Me he decidido a escribir este
artículo a causa de que últimamente vengo observando que en los foros de perros
en Internet, en la zona de Etología, no existe unanimidad a la hora de
considerar una conducta como estereotipada; así como por la importancia que
tiene el tratamiento de estas conductas, ya que en la mayoría de los casos está
en peligro el bienestar del animal, como se verá más adelante.
Por todo lo anterior paso a explicar
desde el punto de vista de la Etología Clínica lo que son las estereotipias,
como detectarlas, su diagnóstico, diagnóstico diferencial, pronóstico y el
tratamiento, tanto farmacológico como conductual.
1) ¿Qué son las
estereotipias?
Se les llama también conductas
compulsivas.
Son conductas repetitivas, que siempre
tienen la misma secuencia y sin embargo no poseen ninguna función.
Es decir, el perro desarrolla el mismo
comportamiento una y otra vez sin que éste vaya encaminado a conseguir algún fin
concreto (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Fraser y Broom (1990), las denominan
“una secuencia de movimientos repetida y relativamente invariable, que se
realiza sin ningún propósito aparente” (Mateos, 1994).
Hewson y Luescher (1996) las denominan
“conductas que normalmente conllevan a un conflicto, pero que se muestran
consecuentemente fuera del contexto original.
Las conductas pueden compartir una
fisiopatología similar (por ejemplo, cambios de la serotonina, dopamina y
sistemas betaendorfinos).
Las conductas compulsivas parecen
anormales porque se manifiestan fuera de contexto y a menudo son repetitivas,
exageradas y sostenidas” (Luescher, 2.002).
A veces se usa para describirlas un
término de Psicología Clínica Humana, trastorno obsesivo compulsivo, pero no
hacen referencia exactamente a las mismas manifestaciones, ya que en las
personas que sufren este desorden aparecen también pensamientos obsesivos, cosa
que no podemos afirmar ni demostrar, por ahora, en los perros (Pozuelos,
Álvarez, 2.007).
En los animales en libertad no
observamos este tipo de conducta, de nuevo la domesticación y, sobre todo, el
confinamiento, dan lugar a una conducta anormal, ya que la vemos en nuestros
animales domésticos y en animales de granja, de zoológico y de perreras,
criaderos y hogares de recogida (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Según la definición dada por
Broadhurst (1960) y Fox (1968) una conducta anormal es “una acción persistente y
no deseable, que aparece en una minoría de la población, que no es provocada por
algún daño obvio del sistema nervioso y que se generaliza mas allá de la
situación que originalmente la provocó” (Mateos, 1994).
2) Formas para
detectarlas.
No se ha comprobado que exista
predisposición de sexo y edad para desarrollar estas conductas (Pozuelos,
Álvarez, 2.007).
Las conductas más frecuentemente
observadas son las siguientes:
-
Morderse el rabo: dan vueltas sobre sí
mismos y a veces se causan lesiones -más o menos graves (Manteca, 2.003)- por
mordedura (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
-
Dermatitis acral por lamido: se trata
de lamerse compulsivamente sobre todo las extremidades (carpos) y los flancos
-incluso mordiéndoselos (Manteca, 2.003)-, siempre sobre el mismo punto y sin
parar llegando a producirse heridas y ulceraciones. Aquí habría que descartar
primero otros tipos de dermatitis que puedan causar esas lesiones realizando un
protocolo dermatológico completo (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
-
Cazar moscas o cazar bichos: miran
fijamente a un punto e intentan morder algo en el aire (Pozuelos, Álvarez,
2.007). En ocasiones, algunos animales desarrollan una conducta consistente en
perseguir sombras o luces de manera muy repetitiva (Manteca, 2.003), como por
ejemplo, los reflejos del sol en el reloj o en las gafas de sol.
-
Síndrome del perro enjaulado: caminar
de un lado a otro de la jaula, siempre igual, acompañado o no de ladrido. Este
ladrido no es en respuesta a un estímulo, y la cadencia es siempre la misma
(Pozuelos, Álvarez, 2.007). Los perros alojados en este tipo de instalaciones
[………se refiere a perreras] durante largos periodos presentan varios
comportamientos anormales, repetitivos o “estereotípicos”, como andar en
círculos, andar de un lado a otro, saltar las vallas o ladrar- (Fox, 1965; Hite
et al., 1.977; Hubrecht, 1993; Hubrecht et al., 1992; Hughes et al., 1989; Sales
et al., 1997)- (Fine, 2.000).
-
Agresión autodirigida: gruñidos o
ataques dirigidos a sí mismos, hacia alguna parte de su cuerpo (patas o rabo), o
hacia objetos inanimados, como su plato de comida. Luescher (2002) describe las
siguientes conductas:
-
Locomotriz: dar vueltas; cazar la
cola; pacing; abalanzarse; cazar reflejos de luz; congelación.
-
Oral: morderse patas o pies;
autolamerse (granuloma de lamida, dermatitis psicógena); lamer el aire o la
nariz; mamar el costado; arañar; morder o lamer objetos; polifagia; polidipsia;
pica; intentar morder mosca.
-
Agresión: agresión autodirigida (por
ejemplo, gruñir a la parte trasera, atacar a las piernas o parte trasera, atacar
la cola); atacar un bol de comida; atacar otros objetos inanimados; ¿agresión
hacia personas impredecible?
-
Vocalización: ladrido rítmico; llorar.
-
Alucinación: mirar fijamente a las
sombras; asombrado.
En algunos estudios realizados se ha
observado una predisposición racial a ciertas conductas. Tenemos en la conducta
de perseguirse la cola al Pastor Alemán y al Bull Terrier; en la dermatitis
acral por lamido en las razas de Labrador, Doberman, Akita, Maltés, Dálmata,
Setter Inglés, Shar-Pei, Schnauzer Mediano y Weimaraner, entre otras (Manteca,
2.003).
3) Diagnóstico
Diferencial.
Lo primero de todo sería descartar que
la estereotipia fuera como consecuencia de una causa orgánica (se detallan en el
punto 5).
En segundo lugar, algunas conductas se
pueden confundir no siendo diagnosticadas como estereotipias y son las
siguientes:
-
Pica (Pozuelos, Álvarez, 2.007;
Luescher, 2.002; Bowen, 2.002): La pica se produce cuando nuestro perro ingiere
sustancias u objetos que no son propios de su alimentación habitual. Otra clase
de pica muy frecuente, junto con la coprofagia, es la ingestión de piedras
(Pozuelos, Álvarez, 2.007). La pica es una parte de la conducta normal de
exploración en los perros jóvenes y por eso es mejor proporcionar un entorno
enriquecido variado que satisfaga las necesidades de exploración segura. Algunos
autores (por ejemplo, Overall, 1.997) han sugerido que la selección específica
de objetos por parte de los perros adultos representa una forma de trastorno
compulsivo, especialmente cuando el perro es indiferente a otras actividades
frente al “mascar piedras” o actividades similares (Bowen, 2.002).
-
Polidipsia (Luescher, 2.002; Bowen,
2.002): Las causas de la conducta potencial del exceso de consumo de agua
incluyen: conducta de juego, conducta compulsiva y conducta inducida por estrés.
Como algunas otras conductas, el juego con el agua y su consumo pueden volverse
compulsivas. Esto es evidente cuando el juego con el agua sustituye una variedad
de otras actividades importantes anteriores y al animal se le distrae de ello
progresivamente con más dificultad (Bowen, 2.002).
-
Polifagia (Luescher, 2.002): Es la
ingestión de una cantidad de alimento superior a la normal (Manteca, 2.003).
Esto puede ocurrir cuando haya un cambio en el ambiente del animal o si aparece
en determinados contextos, por ejemplo, solo en presencia del propietario-la
manifestación de la conducta sólo en presencia del propietario, es sugerente de
una conducta condicionada (Luescher, 2.002)-. También debería considerarse si
realiza esta conducta sustituyendo una variedad de otras actividades importantes
anteriores y al animal se le distrae de ello progresivamente con más dificultad
y así como de forma muy repetitiva e invariable y además sin ninguna función
aparente.
-
Anorexia: La anorexia se refiere tanto
a la pérdida total del apetito como simplemente a su disminución (Manteca,
2003). Por ejemplo, un perro que esté estresado puede perfectamente dejar de
comer si no hay en el interior del comedero un trozo de plástico, pelota, o lo
que sea, incluso durante días. El perro en este caso elige un objeto y si no es
introducido en el comedero no come por lo que representa una forma de trastorno
compulsivo y más si el propietario al prestarle atención le ha estado reforzando
esta conducta, es decir, le introduce el trozo de plástico o pelota en el
interior del comedero para que el perro coma. Según Overall (1.997) la elección
de un objeto específico por parte de un perro puede representar una forma de
trastorno compulsivo, en cuyo caso se trataría como problema de este tipo.
4) Diagnóstico.
Primero hay que descartar una posible
causa orgánica. Hacer como mínimo un examen neurológico, una exploración general
del animal y una analítica sanguínea.
En los casos de dermatitis acral por
lamido es imprescindible realizar un protocolo dermatológico completo (Manteca,
2.003).
La anamnesis puede ser muy útil para
averiguar si la estereotipia tiene una causa orgánica o no.
Concretamente, si el problema empezó a
manifestarse coincidiendo con un cambio en el ambiente del animal o aparece en
determinados contextos, es probable que se trate de una estereotipia sin causa
orgánica (Manteca, 2.003).
Por ejemplo, en el tema de los
contextos, perfectamente un perro puede ponerse a realizar una conducta, como
por ejemplo lamerse las patas (conducta de desplazamiento, ver más adelante)
cuando sus propietarios -un matrimonio- se ponen a discutir acaloradamente
delante de él.
El perro en un principio realiza esta
conducta para llamar la atención de los propietarios, a causa de que su carácter
tímido le impide meterse por en medio para cortar la discusión.
Si no se toman medidas al respecto, es
decir, se deja de discutir delante de él, amén que la discusión está reforzando
la conducta que realiza el perro, el mismo seguirá lamiéndose las extremidades
hasta que esta conducta se perpetúe en el tiempo y se vuelva estereotipada.
Para explicar lo anteriormente
expuesto quiero hacer mención al “triángulo de Cain”.
El triangulo es una manera determinada
de gestionar estados de ánimo intensos y puede estar constituido tanto por
miembros humanos como animales de una familia.
De la misma manera que las personas,
los animales pueden formar parte de un triangulo en un sistema familiar para
aliviar una situación incómoda o apartar la atención de cuestiones familiares
conflictivas (Cain, 1.985).
La investigación ha proporcionado
ejemplos concretos en los que los animales de compañía han formado parte de un
triangulo en situaciones en las que existía tensión entre dos miembros de la
familia (Cain, 1.985).
Por ejemplo, se han descrito casos en
los que los animales de compañía hacían algo “gracioso” y con ello aliviaban la
tensión, haciendo que las personas olvidaran que estaban enfadadas.
En otros casos, los animales de
compañía se acercaban a una persona que se encontraba en una situación tensa y
buscaban afecto, posiblemente como una manera de aliviar la tensión (Lookabaugh,
2.002).
5) Estereotipias por
causa orgánica.
Hay muchas causas orgánicas reflejadas
en la bibliografía que podrían provocar como síntoma una conducta compulsiva.
Las más observadas o frecuentes son:
Problemas intracraneales.
Dentro de las patologías localizadas
en el cráneo tendríamos la hidrocefalia y los tumores. Los tumores producen más
variedad de estereotipias, según se ha descrito: por ejemplo, la de perseguirse
la cola y la de cazar bichos.
En la hidrocefalia es más frecuente la
de morderse la cola (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Igualmente la meningoencefalitis
(enfermedades transmitidas por las garrapatas) se han citado como posibles
causas (Manteca, 2.003).
Compresión de la
cauda equina y fracturas de la cola.
Algunos autores la describen como una
causa de la conducta de perseguirse la cola, pero según se comprueba comúnmente,
esta enfermedad da lugar en mayor medida a una conducta de automutilación o
falta de movimiento del perro por el dolor.
En perros con fractura de la cola sí
se ha observado más esta conducta (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Problemas
dermatológicos.
Como he mencionado antes, se debe
hacer un protocolo de diagnóstico dermatológico completo en todas las conductas
compulsivas en las que se observe lamido excesivo de ciertas zonas
(acicalamiento).
Pueden encontrarse problemas
hormonales, dermatitis, alergias (alimentarias, a la picadura de pulga), etc.
(Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Otros Problemas.
Ocasionalmente se han descrito las
siguientes: enfermedades víricas- como el moquillo y la enfermedad de Aujeszky-
y lesiones en vías nerviosas periféricas como causantes de conductas de
automutilación; enfermedades oculares como causantes de la conducta de cazar
moscas; también por intoxicación por plomo; encefalopatía hepática (Manteca,
2.003).
6) Estereotipias por
causa no orgánica.
Las conductas compulsivas que no
obedecen a un problema orgánico, normalmente lo hacen a un estado de ansiedad o
estrés en el animal, provocado casi siempre por el ambiente en el que vive
(Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Normalmente estos comportamientos
repetitivos provienen de un estado de frustración o conflicto al que el animal
se ha visto sometido durante un tiempo y que les causa una incapacidad para
saber que es lo correcto y como escapar a esa situación continuada de estrés.
Comienzan con las llamadas conductas
de desplazamiento que pronto se convertirán en estereotipias si la situación
estresante no cesa (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Situaciones de
conflicto.
Una situación de conflicto hace
referencia a una situación en la que el animal está fuertemente motivado para
realizar al mismo tiempo dos conductas que son incompatibles la una con la otra
(Manteca, 2.003).
El conflicto puede usarse como un
término general que incluye frustración o puede referirse específicamente al
conflicto motivacional, es decir, el conflicto que resulta de dos opuestos, de
manera similar las motivaciones fuertes -como acercamiento o retirada- (Luescher,
2.002).
Aquí nos encontramos con las llamadas
conductas de desplazamiento, que son movimientos o conductas que realiza un
animal cuando se encuentra en una situación de conflicto en la que quiere
realizar una conducta pero también su carácter le impide realizarla con total
soltura.
El perro está motivado para demostrar
dos conductas opuestas. Por ejemplo: si un perro es miedoso, su carácter le
impide acercarse a una persona para saludarla cariñosamente. Si está con una
persona cercana y conocida que lo está llamando, él quiere acercarse, pero algo
dentro se lo impide (miedo).
Lo que haría en este momento el perro
es una conducta de desplazamiento, como rascarse, dar vueltas sobre sí mismo. Si
esta conducta se perpetúa y se hace crónica, puede convertirse en una
estereotipia (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Otro ejemplo se puede comprobar a
menudo en propietarios que llaman a sus perros mediante gritos y gesticulando,
es decir, con un lenguaje corporal ofensivo, enviándole al animal comunicaciones
agonísticas de intención y así como señales de fuerza (nosotros somos bípedos y
más grandes que ellos) por lo que el mismo, como es normal, en vez de acudir a
la llamada realiza conductas de desplazamiento como ponerse a oler el suelo o
marcar la primera farola o árbol que se encuentra a su paso.
Frustración.
La frustración se refiere a la
situación en la cual un animal está motivado para realizar una conducta, pero se
le previene de hacerlo (Luescher, 2.002).
El comportamiento normal de un perro
en una ambiente determinado es exploratorio.
Si nosotros privamos a ese perro de
los estímulos necesarios para que desarrolle esa conducta, para la cual el
animal está muy motivado, por ejemplo si está siempre encerrado sin contacto con
personas y ambientes exteriores, puede realizar conductas alternativas que den
salida a esa motivación -mas sin esta motivación es muy alta (Manteca, 2.003)-.
Veríamos al perro morderse la cola, dar paseos una y otra vez, lamerse las
extremidades, etc. (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Como dice Dawkins, en la Naturaleza
las situaciones de conflicto y frustración son muy frecuentes, pero no lo es que
se prolonguen durante durante semanas, meses o años, con lo que los mecanismos
adaptativos se rompen dando lugar a situaciones patológicas, incluso la muerte
(Mateos, 1994).
En cualquier caso el mantenimiento de
los estereotipos más allá de un tiempo razonable lleva no solamente a la
aparición de diferentes cuadros clínicos, sino también aún desgaste energético
excesivo, y a la fijación de estos comportamientos, al agotamiento del animal
(Mateos, 1994).
Ansiedad por
separación.
La dermatitis acral por lamido es una
de las manifestaciones de la ansiedad sufrida por el animal al separarse de su
dueño (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Situaciones en las que el animal no
puede prever ni controlar su entorno.
La falta de predicción y control sobre
el entorno puede aparecer por: interacciones incoherentes del propietario; falta
de entrenamiento a órdenes y por eso uso incoherente de las órdenes; el uso
inapropiado del castigo; una rutina incoherente; y frustración de motivaciones
como aquellas de interacción social o de exploración (Luescher, 2.002).
Por ejemplo, un caso de falta de
entrenamiento a órdenes y por eso uso incoherente de las órdenes sería cuando se
le realiza la llamada al perro con el collar electrónico y el mismo no sabe la
salida, es decir, no se le ha enseñado correctamente a acudir a la llamada.
No podemos esperar de un perro que
acuda a la llamada si no se le ha enseñado previamente a hacerlo.
Con lo cual el propietario empieza a
mandarle impulsos cada vez de mayor intensidad, castigando al mismo, lo cual
hace que el perro le suba el estrés, se bloquee y no pueda controlar el entorno,
amén de que al perro lo podemos “romper”.
El perro no sabe cómo reaccionar ante
una situación determinada por algún motivo, por ejemplo tenemos el caso de los
dueños que imponen castigos indiscriminados o brutalizan a su perro sin sentido.
Como es de suponer esto crea un estado
de estrés crónico en el animal (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
La situación más estresante para un
animal es aquella sobre la cual no tiene el control, y en la cual no puede
predecir que va a pasar (Luescher, 2.002).
Quiero recalcar la importancia que
tiene el estrés ya que esto personalmente lo veo muy importante.
Se define el estrés como la respuesta
de un organismo a una demanda que le obliga a cambiar o adaptarse.
La manera en la que un animal responda
a estas demandas determinará su conducta. Cualquier estímulo recibido causa
estrés y éste es el determinante que hace que un organismo se adapte (Álvarez,
2007).
Fisiológicamente, si ponemos a un
animal en una situación conflictiva se desencadena el mecanismo del estrés.
Mientras el perro se encuentra en la
reacción de emergencia, el mecanismo que digamos que sería contrario, es decir,
el pensamiento, se encuentra inhibido.
Por lo tanto tenemos un animal que
intentará salir de esa situación mediante un mecanismo reflejo que procede de
uno de sus instintos básicos; la supervivencia.
La pregunta en ese momento es: "¿huyo
o ataco?" Pero ¿y si realmente no es necesario reaccionar de esa manera?
Si la situación no es una emergencia
biológica el gasto que sufre el organismo es innecesario en relación costes-
beneficios (Álvarez, 2007).
¿Hasta dónde puede llegar el efecto de
un estrés crónico en un animal?
Pues hasta una situación inimaginable;
la indefensión aprendida.
Esto puede ocurrir, por ejemplo, por
causa de castigos inconsistentes, es decir, en los que el perro no sabe ni
entiende el por qué del mismo ni cómo salir de allí.
Es la situación en la que el perro
aprende que por mucho que intente salir de ella no va a tener éxito porque no
tiene ningún control, por lo que se abandona y entra en un bloqueo producido por
un estrés continuo que desemboca en un estado de letargia y depresión (Álvarez,
2007).
Según Manteca (2.003), en algunos
experimentos realizados recientemente sobre el efecto del estrés crónico en el
perro indican que-además de los cambios hormonales propios de la respuesta de
estrés-, se producen una serie de cambios de conducta.
Estos cambios incluyen un aumento de
la frecuencia de micción, en la conducta de acicalamiento y en la actividad
locomotora, así como una mayor incidencia de coprofagia. Además, los perros
sometidos a estrés crónico parecer reaccionar con una mayor agresividad cuando
se enfrentan a un estrés agudo.
Si la situación se hace crónica pueden
ocurrir varias cosas:
Los umbrales de la agresividad y el
miedo disminuyen, con lo cual estas dos reacciones se desencadenarán más
fácilmente y ante estímulos cada vez menos predecibles (Álvarez, 2007).
Se llega a una sensación de ansiedad
generalizada, ya que el coste biológico del mecanismo de emergencia ya no puede
ser satisfecho, con lo que se utilizan otros recursos destinados a otras
funciones orgánicas, como el crecimiento o la inmunidad (Álvarez, 2007).
Se compromete el crecimiento, el
sistema inmunológico, la capacidad de aprendizaje y la memoria, así como la
capacidad de responder al dolor y el ciclo sueño- vigilia (Álvarez, 2007).
Además de las causas anteriormente
mencionadas en las que el animal no puede prever ni controlar su entorno, cabe
la posibilidad de que las estereotipias se conviertan en conductas reforzadas
involuntariamente por los propietarios.
Esto ocurre cuando estos prestan
atención al perro solo cuando muestra la conducta, aunque sea precisamente con
el objetivo de interrumpirla (Manteca, 2.003).
La manifestación de la conducta sólo
en presencia del propietario, es sugerente de una conducta condicionada (Luescher,
2.002).
Finalmente se cita también el
aburrimiento como causa de las estereotipias (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
7) Tratamiento.
Según Moon-Fanelli y Dodman (1998), la
conducta compulsiva puede interferir con la función normal y el impacto sobre el
vínculo humano-animal (Luescher, 2.002).
El tratamiento consiste en: cambiar el
entorno del animal y las interacciones sociales para proporcionar mas
coherencia; modificación de la conducta; y, en muchos casos, intervención
farmacológica (Luescher, 2.002).
Su tratamiento es importante por
varias razones: porque algunos perros pueden llegar a causarse verdaderas
heridas -dan lugar a problemas de automutilación (Manteca, 2.003)- (Pozuelos,
Álvarez, 2.007); interfieren en la actividad normal del perro y pueden llegar a
ser muy molestas para el propietario (Manteca, 2.003); y porque normalmente
obedecen a un estado de ansiedad o frustración del animal, que libera su energía
de esa forma, y que por lo tanto indicaría que su bienestar se encuentra
comprometido (Pozuelos, Álvarez, 2.007), amén de que estas conductas son muy
autorreforzantes para el animal, ya que actúan como una “válvula de escape” a la
situación de estrés, conflicto o frustración, en las estereotipias sin causa
orgánica claro.
Quiero recalcar lo del bienestar
animal ya que esto personalmente también lo veo muy importante.
El concepto de bienestar o malestar ha
sido definido de diferentes maneras por los estudiosos del bienestar.
Algunas definiciones destacan la
presencia de estados mentales o emocionales desagradables, como el dolor, el
miedo, la frustración o el sufrimiento (Dawkins, 1.980); otras subrayan las
repercusiones de las discapacidades sobre el bienestar biológico (McGlone, 1993;
Broom&Johnson, 1.993), mientras que otras se refieren al grado en que los
factores estresantes y las tensiones ambientales exceden la capacidad del animal
de competir o adaptarse (Fraser&Broom, 1990).
Mas que apoyar alguna de estas
definiciones, consideraremos que el bienestar incluye elementos de todas ellas (Serpell,
Coppinger, Fine, 2.000).
Hay que tener presente lo que dice
Dawkin (1988): Además de tener unas necesidades físicas, como alimentos, agua,
protección de las inclemencias del tiempo, etc., la mayoría de animales tienen
unas necesidades sociales y de comportamiento que deben satisfacerse siempre que
sea posible.
A veces puede ser difícil considerar
el valor que un comportamiento o una interacción social determinada representa
para un animal.
Sin embargo, en general, si un animal
está muy motivado internamente para un comportamiento o una interacción social
determinada y si su motivación para realizarla aumenta tras un periodo de
privación, ello indica que aquella actividad o interacción probablemente es
importante para el mantenimiento del bienestar animal.
Los síntomas frecuentes que muestra un
animal ante una privación incluyen actividades de desplazamiento con una
frecuencia anormalmente alta, estereotipias o automutilaciones (Broom&Johnson,
1.993)…, (Serpell, Coppinger, Fine, 2.000).
Por ejemplo, un comportamiento interno
sería la conducta compleja de caza, mal llamada instinto de caza, que incluye
estos displays: busca y rastrea, (ve, oye y olfatea), persigue, muerde, mata,
manipula (ingiere, porta, esconde) por lo que habría que satisfacer esa conducta
en el perro mediante la utilización de pelotas, mordedores, aports, etc.
Por otro lado, el perro como animal
gregario en su comportamiento social tiene unas necesidades de relacionarse e
interactuar tanto a nivel intraespecífico como interespecífico, por lo que el
mismo no puede ser privado de esto. Ambas conductas, tanto la compleja de caza
como la social, han evolucionado por lo que las mismas son adaptadas y los
perros domésticos las llevan en los genes.
Quiero recordar que “solo lo que hay
en los genes produce adaptación”.
En cuanto al protocolo de tratamiento
en las de causa orgánica, lógicamente hay que tratar el origen orgánico de la
conducta. Aunque a veces, una vez que hemos resuelto el problema, ésta queda
fijada de por vida (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
En las de origen no orgánico el
protocolo básico trata de modificar el ambiente que está provocando ese estrés
en el perro.
Disminuir el estrés mediante la
administración de fármacos es casi siempre necesario (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
En cuanto a la modificación del
ambiente depende mucho de cada caso en concreto y de la causa que tenga. Muchas
veces cambiar al animal de ambiente, trasladándolo a otro sitio, puede tener
efectos muy buenos.
Sobre todo es importante explicarle al
dueño que no preste atención al perro cuando desarrolla la conducta, para no
reforzarla involuntariamente (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
El tratamiento de esta patología tiene
dos vertientes, la farmacológica (se detalla en el punto 8) y la conductual.
La terapia conductual sería la
siguiente:
-
Eliminación del castigo en la vida
diaria del animal (Pozuelos, Álvarez, 2.007).
-
Instaurar una rutina de interacción
con el perro (Pozuelos, Álvarez, 2.007). Serían muy importantes el juego y las
interacciones sociales.
-
Estimulación física.
Es muy importante la estimulación
física de animal mediante la realización de paseos, ya que esto hará que le baje
el estrés.
Hay que tener presente que el
ejercicio físico aumenta los niveles de serotonina en sangre y relaja al animal,
a la vez que le permite desarrollar su conducta exploratoria, lo que los
equilibra física y mentalmente, además de que puede prevenir otros problemas de
comportamiento.
Estimulación mental.
Hay que proporcionarle juguetes
interactivos cuando el perro este solo.
Los juguetes interactivos son muy
eficaces para que el animal esté entretenido, por ejemplo los kongs u otros
específicos para este fin.
Estos serán rellenados de alimento muy
apetitoso para él, de manera que el perro pueda ocupar su tiempo intentando
alcanzar el contenido de estos juguetes (también se le puede dar un hueso crudo
de rotula de vaca ya que esto tiene calcio, etc., la cuestión es que esté
entretenido).
Los juguetes interactivos van muy bien
también para perros con síntomas de dermatitis acral por lamido o automutilación,
ya que mientras están comiendo o chupando el Kong no pueden al mismo tiempo
autolesionarse o lamerse, realizando de esta manera una respuesta incompatible.
También el ponerle unas bolitas de
pienso o bien trocitos de frankfurt, queso u otra cosa que le guste al animal
por las esquinas de la casa para que el perro se entretenga en buscarlas va muy
bien para estimularlos mentalmente.
Se le puede enseñar a hacerlo de la
siguiente manera: se le esconden en lugares que pueda encontrarlas con mucha
facilidad muchas bolitas de pienso y seguidamente se le guía al perro
señalándoselas con un dedo a que las encuentre.
A base de unas cuantas repeticiones,
el perro voluntariamente irá a buscarlas o bien se le manda a buscarlas.
El visitar lugares nuevos durante los
paseos también puede ser muy estimulante para el perro, ya que el perro
encontrará nuevos olores, nuevos perros y nuevas personas.
Ajuste de la dieta conforme a la edad
y actividad física, dándole al perro una alimentación sana y equilibrada con una
dieta controlada y de calidad (Álvarez, 2.007).
Adiestramiento en obediencia
(Pozuelos, Álvarez, 2.007), para poder tener un control sobre el perro. Hay que
evitar el adiestramiento clásico basado en el ensayo y error, es decir, la NO
utilización de técnicas aversivas o coercitivas para que no aumente el estrés.
Hay que tener presente que un perro
estresado pierde en el aprendizaje por falta de concentración.
Dicho adiestramiento hay que
realizarlo con refuerzo positivo ya que el mismo se utiliza para incorporar una
conducta nueva, aumentar una existente o eliminar una conducta inapropiada
incompatible.
Las conductas estereotipadas hay que
cortarlas mediante distracción u orden de bloqueo para ir en busca de la
realización por parte del animal de una respuesta incompatible con la conducta
compulsiva.
La distracción es muy importante.
Si el perro no se distrae antes de dar
una orden (es decir, atención), el intento de tratamiento podría causar una
agravación del problema mediante el refuerzo inadvertido de la conducta.
Una alternativa aceptable al castigo
es una sustitución de respuesta. Si el animal tiene la conducta inadecuada se le
distrae con un ruido, se emite una orden, y el animal se recompensa por obedecer
la orden (Luescher, 2.002).
En cuanto a la orden de bloqueo, es
imprescindible tener un control sobre el animal para poderla utilizar, de lo
contrario fracasaremos. Quiero recalcar que la misma tiene que ser positiva para
el animal.
Un ejemplo de una orden de bloqueo
sería mandarle al perro que se siente, se eche o acuda a la llamada, cuando lo
haga se le premia con comida, juego o caricias.
Por ejemplo, las caricias tienen un
efecto calmante sobre los perros temerosos o “ansiosos”, al mismo tiempo que
disminuyen la frecuencia cardíaca y la concentración plasmática de cortisol.
Curiosamente, la persona que acaricia
al perro obtiene, según parece, los mismos beneficios (Manteca, 2.003).
En los ejercicios de modificación de
la conducta el perro tiene que estar en privacidad del reforzador (comida,
caricias o juego) ya que si hay una saciedad este no hará las veces como tal.
Por ejemplo, si el perro acaba de
comer y esta saciado, la comida no le servirá como refuerzo; sin embargo si esta
se utiliza y el perro está unas 4 ó 5 horas sin comer, la comida sí que tendrá
un efecto muy potente como reforzador.
DESACONSEJO que se utilicen
órdenes de bloqueo como el “no”, “vale”, “ya”, a causa de que las mismas suelen
ir asociadas a actitudes aversivas o coercitivas como correctivos físicos o
verbales o incluso impulsos con el collar electrónico.
Esto puede empeorar la situación
existente subiéndole el estrés al animal y dificultando el aprendizaje, unido a
que estas situaciones son un castigo.
Personalmente pienso que el castigo no
hay que aplicarlo por los siguientes motivos:
Para explicar lo anteriormente dicho,
quiero hacer mención a la Ley del Efecto de Thorndike: toda conducta premiada
tenderá a repetirse y toda conducta castigada tenderá a eliminarse y/o a
derivarse hacia otra.
no es correcto aplicarlo ya que la
estereotipia puede venir dada por una causa orgánica y puede provocar más
ansiedad y frustración en el perro.
Si es por esta causa personalmente
pienso que “quedamos a la altura del betún” ¿Dónde está aquí la inteligencia
cuantitativamente superior que tiene el Homo Sapiens?
Los animales son unos terapeutas natos
(Ruckert, 1.987).
Hay estudios en los que se ha
demostrado que tener un perro va muy bien para nuestra salud, es decir, eleva
nuestra tasa de aptitud.
Por citar algunos: el contacto con
animales no solo ayuda en la recuperación de enfermedades cardiovasculares sino
que incluso puede llegar a prevenirlas (Anderson et al. 1.992); el perro
cataliza interacciones, mejora la autoestima, es una buena distracción, a la vez
que mejora la sensación de seguridad (Bardill, 1.997)-(Beck, 2000); la
observación implícita o el estar en presencia de animales tiene un impacto
directo tanto en la respuesta fisiológica (Friedmann et al., 1.983b) como en la
salud psicológica – menor ansiedad (Sebkova, 1.977) y menos depresión (Holcomb
et al., 1.997)- (Friedmann, 2.000).
Si se castiga a un Terapeuta
inconsciente -ya que el no lo sabe y por desgracia nunca llegará a saberlo, el
bien que nos hace - y Amigo sigo pensando que “quedamos a la altura del betún”
¿Dónde sigue estando aquí la
inteligencia cuantitativamente superior que tiene el Homo Sapiens?
8) Farmacología.
Como fármacos se usan la clomipramina
(Luescher, 2.002, Manteca, 2.003), la fluoxetina (Luescher, 2.002, Manteca,
2.003), la selegilina (Manteca, 2.003) y la sertralina (Luescher, 2.002). Por
supuesto no usarlos nunca solos, porque no resuelven la totalidad del problema.
-
La clomipramina es Antidepresivo
Tricíclico, inhibidor de la recaptación de serotonina y noradrenalina (ATCs).
Sus efectos tardan en ponerse de manifiesto, según algunos autores podrían
tardar entre 6-8 semanas. No obstante, es muy probable que antes ya se observe
un cambio en el comportamiento del animal. Las dosis recomendadas serían: 1-3 mg/kg.
cada 12 horas (Manteca, 2.003).
-
La fluoxetina es un Inhibidor
Selectivo de la Recaptación de Serotonina (ISRS). La fluoxetina tiene un tiempo
de vida media relativamente largo. Sus efectos tardan varios días- hasta dos
semanas según algunos autores y hasta 6-8 semanas según otros- en ponerse de
manifiesto. Las dosis recomendadas serían: 1 mg/kg. cada 24 horas (Manteca,
2.003).
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La selegilina pertenece al grupo de
los Antidepresivos Atípicos, inhibidores de la MAO. La selegilina actúa
inhibiendo la actividad de la enzima monoamino oxidasa B (MAOB). Debido a su
efecto sobre la MAOB, la selegilina aumenta la actividad dopaminérgica en el
sistema nervioso central y disminuye la producción de radicales libres. Además,
tiene un efecto neuroprotector. Al igual que ocurre con otros psicofármacos, los
efectos de la selegilina no son inmediatos, sino que pueden tardar hasta 6-8
semanas en manifestarse. Las dosis recomendadas serían: 0,5 mg/kg. cada 24 horas
(Manteca, 2.003).
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La sertralina es un antidepresivo
perteneciente al grupo de los ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de
Serotonina). Las dosis recomendadas serían: 1-3 mg/kg. cada 12 horas (Luescher,
2.002).
La medicación hay que retirarla de
forma gradual (Luescher, 2.002; Manteca, 2.003).
9) Pronóstico.
El pronóstico es reservado y el
protocolo no siempre tiene éxito (Manteca, 2.003).
Hay que decir que el tratamiento no
siempre es exitoso, depende también del tiempo que lleve manifestándose el
problema, y muchas veces hay que actuar por ensayo y error hasta que demos con
el tratamiento adecuado.
Es importante, en este momento,
implicar al dueño para evitar que abandone la terapia por aburrimiento
(Pozuelos, Álvarez, 2.007).
Bibliografía
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Álvarez, R (2.007) en:
“Manifestaciones del estrés” (www.aepe.net). Consultado el 20/02/09.
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Carranza, J. (1994). Etología.
Introducción a la Ciencia del Comportamiento. Universidad de Extremadura,
Servicio de Publicaciones, Cáceres.
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Fine A. H. (2003): Manual de Terapia
Asistida por Animales. Fundación Affinity.
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Horwitz, D. Mills, D. Heat, S. (2006):
Manual de Comportamiento en Pequeños Animales. Ediciones S de la Edición
Española.
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Manteca, J. (2003): Etología Clínica
Veterinaria del Perro y del Gato. Multimédica Ediciones Veterinarias. 3ª
Edición.
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Pozuelos, A. y Álvarez, R. (2007):
Manual de Etología Canina. Clínica de la Conducta. Adiestramiento del Perro.
Gráficas Alhambra. Granada.
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Pozuelos, A. (2008): Curso Máster de
Etología Canina Avanzada. (www.aepe.net). Consultado el 20/02/09.
Fuente:
VET-UY
- Material remitido por
Miguel Ángel Signes Llopis