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014.
Comportamiento de los peces en la búsqueda y captura de alimentos.
Zoot. Dr.
Biol. Mónica Botero A.*. 2004.
Revista Colombiana de Ciencias
Pecuarias, Vol. 17:1.
*Grupo de Piscicultura, Facultad de
Ciencias Agrarias, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia.
Sumario
La conducta
alimentaria de los peces presenta una alta interdependencia con el medio
acuático; su respuesta está asociada a la condición jerárquica y la producción
de feromonas, a la presencia de depredadores, a los movimientos de la corriente
originada por los diferentes tipos de habitantes acuáticos, lo que incide en la
manera de cómo se hace la búsqueda, la localización y la captura; a las
conductas de aprendizaje (consumo-rechazo) y a los hábitos de consumo, entre
otros, que tienen efecto sobre la dieta consumida y su eficiencia alimenticia,
lo que se necesita como punto de partida para garantizar la supervivencia de la
especie. Conocer estos aspectos permite diseñar la dieta ideal para las
diferentes especies de acuerdo a su fase de vida, y estos hallazgos podrían
aplicarse al desarrollo de alimentos para las especies nativas de Colombia, de
los cuales no se conoce su ecobiología ni su etología alimentaria.
Introducción
El medio acuático
permite transmitir mensajes químicos entre peces a grandes distancias por medio
de sustancias (6). La percepción olfativa y gustativa es más fuerte que la
visión porque normalmente las aguas no son cristalinas y la entrada de luz es
escasa. Estos aspectos inciden en los peces sobre su comportamiento sexual,
paterno, jerárquico, social, en la localización del alimento, y defensa de
depredadores, entre otros.
El comportamiento
alimentario en las diferentes especies está estimulado por sustancias químicas
variadas. Se ha encontrado que todos los estímulos de alimento identificados
para teleósteos son de bajo peso molecular (<1000), no volátiles, de naturaleza
nitrogenada y anfotérica (34).
El papel de las feromonas
La producción de
feromonas puede ser del tipo incitador que induce a la modificación inmediata
del comportamiento del receptor y del tipo modificador que provoca modificación
del estado fisiológico del individuo que las capta. Los órganos implicados en la
producción de feromonas sociales originan mediadores presentes en las
secreciones de las células mucosas superficiales emitidas al medio externo. La
percepción de las hormonas tiene un efecto ambiguo de acuerdo a la jerarquía
social. Si las percibe un animal subordinado, tiende a la huida, pero si es un
pez dominante quien percibe al subordinado, iniciará el ataque y su nivel de
agresividad variará dependiendo de si las feromonas provienen de un individuo
conocido o no, agrupado o aislado, dominante o dominado (24).
Búsqueda del alimento
Las estrategias de
comportamiento para los buscadores de alimento contrastan con la morfología de
la presa, donde el tamaño de la misma, guarda relación con la forma de la boca y
del cuerpo, los órganos para captura, así como con la posición del pez.
El comportamiento
en la búsqueda, permite al pez ir refinando su selección en respuesta a las
características que cambian día a día; un depredador debe modificar
constantemente su comportamiento para permanecer vivo. Someterse a reglas
invariables no le permitirá sobrevivir debido al cambio de alimento según la
estación, los ciclos de vida, el tipo y la jerarquía de los demás grupos de
peces (34). Para poder adaptarse, el pez depredador debe aprender acerca de su
presa y cómo atacarla (esta estrategia de evolución ha sido usada y aplicada
para investigar la capacidad de aprendizaje de los animales), la cual se
incrementa con el entrenamiento. Sin embargo, no todos los individuos mejoran en
igual escala (10), el nivel de aprendizaje es directamente proporcional al grado
de hambre, pero en algunos casos, muchos organismos son muy pequeños o con
ciclos de vida muy cortos para lograr los beneficios del aprendizaje (43). Las
diferencias en las dietas de algunos peces, pueden ir ligadas a la ganancia de
peso por unidad de esfuerzo invertido y al tamaño de la presa. No hay
interdependencia entre hambre y experiencia, la modificación en la eficiencia,
podría con el tiempo alterar el aprovechamiento de los diferentes alimentos
(29). Si el pez debe recurrir a animales menos perseguidos y con un costo de
manipulación mayor, la presa podría cambiar su puesto en la dieta (34).
Los modelos de
simulación de búsqueda asumen que los encuentros con la presa son secuenciales y
que los intervalos entre encuentros presentan una distribución normal (23), así
mismo que la energía y la media de localización de la presa por unidad de tiempo
invertido para la alimentación son fijos y no se modifican al cambiar de presa.
El efecto de incrementar la densidad de la presa, significa reducir el tiempo de
búsqueda y aumentar el promedio de encuentros. La ecuación de BPM (modelo básico
de presa) no siempre predice en teoría los resultados prácticos, porque la
conducta de los peces se modifica según condiciones particulares, estado de
saciedad, tamaño del pez y condiciones ambientales como el de si la corriente le
permitirá o no llegar a la presa. Igualmente, la progresión estática del modelo
ignora la naturaleza no simétrica y dinámica que tienen los peces en su decisión
de búsqueda (34). Respecto a estos factores referidos a la respuesta de los
peces, Stradmeyer (44) cuestiona la aplicación de técnicas ecologísticas que
usan un modelo estático de búsqueda y no permiten cambios en los estados de
motivación del pez, en la capacidad de aprendizaje y la experiencia, lo que
modificaría considerablemente su resultado.
La energía neta
ganada, es decir, la que posee la presa capturada, menos la gastada en su
búsqueda y captura, debería ser el criterio a tener en cuenta para elegir la
estrategia de búsqueda apropiada. El tiempo de ronda probablemente esté
relacionado con diferencias genéticas que hacen variar la eficiencia en la
búsqueda, con la localización a campo abierto o con vegetación, así como una
alta intensidad de luz, que afecta negativamente la energía neta ganada (40).
Estímulo
El aumento propio
del apetito conduce a la excitación, a incrementar la actividad y el
comportamiento alimentario. Los sistemas mecánicos de alimentación por demanda
pueden llegar a estimular tanto al pez, que lo condicionan y aprende a
alimentarse cuando lo desee, sin embargo, su principal desventaja es que
principalmente son los dominantes, los que aprenden a impeler el alimentador y
una gran mayoría no son capaces de obtener el alimento suficiente, por lo que
incrementar la cantidad de alimento liberado por contacto, podría ayudar a
superar este inconveniente; sin embargo, se aumentaría la posibilidad de
desperdicio, hiperfagia y conversión ineficiente para el resto de los animales,
por no poder consumir totalmente el volumen expulsado.
El pez puede
aprender a anticipar su momento de alimentación como producto de diferentes
estímulos, entre ellos la aglomeración del cardumen cerca de la zona de
alimentación, al ver u oír al operario trabajando cerca al área de suministro.
Las guías visuales
determinan la selección de la presa: el tamaño, la forma, la motilidad y la
visibilidad son los estímulos más importantes que usan los depredadores
visuales. En un estudio realizado con rodaballo (Scophthalmius maximus),
los resultados respecto a movimiento y orientación mostraron que los peces
responden más a presas vivas y con movimiento libre, a simulaciones de
movimientos de tipo vertical y de movimiento de la presa entre la arena,
independiente del movimiento de los apéndices. Además reaccionan más a longitud
que a grosor, en menor porcentaje a formas esféricas, y responden a simulaciones
de presas más reales, pero nunca tanto como a la presa viva, ya que los
organismos vivos, son aceptados más fácilmente que las dietas compuestas
empleadas en cultivos de peces, donde además ayudan a mantener la calidad del
agua, por no presentar niveles de descomposición altos como las dietas inertes
(28) y aportan bioenzimas y ácidos grasos poliinsaturados necesarios para peces
marinos y de aguas frías especialmente (39).
La forma, por lo
tanto, no es un estímulo importante; lo es el movimiento, lo cual coincide con
lo encontrado para otros peces (17). Remover el sustrato puede ser un estímulo
importante, además podría pensarse en el efecto de la velocidad y la calidad del
movimiento que son significativos en tantas especies. Stradmeyer et al (45)
encontraron en diferentes peces que el movimiento y el tamaño fueron los mayores
estímulos para la selección de la presa y que la forma y el color fueron de
secundaria importancia (45).
El movimiento sirve
para otros propósitos como diferenciar lo animado e inanimado, lo que inclina la
atención del depredador hacia una posible presa e incrementa la visibilidad de
la misma. Adicionalmente se ha demostrado que cuando el depredador y la presa,
tienen tallas similares, la distancia mínima para reaccionar entre sí, es más
del doble, aunque no se describe cuán importantes son para el pez los
movimientos propios de las especies y los movimientos de los apéndices (17). En
especies como el caracol Gasteropodus aculeatus, se encontró que para la
selección de sus presas, busca una o más características visuales, como
movimientos distintivos, color o incremento del movimiento antes de emerger, a
diferencia de los organismos bentónicos que son menos notorios, pudiendo
comprometerse en la captura de aquellos que hay en menor abundancia pero que
revelan más su presencia (18), respuestas similares se observan en peces (5).
Respecto a la
forma, se ha encontrado que las pirañas reaccionan únicamente con una relación
de ancho:largo menor de 1:4, diferente a la forma de sus congéneres,
posiblemente para evitar el canibalismo, (25), en oposición al S. maximus donde
el pez ataca las formas largas, más semejantes a la suya; los detalles mínimos
del cuerpo de la presa no son particularmente importantes, lo que puede ser
reflejo de la amplia dieta del pez. A pesar de que en algunas especies la forma
incide en la selección de la presa y en otras no, posiblemente hay una relación
entre los eurífagos y la forma del pez, donde la principal característica es el
movimiento y las demás tienen un efecto aditivo constituyéndose en una sumatoria
de estímulos heterogéneos, entre los que se suman los de tipo físico y químico
(luminosidad, olor, color, etc.) (17).
La facilitación
social es también importante, el estímulo y el entusiasmo de unos pocos, conduce
a la excitación en masa de los otros, lo cual puede ayudar a que el pez acepte
nuevas dietas y su ausencia podría causar dificultades en peces silvestres
recién capturados así como en la alimentación de larvas y postlarvas de cultivo,
que requieren una química muy específica, buena visualización y otros estímulos
innatos de activación (49).
La alimentación no
selectiva es la primera experiencia con que se encuentran los peces jóvenes
cuando el apetito es alto, antes de poseer la capacidad sensorial, deben
diferenciar entre partículas potenciales de alimento, para evitar un gasto
excesivo en localización, captura de partículas muy pequeñas o un largo tiempo
de manejo para partículas grandes. Con el desarrollo sensorial apropiado, la
disminución del apetito y bajo condiciones apropiadas de luz en el medio, la
discriminación sensorial es posible y son los reflejos de búsqueda químicos o
visuales quienes ayudan al pez a ser más selectivo.
La aplicación
práctica de esto para peces de cultivo, trata de maximizar el número de
encuentros frente a la concentración de alimento disponible en tiempo y espacio;
la fuente de alimento debe ser comparable al apetito, las características
físicas y químicas, especialmente tamaño, necesitan estar relacionadas con el
tamaño de los peces y deben diseñarse para minimizar el tiempo de captura y
desperdicio (4). El tamaño y las habilidades sensoriales ayudan a la
localización, identificación y captura (22). En salmones y anguilas se observan
cambios en las habilidades sensitivas y de aprendizaje, las cuáles se van
adquiriendo con la edad, además, hay que tener en cuenta que el zooplancton
emite débiles campos eléctricos producto de su actividad muscular al nadar y al
comer y estas señales pueden ser detectadas por algunos peces que disponen de
electro-receptores; sin embargo, para estimular estos receptores, se requiere
que haya una suficiente cantidad de plancton para activarse, como sucede con la
Daphnia, que presenta un espectro de ruido con una densidad adecuada, que unido
a la señal, permiten inclusive predecir un patrón de ataque específico (12).
Riesgo de depredación
La variación en el
comportamiento ante el depredador obedece al riesgo, tipo de alimento, talla del
pez y posibilidad de refugio. Cuando la amenaza de depredación es mayor que la
de morir de hambre, el pez no se alimenta porque intenta defenderse a expensas
de sus oportunidades de alimentación. Cuando el depredador está cerca de la zona
de alimentación, el pez debe conciliar entre vigilar al depredador y tratar de
alimentarse, pero no estar tan cerca como para correr demasiados riesgos por ese
alimento. Los peces que se alimentan más lejos de la zona del depredador lo
hacen de manera más lenta (34). Es necesario determinar cualitativamente si
cuando escasea el alimento en zonas seguras, el animal estaría más dispuesto a
arriesgarse; si al aumentar este riesgo se alimenta de manera más lenta para
vigilar mejor y escapar a mayor velocidad o si por el contrario, simplemente
evita el alimento arriesgado; además, si al aumentar el hambre, el animal
estaría más dispuesto a aceptar alimento arriesgado (26).
Cuando el déficit
de alimento es mínimo, el pez cambia de conducta y evita el riesgo, cuando las
reservas son altas, se inclina por pocos riesgos y evita una variada fuente de
alimentos a diferencia de lo que sucede cuando sus reservas son bajas (34). En
el ciprínido Rhinichthys atratulus se ha encontrado que dichos peces prefieren
correr el riesgo de depredación en aquellos lugares donde el alimento es de
mayor valor, que buscar en zonas donde hay alimento de menor valor; incluso sin
presencia de depredadores; sin embargo, se sugiere que la respuesta al riesgo de
depredación es constante e independiente del tipo o calidad del alimento (46).
El pez responde al
tipo de alimento y al depredador, al tomar más alimento de tamaño grande en
presencia de depredadores que cuando no los hay (5), es decir, minimiza el
riesgo de muerte por unidad de energía consumida, donde según la regla de
Gilliam y Frase, el individuo reduce la proporción entre la muerte y la búsqueda
(34).
Cuando hay
diferentes tallas de peces sin presencia de depredadores, todos los peces buscan
el alimento más valioso y abundante, pero en presencia de depredadores, los
peces más pequeños buscan alimento en sitios de menor calidad, se alejan por ser
presas fáciles, tratando de equilibrar su situación, de ser menos perseguidos y
capturados, pero a su vez crecen más lento.
En depredadores, el
indicativo de tamaño tiene efecto en la latencia (período que transcurre entre
ofrecer la dieta y el ataque inicial del pez), es una medida de la atención en
función de una señal, más que otras características de la presa. La latencia es
más corta con alimento vivo, por ello, la presa se aprovecha de este fenómeno,
ya que si disminuye su actividad, aumenta el tiempo de reconocimiento por parte
del depredador, obligándolo a reducir la distancia de ataque y así mismo el
factor sorpresa sobre su presa (18, 47). La presa móvil induce a respuestas
táctiles y visuales y la inmóvil escapa más fácil a la atención de los
depredadores, con lo cual los peces jóvenes viven bajo alto riesgo de
depredación, por estar en continuo movimiento. Crecer rápido no sólo sirve para
escapar de los depredadores sino también para aumentar el éxito en la
reproducción y la supervivencia (26, 49).
Los depredadores al
encontrarse con presas de diferente actividad, prefieren tomar la más activa,
tanto a nivel de campo como en laboratorio (7). El período de latencia es mayor
con las larvas muertas, independientemente del tipo de presa y de la
experiencia, sin embargo, al aumentar el número de sesiones, el tiempo de ataque
a la presa se abrevia y el número de lances aumenta, siendo mayor la latencia y
el número de lances para las presas inmóviles (47). Algunos peces ciprínidos que
se alimentan de bentos además de la motilidad buscan familiaridad con la presa,
lo que puede influenciar su comportamiento de búsqueda.
En peces que han
sido manipulados genéticamente, se plantea si existe la correlación entre las
tasas de crecimiento relativamente más altas y la predisposición al riesgo por
exposición al depredador. En salmón del Atlántico (Salmo salar) se
encontró que los transgénicos tienen promedios de consumo cinco veces mayores
que los no manipulados genéticamente y hacen aproximadamente el doble de
movimientos que los del grupo control. Los transgénicos también gastan más
tiempo alimentándose en presencia del depredador que los no transgénicos,
quienes evitan al máximo visitar la zona de peligro, mientras que los
transgénicos continúan alimentándose en ese lugar pero a menor velocidad, lo que
demuestra que el peso asociado a la manipulación genética, incrementa la
exposición al riesgo (2).
Jerarquización y tamaño del cardumen
Cuando el alimento
es escaso, la competencia jerárquica se aumenta. En peces que compiten por
alimento, el individuo dominante consume una cantidad exagerada del alimento y
crece más rápido. Así haya abundante alimento y pueda minimizarse la
competencia, el comportamiento puede ejercer una fuerte influencia en la toma
del alimento y en el crecimiento. Los individuos muy agresivos, emplean mucho
tiempo y energía en encuentros agónicos que reducen el tiempo efectivo dedicado
a búsqueda y a alimentación, lo que incide en un mayor estrés, menor resistencia
a enfermedades y su capacidad para ganar peso se ve disminuida (50), como se
observa en el bagre de canal (Ictalurus punctatus), el resto de los peces
son excluidos hasta que los dominantes finalizan su consumo y dejan el sitio
(22).
En estudios
realizados en salmón del Atlántico (Salmo salar), se ha encontrado que
una pequeña proporción (25%) de los peces obtiene dos tercios del alimento
provisto y los peces subordinados no prueban el alimento si los dominantes están
cerca aún sin comer, ya que se intimidan ante su presencia, por lo tanto, para
garantizar buena respuesta al alimento, al crecimiento y al consumo, la
distribución del alimento deberá ser amplia en toda la superficie y no en un
solo sitio (19). Para el salmón del pacífico (Oncorhynchus kisutch) se ha
encontrado que presas más grandes son atacadas desde mayor distancia que peces
más pequeños, por lo tanto, nadar a más distancia lleva a que el pez sea más
visible y más vulnerable frente al depredador. El depredador debe entonces nadar
a más corta distancia cuando la presa ha percibido que el riesgo es alto y no
emplear mucho tiempo en conseguir el alimento y para no reducir la energía
ganada (34).
En salmónidos
criados en pequeños grupos, se da establecimiento de territorios claramente
definidos, donde los patrones de comportamiento incluyen rondas, defensa de
territorio y ataque a intrusos. En grupos grandes, la defensa territorial se
incrementa en tiempo y en energía invertida, el costo de esta defensa puede ser
igual o mayor que los beneficios obtenidos, tanto que el pez puede abandonar el
lugar, ya que el costo de defensa es alto frente a la calidad del territorio y a
los recursos defendidos (alimento, escondites y sitios de reproducción o cría).
Cuando el tamaño de
un grupo aumenta, se pueden establecer subgrupos (rangos amplios de talla y
peso), con efectos sobre la alimentación y el crecimiento (desuniformidad, mala
conversión), como sucede bajo condiciones de cultivos de peces (19). Cuando se
emplean densidades bajas se desarrolla territorialismo; el costo energético de
defensa territorial se puede reducir en ocasiones, con altas densidades. En
peces de tallas semejantes, la dominancia inicial puede ser determinada por
diferencias genéticas individuales, sexo o experiencia social anterior.
Incrementar las frecuencias de suministro de alimento, hacer pesajes periódicos
y mantener una población homogénea ayuda a destruir jerarquías y a reducir el
estrés.
En anguilas, se ha
observado respuesta al estrés con atrofia de la mucosa gástrica, lo que puede
deberse a una isquemia hormonal inducida u ocasionada por el nervio vago.
También se ha mostrado en peces sometidos a estrés, degeneración intestinal,
aumento en la vejiga y/o en la vesícula biliar, al igual que evidencia de
efectos renales en salmónidos (34).
La aleta dorsal
especialmente y la caudal, son el primer sitio de agresión y ataque entre los
juveniles de O. mykiss (14), particularmente cuando la dieta es baja en
calidad y cantidad, debido a que se observa una alta competencia por el alimento
y mayor dominancia jerárquica. Esta baja condición en aletas, puede ser producto
de la agresión directa o del estrés generado por la calidad de la dieta, que
hace disminuir la respuesta inmune y la restauración de tejidos asociada con el
incremento en los niveles de cortisol en plasma (15).
El tamaño del
cardumen incide sobre la respuesta al depredador, ya que cambia el monitoreo
entre observar la cercanía del depredador y alimentarse, lo que también se ve
afectado por el estado de ayuno en que estén los peces. Mientras más hambre
tenga el pez y si está en un cardumen grande, busca más alimento aún en
presencia de depredadores; así mismo, su búsqueda será menor cuando no hay
depredadores. Debe existir un tamaño óptimo de cardumen que reduzca la relación
costo beneficio causada por la competencia y el riesgo de depredación (35).
Los grandes
cardúmenes localizan más rápidamente fuentes de alimento porque hay una mayor
densidad de buscadores, pero también se presentan situaciones opuestas, porque
individualmente los peces compiten por localizar a mayor velocidad el alimento y
los que no lo encuentran se benefician al ver a los demás dirigirse a éste. La
rápida localización de alimento por unos pocos, aumenta la presión para
seleccionarlo, ya que el hallazgo revela a los otros lo que se ha encontrado. El
costo de la competencia se reduce si la densidad de la presa es alta o si la
distancia entre los miembros del grupo es grande. La velocidad de crecimiento en
un grupo de peces estándar con iguales oportunidades de alimentación, es
semejante cuando el cardumen tiene hasta seis peces, pero si el tamaño aumenta
hasta doce, no será igual (26). En especies con instinto gregario fuerte, un
número pequeño de individuos puede guiar al cardumen hacia el alimento,
aprovechando la corriente creada por los movimientos de un pez foráneo o por
comportamiento seguidista (36).
Por otro lado, se
ha observado que los peces con escasa jerarquía, son menos activos, menos
prestos a alimentarse y toman menos alimento que los dominantes. Sin embargo, al
aislarlos y trasladarlos a un nuevo medio, se tornan inicialmente más activos,
lo que tiende a disminuir con el tiempo, retomando la condición jerárquica que
tenían en su antiguo grupo, debido a que la experiencia social previa, tiene una
marcada influencia en su comportamiento, y a largo plazo muestra los efectos de
la interacción social vivida previamente (13).
Tipo y balance de la dieta
Ensayos realizados
en trucha Arco Iris (Oncorhynchus mykiss), reportan que aumentar el nivel
de energía en la dieta no presenta efecto significativo sobre la demanda o el
peso; ofrecer alimento con un nivel medio de energía, incrementa el número de
tomas y el peso final de los individuos sin encontrarse diferencias
significativas. Se ha observado una tendencia hacia una menor conversión en
peces con niveles bajos o medios de energía en la dieta, indicando que la trucha
en cautiverio no ajusta su actividad de demanda al contenido energético del
alimento (3).
En algunas especies
el régimen alimentario influye en los contenidos de aminoácidos libres presentes
en las secreciones, por lo que el reconocimiento y la atracción se dan por
identificación de los mismos. En algunos peces como silúridos y ciprínidos, ante
la presencia de riesgo, se liberan sustancias de alarma desde la epidermis que
hacen huir a los individuos de la misma especie para protegerse (38), pero la
liberación de dichas sustancias también puede aumentar el riesgo de depredación,
por llamar la atención y ser percibida por otros depredadores (51).
Cuando la ración
disminuye, se aumentan la competencia por alimento y las interacciones
agresivas, ocasionando mayor impacto sobre el crecimiento al aumentar el estrés
y el gasto energético (15). En algunos peces (O. mykiss) se ha encontrado
que la administración de L-triptofano disminuye la agresividad de los
individuos, ya que este aminoácido es precursor de la serotonina, la cual a
nivel central se cree que tiene un efecto inhibidor de la agresividad, lo que
sugiere que el efecto supresor del comportamiento agresivo por el suministro de
L-triptofano, está asociado al aumento de la actividad serotonérgica en el
cerebro (50).
Localización del alimento
La motivación para
alimentarse puede cambiar a través del tiempo independientemente de factores
externos, puede darse en ausencia de depredadores o competidores, pudiendo estar
relacionada con la modificación de hábitos de consumo según las diferentes
épocas.
Los patrones de
búsqueda presentan respuestas marcadas cuando los peces encuentran o ingieren
alimento de inmediato, ya que al encontrarlo, la distancia de búsqueda decrece
significativamente; por el contrario, cuando el pez rechaza partículas de
alimento, el recorrido de búsqueda aumenta, el pez evita el área improductiva,
moviéndose rápido y tratando de encontrar otras zonas de alimentación
considerables.
En estudios
teóricos se ha asumido que el pez cruza apaciblemente el agua en busca de
alimento o permanece quieto esperando la llegada de la presa (23). Se ha
demostrado que muchos peces que se alimentan de plancton adoptan movimientos
bruscos que suspenden súbitamente (búsqueda de saltos), alternan su velocidad de
movimiento y la distancia recorrida como respuesta a cambios en el tamaño de la
presa y cuando se alimentan de presas grandes, hacen una pausa al encontrarlas,
lo que puede estar relacionado con la facilidad con que las presas grandes son
identificadas (7). Algunos peces cambian su estrategia de consumo frente a
diferentes dietas de acuerdo a su habilidad para competir por ellas y
emplearlas, lo que hace que haya dominancias jerárquicas marcadas, dando como
resultado amplios rangos de peso, según la oportunidad que tengan los individuos
de alimentarse (4).
La eficacia en la
localización está principalmente limitada por el tamaño de la partícula
(diámetro), si es pequeña, no es detectada, pues no es suficiente estímulo. Las
anguilas, con tallas entre 10 y 15 cm, son capaces de alimentarse en la
oscuridad aparentemente por la quimiorrecepción, pero en presencia de luz, no
responden a pellets por debajo de 2 mm de diámetro. El incremento en la agudeza
visual ha sido demostrado por su habilidad para aprender rápidamente a
discriminar entre pellets grandes e ignorar los que no pueden tragarse, lo que
demuestra que las anguilas pueden alimentarse eficientemente en la oscuridad o
en agua turbia con partículas de cierto tamaño, asumiendo que son químicamente
atractivas (22). Algunos peces, como el Gnathonemus petersii detectan y analizan
objetos (incluidos pequeñas larvas de insectos) durante su períodos de
electrolocalización activa, aún en completa oscuridad. El órgano eléctrico de
descargas, ubicado en la cola, produce pequeñas señales, creando un campo
eléctrico transepidérmico, en una región electrorreceptiva de la piel llamada la
imagen eléctrica, con la que el pez valora el alimento (tamaño, forma y
distancia), constituyendo un sistema efectivo de identificación y localización
de la presa (9).
Una relación 1:1
entre el tamaño de las partículas de alimento y la boca, ha sido la ideal
encontrada para partículas de alimento blandas, para partículas duras y
abrasivas, la relación debe ser 0.4-0.6:1 (20, 21).
Las características
físicas y químicas de las partículas de alimento y las técnicas de alimentación,
son necesarias para igualar la capacidad sensitiva, motriz y los atributos de
comportamiento en algunas especies cultivadas, así mismo el estado fisiológico y
el tamaño del cuerpo también son importantes, razón por la cual, en cultivos de
peces, la velocidad de encuentro puede ser maximizada garantizando mayor
concentración del alimento en tiempo y espacio, ofreciendo una alimentación
regular y favoreciendo la estimulación gregaria.
La eficacia en la
localización se puede aumentar haciendo que las partículas de alimento sean más
evidentes para disminuir la distancia de reacción, esto puede hacerse
maximizando el atractivo químico o incrementando visibilidad (tamaño, color,
forma, contraste, movimiento de las partículas, intensidad de la luz y
turbidez). Este aspecto ha sido considerado por los pescadores para la selección
de cebos y anzuelos, pero raramente se ha tomado en cuenta para los cultivos de
peces, sólo se han hecho algunos ensayos con artemia salina teñida en la
alimentación de larvas y juveniles de Solea solea, para mejorar el éxito de
localización y captura y adicionalmente a este proceso, también se puede
bioenriquecer el alimento vivo (28).
La localización del
alimento a través de la visión, cobra importancia para individuos que viven
cerca de la superficie y en sistemas de aguas poco profundas y claras (22, 34),
siendo crucial para la detección inicial y la orientación hacia la presa, por lo
tanto, el éxito de su desarrollo dependerá de la turbidez del agua y de la
penetración de la luz. Así mismo, los movimientos del agua, originados por el
plancton, proveen una valiosa fuente de información al pez, que los detecta por
una serie de sensores localizados en la superficie del cuerpo llamados
neuromástiles que se encuentran en los canales subdérmicos de la línea lateral
(27). La línea lateral y la visión conjuntamente, determinan la distancia óptima
y la desviación angular para iniciar un rápido ataque hacia la presa (30).
Estudios sobre el
comportamiento de localización e identificación en anguilas muestran diferencias
entre peces pequeños y grandes, en dedinos la visión es de menor importancia
comparada con el sentido del gusto, donde la gran mayoría de los granos de
formulación comercial son detectados en el piso del estanque por tacto con la
nariz, cabeza, lomo caudal y con aletas pectorales (22).
La facilidad de
localización del alimento está determinada por la morfología de la boca y
posiblemente por los arcos branquiales, los que a su vez deben estar
relacionados con la morfometría del tracto gastrointestinal. Para el proceso de
alimentación por succión, el cual comprende una protrusión rápida de la boca en
forma de tubo, donde genera una depresión del aparato hidrobranquial, busca con
ello disminuir la distancia hacia la presa, acelerar el flujo a través de la
boca, así como restringirlo al área en frente del pez, para finalmente reducir
el momento (masa x velocidad) y obtener un menor esfuerzo por volumen de agua
(8).
Los peces pueden
clasificarse en tres grupos en lo que respecta a la búsqueda de alimento así:
los que visitan siempre la misma zona (no cambian de nicho alimenticio), los que
alternan coordinadamente los sitios de búsqueda y los que hacen una búsqueda
errática. Entre los peces que buscan alimento, posiblemente existan diferencias
en la motivación, suponiendo que los que no cambian de sitio, tienen una menor
motivación debido a que al explorar nuevas áreas de alimentación, sus encuentros
con la presa o el alimento son menos exitosas (4).
El sedimento
presente en el cuerpo de agua, también puede modificar el comportamiento y el
hábitat, afectando indirectamente el crecimiento. Una turbidez moderada puede
significar una reducción en el riesgo de depredación por ser mayor el esfuerzo
de búsqueda del pez rastreador (Shaw y Richardson, 2001), adicionalmente el
sedimento induce mayor mortalidad por tos, obstrucción de branquias, disminución
de la capacidad respiratoria por abrasión de branquias y mayor entrada de
sustancias tóxicas para el pez y adicionalmente se da una reducción o alteración
de la composición del zooplancton presente en el cuerpo de agua (48).
Horario y lugar de alimentación
En la alimentación
se observan amplias categorías del comportamiento, los peces silvestres
invierten la mayor parte del tiempo en la búsqueda de alimento y en evitar
depredadores, muchos peces parecen diferenciar una fase diurna en búsqueda de
alimento y una fase de descanso, de relativa inactividad que equivale a escapar
de sus depredadores.
La mayoría de los
peces tropicales se alimentan principalmente de día o de noche, pocos durante el
crepúsculo o el amanecer. La elección del momento puede variar, muchos peces
nocturnos se alimentan de día si el alimento sólo está disponible en esas horas.
Los patrones de actividad en peces pueden estar fuertemente determinados por los
patrones de actividad de sus presas. El porcentaje de especies activas durante
el día oscila entre el 33 y 66%, de 25 a 30% son nocturnas y el 10% restante son
crepusculares (26); estas proporciones son probablemente el resultado de una
relación entre la posición filogenética, hábitos temporales y patrones
alimentarios entre los teleósteos (34). Muchos de los peces primitivos y de los
peces que en general poseen una boca larga, son depredadores nocturnos o
crepusculares, mientras más avanzada es la especie, tienen a menudo más
especialización hacia actividades diurnas y se alimentan de pequeños animales o
de plantas, basados en la pirámide alimentaria, por lo que se espera que los
peces herbívoros sean más numerosos que los carnívoros.
Jorgensen y Jobling
(21) determinaron la importancia de la alimentación en el fondo del estanque
para el Salvelinus alpinus, los peces mostraron ganancias de peso significativas
cuando pudieron alimentarse en el fondo a diferencia de cuando se les restringió
su desplazamiento por la columna de agua, siendo mejor su ganancia para
condiciones de oscuridad que de luz. Podría especularse que si se suministran
cantidades elevadas de alimento se pudiese alcanzar el peso aún si se diese la
restricción de tomar el alimento sólo en la columna de agua, pero sería un
desperdicio y además un deterioro de la calidad del agua.
Captura
En carnívoros
macrófagos, la captura involucra orientación total o parcial del cuerpo, de
acuerdo con las características del alimento, implicando fuertes movimientos.
Las partículas pequeñas se pueden tomar totalmente dentro de la boca y en muchos
teleósteos son obtenidas por succión inercial, donde se crea una repentina
presión negativa por la rápida expansión de la cavidad orobranquial, lo que hace
que desde la distancia pueda ser succionada a la boca.
El éxito de la
captura en animales salvajes depende de la presa y su comportamiento de huida,
lo que no es importante en cultivos de alevinos y adultos alimentados con
partículas inertes, sin embargo, los movimientos pasivos de la corriente del
agua, pueden causar problemas. La velocidad de la corriente ha sido estudiada
por algunos autores (17) quienes encontraron que para el salmón del Atlántico (Salmo
salar) la velocidad del agua debe ser cinco veces la longitud del cuerpo del
pez por segundo (v = 5L (cm./seg.)).
El tamaño de las
partículas influye en el éxito de captura en cultivo, si el pez tiene demasiada
hambre, ataca partículas más grandes que pueda tragar fácilmente, ya que no
desea equivocarse, ni correr riesgos en su captura (29, 32, 33).
Las anguilas
aprenden a ignorar visualmente partículas grandes posiblemente porque son duras
y abrasivas, aunque pueden tragar fácilmente bolas grandes y blandas de alimento
en pasta; por el contrario, las anguilas pequeñas, agarran el alimento más
vorazmente pero su ingestión se retrasa porque los gránulos son repetidamente
tomados, escupidos y presionados con la nariz, para ablandarlos o
desintegrarlos, lo que también se ha observado en el salmón del Atlántico, lo
que lo induce a incrementar la energía gastada y el desperdicio de alimento,
demostrando que la forma y la simetría de las partículas de alimento son
importantes y que se da mayor rechazo y desintegración de pellets cuando éstos
son más largos que anchos (22, 34).
En algunas especies
de peces como la trucha café (Salmo trutta), el orden al consumir la
presa, depende de varios factores como el tamaño, donde si es pequeño, se traga
primero la cola, si posee espinas consume primero la cabeza, si es muy grande
consume primero por la boca y el resto por succión, pero otras especies atacan
la mitad del cuerpo para bloquear el desplazamiento de la presa (1).
Los indicadores
para calificar el efecto de la forma y la textura del alimento inerte sobre el
pez, se suelen clasificar en términos de orientación, acercamiento, captura,
rechazo e ingestión. El pez prefiere las formas largas del pellet, con un
adecuado grosor, que no superen su capacidad de captura porque si no se ve
obligado a rechazar el alimento, aún deseándolo y a pesar que el animal captura
las piezas largas y gruesas, finalmente debe rechazarlas porque no las puede
retener; ya que el tiempo de manipulación del pellet grueso reduce el beneficio
(energía ganada por unidad de tiempo gastado en manipulación) (34).
En un trabajo
desarrollado con trucha Arco Iris (O. mykiss) se observó que se daba un
incremento en el número de mordiscos al alimento, dependiendo del nivel de
recompensa ofrecido (volumen y cantidad de pellets entregados) notándose grandes
diferencias entre el suministro de alimento, el crecimiento y la conversión. Lo
anterior permitiría pensar si la cantidad de presiones al pistón del alimentador
puede o no promover mejoras en el crecimiento y en la conversión (3).
Consumo y rechazo
En cuanto a la
textura, los pellets blandos son más aceptados que los duros, pero el pez no
alcanza a percibir tal diferencia sino hasta el momento en que los toma y de no
ser la textura deseada los rechaza.
En Salmo salar,
se ha demostrado que el pez no aumenta la velocidad de captura con la
experiencia, pero aprende a diferenciar los pellets preferidos, así mismo, al
irse saciando, incrementa los tiempos de manipulación o selectividad con
respecto al tamaño de la presa; sin embargo, el interés por el pellet decrece
con el tiempo, principalmente en peces que prefieren alimento vivo al inerte,
por sus características apetecibles frente a las dietas secas, este tipo de
peces seleccionan sus presas por tamaño, forma, color, movimiento y por
características gustativas como sabor y textura. Si se pudiera determinar cuál
de éstas es la más importante para la selección, entonces se podría mejorar el
alimento que se ofrece para cultivo y cambiar la forma del alimento pelletizado,
para que sea más similar a la silvestre donde son importantes el tamaño y el
movimiento, teniendo en cuenta que la textura, el sabor y el olor también
afectan la respuesta. Las formas elongadas simulan más fácilmente las formas
naturales como zooplancton, larvas y sus texturas. La reacción frente al pellet
largo y grueso presenta mayor respuesta que hacia la presa viva; sin embargo, la
ingestión es menor posiblemente debido a la gustosidad y la textura (45). Una
vez en la boca, las partículas pueden ser manipuladas antes de tragarlas y
darles la prueba gustativa final de dureza, abrasividad y fácil paso por la
faringe.
Saciedad y conducta alimentaria
El apetito y la
saciedad son importantes porque los piscicultores necesitan asegurar que el
régimen alimentario (frecuencia, tamaño de la ración y tiempo empleado) se
ajuste al consumo óptimo, crecimiento y conversión eficientes. El control del
apetito envuelve mecanismos metabólicos, neuromorfológicos y hormonales (31).
Los centros del hipotálamo están posiblemente involucrados y pueden ser
estimulados por la saciedad del intestino y/o factores metabólicos tales como
niveles de metabolitos en sangre o cambios de temperatura relacionados con
actividad metabólica (31, 41).
Algunos autores
observan otra conducta para los peces a medida que satisfacen el hambre,
inicialmente se van a cardúmenes más densos, al ir disminuyendo el número de
presas se hace más notoria y amenazante la presencia de depredadores, por lo
tanto se van hacia la periferia del cardumen para hacerse menos notorios y así
protegerse. Este cambio de comportamiento ha sido interpretado como un reflejo
del cambio en el balance de energía neta ganada, el pez al inicio juzga más
importante no morir de hambre, se alimenta a la mayor velocidad posible, al
disminuir el hambre, la amenaza de depredación aparece, ya que mientras se
alimenta en la zona densa es incapaz de observar la presencia de enemigos; a
menudo hay una interacción entre la búsqueda y el riesgo de depredación, el
animal es más visible por sus inevitables movimientos mientras busca y se
concentra en encontrar alimento a expensas de vigilar a sus depredadores, ya que
muchas veces el alimento es más abundante en lugares de alto riego de
depredación (16).
El estado interno
influencia la manera como el pez responde al estímulo externo, como sucede al
Gasteropodus aculeatus que luego de un ayuno de 72 horas, come más rápido cuando
tiene acceso al alimento que el que ha estado en ayuno sólo por 24 horas, al
final de 40 minutos de alimentación, ambos han consumido igual número de presas.
Un pez con hambre intenta capturar más presas que cuando lleva varios minutos
alimentándose; un pez lleno, presenta menos intentos de alimentarse y gasta más
tiempo al moverse lejos de las áreas donde el alimento está disponible (37).
Al estudiar el
comportamiento del salmón del Atlántico (Salmo salar) respecto al área
empleada para la distribución del alimento, se ha observado un mayor crecimiento
cuando se alimenta en toda la superficie, sin presentarse diferencias
significativas, pero demuestra que una adecuada distribución del alimento es
esencial para asegurar crecimiento homogéneo en cultivos de salmón (19). El
empleo de corrientes circulares influye en el comportamiento del pez, contribuye
a desarrollar la agresividad entre éstos, dándose una alta monopolización de los
dominantes y menor aprovechamiento del alimento (20).
Eficiencia alimenticia
Una eficiente
localización, el éxito en la captura y la facilidad de ingestión se han evaluado
por estar directamente relacionadas con crecimiento en el salmón del Atlántico,
lo que ha sido empleado para explicar la alimentación y la selectividad de la
presa en los peces salvajes. La selección natural favorece al depredador, quién
con una estrategia de búsqueda obtiene el nivel más alto de energía tomada con
respecto a la gastada en alimentarse (22), se dan semejanzas interesantes para
peces de cultivo. La hipótesis establece que el costo de la energía es
determinado por la velocidad de encuentro (tiempo gastado en localizar e
identificar el alimento, el cual es dependiente de la abundancia de presas y de
la habilidad perceptiva del depredador) y el costo del tiempo de manejo (energía
y tiempo de alimentación gastados en captura, manipulación y prueba), la energía
tomada es dependiente del valor de la energía aportada por la presa una vez
ingerida.
Muchas especies
animales tienden a conservar la velocidad de crecimiento específico para la
especie y para el estado fisiológico según el sexo, edad o estación, el pez lo
hace igual que los vertebrados superiores, compensando una deprivación temprana
con un incremento en el consumo cuando el alimento está de nuevo disponible. El
mantenimiento del peso específico ha llevado a varios investigadores a suponer
que la regulación en la toma de alimento está de acuerdo con la representación
de un punto fijo, valor del peso corporal ideal, sin embargo, esta hipótesis es
hoy algo discutida (11).
Consideraciones finales
1. Los patrones de
conducta alimentaria en peces dependen de tantos factores como clases de peces
haya, lo que impide predecir con certeza su comportamiento; sin embargo, el
estudio de éstos, ha permitido aplicar algunos de sus resultados a los cultivos
de peces, lo que ha conllevado a mejorar la eficiencia alimenticia del pez y los
beneficios para el acuicultor.
2. La conducta
alimentaria en la relación depredador-presa, se ve regida por una amplia gama de
factores, siendo común denominador entre las especies, el movimiento y a partir
de este, se suman otros relacionados con forma y textura, jerarquía y hábitos de
alimentación que marcan las diferencias en las clases de peces.
3. Aún cuando en
las explotaciones acuícolas, generalmente sólo se trabaja con alimento vivo en
las fases larvarias de algunos peces, los investigadores al servicio de la
acuicultura, buscan afanosamente desarrollar alimentos inertes para todas las
fases de vida y ajustarlos a las necesidades de los diferentes tipos de peces,
basando sus aplicaciones, en el comportamiento alimentario de los individuos en
el medio natural, en su condición de buscador-buscado donde sólo se cuenta con
alimento vivo. Estos hallazgos permiten cada vez con mayor precisión diseñar el
tipo de pastilla que cumple con la expectativa nutricional y en especial que sea
lo más parecida al nutriente del medio natural, para que sea lo suficientemente
atractiva en los demás aspectos, donde pueda llamar su atención y obtener el
beneficio productivo esperado.
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