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040. El herraje en los caballos.
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La inmensa mayoría de las consultas realizadas al
veterinario en relación con nuestros caballos (se calcula que hasta un 80%) se
refieren al cuidado de sus patas.
Y no es de extrañar; el caballo es un animal de un volumen importante y gran
peso, que reparte entre cuatro delgadas extremidades que finalizan en pequeños
pies. A pesar de esto es capaz de correr a gran velocidad cargando con un jinete
o bien realizar trabajos que le suponen un serio esfuerzo físico.
A nadie se le escapa la enorme importancia de mantener en perfecto estado las
extremidades de su caballo, pero pese a ello, muchos aún dejan de lado las
atenciones básicas que deben realizarse.
EL CASCO
Muchos veterinarios y cuidadores coinciden al
afirmar que “sin casco no hay caballo”. Debemos conocer correctamente la
estructura de esta zona elemental del animal y saber qué cuidados precisa.
El casco está formado principalmente por tres partes:
-
La Pared: es la zona exterior. Su crecimiento
es hacia abajo desde la corona.
-
La Suela: parte ligeramente cóncava que cumple
la misión de proteger el casco de lesiones. Debemos tener mucho cuidado con
ella puesto que es muy delgada.
-
La Ranilla: mecanismo amortiguador y
antideslizante que facilita que el casco se extienda y contraiga a cada paso.
Resulta fundamental mantenerlo en todo momento limpio para evitar problemas en
el casco.
Muchos se preguntarán por qué los caballos que
viven en libertad no precisan de todo este tipo de cuidados y viven largos años
sin problemas serios en sus cascos. El motivo es claro; el humano le pide al
animal la realización de una serie de tareas que el caballo salvaje no tiene que
realizar: cargar con un jinete, saltar, galopar sobre asfalto, permanecer largas
horas estabulado... todas estas actividades no son naturales y provocan una
tensión antinatural en los pies y piernas del animal.
La córnea del casco no deja de crecer durante toda la vida del caballo (se
calcula que aproximadamente un centímetro al mes de promedio), pero igualmente
se va desgastando, sobre todo si el animal trabaja sobre una superficie dura. De
ahí la necesidad de utilizar los herrajes, que servirán para evitar el excesivo
desgaste del casco.
EL CUIDADO DE LOS CASCOS
El cuidado general del casco pasa por su
limpieza, tarea a la que se le debe dar la máxima importancia. En la gran
mayoría de los casos, la falta de limpieza, junto con la utilización de grasas
inadecuadas y camas excesivamente húmedas, son los principales causantes de los
serios problemas que todos conocemos en los cascos de nuestros animales.
Por ello es fundamental que la labor de limpieza
se realice todos los días, eligiendo para ello como momento más adecuado justo
antes de proceder a montar.
Para la limpieza utilizaremos el denominado LIMPIACASCOS, de la siguiente
manera:
-
Trataremos de eliminar la suciedad trabajando
desde el talón hacia la lumbre; poniendo especial cuidado para no penetrar en
las zonas blandas de la ranilla.
-
Cuidaremos especialmente el aseo de los surcos
colaterales de la ranilla, ya que es el lugar preferido para las bacterias,
piedras y cualquier elemento punzante.
-
A la hora de limpiar la ranura central,
pondremos nuestra máxima atención en la búsqueda de cualquier señal de
podredumbre.
-
Comprobaremos la no existencia de cortes ni
grietas, así como el grado de sequedad del casco.
-
En caso de que detectemos mal olor, existirá
una gran posibilidad de encontrarnos ante una infección.
Si es así, procederemos a limpiar completamente el casco y aplicaremos agua
oxigenada en las zonas afectadas. Esta operación la repetiremos al menos una
vez al día (y por supuesto, consultaremos el tema con el veterinario o
herrador).
-
Para terminar la limpieza, comprobaremos que
la herradura se mantiene perfectamente colocada y pasaremos los dedos por los
remaches para comprobar que se mantienen en su sitio.
Hay que tener en cuenta que si no realizamos la
limpieza a diario, no podremos percibir la aparición de un problema hasta el
momento en el que el caballo comience a cojear; lo que en ocasiones puede ser
demasiado tarde.
Además de la limpieza de los cascos, deberemos
poner especial cuidado en la limpieza del establo. Es fundamental que un animal
estabulado disponga de una cama seca y limpia; no hay nada más destructivo para
los cascos que el amoníaco de los desechos equinos y de la cama en
descomposición.
Junto a esto, aparece como principal factor de
riesgo los cambios del grado de humedad (mojado/seco) que normalmente producimos
tras el entrenamiento con nuestro caballo. Debemos procurar que estos cambios
sean los mínimos posibles y utilizar algún tipo de aplicación tópica que selle
la cantidad correcta de humedad, al tiempo que permita el necesario paso de
oxígeno.
CUÁNDO HERRAR AL CABALLO
La herradura es como la “suela” que protege el
casco del caballo; previene su desgaste excesivo y lo cuida del deterioro. Algo
fundamental sobre todo cuando el hombre utiliza al caballo para la competición o
para el trabajo.
Hay quien afirma que el herraje no es necesario si los cascos son duros y tienen
buena forma, con paredes fuertes y buenas ranillas; y si el animal firma fuerte
y recto.
A la hora de determinar la necesidad de herrar al caballo deberemos tener en
cuenta el terreno en el que éste se mueve y el trabajo que realiza a lo largo de
la jornada. En este sentido, hay que considerar que los terrenos que no son
excesivamente duros, conllevan que el animal no precise de demasiada protección.
Tanto el recorte de los cascos como el herraje deberán realizarse por el
herrador con una periodicidad que dependerá directamente del nivel y tipo de
trabajo realizado por el animal, junto con su rapidez de crecimiento.
En principio podemos decir que ningún equino debería sobrepasar las ocho semanas
sin herrar (como tiempo límite) y que el periodo aceptable de herraje es de las
4 a las 6 semanas. Debemos tener en cuenta que si dejamos pasar un excesivo
periodo de tiempo sin recortar, el equilibrio del casco se altera de forma
peligrosa, pudiendo llegar a provocar un daño permanente en la pata del animal.
El crecimiento del casco, el desgaste de la herradura y su ajuste al casco son
los factores principales a la hora de determinar cuándo un caballo debe volver a
ser herrado.
Para saber si un herraje es bueno, deberemos tener en cuenta los siguientes
puntos:
-
Los clavos son del tamaño correcto.
-
Los talones quedan perfectamente protegidos
por el herraje.
-
Los remaches se encuentran a alrededor de un
tercio de la altura.
Por otro lado, es importante señalar que cuando
nuestro animal se suelta junto a otros en el campo, lo más seguro es dejarlo sin
herrar. Entre caballos siempre pueden producirse roces y si uno llega a cocear
puede provocar serias heridas al compañero. De cualquier manera este es un tema
largamente discutido y que cuenta, como es normal, con detractores y con
seguidores.
PÉRDIDA DE HERRADURAS
Cualquier caballo ha perdido herraduras en alguna
ocasión y, como suele pasar, siempre en el peor momento... Debemos ser
conscientes de la pérdida de una herradura no es algo que suceda en un instante,
sino que viene motivado por una serie de cuestiones que debemos tener en cuenta
y controlar.
Estos factores son múltiples y afectan al herrador, al jinete y al propio
caballo; sin contar los motivados por las características del terreno de
entrenamiento u otros elementos que en principio pueden parecer insignificantes
pero que suponen altos factores de riesgo; como por ejemplo la presencia de
moscas. Si el caballo está constantemente rodeado de moscas, utilizará sus patas
para intentar espantarlas y este golpear constante termina por aflojar sus
herraduras y levantar los remaches.
En realidad existe una amplia lista de causas que provocan la pérdida de
herraduras, cada una de las cuales debe tenerse en cuenta:
-
La colocación de una herradura no adecuada por
parte del herrador (pequeña o grande).
-
Que el casco crezca sobrepasando la herradura.
-
Utilización de clavos excesivamente pequeños.
-
Que el caballo pase excesivo tiempo
estabulado.
-
Lugares con barro o malas condiciones.
-
Exceso de peso en el animal.
-
Exceso de trabajo.
-
Realización de una labor no adecuada para el
caballo.
-
Utilización de sillas o aparejos no
apropiados.
-
El caballo presenta un temperamento nervioso o
vicio de rascar y golpear contra suelo o pared.
De cualquier manera y para evitar la pérdida del
herraje en el peor momento, no cabe otra solución que la de mantener una
regularidad en las visitas al herrador junto con una constante observación de su
estado.
LOS PROBLEMAS DEL HERRAJE
Comentamos a continuación algunos de los
problemas más comunes en el herraje de un caballo, así como las posibles
soluciones a adoptar. Soluciones que en la mayoría de los casos deberá realizar
el herrador:
-
La herradura no se ha colocado plana: si se
encuentra sobre un casco plano, terminarán por aflojarse los tornillos.
-
Si el casco no está plano, provocará el
movimiento de la herradura alrededor del punto más alto.
-
Si las herraduras son demasiado grandes o
largas (mal ajustadas); puede ocurrir que la herradura llegue a ser arrancada
por otros pies del caballo o incluso por animales cercanos; también cabe la
posibilidad de que se enganchen en el box o en el remolque. Para evitarlo se
deberá disminuir la longitud de los callos de la herradura.
-
Si la herradura resulta, por el contrario,
demasiado pequeña; no aguantarán el crecimiento del casco, provocando la
ruptura de los clavos o incluso de la pared del casco. El herrador deberá
asegurarse de que la herradura tenga en suficiente descanso para la expansión
del casco.
-
Colocación de una herradura demasiado ligera;
saltará fácilmente o se doblará. Es conveniente que el herrador utilice una
herradura más pesada.
-
Pies mal aplomados: provocan que el caballo
aterrice primero con una parte del casco, desplazando la herradura. En estos
casos será necesario cortar el casco.
Fuente: SisAgro.com.ar
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