007.
EL Parto
en la Perra y la Gata.
Gutiérrez Aragón, J.A;
Luengo Ruiz, M;
Flores Alés, A.J
Publicado en
la revista Especies Nº 12,
Febrero 1997, pág. 3-4
El gran momento se acerca. Llevamos esperando
cerca de dos meses el feliz desenlace de una gestación que en la mayoría de
los casos ha sido deseada y tratada con el máximo cuidado. Por ello no debemos
considerar al parto como el final de la gestación, sino como un acontecimiento
independiente que recordaremos el resto de nuestras vidas, ya sea porque,
felizmente, no haya aparecido ningún problema o porque, desgraciadamente, se
haya complicado.
Científicamente, el
parto se define como el conjunto de fenómenos que tienen como consecuencia la
expulsión del o de los fetos y de los anejos fetales en una hembra que ha
llegado al término de su gestación.
¿Cuándo va a parir?
Tradicionalmente se
ha considerado que la duración de la gestación en la perra es de 63
días postcubrición. Si únicamente se ha producido un acoplamiento con el macho
y contamos 63 días a partir de la fecha del mismo, podremos obtener la fecha
del parto. Sencillo, )verdad? Pues en realidad las cosas no lo son tanto.
Porque generalmente no se lleva a cabo una única cubrición y en ocasiones no
se sabe exactamente la fecha de la misma (en el caso de que se haya escapado
dos o tres días estando en celo). Si además añadimos el hecho de que los
espermatozoides caninos sobreviven hasta 7 días en el tracto genital de la
hembra y de que la duración de la gestación puede verse influenciada por la
raza y por el número de fetos (una camada numerosa suele acortar la gestación)
podremos comprender por qué no puede establecerse con exactitud la fecha del
parto. De hecho, se considera normal un parto acontecido tanto a los 58
como a los 68 días postcubrición. Algunos autores consideran que el
intervalo del parto normal se puede situar entre los 54 y los 72
días postcubrición. Veámoslo más claramente con un ejemplo: si la cubrición se
produjese el día 1 de Enero, el parto podría producirse cualquier día desde el 23 de Febrero hasta el 13 de Marzo, con una máxima
probabilidad el 4 de Marzo.
En la gata la
duración media de la gestación es de 65 días, con un intervalo de 64
a 69 días, sin que exista diferencia de unas razas a otras. Al igual que
en la perra, las camadas numerosas acortan la duración de la gestación.
Naturalmente, el
lector puede pensar que no le estamos siendo de gran ayuda. Afortunadamente
tiene en su propia casa una magnífica maestra que, si le dedica un mínimo de
atención, le indicará con precisión cuándo va a producirse el esperado
acontecimiento.
Tanto en la perra
como en la gata una semana antes del parto la temperatura corporal
(medida en el recto) comienza a descender hasta situarse en 37-381C. La
temperatura rectal desciende a menos de 361C (y con frecuencia a menos de
35’51C) aproximadamente de 8 a 24 horas antes del parto. Se han observado
fluctuaciones pasajeras en las temperaturas corporales con descensos
ocasionales en las temperaturas rectales a 35’51C durante las dos últimas
semanas de gestación en perras eutócicas o de parto normal. Aunque
puede observarse un breve periodo de hipotermia o descenso de la
temperatura en una gestación normal sin estar pendiente del parto, toda perra
con hipotermia debe ser cuidadosamente controlada por si hubiera una
distocia o parto anormal. Por tanto el descenso de la temperatura corporal
es un dato que debe ser tomado con cautela porque, aunque antecede siempre al
parto, no nos da un plazo de tiempo exacto para el mismo.
Otro dato que nos
ayudará a conocer cuándo se aproxima el momento del parto es la aparición de secreción láctea en las mamas de la hembra. Aunque a menudo tampoco es
un signo fiable de parto inmediato, ya que en algunas perras puede aparecer
hasta una o dos semanas antes y en otras coincidir con el momento mismo del
parto. Frecuentemente, sin embargo, las perras rechazan el alimento uno
o dos días antes del parto. Además, la vulva suele ponerse edematosa y
aparecer una ligera descarga vaginal. Pero el dato más revelador de que
el parto se acerca es que en los dos o tres días que lo preceden la perra
cambia su comportamiento normal para adquirir uno muy característico:
búsqueda de sitios oscuros y apartados, inquietud y construcción del nido.
¿Dónde va a parir?
La mayor parte de
las veces será la propia madre la que decida dónde va a parir: encima o debajo
de una cama, detrás de un mueble o del sofá, su canasta, un lugar reservado y
oscuro del jardín son sitios habituales. Lo que su instinto protector les
dicta es que han de buscar un lugar resguardado para sus cachorros, con el fin
de que tengan la máxima protección. Por ello en ocasiones no nos enteraremos
de dónde se está produciendo el parto. Por esta misma razón, y dada la
capacidad de la perra para retrasar el parto en cierta medida, éste suele
acontecer de noche, ya que entonces suele ser el momento más tranquilo en la
casa.
Como norma general
debemos facilitar a la madre que va a parir un lugar especialmente
acondicionado por nosotros y que pueda ser elegido libremente por ella para el
parto. Puede ser su propia cesta, en perras de pequeño tamaño o gatas, o una
caja, en perras de gran tamaño, de donde no se puedan escapar los cachorros.
Debemos ponerla en un lugar apartado del trajín diario de la casa y mullirla
con material absorbente (papel de periódico, por ejemplo) que retenga los
líquidos fetales. Este procedimiento intenta garantizar el control que debemos
tener sobre el parto, aunque a veces estos lugares no serán los elegidos y el
parto empezará en otro distinto. En este caso, si es posible, debemos
trasladar a la madre y a los cachorros ya nacidos al lugar que nosotros
habíamos destinado a tal fin.
¿Cómo es un parto?
Esta es la pregunta
clave, porque es en este momento cuando el propietario Aprimerizo@ se
pone más nervioso y no sabe si lo que está aconteciendo ante sus ojos (si es
que tiene la fortuna de poder observarlo) es normal o no. Se pregunta qué debe
hacer y cómo y cuándo debe hacerlo. Para tranquilidad de estas personas
empezaremos explicando, siquiera someramente, el mecanismo que desencadena el
parto y las fases en que éste se divide.
Mecanismo
desencadenante del parto
Durante la gestación
los fetos se desarrollan a partir de los nutrientes que toman de la madre a
través de la placenta. Sin embargo, llega un momento en que las altas
necesidades que tienen no se satisfacen por completo. En este momento los
fetos empiezan a sufrir estrés. El mecanismo estresante más importante es la
falta de oxígeno. Es entonces cuando se liberan al torrente sanguíneo las
hormonas características de toda situación de emergencia, fundamentalmente
cortisol. Este hecho provoca que se produzca en la madre un cambio
hormonal de manera que deja de producirse la progesterona u hormona
mantenedora de la gestación. Además, en la parte fetal se produce una
sustancia, la prostaglandina F2a, que induce la
producción de otra, la relaxina, que da lugar a la relajación de la
pelvis y del tracto reproductor, y provoca contracciones uterinas y presión
abdominal, tanto directamente como a través de la descarga de oxitocina
por la glándula pituitaria. Esta última hormona tiene otro papel
fundamental que veremos más adelante y que es el de ser la encargada de la
liberación de la leche en la mama. Así pues, como hemos visto, son los
cachorros los que desencadenan su propio nacimiento.
Fases del parto.
Como norma general
el parto se divide en tres fases. Ya que es importante que sepamos diferenciar
cada una de ellas y cuándo dan comienzo y terminan, nos detendremos a
explicarlas con mayor detalle, aunque no debemos olvidar que esta separación
de fases es didáctica y e ocasiones no puede diferenciarse el momento en que
se produce el tránsito de una a otra.
10 Fase: relajación y dilatación del cuello uterino. Esta fase tiene una
duración variable (de 2 a 12 horas), aunque normalmente dura
unas 4 horas. En las hembras primíparas o de primer parto puede
alargarse hasta las 36 horas. En este momento la perra se pone más
nerviosa e inquieta y deja de comer. Tiembla,
jadea y puede vomitar. Los labios vulvares se engruesan, su
vuelven blandos y colgantes y se escapa por la comisura inferior un líquido
viscoso, pegajoso y blanco-amarillento que se une a los pelos de la cola y los
ensucia. En algunos casos se pueden apreciar contracciones uterinas,
pero siempre de débil intensidad, y la perra puede destrozar su cama,
probablemente como reacción al dolor. En las gatas esta fase suele durar unas 24 horas y se caracteriza por inquietud, vocalización y
comportamiento de preparación del nido. Algunas gatas que son
normalmente cariñosas pueden mostrar signos de agresividad a medida que
se aproxima el momento del parto.
20 Fase: expulsión de las crías. Esta fase se caracteriza por fuertes
contracciones uterinas (de 50 a 60 segundos de duración con
intervalos de 3 a 6 minutos) y por un esfuerzo ostensible.
Muchas personas identifican esta fase con el parto propiamente dicho,
simplificándolo y desconociendo, por tanto, unas manifestaciones cuyo
conocimiento será de gran importancia en el caso de que fuese problemático.
Comenzaremos hablando de la perra. En ella esta fase puede verse malograda si
es angustiada o molestada. La perra se lame la región vulvar entre cada
contracción, especialmente cuando se ha roto el saco fetal y se libera el saco
placentario, momento en que los propietarios pueden notar un líquido
claro saliendo por la vulva. Una vez que la cabeza o la pelvis del feto
alcanzan el anillo pelviano de la perra, se estimulan fuertes contracciones
abdominales cada 2 a 3 minutos que se intensifican a medida
que la cabeza y los miembros se introducen a través del cuello uterino. La
duración de esta fase del parto es extremadamente variable para cada perra y
para cada cachorro en una misma camada. Sin embargo, como norma, no se
permitirá que transcurran más de 6 horas desde la expulsión del primer
cachorro sin que se realice una investigación por parte del veterinario,
ya que es probable que tenga lugar la separación de la placenta en este
momento y la vida de los demás cachorros podría verse amenazada. El intervalo
entre nacimientos es igualmente variable para aquellas perras que alternan las
fases primera y segunda del parto. El segundo y siguientes cachorros se
deberán expulsar tras intervalos de contracciones inferiores a 30
minutos. Se deben considerar como anormales los intervalos de descanso de
más de 4 horas. Es frecuente que el parto de una camada numerosa se
prolongue hasta 24 horas. Las perras con buen instinto maternal limpiarán y
amamantarán a sus cachorros entre los sucesivos alumbramientos y probablemente
será mejor permitir esto que retirar los cachorros a medida que nacen y
devolverlos a su madre al final del parto. Esta acción limpiadora mediante el
lamido ayuda a estimular la función cardiovascular y respiratoria en los
cachorros y la excitación de los pezones en el amamantamiento contribuye a la
descarga de oxitocina, lo que constituye un elemento regulador de la
expulsión fetal.
En el caso de la
gata, una vez iniciada esta fase, los gatitos suelen ser expulsados
rápidamente con relativamente pocas contracciones abdominales, pero a
menudo con un gran chillido. El primer gatito tarda, como media, unos 30-60 minutos en nacer y el intervalo entre la expulsión de los
restantes gatitos varía de 5 a 60 minutos. La mayoría de las
gatas cortarán el cordón umbilical, comerán la placenta y limpiarán a los
gatitos sin necesidad de asistencia. Frecuentemente lamerán al primer nacido
mientras continúa el parto. A veces, esta fase se subdivide en dos partes,
descansando la gata durante 12 a 24 horas entre la expulsión de
dos tandas de gatitos.
30 Fase: expulsión de las placentas. En esta fase se expulsan las membranas
fetales. Los perritos pueden nacer con las membranas intactas o simplemente
unidos por el cordón umbilical a la placenta que permanece en el tracto
genital. En este último caso la placenta se expulsará por separado antes,
durante o después de nacimientos posteriores. Una secreción espesa verdosa (loquios)
acompaña la separación placentaria y puede observarse en las tres etapas del
parto y hasta 3 a 6 semanas después de haber finalizado. El permitir que las
perras coman las placentas o no es un asunto de preferencia personal, aunque
se ha sugerido que las hormonas placentarias pueden favorecer la involución
uterina y la producción de leche. En el caso de grandes camadas probablemente
sea desaconsejable dejar comer todas las placentas, pues puede producir
problemas digestivos a la madre.
En la gata la
expulsión de la placenta tiene lugar normalmente una vez expulsados los
gatitos, siendo consumida por la madre. En esta especie animal los loquios son
más bien parduzcos.
¿Ya ha acabado de parir?
Esta pregunta tiene
una respuesta fiable que, paradójicamente puede conocerse antes de empezar
el parto. Nos explicamos. Si deseamos saber si ya han nacido todos los
cachorros es necesario conocer de antemano el número de fetos que estaba
gestando la madre. Si sabemos que, por ejemplo, tenía cuatro fetos y han
nacido sólo tres de ellos, debemos esperar porque el parto aún no ha
terminado. )Cómo saber cuántos fetos tiene una hembra gestaste? Esta pregunta debe formulársela a su veterinario, el cual dispone de varias técnicas
para intentar averiguarlo. El método preferido de diagnóstico de
gestación en la perra es la palpación abdominal a las 3-4 semanas
postcubrición. Sin embargo el veterinario debe poseer una gran experiencia y
además es muy difícil cuantificar el número de fetos, sobre todo en perras de
razas prolíficas (más de 5 cachorros) y en las hembras obesas. Un método
eficaz en hebras poco prolíficas es la realización de ecografías, una a las
3 semanas y otra a los 30-35 días. Pero la prueba definitiva es la
realización de una radiografía que nunca debe realizarse antes de los 45 días
y que preferiblemente se hará unos 2-3 días antes de la fecha prevista
para el parto (aproximadamente a los 60 días postcubrición). Esta
prueba tiene varias utilidades: muestra el número de fetos, su tamaño real y
relativo respecto a la pelvis de la madre y su colocación (aunque ésta variará
en el momento del parto). La información que se obtiene es pues valiosísima.
En las gatas la
palpación abdominal es el método preferente para el diagnóstico de gestación,
pudiendo hacerse a partir del día 17-25 de gestación. Radiográficamente
pueden visualizarse los esqueletos fetales a partir del día 43,
mientras que utilizando la ecografía se pueden observar los gatitos en
desarrollo desde el día 14-15.
Será pues cada
veterinario el que determine qué método es el más aconsejable en cada caso
particular.
Hemos de terminar
este apartado indicando que el final del parto sólo esta marcado por la
relajación de la madre y el amamantamiento placentero de los cachorros.
¿Qué hago con los cachorros?
La vida y el
desarrollo del feto en el útero están asegurados por la circulación de la
sangre oxigenada de origen placentario ya que la circulación pulmonar es
extremadamente reducida porque este órgano está completamente colapsado. Al
nacimiento, la circulación toma rápidamente en el recién nacido los caracteres
que conservará en el adulto. Sin embargo, el recién nacido nace normalmente
apneico, es decir con la función respiratoria anulada, y ésta se vuelve en
él una necesidad absoluta desde que los lazos vasculares que le unían a la
madre se han roto. La primera inspiración está gobernada por el centro
respiratorio cerebral que es estimulado por las modificaciones sanguíneas
consecutivas a la fisiológica falta de oxígeno que acompaña, al nacimiento, la
interrupción de la circulación umbilical. Realmente, es el acúmulo de CO2
en la sangre lo que induce la respiración en el recién nacido de la misma
forma que en el adulto.
Cuando el feto nace
en estado de muerte aparente es necesario desobstruir rápidamente las vías
aéreas (retirando los restos de la bolsa fetal) y practicar la respiración
artificial hasta que los movimientos respiratorios naturales se hayan
establecido y normalizado. Se puede ayudar a ello masajeando la región
torácica, ejerciendo tracciones rítmicas de la lengua, excitando mecánicamente
la mucosa nasal, insuflando por los orificios nasales humo de tabaco o tocando
la mucosa con una solución de vinagre. Una buena maniobra es la suspensión del
recién nacido por las extremidades posteriores durante algunos segundos, ya
que así la sangre venosa afluye al cerebro y el CO2 excita el
centro respiratorio.
Cuando nacen los
cachorros normalmente la madre corta el cordón umbilical, pero a veces esto no
ocurre y deberemos ser nosotros quienes lo hagamos. Podemos hacerlo de dos
formas. La primera es por tracción opuesta de las dos manos, una vez que el
animal ya respire, mediante los dedos índice y pulgar de cada mano a unos 5
centímetros del cuerpo del cachorro y después de ligar con un hilo grueso el
cordón umbilical cerca del ombligo y de exprimirlo para vaciarlo de sangre. La
otra forma consiste en hacer dos ligaduras con un hilo en el cordón umbilical
y cortarlo entre ambas con una tijera. Esta segunda forma es la menos
aconsejable.
El recién nacido
será colocado cerca de la madre, que lo lamerá quitándole las mucosidades de
que está cubierto. Se le pueden quitar igualmente con fricciones secas.
Algunas hembras
particularmente quisquillosas, susceptibles o malas rechazan a los cachorros y
algunas llegan incluso a devorarlos (canibalismo). Esta agresividad puede ser
de origen psíquico o estar ligada a ciertos factores de naturaleza secundaria
como insuficiente eyección láctea y dolor en la succión.
Todos los cachorros
deben mamar en las primeras 6 horas de vida con objeto de tomar el
calostro o secreción de la mama en los primeros días tras el parto, lo que
le aportará las defensas necesarias para sus primeras semanas de vida. En su
defecto podemos utilizar calostros artificiales que se pueden adquirir en el
mercado especializado.
Las tres necesidades
básicas de los cachorros en sus primeros días de vida son calor,
nutrición y cuidado materno. En el caso de cachorros huérfanos o
repudiados por la madre deberemos proporcionárselos artificialmente.
Algo va mal
Todo lo que hemos
descrito anteriormente es lo que acontece en un parto normal. Desgraciadamente
no siempre es así y a veces aparecen problemas. Los más importantes y graves
que pueden presentarse son los que se presentan en el siguiente decálogo:
1.- Inercia
uterina o parto prolongado. Consiste en la ausencia de contracciones
uterinas destinadas a la expulsión de los fetos. Es probablemente la causa
principal de distocia en la perra (ver punto 2). La causa no en bien conocida
y se diferencian dos tipos de inercia uterina: la primaria o ausencia
total de contracciones uterinas sin paso de la fase uno a la fase dos del
parto y la secundaria o agotamiento de la musculatura uterina tras
prolongados e infructuosos intentos para la expulsión de los fetos. En ambos
casos, sobre todo en el primero, el problema se resuelve mediante la operación cesárea, por lo que la visita al veterinario es improrrogable.
2.- Distocia o
parto difícil o anormal. La distocia puede deberse a factores
maternales, tales como pelvis estrecha congénita, fracturas pelvianas mal
tratadas, torsión uterina o inercia uterina, que puede ir asociada a la
obesidad, o factores fetales como gran tamaño, exceso de tamaño
relativo y mala presentación. Toda la camada de cachorros suele estar muerta a
las 24 horas del inicio de la distocia y la perra muestra habitualmente signos
de toxemia a las 48 a 72 horas y requiere un cuidado atento para su
supervivencia. Si existe fuerte y frecuente tensión abdominal y no existe
salida de ningún cachorro en 20 minutos generalmente se debe a que hay un
cachorro en el canal del parto pero no puede pasar. El cachorro morirá por
asfixia si no es liberado antes de que se produzca la separación placentaria
completa.
En la gata la
distocia es rara pero deberá ponerse remedio si se observan contracciones
infructuosas durante más de una hora o si se observa durante el parto gran
cantidad de flujo vaginal teñido de sangre. En la perra la distocia se
presenta con mayor frecuencia y es siempre una urgencia que debe ser
resuelta por el veterinario, ya que el intento de extracción de un feto
atascado por una persona no experimentada puede causar más daño del que ya
existía, tanto al feto como a la madre.
3.- Retención
placentaria. Aunque la retención de porciones placentarias es un problema
muy común en las perras jóvenes, la retención de toda la placenta es rara en
perras de cualquier edad. Los individuos que retienen todas las placentas
enfermarán con casi total seguridad y se producirá como secuela una
metritis o inflamación uterina cuyos síntomas son fiebre, inapetencia,
dolor abdominal, descarga vulvar anormal, descuido de la camada, etc.
4.- Muerte fetal.
Si la muerte de los fetos se produce en la segunda mitad de la gestación no se
produce reabsorción y puede observarse colporrea o descarga vaginal o
expulsión de elementos fetales que será tanto más evidente cuanto más tardía
sea la muerte fetal. La consecuencia de la mortalidad fetal será el aborto o
el nacimiento de fetos muertos o momificados.
5.- Aborto.
Consiste en la interrupción de la gestación con la expulsión de un feto no
viable o de un feto muerto. Se diferencia de un parto prematuro en que en éste
la expulsión antes de término es de un feto viable. La causa del aborto puede
ser o no infecciosa. Los abortos de naturaleza infecciosa son raros en la
perra y en la gata y son de tipo inespecífico. Los no infecciosos pueden
deberse a intoxicaciones, transtornos nutricionales y determinadas
deficiencias vitamínicas o minerales, transtornos endocrinos o traumatismos.
Las perras y las gatas pueden abortar una parte de la camada y llevar el resto
a término.
6.- Momificación.
Consiste en una transformación aséptica (sin intervención de gérmenes) del
feto. Puede limitarse a uno o dos fetos y no tener ninguna interferencia sobre
la gestación que continúa hasta su término normal. El feto nace como
deshidratado y con el desarrollo incompleto.
7.- Hemorragia.
La importancia de la hemorragia interna, que puede ser uterina o
intraabdominal, es de pronóstico variable según la naturaleza de los vasos
rotos. La hemorragia debida a la rotura de la arteria uterina o de la arteria
ilíaca interna es prácticamente siempre mortal, dada la rapidez de la
evolución y las dificultades de la intervención. Otra causa probable de
hemorragia es la deficiencia de factores de coagulación. Se sospechará la
presencia de hemorragia cuando aparezca secreción sanguinolenta por
vulva o exista decaimiento generalizado de la madre acompañado de palidez de las mucosas (puede observarse fácilmente en la conjuntiva y
en la mucosa bucal).
8.- Ausencia de
secreción láctea. Una vez que los cachorros salen del seno materno deben
alimentarse de la leche que su madre les ofrece. Y es importante que lo hagan
en las primeras 6 horas de vida, como ya se ha dicho. Si no existe secreción
de leche las vidas de los cachorros peligran. A veces es suficiente una
inyección de oxitocina para provocar que se inicie la tan necesaria
producción de leche. Si no se consiguiese o desgraciadamente, la madre hubiese
muerto durante el parto, sería necesario alimentar a los cachorros con una
leche maternizada especialmente formulada para sus necesidades. No debemos
caer en la tentación o imprudencia de darles leche de vaca, rebajada o no con
agua, o una leche maternizada para niños porque la composición es distinta y
va a causar transtornos digestivos a los cachorros que les pueden llevar
incluso a la muerte.
9.- Paraplejia
postparto. Bajo este nombre se agrupa un conjunto de transtornos que
producen incapacidad para levantarse o mantenerse en pie a la madre recién
parida. Puede deberse a traumatismos óseos y musculares (fracturas, luxaciones
y contusiones musculares), transtornos nerviosos y lesiones vasculares.
10.- Eclampsia o
hipocalcemia puerperal. Consiste en un descenso del nivel sanguíneo de
calcio. Se produce por el esfuerzo de lactación que está haciendo la madre, lo
que implica que sus reservas de calcio disminuyen para que los cachorros
puedan formar su esqueleto. Se presenta en el periodo postparto,
frecuentemente de 1 a 3 semanas después de haberse producido
éste. Generalmente afecta a perras de razas pequeñas que amamantan a camadas
numerosas. Ocasionalmente puede afectar a otras razas de mayor tamaño o a
gatas y aparecer con independencia del número de cachorros y en cualquier
momento de la lactación. Excepcionalmente puede aparecer en las últimas fases
de la gestación de la perra. Se caracteriza por falta de apetito y
ligero dolor que produce un porte forzado. La perra muestra
inquietud y un ritmo respiratorio acelerado. Puede caer de
bruces y quedar tendida. Se producen convulsiones cada vez
más violentas y la temperatura se eleva a más de 39’41C. La perra
conserva el conocimiento. Es una urgencia que debe tratar el veterinario
sin dilación. Sin embargo es un proceso raro si se ha tomado la precaución de
suplementar el aporte de calcio de la hembra durante la gestación y la
lactación.
Punto final
Después de leer este
artículo alguien puede pensar que todo es demasiado complicado como para
arriesgarse a pasar por ello y que quizá no va a ser capaz de diferenciar un
parto normal de uno que no lo es y que requiera de la intervención del
veterinario. No quisiéramos, sin embargo, terminar sin recordar que la
naturaleza es tan sabia que ha provisto que en la mayoría de las ocasiones los
animales son capaces de traer al mundo a sus crías sin ayuda externa de ningún
tipo y que, por tanto, nuestro papel en esta función sólo será el de
afortunados espectadores de una nueva representación del milagro de la vida.
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Fuente:
Laboratrios Provet S. A
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