosis canina se diagnostique, se deben implementar medidas
rigurosas hasta que la enfermedad sea erradicada.
Los
criaderos infectados deben entrar en cuarentena, aun cuando en muchos países no
hay regulaciones formales al respecto.
La
falta de tales medidas ha llevado a una dispersión, incluso internacional, de
la infección por B. canis.
Además
la mayoría de los estudios coinciden en que lo mejor es eliminar todo animal
positivo (serología o cultivo), entendiéndose esto como eutanasia ó exclusión
del criadero.
El
caso de mascotas presenta une escenario un tanto distinto, por el particular
valor afectivo de las mismas.
No
obstante una estrategia de control debería considerar el aislamiento de los
animales infectados, la esterilización y tratamiento, considerando que este último
es incierto y con mayores probabilidades de éxito en las infecciones
tempranas y el seguimiento serológico por 3 meses post-tratamiento.
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