032.
Pleuroneumonía porcina.
Elías Rodríguez
Ferri, César Gutiérrez, Víctor
de la Puente, Noemí García, José L. Monter, María L. del Río, Norberto García,
Mónica Blanco, Jesús Navas1 y Néstor Ladrón Boronat1
Departamento de Sanidad Animal. Microbiología e
Inmunología. Universidad de León. (1) y Departamento de Bioquímica y Biología
Molecular. Universidad de Cantabria
Este artículo fue publicado en: Información Veterinaria. Nº
234, marzo 2002, pág. 35-44
Es una enfermedad infecciosa del cerdo, aguda
o crónica, caracterizada por necrosis hemorrágica y pleuritis.Está producida
por Actinobacillus pleuropneumoniae, un cocobacilo Gram negativo, inmóvil
y capsulado, Gram negativo que precisa del factor V de coagulación de la sangre
(NAD) para su crecimiento (el biotipo I, mientras que el biotipo II es
independiente) y, en los cultivos iniciales, una atmósfera con un 5% de CO2.
En el biotipo I se incluyen 12 serotipos (en
la actualidad se han propuesto otros 2) designados con números (1-12).
En los
serotipos 1 y 5 se han descrito dos subtipos (a y b). Crece bien en agar
chocolate, agar PPLO o agar sangre, suplementados con 0’025% de NAD y, según el
caso, extracto de levadura, suero y glucosa.
En muestras muy contaminadas se
utilizan medios selectivos (con bacitracina, cloxacilina o lincomicina).
En agar
sangre puede utilizarse una estría nodriza de Staphylococcus aureus o de S.
intermedius, que producen NAD, alrededor de la cual A.
pleuropneumoniae satelitiza.
Las colonias se observan en 24-48 h y son
pequeñas (1-2 mm), redondas, opacas y de color gris, pudiendo diferenciarse unas
céreas y adherentes y otras brillantes y planas. Posee ureasa, son hemolíticos y
CAMP positivos.
En la cápsula se localizan antígenos de
serotipo, con variaciones en la composición, estructura y desarrollo capsular
(los serotipos 1, 3 y 5 posen la cápsula más gruesa). Se han descrito fimbrias
en la mitad de los aislamientos, aunque se pierden por subcultivo.
El lipopolisacárido
(LPS) incluye el lípido A
y el polisacárido O (Ag O), que presenta cadenas laterales de longitud y
estructura variable,según el serotipo. Algunos serotipos comparten el Ag O
(grupos 1, 9 y 11; 4 y 7; 3, 6 y 8) mientras que en otros forma parte de la
composición que le define.
En A. pleuropneumoniae se han descrito cepas
lisas (serotipos 2, 4 y 7), semirrugosas (serotipos 1 y 5) y rugosas (serotipos
3 y 6), según la presencia completa, parcial o ausencia de cadena laterales O.
En la membrana externa existen diverso tipo de proteínas (OMP) de mucho interés,
algunas de las cuales son comunes a muchos serotipos y otras especies próximas.
El conocimiento del serotipo (tipificación) es
muy importante, tanto en la epidemiología como en el control de la enfermedad.
Los métodos tradicionales (inmunológicos) presentan el inconveniente de
numerosas reacciones cruzadas debidas al LPS o a otros antígenos
citoplasmáticos, por manipulación inadecuada.
Los tratamientos térmicos suaves
(56ºC 30 min), los extractos obtenidos a pH alcalino o las suspensiones de
bacterias enteras, sin tratamiento alguno, ofrecen los mejores resultados.
En
cualquier caso, el resultado final también depende de la calidad de los
antisueros y de las técnicas utilizadas. Se usan antisueros obtenidos en conejos
y, menos, en cerdos; los anticuerpos monoclonales son más específicos y
uniformes, poseen mayor afinidad y sus rendimientos son ilimitados.
En lo que se refiere a los métodos, se han
aplicado prácticamente todos los posibles, lo que revela la falta de un sistema
óptimo. Los más utilizados son la aglutinación en placa, la coaglutinación y la
hemaglutinación indirecta.
La primera, no permite la clasificación de serotipos
rugosos, que son autoaglutinantes (3 y 6, y, en ocasiones, el 1 y 5), mientras
que la coaglutinación, que permite el uso de antígenos solubles, es un sistema
rápido, simple, específico y, tan sensible como la aglutinación.
La
hemaglutinación indirecta es la técnica la preferida por la mayoría, por su
sensibilidad y especificidad; con ella, se pueden diferenciar los serotipos 9 y
11, mientras que en el grupo del 3, 6 y 8 pueden discriminarse los dos primeros.
Poder patógeno y patogénesis.- La
patogenia de la pleuroneumonía solo se conoce parcialmente e implica la
participación de numerosas estructuras y productos de A. pleuropneumoniae
(factores de virulencia) además de otros, propios del hospedador.
1. Toxinas.-
A. pleuropneumoniae
produce cuatro exotoxinas RTX denominadas Apx (I a IV) que son porinas (producen
poros en las membranas). El operón único que codifica la síntesis, activación y
transporte de las Apx está compuesto por cuatro genes contiguos en orden C, A, B y
D (10,96).
La Apx-I es producida por los
serotipos 1, 5, 9, 10 y 11, es fuertemente hemolítica y citotóxica para
macrófagos alveolares y posee un PM de 105-113 kDa (19).
La Apx-II posee
un PM de 103-105 kDa y la producen todos los serotipos, excepto el 10, es
débilmente hemolítica y citotóxica para macrófagos alveolares y neutrófilos
porcinos.
La Apx-III posee un PM de 120
kDa, no es hemolítica pero sí
citotóxica para los macrófagos y neutrófilos porcinos (38); se ha denominado
pleurotoxina (79) por su relación con la producción de pleuritis en la
enfermedad. Las tres Apx producen una reacción CAMP positiva, siendo la más
fuerte la producida por la Apx-III, a pesar de no ser hemolítica.
Las Apx de A. pleuropneumomoniae son
factores de virulencia que se responsabilizan del daño directo a los tejidos y
del desarrollo de las lesiones necrótico-hemorrágicas características, en lo que
también intervienen distintas citoquinas (IL 1, 6 y 8) producidas por el
hospedador como consecuencia de aquellas (1).
Las toxinas también ocasionan la
muerte de los macrófagos alveolares, aunque se ha señalado, una cierta capacidad
de supervivencia (también en neutrófilos), que sugiere la existencia de un
mecanismo que permitiría el escape del fagosoma, en lo que posiblemente
participen las Apx.
Este conjunto de hechos relaciona estas toxinas con las
lesiones pulmonares, pudiendo contribuir a la invasión por sus propiedades
antifagocíticas.
En cualquier caso, existe una fuerte correlación entre la
presencia de la Apx-I y la virulencia, de forma que los serotipos que la
producen (1, 5, 9, 10 y 11) producen los brotes de mortalidad más elevada. Se ha
sugerido, también, que las Apx afectan a los linfocitos T, alterando la
respuesta inmune y favoreciendo la cronicidad. Como todas las cepas producen y
secretan al menos una, la enfermedad es indiferenciable desde el punto de vista
clínico, cualuiera que sea el serotipo implicado, aunque sí se observa una
intensidad o virulencia diferentes.
La demostración definitiva de que las Apx son
factores de virulencia fundamentales se consiguió mediante la obtención de
mutantes deficientes, producidos por la inserción de un minitransposón en el
operón apxI (84).
Un mutante no hemolítico del serotipo 1, incapaz de
secretar ni Apx-I ni Apx-II por inactivación del gen apxIB, era
virtualmente apatógeno en cerdos; en cambio, un mutante débilmente hemolítico
(por interrupción del gen apxIA, y que sí producía la Apx-II) retenía un
cierto grado de virulencia y todavía era capaz de producir los cuadros
anatomopatológico y clínico típicos, lo que demuestra que la toxina Apx-I no es
esencial para el desarrollo de las lesiones neumónicas (sin excluir los efectos
aditivos entre Apx-I y Apx-II), pero sí la presencia de alguna Apx.
Recientemente se ha clonado, secuenciado y
caracterizado la Apx-IV (81) una nueva Apx cuyo conocimiento es, todavía,
escaso. Sólo se produce in vivo, por lo que pueden detectarse anticuerpos
en el suero de convalecientes y está presente en todos los serotipos. Se
desconoce su relación con la patogenicidad.
2. LPS.- Biológicamente es similar al
de otras Gram negativas y se admite que, en la enfermedad natural, es sinérgico
con las Apx. Después de su inoculación intratraqueal, no se observan ni necrosis
ni hemorragias, aunque permite la adherencia de A. pleuropneumoniae al
mucus y a los anillos traqueales y, consecuentemente, desempeña un papel
fundamental en la colonización (2). También es un mecanismo alternativo de
adquisición de hierro in vivo, a través de su unión a la hemoglobina
porcina (2).
3. Cápsula.- La cápsula purificada
parece que contribuye a la patogenicidad in vivo, pues los
anticuerpos anti-cápsula reducen la mortalidad en infecciones experimentales,
aunque no consiguen ni la eliminación de lesiones ni resuelven la cronicidad.
El
diferente tamaño y grosor se relaciona con variaciones en la virulencia; además,
mutantes acapsulados espontáneos o químicos, son menos virulentos que las cepas
parentales, aunque esta cuestión se ha discutido recientemente (68) pues los
mutantes conservan intacta su capacidad de adhesión a la mucosa traqueal y su
resistencia a la lisis por el complemento.
La cápsula es antifagocítica y se
considera protección principal frente a las defensas humorales.
4. Proteínas de la membrana externa
(OMP).-En
este grupo se incluyen las proteínas receptoras de transferrina (TbpA y TbpB) y
otras, que participan en la virulencia. Los anticuerpos frente a ellas actúan
como opsoninas en la fagocitosis o, simplemente, son protectores.
La TbpA,
codificada por el gen tbpA, posee un tamaño de entre 90 y 110 kDa,
mientras que el tamaño de la proteína TbpB, codificada por el gen tbpB,
oscila entre 80 y 90 kDa (22,23).
También se han descrito otras proteínas,
codificadas por los genes tonB, exbB y exbD, que forman el
complejo TonB, implicado igualmente en esta función. En A. pleuropneumoniae, exbB y
exbD están en el mismo operón que los tbp, a los que
preceden, y son indispensables para el funcionamiento correcto de las proteínas
Tbp (86).
Las Tbp explican la especificidad de hospedador y permiten abastecer a
estos microorganismos del hierro que necesitan. Un fallo en este sistema de
captación limitaría la multiplicación in vivo, siendo causa de
atenuación.
5. Otros factores de virulencia.- Se
incluyen las fimbrias, que también se han relacionado con la
especificidad de hospedador. Además se ha descrito una capacidad
hemaglutinante y una actividad proteolítica, probablemente
metaloproteasas que podrían intervenir en las lesiones pulmonares, al degradar
proteínas del hospedador. Finalmente, se ha descrito una superóxido dismutasa
(SOD) de Cu y Zn (39), protectora frente a los aniones
superóxido al eliminar los radicales libres de oxígeno, permitiendo la
supervivencia bacteriana en el fagosoma.
Epidemiología
La pleuroneumonía porcina está ligada a la
producción intensiva (concentración de animales, manejo, traslados, razas más
susceptibles, etc.).
Su distribución es mundial, con una cierta preferencia
regional por determinados serotipos, aunque no permanente, dada la circulación
ligada al movimiento internacional de animales (51). En Europa se han descrito
prácticamente todos aunque, seguramente el más común es el 2. En España
predominan los serotipos 4, 2 y 7.
El cerdo es el único hospedador natural de
A. pleuropneumoniae. Experimentalmente cobaya, ratas y ratones, representan
buenos modelos para la forma aguda, pero no para la crónica (50,85).
La edad más
receptiva es entre las 6-15 semanas (especialmente entre las 6-8, al disminuir
el título de anticuerpos calostrales), aunque también otras (97). En las naves
de cebo, la infección tiende a perpetuarse y la forma principal de contagio es
por la entrada de portadores subclínicos.
La transmisión es por vía respiratoria,
mediante contacto estrecho entre enfermos y sanos (97), aunque en algunos brotes
se ha observado la difusión entre granjas sin intercambio de animales, lo que
sugiere otras posibilidades. Las principales fuentes de infección son los
animales con infección crónica y los portadores asintomáticos, en los que los
microorganismos sobreviven en la cavidad nasal, tonsilas o en las lesiones del
pulmón (51,91).
Otros factores, como el hacinamiento, las condiciones de manejo
o del transporte (ventilación, humedad, higiene, cambios bruscos de temperatura
o de alimentación, etc.) repercuten directamente facilitando la diseminación de
las bacterias desde los enfermos.
Cuadro clínico
La pleuroneumonía puede adoptar las formas
sobreaguda, aguda ó crónica. Las dos primeras se dán en explotaciones
indemnes, infectadas por primera vez, mientras que la crónica se relaciona con
áreas endémicas (52,57).
La sobreaguda aparece de súbito, con apatía,
anorexia e hipertermia (hasta 42ºC) (44,62) seguido de vómitos, diarrea ligera,
tos, epistaxis o movimientos masticatorios (87). A las pocas horas hay
aceleración del pulso y fallo cardiaco y circulatorio, que conduce a cianosis
generalizada de piel y mucosas (54).
En la fase final hay síntomas respiratorios
acusados, con disnea y respiración bucal. La muerte sobreviene en 24 h pero a
veces, sobre todo en lechones, es tan rápida que no llegan a observarse síntomas
(57,80).
En la forma aguda todo es posible, desde la muerte en pocos días
hasta el paso a la forma crónica, después de 2-4 días.
La forma crónica
surge una vez superado el proceso agudo, con sintomatología inespecífica,
temperaturas desde 37 a 40-41ºC, tos crónica e inapetencia, aunque los síntomas
pueden agudizarse en cualquier momento por otras infecciones o el transporte
(57,87).
Lesiones
Se limitan al aparato respiratorio. En las
fases sobreaguda (si la evolución lo permite) y aguda, se desarrolla una
neumonía fibrinoso-hemorrágica necrosante con pleuritis serofibrinosa.
Las áreas
afectadas presentan un color rojo negruzco o rojizo (la pleura), con adherencias
fibrinosas a la pared costal y pericardio.
En la cavidad torácica puede
observarse líquido serosanguinolento y cuando el curso es muy rápido, tráquea y
bronquios contienen exudado mucoso con coágulos de fibrina y los ganglios están
edematosos (4,5,24,59).
En la forma aguda pueden observarse cantidades variables
de fibrina y adherencias pleurales.
En las formas crónicas se aprecia un
engrosamiento fibroso de la pleura y, en el parénquima pulmonar, las áreas de
necrosis están limitadas por cápsulas gruesas, de color blanquecino, formando
secuestros.
Microscópicamente, en la forma sobreaguda, se
observa congestión, trombosis, hemorragia, edema y exudación de fibrina.
En la
forma aguda hay focos de necrosis por coagulación, rodeados por células
inflamatorias (linfocitos, macrófagos y células plasmáticas). Igualmente, se
observa fibrina, eritrocitos y neumocitos en la luz de los alveolos.
Los septos
interalveolares están engrosados y es frecuente la trombosis vascular.
En la
evolución a la forma crónica, desde la periferia de las áreas de necrosis
progresa un tejido de granulación que es responsable del encapsulamiento y los
secuestros, en los que quedan acantonadas bacterias (24,59).
Barreras inespecíficas:
Se incluyen los sinusoides, las secreciones mucosas y el movimiento ciliar.
Los
sinusoides y cilios eliminan las partículas inspiradas, una vez atrapadas por el
mucus, pero las de 1-3 m m pueden alcanzar
bronquiolos y alveolos donde son fagocitadas por macrófagos alveolares y
neutrófilos, actuación facilitada por opsoninas (anticuerpos de los
convalecientes y el C3b del complemento) (11).
Sobre el fagolisosoma actúan el
estallido respiratorio y enzimas lisosómicas.
Las toxinas Apx son más letales
para los macrófagos alveolares que para los neutrófilos (estos producen 2 veces
más superóxido y 4 veces más agua oxigenada); las dosis bajas estimulan la
producción y liberación de radicales de oxígeno, muy reactivos, que pueden
participar en el estallido respiratorio, aunque este efecto inicial se sustituye
pronto por una supresión del mismo, probablemente mediada por la SOD que es
capaz de transformar los radicales libres y bloquearlos.
De esta forma, el
microorganismo combatiría los mecanismos dependientes de oxígeno que tienen
lugar en el fagolisosoma (39) y las Apx servirían como un mecanismo de
supervivencia interviniendo en la rotura del fagosoma, escapando de él y
evitando su digestión intracelular (84,88).
Las cepas capsuladas de
A. pleuropneumoniae
resisten la lisis mediada por complemento (35,78), en presencia o ausencia de
anticuerpos, pero los mutantes acapsulados son sensibles a la lisis por la vía
alternativa (35).
Respuesta inmune:
El sistema inmune del
pulmón interviene de forma esencial, tanto en la respuesta inespecífica (a
través de la fagocitosis), como específica (humoral y celular), mediante la
activación de los linfocitos locales.
En la respuesta humoral intervienen IgA ó
IgG, respectivamente, en los tramos superiores o profundos (61). A nivel
celular, se ha observado un incremento del número de linfocitos T (CD4 y CD8) en
el tejido linfoide asociado a los bronquios, así como de células plasmáticas que
expresan IgM, IgA e IgG y una concentración alta de neutrófilos en los lavados
pulmonares (normalmente están ausentes).
En el suero de los convalecientes existen
anticuerpos frente a la cápsula, el LPS, OMPs y proteínas secretadas (Apx). Los
anticuerpos frente a la cápsula y antígeno O de algunos serotipos (2, 5, 10 y
12) son específicos de serotipo (70), mientras que el antígeno O de los
serotipos 4 y 7 (71); 1, 9 y 11 (72) y 3, 6 y 8 (46) comparte epítopos.
El
antígeno O es inmunodominante y encubre la respuesta frente a otros antígenos
expuestos. Los sueros de los convalecientes reconocen también varias OMPs de 45,
50 y 66 kDa (66), Tbp de unión a transferrina, toxinas Apx (38) y algunas otras.
La inmunidad pasiva, en los lechones, procede
de la madre, a partir del calostro y leche, donde los niveles de IgG e IgM
dependen de su transferencia desde la sangre, aunque una pequeña cantidad y las
IgA, se sintetizan en la mama.
Los lechones que toman calostro de madres
inmunes, resisten el desafio intranasal, al contrario de los que se les suprime
(mueren de septicemia). Este tipo de inmunidad protege 3-6 semanas después del
nacimiento (55).
Diagnóstico
El cuadro clínico es el primer dato, que se
confirma en el laboratorio con el aislamiento e identificación.
La
diferenciación con otras neumonías (P. multocida o mycoplasmas) puede
establecerse a partir de las lesiones (8). El aislamiento de A.
pleuropneumoniae se lleva a partir de material de lesiones (pulmón o
tonsilas).
Puede utilizarse hisopos, sembrando en medios selectivos y agar
sangre con una estría nodriza. Luego se procede a la identificación y
tipificación.
Los procedimientos de detección e
identificación directa son de un valor inestimable, pues permiten poner en
marcha las medidas de control más rápidamente. Se incluyen, entre otros, la
coaglutinación, la inmunohistoquímica, el ELISA y la PCR. Las ventajas de la
coaglutinación incluyen la detección de animales infectados simultáneamente
con varios serotipos y la posibilidad de trabajar con muestras en mal estado,
aunque detecta mal los enfermos crónicos.
La inmunohistoquímica, con
sueros marcados con peroxidasa o con biotina (28,32, 58) es fácil de ejecutar,
pero laboriosa y permite trabajar sobre muestras fijadas.
La PCR es un
método muy adecuado para el que se han realizado varias propuestas. Se han
aplicado primers aleatorios (AP-PCR), incluyendo el M13 y los T3-T7 (29),
para diferenciar los serotipos en cultivos puros. También se han diseñado
primers para los genes apx (17,18) o para el gen de la cápsula (98).
Las técnicas
PCR-RFLP discriminan intraespecíficamente; se han realizado
propuestas sobre el gen omlA, de una lipoproteína de membrana externa,
utilizando las enzimas Hinfl ó VspI (60) o el aroA (30),
separando los serotipos en tres grupos.
Nosotros mismos (13) hemos propuesto una
PCR-RFLP para la detección y tipado, basada en los genes tbpA y tbpB.
Con los tbpA se obtuvo un producto de 2’8 kb en los 12 serotipos, que
después de sometido a restricción generó 10 perfiles que permitían discriminar,
no solo entre serotipos, sino de otras especies próximas.
Detección de anticuerpos:
Hasta la
fecha, se han utilizado diversos procedimientos para la identificación de
anticuerpos en animales infectados o convalecientes, aunque los más utilizados
han sido la fijación del complemento (FC) y el ELISA (25;48).
La FC fue
utilizada, desde el principio, como método de referencia, con extractos
(capsulares u otros) antigénicos (25); en cualquier caso, ha sido sustituida
progresivamente por el ELISA, en razón de los importantes inconvenientes de los
sueros porcinos. Nosotros utilizamos la FC con una suspensión bacteriana de 6 h
como antígeno (24).
Nicolet et al., (53) utilizaron un
ELISA en el diagnóstico y, desde entonces, éste ha sido el procedimiento más
extendido.
Como antígeno se han usado distintas preparaciones, aunque las más
comunes incluyen extractos salinos, hervidos y extraídos por un sistema
fenol-agua, utilizando la fase fenólica o acuosa según el serotipo liso o rugoso
(64,65). Recientemente, se ha descrito un método con el polisacárido capsular
marcado con biotina/estreptavidina (34).
En nuestro laboratorio utilizamos un
ELISA indirecto con un antígeno de extracto hervido y extraído por un método
fenol-agua (24,73).
Control
Es difícil. En explotaciones serológicamente
positivas, pero sin clínica, deben evitarse las situaciones de estrés. Puede
llevarse a cabo el destete en otra granja al tiempo que un programa de
vacunación y medicación.
Paralelamente se debe desarrollar un programa de
selección y repoblación con animales sanos (41) con entrada restringida a
animales serológicamente negativos precedida de su vacunación.
Cuando el
porcentaje de seropositivos no es muy alto, ha resultado útil el diagnóstico y
la separación de los positivos, que se medican (56); además, se estudian las
cerdas antes del parto (las positivas se eliminan), se hace un destete precoz de
los lechones (a las 2 semanas) y un tratamiento, manteniéndolos después
separados de los lotes potencialmente infectados.
En explotaciones confirmadas positivas y con
clínica, se presentan brotes agudos en animales de entre 9 y 20 semanas y aunque
un tratamiento precoz puede limitar la gravedad de un brote, no son descartables
recidivas.
Finalmente, en las explotaciones sin antecedentes, en las que se haya
certificado la ausencia de portadores se recomienda el rigor más absoluto en la
entrada de animales, incluyendo la detección serológica (FC ó ELISA) (47,49,53)
y aislamientos microbiológicos.
En estas granjas A. pleuropneumoniae
puede ser causa de brotes con tasas de mortalidad muy elevadas.
Tratamiento
A.pleuropneumoniae es susceptible a
numerosos antibióticos, aunque se ha descrito un aumento importante de las
resistencias, en especial a penicilinas y tetraciclinas.
En un estudio se
obtuvieron más de un 10% de cepas resistentes a penicilina G y ampicilina,
siendo más del 26% y 59% resistentes a tetraciclina y oxitetraciclina (27).
Resultaron muy eficaces la
kanamicina, tobramicina y gentamicina, pero las
quinolonas fueron, los más seguros. Recientemente se ha descrito el uso de
tilmicosina en el pienso de cerdas gestantes (7), de difloxacina intramuscular
(93) o de florfenicol en el agua (37) con excelentes resultados.
Como norma, sin
embargo, la terapia antibiótica solo es eficaz al comienzo y en masa.
En el tratamiento de la fase aguda se deben
administrar antibióticos por vía parenteral y a dosis elevadas o mejor, una
combinación de ésta con la medicación oral.
Para evitar recaídas se recomienda
un periodo de tratamiento de 4-5 días, descanso 5 y reanudación con el mismo
tiempo, repitiendo el ciclo varias veces.
En brotes subagudos o crónicos, la
terapia oral en el pienso posee valor escaso, debido a la anorexia, además de
que dadas las elevadas CMIs de la mayoría de los aislamientos, no es fácil
administrar la dosis terapéutica adecuada.
Vacunación
En los últimos años se ha venido insistiendo
repetidamente en la vacunación, en la creencia de que una buena vacuna será
decisiva en el control.
Desde los más antiguos hasta los productos más
recientes, se han experimentado diversidad de combinaciones, en las que algunos
factores de virulencia, especialmente las Apx, han centrado el interés.
Pese a
todo, aún se carece de un producto que proteja frente a la enfermedad aguda y
prevenga la condición de portador crónico y eliminador de A. pleuropneumoniae.
Las bacterinas incluyen el
microorganismo completo, del serotipo predominante en la explotación o en la
región, inactivado por formol al 0’2%.
La concentración oscila en torno a 109-1010
UFC/ml. Por lo general se añade un adyuvante que refuerza la respuesta inmune.
De ordinario se administra una dosis a las 9 semanas o coincidiendo con la
entrada de los animales en la explotación y, al menos una repetición a las 2-3
semanas (12,74).
En este tipo de productos la protección sólo es homóloga, por
lo que se suele incorporar más de un serotipo, por ejemplo, mezclas de los
serotipos 1 y 5; 2 y 5; 1 y 7; 2, 7 y 9; 4 y 2 (14,40,43,82,89).
Las bacterinas
reducen la gravedad y la mortalidad, pero no resuelven el problema de la
prevención ni la persistencia de lesiones o la presencia de portadores.
Vacunas de extractos:
Los extractos de
cultivos son una alternativa a las bacterinas.
Se han utilizado extractos
crudos de cultivos jóvenes, concentrados o no, en ocasiones precipitados con
polietilenglicol o cetavlón (para la cápsula), conjugados con Apx, LPS y
carbohidratos y, por lo general, con adyuvantes (15,31), aunque en general solo
han reducido la mortalidad o las lesiones, pero no resolvieron el problema de
los portadores.
Vacunas atenuadas: Se han obtenido
distintos mutantes atenuados con los que se ha inducido inmunidad protectora,
como la cepa CM5 del serotipo 1 (76) o la cepa BES (89), pero solo se han
conseguido descensos en la mortalidad y lesiones.
También se han obtenido
mutantes acapsulados, atenuados por mutagénesis química, de los serotipos 1 y 5
(36), que han sido estudiadas en condiciones experimentales y, según su autor,
una dosis de 2 x109 UFC indujo una fuerte respuesta capaz de resistir
el desafío intratraqueal, tanto del serotipo homólogo como heterólogos, sin
síntomas ni lesiones.
Fuller y Mulks (21) trabajaron sobre mutantes auxotróficos
(biosíntesis de riboflavina) sugiriendo, también, su valor como cepas
vacunales.
Vacunas de
subunidades: Muchos
antígenos de superficie inducen respuesta sérica, por lo que han sido
investigados desde el punto de vista vacunal.
Es el caso del LPS, que se ha
utilizado detoxificado y adyuvantado con resultados protectores, aunque
inferiores a los conseguidos con una bacterina (69). Algunas OMP del serotipo 5
adyuvantadas también fueron investigadas (66) obteniendo un descenso
significativo en el número de casos de neumonía, después de la infección
intranasal con la cepa homóloga (67).
La cápsula, igualmente, ha sido estudiada
desde el punto de vista vacunal. Lenser et al. (42) estudiaron
polisacáridos y proteínas de la cápsula, a partir de sobrenadantes de cultivo de
los serotipos 5 y 7, precipitados con cetavlón y mezclados con un adyuvante
oleoso. Todos los ratones inmunizados intraperitonealmente sobrevivieron a la
infección con el serotipo homólogo, pero no con el heterólogo.
Las toxinas Apx se consideran inmunógenos muy
importantes frente a los que se forman anticuerpos neutralizantes en el suero de
cerdos convalecientes (3;20) o inmunizados artificialmente (6).
Se ha descrito
el uso vacunal experimental (en el ratón) de Apx-I recombinante en E. coli
y de la Apx-II purificada del serotipo 7 (33), adyuvantadas con hidróxido de
aluminio, obteniéndose resultados protectores frente a algunos serotipos, pero
no frente a otros.
También se ha utilizado (83) un sobrenadante crudo de cultivo
del serotipo 1, con Apx-I, solo o mezclado con una preparación inactivada de
células enteras, en ambos casos con un adyuvante oleoso, siendo esta combinación
la que comparativamente produjo los mejores resultados en forma del título de
anticuerpos.
En la actualidad se comercializa una vacuna de
subunidades con tres toxoides de Apx-I, Apx-II y Apx-III y una OMP (45,63,92)
con adyuvante oleoso. Se han descrito buenos resultados cuando se comparan con
los controles, pero el problema aún sigue sin resolverse de modo definitivo.
Vacunas conjugadas:
Se ha estudiado
(16) una vacuna de oligosacáridos de la pared celular conjugados con un toxoide
tetánico, comprobándose que los polisacáridos desempeñan un papel significativo
en la inmunidad.
Van den Bosch et al. (94) desarrollaron una vacuna
conjugada que combinaba, en distintas opciones, la Apx-I de los serotipos 1 ó 5b
con OMP del serotipo 1 y un adyuvante, con excelentes resultados de mortalidad,
pero no en el desarrollo de lesiones.
También se ha estudiado la mezcla de
polisacárido capsular con hemolisina o su conjugación con el LPS (9),
produciéndose un aumento significativo del título de anticuerpos, con descenso
de la mortalidad y lesiones, pero el producto no resolvió satisfactoriamente el
control.
Rossi-Campos et al.
(77) utilizaron dos
antígenos recombinantes del serotipo 7, que incluían el extremo C-terminal de la
Apx-II y una Tbp de 60 kDa.
Todos los animales desarrollaron una fuerte
respuesta humoral, comparable a la que se inducía en la infección natural, con
una menor mortalidad y afectación que los controles, pero solo frente a la
exposición con el serotipo homólogo.
Utrera et al. (90) han ensayado un
preparado constituido por antígenos de células enteras y por el toxoide Apx-I,
con el que han obtenido una importante reducción de la mortalidad de los
animales vacunados.
Por último, ha sido descrito una vacuna preparada a base de
antígenos asociados a células recombinantes, así como antígenos secretados,
entre ellos, proteínas de unión a transferrina y la toxina Apx-II. El preparado
ha sido contrastado frente a la inoculación endobronquial del serotipo 9, con
resultados de protección aceptables (95).
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Fuente: VET-UY
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