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022.
El origen de
la Enfermedad
de Robles (Oncocercosis) en América.
Dr.
Rafael Fragoso Uribe
Instructor Materno
Infantil de los Servicios Coordinados de Salud Pública en el estado
de Guanajuato.
Salud Pública de México
EPOCA V
VOLUMEN VIII. NÚMERO 3
MAYO-JUNIO DE 1966
Los
datos disponibles son insuficientes para dilucidar definitivamente el origen de
la En
fermedad de Robles en América. Se han hecho múltiples conjeturas y lanzado
diversas hipótesis a este respecto.
Algunos
autores opinan que la oncocercosis fue importada de África, inicialmente a
Guatemala, y de ahí a México; otros sostienen que primero llegó a México,
prosiguiendo a Guatemala; pero no se tienen datos suficientes y definitivos para
aceptar cualquiera de estas hipótesis.
Algunos
estudiosos de este problema dicen que la oncocercosis en América data solamente
de principios de este siglo (1, 2), remontando su origen a 1905, con la
llegada de negros jamaiquinos, lo que no creemos factible por la alta
prevalencia de esta enfermedad cuando fue descubierta en Guatemala y México.
En
un pueblo de México, llamado Tiltepec, del estado de Oaxaca, se comunicó en
1925 una prevalencia cercana al 100 por ciento en los adultos, que presentaban
lesiones crónicas en piel y ojos.
Es
poco probable que la oncocercosis se haya propagado en estos lugares con tal
velocidad, ya que otros, en los que en aquella época se encontró una baja
prevalencia, en la actualidad continúan en condiciones semejantes.

FIGUEROA MARROQUÍN (3) dice que, de haber sido la oncocercosis importada a América,
debe haberse presentado inicialmente en México, ya que por el puerto de
Veracruz se hacía el tráfico del antiguo Continente con América, y los
lugares de paso para Guatemala fueron, precisamente, las zonas oncocercosas de
Oaxaca y Chiapas.
Estas
polémicas respecto al origen de la oncocercosis en América, son tan antiguas
como su propio descubrimiento en este Continente, pues desde que el doctor
RODOLFO ROBLES (4) comunicó su existencia en América, BRUMPT (5) opinó que se
trataba de una nueva enfermedad y llamó al filárido causante de este
padecimiento Onchocerca ceacutiens; la principal diferencia la encontró en que
no se habían reportado lesiones oculares por oncocercosis en los pacientes de
África, y solamente PACHECO LUNA (6), en Guatemala, las había estudiado.
Posteriormente HISSETTE (7, 8) estudió a un grupo de pacientes oncocercosos en
El Congo, África, hallando lesiones oculares, por lo que se concluyó que se
trataba de un mismo padecimiento.
Se
ha externado la opinión que por no encontrarse manifiesta esta enfermedad en el
folklore de los pueblos (9), ni en las crónicas de los conquistadores e
historiadores de la esclavitud, no era posible que se tratara de un padecimiento
autóctono; sin embargo, personas que se han dedicado a investigar el problema,
han observado diferencias en las manifestaciones de la oncocercosis que se
presenta en África con respecto a la de México y Guatemala, así como la gran
semejanza que ofrece el padecimiento en África y en
la República
de Venezuela (10).
Esas
observaciones nos hacen pensar que se trata de un mismo padecimiento que sufrió
modificaciones al llegar a México y Guatemala, o bien que se trata de una
variedad de la filaríais africana.
Serían
de bastante utilidad los estudios futuros sobre genes (11), especialmente porque
para ello se dispone de la ayuda que brinda el ultramicroscopio.
Como
decíamos en líneas anteriores, el origen de
la Enfermedad
de Robles en América, lo fijan a principios del siglo. CALDERÓN supone que
fue consecuencia del tráfico con negros jamaiquinos, que se hacía entre 1905 y
1910; pero esta teoría pierde verosimilitud si se toma en consideración que en
Jamaica no se tenía, ni se tiene al presente, noticia de que haya oncocercosis.
Existen,
además, en
la República Mexicana
, otros lugares que presentan condiciones óptimas para el desarrollo de la
enfermedad, y por los cuales transitaron e incluso residieron los negros
procedentes de África; y sin embargo, en dichos sitios no se ha presentado esta
endemia (12, 13).
No
obstante que en México y Guatemala se han llevado a cabo diversos tratamientos
(14, 15), la prevalencia del padecimiento no ha bajado mucho, igual que en las
zonas a las cuales casi no se les ha prestado atención.
Lo
anterior no indica que los tratamientos aplicados sean inútiles, puesto que han
hecho disminuir apreciablemente las lesiones oculares.
FrGuERoA
MARRoQuÍN (3) y PÉREZ RAMÍREz (16), suponen que las perforaciones que
presentan los cráneos zapotecas, no se deben a tratamientos quirúrgicos; el
primero opina que probablemente hayan sido originadas por oncocercosis; estas
ideas están de consuno con los datos siguientes:
En
la figura 1 se muestra un cráneo perteneciente a un individuo del tipo étnico
zapoteca, de la época precolombina. Presenta una perforación cónica en la
región frontal.

FIG.
1
El
cráneo de la figura 2 corresponde a un individuo que en vida fue oncocercoso y
presenta una perforación cónica originada por un oncocercoma.
La
semejanza entre las perforaciones que aparecen en las figuras 1 y 2, nos
autoriza a suponer que se deben a la misma causa. Como existe la seguridad de
que la perforación del cráneo que se muestra en la figura 2, fue producida por
oncocercosis, lógico es suponer, dada su similitud, que la perforación del
cráneo zapoteca es de igual procedencia.
FIG.
2. A continuación se mencionan
algunos datos tomados del trabajo del doctor Figueroa Marroquín, que sugieren
la hipótesis de que la oncocercosis es autóctona en América:
"En
comunicación personal, el doctor García Valle refiere que en un documento inédito
de Federico Polá Torroella, dirigido al Rey Felipe II en 1521, habla de la
existencia de un padecimiento que se manifiesta por «bolas en la cabeza,
arrugamiento de los ojos, pérdida de la capacidad de ver y apergaminamiento de
la piel».
Este
documento no se ha podido localizar.
"En
el siglo XVII, Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán en su obra Recordación
Florida, dice: «El Pueblo de Malacatepeque Cerro de Huesos, combatido de
grandes vientos y cercado de grandes arboledas y espesísima montaña, el agua
algo distante por cualquier parte y quebrados profundos por donde corre
precipitada. Su temperamento no muy caliente, y todos los más de los indios
sus habitadores ciegos de nubes muy crecidas».

FIG.
3. Figura antropomorfa, precolombina, de la cultura zapoteca. Representa a un
individuo que tiene (16) edema en la cara, incluyendo párpados
Este
pueblo existió realmente situado en las inmediaciones de las faldas del Volcán
del Fuego, muy cerca de Yepocapa que es la zona de más alta incidencia
oncocercosa en Guatemala. (Este lugar nos recuerda el pueblo de Tiltepec,
Oaxaca, México, cuyos habitantes en 1925 [16 y 17J se encontraron en
condiciones análogas).
"Una
descripción que hace el Gobernador de Venezuela, Juan de Pimentel, en 1551, «Suele
a ver muchos males de ojos que muchos españoles los han perdido y otros
quedando con nubes en ellos».
"Gómara
en su Historia General de las Indias, al hablar de Cumará, expresa: «El agua
del río Cumaná engendra nubes en los ojos y por ello ven poco los de aquella
rivera, o que lo hagan lo que comen». (Estado de Sucre, Venezuela)".
SALUD
PÚBLICA DE MÉXICO

FIG.
4. Paciente oncocercoso con edema en la cara, siendo bastante manifiesto en los
párpados.
(Este
paciente presentó biopsia positiva y se le extirparon nódulos)
Este
concepto (de que es el agua de los arroyos la que origina el padecimiento
ocular) aún persiste en los pueblos de las zonas oncocercosas de México y
Guatemala.
Por
último, citaremos el siguiente dato tomado también del trabajo del doctor
FIGUEROA Marroquín:
"Pág.
276, Actas de
la Conferencia
de Directores de Sanidad Pública convocada por
la Oficina Sanitaria
Panamericana, en Washington, D. C., en 1936. Doctor Coutts: Hablo sólo con el
objeto de ofrecer una cita histórica. Se ha dicho que el origen de la
oncocercosis es africano.
Me
encontré una cita interesante de Pánfilo de Narváez, quien al narrar su viaje
de exploración por América, dice que avanzando por las tierras frías encontró
una población en que todos eran ciegos".

FIG.
5. Paciente con Reacción de Mazzotti, en el cual observamos un gran edema
facial
En
investigaciones que efectué en
la Sierra
de Juárez, en Villa Alta, Oaxaca, encontré que la oncocercosis parece ser
conocida desde hace mucho tiempo, y algunos indígenas de la región me
informaron que con la palabra "Gyen", se designa en zapoteca a las
turno raciones, llamadas también "Wilira" y "Belulu", aun
cuando no sean nombres específicos.

FIG.
6. Figura antropomorfa, precolombina, de la cultura zapoteca. Representa a un
individuo con la piel de las mejillas colgantes: los párpados también se
encuentran algo.
Colgantes
y con edema

FIG.
7. Individuo con lesiones crónicas producidas por oncocercosis, consistentes en
arrugamiento y flaccidez de la piel de las mejillas y párpados
La
hipótesis que apoya el origen precolombino de la oncocercosis en América, se
refuerza con el contenido de las demás figuras que ilustran el presente
trabajo, y en las que se hace patente la gran similitud existente entre ellas.

FIG.
8. Figura antropomorfa, precolombina, de la cultura maya.
Esta
pieza se encontró en uno de los lugares de más alta endemicidad oncocercosa,
en el pueblo llamado Unión Fronteriza, Chiapas, México, y muestra las características
descritas, o sea, mejillas y párpados algo colgantes

FIG.
9. Familia oriunda del Rancho Piedra Blanca, Municipio de Ángel Albino Corzo,
estado de Chiapas, México.
En
sus integrantes se advierten los signos característicos de
la oncocercosis
Conclusiones
a)
Las hipótesis que han negado el origen autóctono de
la Enfermedad
de Robles y sostienen su importación africana, no han suministrado datos
precisos y definitivos para aceptarlas como un hecho.
La
época en que se pretende que se produjo su importación de África hacia América,
no es compatible con las manifestaciones que se encuentran en las fechas de su
descubrimiento, tanto en Guatemala (1915), como en México (1925).
b)
Se ha negado que la oncocercosis se encontrara en el folklore de los pueblos;
sin embargo, se describen datos y se presentan fotografías que demuestran lo
contrario.
c)
Se ha dicho que los conquistadores e historiadores no mencionaron en sus crónicas
esta enfermedad; pero FIGUEROA Marroquín demuestra que sí existen antecedentes
sobre el particular.
d)
La comparación del cráneo zapoteca (figura 1), con la del cráneo del
paciente oncocercoso (figura 2), es una prueba más en favor del origen autóctono
de la oncocercosis en América.
SALUD
PÚBLICA DE MÉXICO
Cualesquiera
de los datos enunciados, si se toman en forma aislada, no constituyen una base
para afirmar que la oncocercosis es autóctona de América; pero el conjunto de
ellos, incluyendo principalmente los proporcionados por el doctor FIGUEROA
Marroquín, así como el estudio comparativo de las figuras que se presentan,
dan bastante valor a la hipótesis de que la oncocercosis en México y Guatemala
es un padecimiento autóctono.
Resumen
Se
revisan las hipótesis sobre los orígenes de la oncocercosis y se dan datos
bibliográficos de los autores que defienden la relacionada con el origen autóctono
de
la Enfermedad
de Robles en América.
Se
dan nuevas aportaciones que el autor obtuvo en trabajo de campo, durante su
estancia en
la Campaña Nacional
Contra
la Oncocercosis
, en los estados de Oaxaca y Chiapas, incluyendo ilustraciones que muestran
rasgos característicos de este padecimiento.
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PRADO,
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Fuente: VET-UY
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