
Acortar el ciclo productivo y valorizar al máximo el
producto, en este caso la piel, es fundamental –mucho más con los números
apretados–, para mejorar la rentabilidad.
Es por eso que los 13 criaderos de chinchillas que
hay en Rivera pretenden ahora incorporar genética de Argentina, apuntando a
lograr una calidad de piel que les permita salir al mercado peletero mundial
acopiándose con los volúmenes producidos en la vecina orilla.
Argentina exporta anualmente no menos de 20.000
pieles de este roedor y ocupa el tercer lugar en el mundo en cuanto a calidad
(Estados Unidos está en la primera posición y en el segundo puesto se halla
Alemania).
Los criadores riverenses ya concretaron dos
exportaciones de pieles a Europa (en 2002 y 2003), pero para llegar al mercado
peletero mundial dependen de un comprador español, que este año ya llevó
alrededor de 300 pieles. En Europa, la demanda de pieles se mantiene (ver "Un
mercado cambiante, que pide más pieles ecológicas"), pero el comprador busca
ganar más dinero adquiriendo mayor cantidad de unidades y bajando los precios.
"Este año, el promedio para las pieles de primera
calidad fue de U$S 15, pero el año anterior el mismo comprador había pagado un
promedio de U$S 18", dijo Schubert Cardozo, integrante del grupo de criadores de
Rivera, a El País Agropecuario, remarcando así las dificultades que ocasiona el
monomercado.
Por eso ahora miran hacia Argentina, donde se maneja
un sistema de ventas diferente. "Es un consorcio que vende pieles curtidas –el
comprador español compra sólo pieles crudas–, es un consorcio que se encarga de
hacer el proceso de curtido y luego las lleva a Europa, donde tienen otro
valor", explicó.
Pequeños y familiares
La inmensa mayoría de los criaderos dedicados a la
chinchilla es de pequeño porte y utiliza mano de obra familiar. Los 11 ubicados
en Rivera no escapan a esta regla, pero en la vecina ciudad brasileña de Santa
Ana do Livramento hay dos que poseen más de 1.000 animales cada uno. "En el
grupo tenemos gente que maneja 100 animales, pero el grueso trabaja con entre
300 y 500", explicó Cardozo.
El nivel genético es bueno, pero siempre hay espacio
para optimizarlo y aprender de experiencias como la argentina. "El éxito pasa
por animales de buen pedigree. Los argentinos nos dijeron que todos los animales
con defectos o problemáticos que hay en los criaderos deben ser eliminados. Sólo
deben reproducirse los mejores, es la única forma de ir avanzando", admitió el
empresario riverense.
Schubert Cardozo apostó a la chinchilla porque es un
rubro "diferente y novedoso" pero no esconde que "el cuello de botella se da
cuando se llega a la venta de las pieles. Los mercados están, pero los
productores no tienen acceso directo, siempre dependen de los intermediarios,
porque producen poco volumen".
A nivel de la Unión Europea el gran mercado peletero
está en Finlandia, pero los productores no tienen la seguridad de cobrar si
mandan sus pieles directamente y, además, es imposible enviar menos de 5.000 o
6.000 pieles. Cuando se producen 100 pieles por año, las dificultades son mucho
mayores.
Puntos críticos
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"Una de las cosas que hemos podido comprobar en
los últimos tiempos es que no se precisa tener mucha cantidad de animales en
los criaderos", sino que "hay que apostar siempre a la calidad, porque, de lo
contrario, siempre se conseguirán precios inferiores por las pieles" y los
criaderos de Rivera han podido comprobarlo más de una vez en carne propia.
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Cardozo aseguró que "en este rubro la demanda
siempre es mayor que la oferta. Puede darse que haya un aumento en la
producción y que los valores de las pieles caigan, pero es un riesgo que se
corre en todas las producciones".
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La genética es un gran cuello de botella para los
que se inician, porque, si no parten de reproductores de buena calidad, están
condenados al fracaso. "Una piel buena es aquella que tiene buena densidad de
pelo, buen color y buen tamaño. La pureza de la barriga también es importante,
debe ser bien blanca. Densidad, color y tamaño son aspectos que determinan el
precio de un cuero".
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No quiso hablar de una inversión promedio y
justificó su negativa diciendo que "es muy relativa". Sin embargo, Cardozo no
tuvo reparos para contar lo malo: "El año pasado pagamos precios altos por las
familias. Hay muchos vendedores de genética que están trabajando con una
ganancia demasiado elevada en sus ventas".
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Hoy se consiguen buenas familias (un macho, y
entre cuatro y seis vientres) por U$S 600 y las jaulas, que son dobles,
cuestan alrededor de U$S 20.
Stress y calor
La especie es muy susceptible a la temperatura alta
y a los ruidos, se estresa muy fácilmente. "El criadero tiene que estar bien
ventilado y no puede someterse a los animales a temperaturas altas. Pasando los
30 grados centígrados se comienzan a sentir mal. Por eso es que los criaderos
utilizan aire acondicionado".
Por lo general, los machos precisan estar a oscuras
en el criadero y, para evitar que los animales se sobresalten con los ruidos del
exterior, se deja una radio encendida todo el día.
Para alimentar a las chinchillas se utiliza ración y
algo de alfalfa. "Las hembras para reproducción consumen entre 3O y 40 gramos
diarios de ración, pero a los machos, que son los que después se destinan a
peletería, luego de los nueve meses se ponen a dieta. Se les baja la ración 30
gramos diarios y se les complementa con alfalfa".
Si el animal está muy gordo, cuando es cuereado
parte de la grasa le queda adherida a la piel, el pelo se ensucia y ésta será
castigada por el comprador. Cuanto más limpio salga el cuero, la piel quedará
más limpia y presentable.
El ciclo productivo desde que el gazapo nace y es
faenado ronda entre 9 y 11 meses. Los criadores de Rivera faenan cuando los
animales llegan a los nueve meses, al cumplirse la primera maduración de la
piel. Contrariamente, los criadores argentinos matan cuando alcanzan la segunda
maduración, que ocurre a los 11 meses.
"La piel se compone de folículos pilosos, en los que
hay una pigmentación por dentro. A medida que va madurando, ese pigmento va
subiendo hacia el pelo y el cuero va quedando blanco por dentro. Cuando el
tamaño es el adecuado y la pigmentación es correcta, ahí se faena el animal",
explicó Cardozo.
Fuente: El País ( Montevideo,
Uruguay)