Cuando
una perra servida en forma reiterada no queda preñada o pare cachorros se la
considera infértil. La
evaluación minuciosa de la anamnesis, por lo usual permite determinar la
etiología.
El
paso inicial (y más importante) frente a una hembra infértil es definir si
tiene o no ciclos estrales normales.
Un
ciclo normal, por definición, es cuando el estro ocurre a intervalos regulares
y la duración del proestro y estro es predecible.
Las
perras suelen mantener un patrón de ciclos.
La
duración del estro y proestro puede ser muy variable entre las perras, pero en
la paciente individual se considera bastante constante.
Sería
conveniente que el propietario lleve un registro reproductivo de todas sus
hembras.
La anamnesis es la herramienta aislada más valiosa para reconocer los
posibles causales de la infertilidad canina.
CICLO
NORMAL
El
período interestral (PIE) se define como el tiempo desde el comienzo de un
ciclo estral hasta el inicio del próximo.
El
PIE normal varía de
4 a
12 meses.
Las
perras tienen un requerimiento mínimo absoluto de períodos interestrales de
120 días debido a la fase luteal, la que normalmente tiene la duración de una
gestación.
El
endometrio debe experimentar un período de descamación y reparación después
de la fase luteal normal (seudogestación; diestro – casi 2 meses) de cada
estro.
Si
una perra cicla con mayor frecuencia que cada 4 meses, el endometrio no tendrá
el tiempo suficiente para esta descamación y reparación y por ende no estará
preparado para aceptar una gestación en el próximo ciclo (la perra será
infértil).
El
Rottweiler parece estar predispuesto a los períodos interestrales cortos, pero
este patrón puede ocurrir en cualquier raza.
El PIE también puede ser igual o
menor a los 12 meses.
Esta
duración varía entre las razas.
La Basenji
normalmente cicla 1 vez/año, un fenómeno característico de los cánidos
silvestres (por ej., Canis lupus). Los galgos (por ej., Greyhound, Borzoi,
Saluki) tienden a mostrar períodos interestrales largos (
10 a
12 meses).
Este
período puede incrementar con la edad en perras individuales.
Si el PIE supera
el año, los problemas reproductivos son factibles y deben ser investigados.
La
duración del proestro y estro puede ser bastante variable entre las perras
individuales, aunque haya ovulación normal y gestación exitosa.
El
proestro dura un promedio de 7-9 días con variaciones normales de
2 a
21 días.
El
estro también promedia los 7-9 días con un rango normal de
2 a
21 días.
La
flexibilidad es decisiva para el manejo reproductivo satisfactorio.
El
proestro comienza la fase activa del ciclo, caracterizado por cambios físicos
que incluyen tumefacción vulvar y secreción sanguinolenta.
La
tumefacción puede aparecer varios días antes de la secreción; la hinchazón
es turgente al comienzo del proestro y tiende al ablandamiento en cercanías del
estro.
La secreción hemorrágica proviene desde el útero.
Las
influencias estrogénicas durante el proestro y estro incrementan el suministro
sanguíneo en los órganos reproductores.
La
sangre alcanza el lumen uterino mediante diapédesis y llega a la vulva
atravesando el cérvix.
La
secreción al inicio del proestro posee abundantes cantidades de eritrocitos y
se vuelve menos hemorrágica a medida que se aproxima el estro.
Durante
el estro puede no haber sangre en la secreción.
Por
otra parte, algunas perras sangran de manera profusa durante el proestro y
estro.
Ambas
variaciones en la cantidad y carácter de la secreción pueden ser normales.
Hacia el fin del diestro los cambios físicos se caracterizan por el desarrollo
mamario y lactación.
Los
hallazgos colpocitológicos cambian durante el proestro y estro debido a las
influencias estrogénicas sobre el epitelio escamoso estratificado vaginal.
A
comienzos del proestro, las células epiteliales muestran el cambio característico
desde un tipo basal hacia el superficial o cornificado.
Las
células superficiales del proestro y estro son angulosas y grandes con o sin núcleos.
El
proceso de la cornificación, señalado por la presencia de estas células
superficiales, está dominado por el espesamiento del epitelio vaginal.
Bajo
la influencia del estrógeno, el epitelio vaginal cambia desde unas pocas capas
celulares de espesor hasta un grosor de 20-40 células.
Las
células más superficiales experimentan la cornificación protegiendo la vagina
del trauma copulatorio.
Otros tipos celulares observados durante el proestro son
los eritrocitos en cantidades abundantes, ocasionales neutrófilos y detritos de
fondo.
A
medida que evoluciona el proestro, incrementa el porcentaje de células
superficiales, desaparecen los leucocitos y varía la cantidad de eritrocitos
dependiendo del grado de hemorragia. La colpocitología suele ser bastante
característica durante el estro.
Predomina
el tipo celular superficial, los leucocitos suelen estar ausentes, los
eritrocitos aparecen en cantidades reducidas y faltan los detritos del fondo.
La
presencia de bacterias, incluso en grandes concentraciones, no tiene importancia
clínica en las perras sanas que ciclan con normalidad.
Al
comienzo del diestro, la colpocitología cambia en forma abrupta.
Aparecen
las células epiteliales basales e intermedias, que son más pequeñas y
redondas con núcleos prominentes.
Los
eritrocitos desaparecen por completo, mientras que los leucocitos aparecen en
grandes cantidades.
La presencia abundante de leucocitos a comienzos del diestro
es normal y no debe ser confundida con un proceso inflamatorio.
En
este momento, una perra normal incluso puede exhibir una secreción vulvar
purulenta leve.
A
comienzos del proestro, la perra rechaza en forma agresiva al macho.
Al
progresar el proestro, la perra exhibe un rechazo pasivo (por ej., se sienta
cuando el perro intenta montarla).
El
estro conductual se caracteriza por el comportamiento de "parada" (la
perra está en estación firme y corre su rabo hacia un lado) y finaliza con el
cese de tal conducta (vuelve a rechazar los intentos masculinos).
Estas
modificaciones en el comportamiento se vinculan con los cambios hormonales
notados durante el proestro, estro y diestro.
El
comienzo de la parada se correlaciona con el pico de la hormona luteinizante
(LH) ovulatoria, la cual inicia la primera elevación de la progesteronemia.
Es
decir, el comportamiento de parada requiere la presencia de estrógenos y
progesterona.
El diestro conductual comienza con el nuevo rechazo al macho. Esta
suele ser una decisión mutua dado que el macho suele perder interés en la
hembra.
Las
concentraciones de las gonadotropinas LH y FSH (hormona foliculoestimulante) son
reducidas durante el proestro.
Asimismo,
durante el proestro, los estrógenos están aumentados mientras que la
progesterona es reducida (< 1 ng/ml).
La
LH
y FSH trepan hasta sus niveles máximos al comienzo del estro para inducir la
ovulación.
La progesterona incrementa con rapidez mientras el estrógeno
comienza a declinar, de manera que el pico de LH ovulatoria se asocia con el
primer incremento de la progesteronemia.
El
diestro procede con un rápido aumento de la progesterona, la cual es máxima a
los 21 días después del pico de LH y comienza a disminuir en forma gradual
durante los siguientes
40 a
60 días.
En
las perras gestantes, la progesteronemia cae en forma llamativa para iniciar el
parto, el cual no sucede hasta que la progesterona sea < 2 ng/ml.
Las
progesteronemias disminuyen con más lentitud en las perras seudogestantes.
La
prolactina, luteotrópica, está presente y es necesaria durante la fase luteal.
Esta
hormona incrementa mucho más en respuesta a la caída de la progesterona al fin
del diestro, promoviendo el comienzo y mantenimiento de la lactación.
El
diestro canino es único cuando se compara con otros animales domésticos
cicladores.
El
diestro normal es idéntico en duración a la gestación normal, y la
seudogestación se presenta después de cada estro. Este rasgo singular es
similar a lo que ocurre con los lobos (C. lupus).
Todas las hembras dentro de la
manada ciclan al mismo tiempo, pero sólo la alfa es servida; las restantes
experimentan una gestación hormonal (seudogestación) simultáneamente con la
loba alfa.
De este modo, se asegura la supervivencia de los cachorros en caso de
sucederle algo a la hembra alfa porque el resto está disponible para la lactación.
Las perras domésticas han conservado esta particularidad.
INFERTILIDAD
EN PERRAS CON CICLOS NORMALES
Después
de establecer que una perra cicla con normalidad, el plan de diagnóstico se
simplifica, porque más del 90% de los problemas de infertilidad en perras
cicladoras normales se deben a uno de dos motivos: infertilidad masculina o
manejo inadecuado.
Infertilidad
en el macho.
Es
bastante común.
De
nuevo, la anamnesis es fundamental para descubrir la fuente del problema.
Si
un macho no ha servido en forma reciente no puede ser descartado como
inconveniente, pero si tuvo camadas antes, durante y después de aparearse con
la perra en particular, probablemente no sea el motivo para la falta de gestación.
Un
perro considerado un "macho probado" porque tuvo camadas en el pasado,
es posible que ahora no lo sea.
Si
el mismo no tiene antecedentes de servicios o gestaciones recientes, se indica
el examen reproductivo que consiste en la exploración física y evaluación del
semen (concentración, motilidad y morfología espermáticas).
Al
mismo tiempo, también se puede evaluar la salud prostática.
Problemas
de manejo.
Debido
a la gran variabilidad entre las perras y sus ciclos, la flexibilidad es
fundamental en el manejo reproductivo canino.
Todavía
se mantiene como válida (para la mayoría de las perras) la vieja idea de que
la hembra debe ser servida cada 2 o 3 días desde el primer día de parada hasta
que desaparezca tal conducta.
En
la mayoría de las circunstancias, el comportamiento de los dos sexos todavía
es un buen indicador de cuándo debe ocurrir el servicio.
La
colpocitología no puede anticipar con precisión el día correcto del servicio,
aunque es valiosa para determinar si la perra está bajo la influencia estrogénica
y para detectar el comienzo del diestro; por ello, este método puede ser
aprovechado como ayuda del manejo reproductivo pero sin confiar exclusivamente
en él.
En
el comercio existen análisis para determinar el momento de la ovulación, ya
sea como radioinmunoanálisis (RIA) o enzimoinmunosorbentes (ELISA), siendo más
precisos los primeros.
El pico de LH se detecta en forma indirecta midiendo la
progesteronemia.
Para
casos de mayor exactitud (por ej., para emplear semen congelado) se puede medir
el pico de LH en forma directa con el análisis correspondiente (Status-LH
Assay, Synbiotics).
Estos
análisis hormonales han revolucionado el manejo reproductivo canino indicando
el momento preciso del apareamiento.
Empleados
en el modo correcto, pueden eliminar los errores de manejo como causa de
infertilidad.
También
documentan la progresión normal del proestro y estro, con lo cual verifican la
presencia de un ciclo ovulatorio normal.
ANORMALIDADES
REPRODUCTIVAS
Cuando
se evalúa el aparato reproductor femenino, se dispone de pocas opciones
diferentes de la ultrasonografía, vaginoscopia y laparotomía exploratoria con
toma de biopsias.
En
nuestra experiencia, la ecografía demostró ser de extrema utilidad para el
examen uterino y de gran ayuda para determinar la patología ovárica.
Los
contenidos y cambios del espesor mural facilitan la observación ecográfica del
útero .
La
mayor parte de las gestaciones se pueden identificar con ecografía a las 3
semanas del servicio.
Si
no hay gestación visible a las 3 semanas, realizar un examen adicional a las 4
semanas del servicio para verificar los hallazgos negativos.
La
identificación precoz de la gestación permite documentar resorciones.
La
presencia de gestación responde las preguntas concernientes a la ovulación,
concepción y fertilidad masculina satisfactorias.
La
vaginoscopia es una herramienta subutilizada en el manejo reproductivo.
Los
proctoscopios o endoscopios son necesarios para visualizar la totalidad de la
vagina.
El
largo y diámetro del equipo endoscópico son factores limitantes cuando se
realiza la vaginoscopia.
El largo debe ser suficiente para alcanzar el cérvix
(15-
20 cm
), el cual se ubica en el abdomen más o menos debajo de la vértebra L4.
El
diámetro debe ser suficiente para atravesar la unión de la vagina y vestíbulo
(5-
10 mm
).
La
laparotomía exploratoria es otra opción para evaluar el aparato reproductor
canino.
El
mejor momento es durante el diestro porque se puede evaluar el útero bajo la
influencia progestacional.
Se
puede hacer la cirugía para examinar el útero y ovarios y recolectar biopsias
de los mismos. Las biopsias del útero se obtienen desde el lado opuesto a la
inserción del ligamento ancho. Asegurarse de obtener endometrio.
Desde
el lumen uterino se toman muestras para el cultivo de aerobios y anaerobios (el
lumen uterino normal debe ser estéril).
La
bolsa ovárica debe ser abierta (con la cautela de no lesionar el oviducto)
exponiendo el ovario para su examen y toma de biopsias.
Una
cuña en forma de pastel es suficiente para la biopsia ovárica.
La
hemostasis se hace con compresión digital.
La
histopatología de los especímenes del útero y ovario puede revelar el causal
de la infertilidad.
Si
una perra tiene ciclos normales y no queda preñada cuando es servida por un
macho fértil en el momento correcto, la opción final es la inseminación quirúrgica,
aprovechando tal intervención para hacer una exploración rápida, pero sin
tomar biopsias.
PÉRDIDAS
GESTACIONALES
Cuando
hay pérdida de la gestación, ya sea por resorción o aborto, considerar las
etiologías infecciosas.
Las
infecciones bacterianas uterinas, por lo usual en concierto con hiperplasia
endometrial quística, pueden alterar el ambiente uterino provocando la pérdida
de la gestación.
La
Brucella
canis es la causa más común e importante del aborto infeccioso canino.
Incluir la serología como parte del plan diagnóstico para todo caso de
infertilidad canina.
Asimismo,
considerar la posibilidad de problemas hormonales, como el hipotiroidismo, el
cual suele expresarse con infertilidad y pérdida gestacional en la perra y
puede ser hereditario en algunas razas.
La
insuficiencia de progesterona (luteal) parece ser un causal poco frecuente de
resorción embrionaria.
Si
hay sospecha de ella, se deben medir las concentraciones con los mismos análisis
indicados para el manejo reproductivo.
Si
la progesteronemia está reducida, iniciar la terapia sustitutiva con
altrenogest (uso extrarrótulo) a razón de 0,088 mg/kg/día, bucal.
Cuando
se mantiene la gestación con progestágenos exógenos, se requiere mucha
prudencia para evitar una preñez prolongada iatrogénica, que promoverá muerte
fetal.
La
duración absoluta de la gestación canina es de 65 ± 1 días desde el pico de
LH ovulatoria.
CICLOS
ANORMALES
Los
ciclos anormales indican un grupo diferente de anormalidades a tener en cuenta
como etiología de la infertilidad.
Las
variaciones llamativas en las duraciones de las distintas etapas del ciclo
pueden indicar anormalidades hormonales.
PIE
acortado. El PIE corto es una anormalidad bastante común.
Debido al
requerimiento absoluto de 120 días entre los ciclos, las perras serán infértiles
si ciclan con mayor frecuencia que cada 4 meses.
Los factores genéticos
son desconocidos, pero la condición se considera hereditaria en el Rottweiler.
El PIE se puede
prolongar con la administración de mibolerona (Pharmacia & Upjohn) durante
4-6 meses, después de lo cual la perra debe ser apareada durante el siguiente
estro.
Los PIE acortados
también pueden relacionarse con episodios frecuentes de actividad estrogénica,
que pueden estar causados por enfermedad ovárica quística y tumores del
ovario. La ecografía ayuda a descartar estas condiciones.
PIE prolongado.
El PIE prolongado
también es una anormalidad frecuente.
La máxima duración
del PIE que se considera normal en la perra es de 1 año.
Bajo condiciones
naturales, las perras continúan ciclando durante toda su vida sin el
equivalente de la menopausia humana.
Las posibles causas de un PIE prolongado
incluyen enfermedad incretoria y celos pasados por alto.
El hipotiroidismo
e hiperadrenocorticismo son incretopatías comunes y se las debe descartar.
Los
celos pasados por alto pueden (y de hecho lo hacen) ocurrir, de manera
particular en razas pelilargas y en aquellas perras con mínima secreción o
tumefacción vulvar durante el estro.
En tales
circunstancias, se requiere la supervisión constante del animal para detectar
el estro.
La presencia de un macho entero es de utilidad para detectar el estro.
Como estudio inicial se debería medir la progesteronemia.
Un valor por
encima de 1 ng/ml documenta la presencia de tejido luteal en el ovario; este
valor implica que la ovulación y, por lo tanto, el estro ocurrieron durante los
últimos 2 o 3 meses.
Si hay sospecha
de celos silenciosos o inadvertidos, el propietario debería revisar la vulva a
diario con un género blanco para detectar cualquier secreción.
La colpocitología
semanal y medición mensual de la progesterona pueden ayudar a detectar la
actividad cíclica.
Si no se
encuentran anormalidades endocrinas y se descartan los celos inadvertidos, el
estro puede ser inducido con hormonas.
Todavía no se describieron protocolos
regularmente exitosos para la inducción del estro canino.
Variaciones
normales. Incluyen el celo de loba o desdoblado y el equivalente canino del
efecto dormitorio.
El celo
desdoblado en realidad no es un problema de fertilidad, pero sí un importante
inconveniente para el manejo reproductivo.
Las perras entran
en celo de apariencia normal (física, citológica, hormonal y conductualmente),
por lo usual con conducta de parada, luego dejan de estarlo sin ovulación.
Dentro de
2 a
6 semanas vuelven a repetir el comportamiento y en este segundo celo pueden o
no mostrar la progresión típica del proestro al estro.
En ocasiones,
hacen la parada de repente frente al macho, ovulando y quedando preñadas si el
servicio sucede en el momento correcto durante este segundo estro.
Los celos
desdoblados se pueden detectar midiendo la progesterona (ELISA); durante el
primer estro la progesteronemia nunca supera los límites superiores del análisis,
indicando que no se produjo la ovulación.
La medición
seriada revelará el aumento normal de la progesterona.
El efecto
dormitorio es otra aberración común del ciclo en perras alojadas con otras
hembras cicladoras.
Cuando una perra
cicla, la tendencia es que las restantes lo hagan al mismo tiempo.
Esto es
particularmente cierto si las demás perras están próximas al siguiente celo
aguardado.
Los ciclos pueden acortarse hasta 1 o 2 meses, dependiendo del
momento. Los celos inducidos por este efecto en general son fértiles.
Estro
persistente.
Aunque poco común,
puede estar causado por dos condiciones: tumores y quistes foliculares del
ovario.
Los tumores ováricos
hormonoactivos pueden cursar con estro persistente. La ecografía puede
reconocer la masa en distal del riñón.
Si la afectación
es de un solo ovario, la cirugía unilateral se puede realizar para mantener la
capacidad reproductora de la perra.
El tumor más
prevalente es el de las células de la granulosa.
Estas neoplasias
son más corrientes en perras que superan los 5 años.
Los quistes
foliculares pueden ocurrir cuando la perra falla en la ovulación; los folículos
se vuelven quísticos y continúan elaborando estrógenos.
Estos quistes se
pueden tratar con múltiples inyecciones de HCG (gonadotropina coriónica
humana) en dosis de 10 UI/lb, o Gn-RH (hormona liberadora de gonadotropinas), en
dosis de 1,5 µg/lb, IM por día durante 3 días.
Estas hormonas inducen la
luteinización de los quistes foliculares causando la progresión hacia la fase
luteal.
La perra debe ser supervisada por piómetra durante 2 meses después de
la terapia médica satisfactoria.
Los quistes también
se pueden romper directamente mediante un acceso quirúrgico, aprovechando el
momento para tomar biopsias.
Considerar la
castración si la perra no responde a la terapia o si se detecta patología
uterina.
Falta de ciclos.
El comienzo de la pubertad es variable en las perras y por lo usual se presenta
a los 6 meses después que se alcanza la meseta del crecimiento.
En su mayoría,
las perras tendrán el primer estro hacia los 24 meses de edad. Evaluar las
perras que no ciclaron para este momento.
El
seudohermafroditismo masculino se puede descartar con el examen del clítoris.
Un clítoris
agrandado es el principal rasgo físico en estas hembras fenotípicas que poseen
testículos u ovotestis internamente.
La
cariotipificación puede descartar anormalidades cromosómicas.
Las incretopatías
(por ej., hipotiroidismo, hiperadrenocorticismo) también pueden ser causa de
falta de ciclos, por ello se las debe descartar.
CONCLUSIONES
La identificación
de la causa de infertilidad en una perra puede ser un desafío diagnóstico.
Por fortuna, la
mayor parte de las perras que ciclan con normalidad pueden concebir si son
apareadas en el momento oportuno por un macho fértil.
Las perras que
ciclan con anormalidad pueden responder al tratamiento, dependiendo de la
etiología.
Cuando se
corrigen estos problemas produciendo cachorros, se debería considerar la
posibilidad de estar perpetuando condiciones hereditarias.
Desconocemos la
naturaleza hereditaria de muchos problemas reproductivos, pero el clínico debería
ser discreto cuando se reproducen animales conflictivos.
Conviene seleccionar
ejemplares sin problemas reproductivos.
LECTURAS
SUGERIDAS
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Medicine; Vol. 95, Nº 9, 2000. Véase también:
S.V. Vol. 5, Nº 4, 1997.

Colpocitología
durante el proestro que muestra los detritos del fondo y un porcentaje reducido
de células escamosas anucleares

Colpocitología
durante el estro que muestra la ausencia de los detritos del fondo y un alto
porcentaje de células escamosas anucleares

Colpocitología
durante el comienzo del diestro que muestra grandes cantidades de neutrófilos y
células parabasales e intermedias pequeñas

Ultrasonografía
que muestra piómetra con hiperplasia endometrial quística

Ultrasonografía
de ovario izquierdo con tumor de células de la granulosa

Ultrasonografía
de ovario con quistes foliculares
Fuente: Circulo de Médicos
Veterinarios del Sur de Santa Fe - http://www.veterinariosursf.com.ar